martes, 6 de junio de 2017

LAS PAYAMEDICAS DE CORDOBA

Un grupo de voluntarias aprobó el curso y realiza visitas semanales en el hospital Iturraspe y en el hogar de ancianos de la ciudad. Son todas mujeres, con distintas profesiones y oficios, pero con el mismo espíritu para brindar solidaridad con alegría y para ayudar a curar.

San Francisco. Una es ingeniería química, dos son empleadas administrativas de una metalúrgica, dos psicopedagogas, una trabaja como maestra, dos son amas de casa y otra se desempeña como contadora en un banco. Vienen de distintos ámbitos, pero se juntan, dos veces por semana, en la puerta de entrada del hospital Iturraspe, de San Francisco.
Al ingresar, pasan desapercibidas y se mezclan entre los pacientes, sus familiares, los médicos y las enfermeras que deambulan por los pasillos. Tras una breve reunión con la jefa del piso, se encierran en una habitación y comienza la magia. A los pocos minutos, salen unas doctoras coloridas, con pelucas y narices naranjas, que hablan con un lenguaje especial y se comportan de manera extraña, diciéndoles a todos los que se cruzan en su camino que llegaron desde otro planeta, en una nave espacial. Llevan objetos y juguetes, y transforman toda la escena a su paso. El pasillo ya no parece el de un hospital.

Ellas son las integrantes del primer grupo de payamédicas habilitado oficialmente en San Francisco. La iniciativa llegó gracias a la gestión de Lucrecia Barrera, quien contó que después de una charla informativa se logró conformar el grupo y comenzar la capacitación, que depende de la Universidad Nacional de Buenos Aires (UBA).
Primero, aprender
“Desde el principio tuvo muy buena recepción la propuesta y realizamos el taller unas 56 personas, de las cuales 32 ya aprobaron las tres instancias y están habilitados para intervenir”, apuntó Lucrecia.
Ahora siguen las clases para el segundo grupo y los restantes, que deben aprobar diferentes materias. Barrera precisó que para ser payamédico no es necesario ser médico ni agente relacionado con la salud. “Solamente se solicita ser mayor de 18 años y tener el secundario completo”, aclaró.

El grupo local logró en poco tiempo poner en marcha dos dispositivos de acción que desarrollan todas las semanas. Silvia Rojas, una de las integrantes, explicó que los jueves visitan las salas del hospital provincial y los sábados se acercan al hogar de ancianos, que funciona en el mismo predio, aunque de modo independiente.
“Son muy buenas experiencias, to­talmente distintas unas de las o­­tras. En el hospital siempre hay re­cambio de personas y nunca sabemos con qué nos podemos en­con­trar. En cambio, los abuelos nos conocen y nos esperan, y muchos de ellos se prestan a participar. Una enfermera nos contó que tenían una abuela que no quería comer y que después de nuestra primera visita empezó a alimentarse sin problemas”, contó Rojas con orgullo.

El poder de la sonrisa
Las voluntarias destacaron el poder de una sonrisa entre la gente y cómo, a través de ella, se pueden cambiar los estados de ánimo de los pacientes y de sus familiares, que deben pasar muchas horas o días en los hospitales.
Las payamédicas (en este caso, todas mujeres) están preparadas para intervenir y ser, a la vez, respetuosas de los pacientes que no quieren participar de sus rutinas. “Nosotros los llamamos ‘producientes’, porque juntos vamos produciendo y vemos hasta dónde cada uno quiere llegar. Una mirada, un acercamiento o una sonrisa ya es suficiente para que nosotros podamos interactuar con ellos”, apuntó Silvia Oviedo, otra integrante del grupo.
Remarcan que son muy bien recibidas por el personal del hospital. También por las personas internadas y sus allegados, que aceptan en general las distintas intervenciones.

Cada semana –comentan– llegan sin ninguna rutina fija y van improvisando de acuerdo con la situación que encuentren.
“Cuando empecé tenía dudas de poder lograr interactuar con la gente”, comentó la ingeniera química Mariana Oggero. “Mi profesión no tiene nada que ver con los recursos humanos y dudé en hacer el curso y pagar la cuota porque pensaba que no iba a poder. Pero esto me cambió la vida, te sentís más útil. Es más lo que te llevás que lo que aportás. Hoy, por ejemplo, el clima en el hospital estaba medio denso, y saber que podés contribuir con un granito de arena para mejorarle el día a alguien resulta muy gratificante para uno”, manifestó.
Además de las actividades fijas, las payamédicas están siendo invitadas a diferentes actividades solidarias y de concientización. Por ejemplo, tuvieron una destacada participación en la Semana de la Salud Pública y en la jornada de vacunación contra la gripe, realizadas en las últimas semanas en San Francisco.

Desde 2002, en varias ciudades argentinas. Payamédicos Asociación Civil es una ONG sin fines de lucro fundada en el año 2002 por el médico José Pellucchi.

Publicado por diario La Voz – Córdoba (Argentina) – María Laura Ferrero – 09/05/17



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