miércoles, 3 de mayo de 2017

“Aquí, si te quedas embarazada sin estar casada eres una prostituta”

Mariam Hamdani fundó la única orquesta de música taraab femenina de Zanzíbar para denunciar los abusos a mujeres y niños....

Mariam Hamdani, en su casa de Stone Town, Zanzíbar L. H.
Aun sin levantarse de su sillón de orejas, Mariam Hamdani impone. Cubre su cabeza con un velo fucsia y viste de un azul muy vivo, como viva es ella. Tiene 73 años y ya ha librado unas cuantas batallas en su vida, una vida que transcurre en Zanzíbar, el destino paradisiaco por antonomasia, rodeada por el océano Índico, frente —y perteneciente— a Tanzania, en el África oriental. Una isla que es benévola con el turismo y maligna con sus mujeres, una isla donde ellas suelen tener menos derechosDe joven, Mariam Hamdani decidió ser periodista en una sociedad conservadora que hoy sigue mayoritariamente —en torno al 95%— un islam muy tradicional. La cultura, la costumbre y su interpretación de la religión están de acuerdo en que las mujeres no pueden, por ejemplo, acceder a servicios de planificación familiar sin permiso del marido, que no pueden mantener relaciones sexuales sin estar casadas, que convertirse en madres solteras es una razón para el estigma. Un informe de Unicef publicado en 2012 revela que, entre otras cosas, solo el 54% de las mujeres tiene la última palabra sobre cuestiones relacionadas con su salud.

Y Mariam Hamdani, como periodista y como ser humano, se preocupaba por las desigualdades, por los abusos y la discriminación. Esta inconformidad suya dio pie al nacimiento en 2009 de Tausi Women's Taraab, la primera y única orquesta formada exclusivamente por mujeres en Zanzíbar. "Tenemos muchas canciones: de amor, de desarrollo... Pero también muchas que condenan el abuso de mujeres y niños", resume esta anciana enérgica durante una entrevista en el coqueto saloncito —tapetes de ganchillo incluidos— de una casa de varias plantas escondida en el barrio Mapinduzi de Stone Town, la capital de la isla. El edificio sirve como centro de reuniones de artistas de la ciudad, y por allí no es raro encontrar a algún ilustre de la cultura zanzibarí. Sin ir más lejos, el violinista Mohamed Ilyas, uno de los músicos más reconocidos del país, está en la planta baja charlando animadamente con uno de sus compañeros de orquesta.

Eligió Hamdani difundir sus mensajes de denuncia desde una música de estilo clásico, el más famoso de Zanzíbar, que ya popularizaron otras grandes mujeres de la isla. Como Siti Binti Saad, la llamada "madre del taraab", que allá por 1920 grabó una respetable colección de melodías en suajili. Pero ella y otras que vinieron después (Club Musical Ikwani Safaa, Nuru el Ayoun, Sahib el Ary, y orquestas de las fuerzas aéreas y la Marina, en los años sesenta) solo cantaban, no tocaban instrumentos; los hombres eran los encargados de tal labor. 

Fue un reto defender su propuesta en el Sauti Za Busara el mismo año de su nacimiento. Ella y la docena de compañeras que forman la orquesta son ya viejas conocidas de este festival, un clásico en el mundo que cada año congrega, durante una semana, a lo más granado de la música africana sobre escenarios al aire libre en la capital zanzibarí.
Ya es 2017 y acaba de finalizar la última edición. Hamdani analiza su concierto: "Hicimos un buen trabajo a pesar de algunos contratiempos de última hora". Se refiere, por ejemplo, a los problemas que enfrentan algunas de las integrantes para seguir con los ensayos y las actuaciones. El suyo, un ejemplo más que retrata que ellas son menos. "Una de nuestras chicas que toca el violín ha estado más de un año alejada del grupo", explica Mariam. "Cuando se casó, su marido le prohibió volver. Hace un mes cambió de idea y se ha reincorporado, era muy buena pero ahora ha perdido soltura", lamenta. "Otra de nuestras compañeras es profesora en la escuela de música, igual que su marido. Ambos enseñaron a su hija a tocar el qanun desde pequeña. Y ha ocurrido lo mismo: se ha casado y su esposo le prohíbe seguir estudiando".

Cada día que enciendo la radio escucho una historia de abusos

No tiene dedos en las manos para contar la inmensidad de problemas que enfrenta una mujer en la sociedad en la que ella se ha criado. Uno de los más graves hoy por hoy es la desprotección tras un divorcio, estado civil en el que se encuentra el 5,6% de las zanzibaríes, según datos del Gobierno. "A muchos hombres no les importa lo que pasa con los hijos después de una separación. Las mujeres se ven desbordadas porque tienen que cuidar de todos ellos", afirma. Los khadi —tribunales islámicos— están llenos de casos así. Ellos van, firman el acuerdo y luego desaparecen, y es un problema porque los menores sufren y las madres sufren. Cuidar a los niños es un gran desafío aquí, no es ningún juego", sostiene. En Zanzíbar, el 23% de las mujeres entre 15 y 49 años no ha recibido educación, cerca del 60% está desempleada, el 42% de las que se encuentran en edad reproductiva tienen anemia y, en general, casi la mitad de la población no tiene lo necesario para cubrir sus necesidades básicas de alojamiento, comida y vestido.

El mensaje por el que las mujeres de Sauti se han hecho tan conocidas es por su denuncia continua de la violencia sexual a menores. "Queremos condenar la cultura del embarazo. Para una cría de 12 años, tener un niño significa dejar de ir al colegio, por ejemplo. Hay hombres que las seducen y se aprovechan de su juventud, de su pobreza… Abusan de niños y niñas", advierte Hamdani. "No necesariamente son mayores, pasa con chicos de 20 años que se aprovechan de niñas de 13, ellas se quedan embarazadas y no pueden hacer nada". Según Hamdani, este es un problema que va en aumento poco a poco. "Antes no se daba tanto, pero ahora cada día que enciendo la radio escucho una historia de abusos". Más de una de cada 20 mujeres y casi uno de cada 10 hombres aseguró haber experimentado al menos un incidente de violencia sexual antes de los 18 años, según una encuesta del Gobierno recogida en el informe de Unicef.

Zanzíbar posee niveles muy altos de mortalidad materna, con 454 muertes por cada 100.000 nacimientos. Y los embarazos de adolescentes ocupan buena parte de esta estimación. Pero el aborto está prohibido salvo cuando existe un peligro muy alto para la salud de la madre. Esto condena a las menores embarazadas a una vida muy limitada. "El aborto es ilegal porque este es un país musulmán y no se cree en ello. Así que estas niñas tienen que tener al bebé y no tienen futuro. ¿Y quién lo va a alimentar? La vida aquí en Zanzíbar es muy cara, ¿de dónde sacas el dinero para esos niños? Si una cría de 12 o 13 años se queda embarazada ¿qué va a hacer? Y la madre igual: si ya le cuesta alimentar a los hijos, ahora otra criatura más, un nieto… No es ningún chiste. Lo único que puede hacer es apoyar a la hija y cuidar del nieto, o intentar que la hija consiga un trabajo y, si le queda tiempo, siga estudiando".
Existe aún un gran estigma por tener un hijo fuera del matrimonio, así que tenerlo antes de tiempo supone, en la mayoría de casos, que la mujer acabe unida a un hombre que no ha elegido, máxime cuando es una niña y ha sido abusada sexualmente. La otra opción, seguir como madre soltera, es una fuente de problemas: "Más adelante nadie la querrá. En nuestra cultura, si te quedas embarazada sin estar casada es que eres una prostituta". Las estadísticas del Gobierno indican que, frente a un 56% de mujeres casadas, existía solo un 0,6% que vivía emparejada sin haber contraído matrimonio.

Para evitar situaciones así, Hamdani aporta una pista: no es que la policía no haga su trabajo sino que habría que evitar que estos problemas se resuelvan en familia, pues es en ellas donde se producen infinidad de casos de abusos a menores. "El tío viola a la sobrina, pero luego la familia dice que lo resolverán entre ellos y no denuncian. Tú sabes de las historias, pero nunca cómo terminan", lamenta. "Al final, el niño queda dañado psicológicamente el resto de su vida, pero no se piensa en eso, nadie le apoya".

En Zanzíbar, el 23,6% de las mujeres entre 15 y 49 años no han recibido educación y cerca del 60% está desempleada

De igual manera denuncia a las escuelas coránicas, donde afirma que se producen violaciones a menores, tal y como revelan algunos trabajos de investigación y periodísticos. "Allí los niños son sodomizados, los clérigos abusan de ellos. Yo he hablado de esto en radio y televisión. Ellos dicen que las mujeres no somos buenas, pero nadie habla de los profesores que abusan de los menores". Y no para, insiste la artista, porque los gobiernos dan siempre trato de favor al estamento religioso y al profesorado. Precisamente en la escuela se produce otra discriminación: la desigualdad en el acceso a estudios superiores: "En primaria encuentras más niñas estudiando, pero cuando llegas a secundaria y a las universidades hay menos y menos...". Y tan menos: solo el 3,2% de las mujeres ha llegado a la universidad, según estadísticas gubernamentales.

Señala Hamdani que otro problema es la desigualdad laboral, pese a los avances. "Cada vez hay más mujeres en las instituciones públicas, más que en otros países, pero también se produce explotación de mujeres en todos esos ministerios, en los lugares de trabajo. Por supuesto, si les preguntas te dirán que no es verdad y tendrán que demostrarlo, y no es fácil". Y advierte, sin pelos en la lengua, que a veces la culpa es de ellas, que se aprovechan de su género para "obtener favores": "Por supuesto a veces no las toman por la fuerza, pero eso también es abuso sexual, se benefician de ellas en sus lugares de trabajo".

Para Hamdani hay todo un universo de injusticias que denunciar y ella, junto a sus compañeras, las seguirán cantando a los cuatro vientos. "La gente coge el mensaje, el problema es que les entra por un oído y les sale por el otro". Ante la indiferencia, esta anciana activista propone insistencia. Tras la actuación en el festival, es momento de ponerse manos a la obra para componer nuevas melodías. "Estamos en ello y, una vez más, escribiremos sobre niñas que se quedan embarazadas y sobre los abusos a la infancia". El objetivo, que el mensaje cale hondo.

Publicado por El País – Zanzíbar – Lola Herrero – 23/03/17 -




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