domingo, 12 de marzo de 2017

«Febrero negro» para las mujeres en España Once personas muertas suponen un alarmante repunte de la violencia de género este 2017.

Operarios de la funeraria se llevan el cadáver de una mujer en una residencia de El Campello (Alicante), probablemente la última víctima de violencia de género – EFE

Dar visibilidad a cada caso de violencia doméstica tiene un efecto «positivo» en la sociedad: los golpes, las cuchilladas y el maltrato psicológico ya no son problema de una vivienda puertas adentro, sino que es una «enfermedad social, es una cuestión de Estado». La socióloga que así reflexiona sobre esta tragedia, Anna Berga, nada tiene que ver con los políticos que debaten en las últimas semanas en el Congreso de los Diputados sobre cómo acercar posturas para plasmar las necesidades de las víctimas de la violencia machista en un pacto de Estado contra esta lacra.
Esta semana, la subcomisión formada en la Cámara Baja escuchó las peticiones de la vocal del Poder Judicial y presidenta del Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género, María Ángeles Carmona.

Entre otras medidas, Carmona solicitó que se suprima la dispensa de la obligación de declarar para las víctimas de maltrato. Asimismo, pidió al legislador que amplíe el concepto de violencia de género para incluir otras conductas violentas sobre la mujer, como la de obligar a prestarse a actos sexuales no consentidos y los matrimonios forzosos. La presidenta del Observatorio también propuso la eliminación de las atenuantes de confesión y reparación del daño para el agresor sexista.
Todo esto en un arranque negro de año, que ha provocado once asesinatos (y otros dos en investigación)en poco más de mes y medio del año, un 22%de las muertes machistas que hubo en todo 2016, cuando se computaron 44. La comparativa se torna trágica en los primeros trece días de este mes: del 1 al 13 de febrero de 2016 hubo dos muertes, por cinco muertes en el mismo periodo de 2017.

¿Existe efecto llamada?

El mismo día de su intervención en el Congreso, María Ángeles Carmona respondía sobre las cifras dramáticas a ABC: «Los datos de las últimas semanas son evidentemente malos y nos vuelven a alertar de la necesidad de no bajar la guardia e incrementar todos los esfuerzos para atajar la violencia de género, desde la potenciación de la coordinación institucional, a la mayor implicación de familiares y amigos de posibles víctimas...». «Pero no podemos caer en el desánimo, sino seguir esforzándonos, insisto, en trabajar para que no se repitan hechos tan execrables», se propone Carmona. Pese a que la presidenta del Observatorio del Poder Judicial emplaza hasta final del año a «examinar detenidamente las cifras con el fin de evaluar si existe realmente un repunte durante estos primeros meses de 2017 y sus causas», lo cierto es que hay una preocupación patente en todos los estamentos del Gobierno y especialistas en la lucha contra esta violencia.
«Solo el 20%de las 44 mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas en 2016 habían presentado una denuncia. De las asesinadas este 2017, solo una había denunciado», alertó el titular de Interior, Juan Ignacio Zoido, que informó de los datos negros el día de San Valentín.
Se comprueba que la repercusión mediática que se da a cada uno de estos crímenes no tiene «los efectos esperados», aunque es «muy importante» que se siga persiguiendo esta lacra como global y no individual, abunda en su tesis Anna Berga, especialista en temas de género, juventud y riesgo social. «Se está poniendo nombre y apellidos al problema», dice. En 2017 ese listado lo componen Matilde Teresa,Toñi,Blanca Esther, Virginia, Cristina, María Ángeles, Laura...
Prudencia
Para el psiquiatra Francisco Javier Barón, del gabinete G.B.B., «aunque se habla de un posible efecto llamada, creo que debemos ser prudentes y no hablar de repunte si no es un periodo más largo de tiempo. Creo que lo más importante es insistir en la prevención y la presión social ante esta lacra», subraya Barón.

No comparte exactamente esta opinión el catedrático de Periodismo de la Universidad Ramón Llull, Josep Lluís Micó, quien mantiene que la relevancia que adquieren estos crímenes en los medios «puede animar a determinadas personas a cometer actos terribles precisamente para gozar de esa visibilidad o reconocimiento. El contagio, pues, existe». «No podemos decir que cualquier propensión violenta esté de moda. Las modas pueden ser útiles o disparatadas, lógicas o incoherentes, pero nunca pueden justificar o albergar crímenes», añade. «Los perjuicios que dar visibilidad a cada crimen puede ocasionar son muy inferiores al beneficio social que se deriva de una información veraz, completa y responsable», sintetiza Micó.
Mientras la Cámara Baja persigue el pacto de Estado por consenso, parece que lo hay ya en la necesidad de solo perfilar algunas cuestiones de la normativa vigente, que «sí está funcionando», según plasmaron en sus intervenciones en la subcomisión los partidos. La Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género supuso, a juicio de Berga, «un punto de inflexión importantísimo en esa repercusión generalizada, pero no está consiguiendo la reducción continuada en el número de muertes».

Una ley progresista

Para la criminóloga polaca María Moulin-Stozek, la ley española se considera entre los investigadores europeos «como una ley progresista y completa en comparación con leyes similares en otros países». Un estudio acuñado por esta investigadora de la Universidad de Navarra también concluye que las inmigrantes polacas en España no quieren denunciar la violencia porque «culturalmente no están acostumbradas a hablar sobre estos temas».
«Hay una reflexión profunda que se debe hacer porque las muertes no remiten –objeta Berga–. El elemento clave es el factor cultural. La visión de la desigualdad está arraigada y se traduce en esa posición de superioridad de los valores machistas de nuestra sociedad», incide esta profesora que es, a su vez, presidenta de la Comisión Mujer y Ciencia del Consejo Interuniversitario de Cataluña. El problema es el «sustrato machista» que pervive en la sociedad, «la falta de equidad de género y el micromachismo en las pequeñas cosas y a todos los niveles», tercia esta doctora en Sociología.
Sin factores ambientales
El segundo factor que apuntan los especialistas como argumentario para que siga arreciando la violencia sexista no podía ser otro que el educacional. «Solo si la infancia va interiorizando valores en igualdad, se puede ir cambiando esta situación», resume Berga, «aunque si se mira una generación atrás, hemos avanzado muchísimo». La «revolución de género» podría venir, por tanto, en poco tiempo.

Los psicólogos descartan que otros ingredientes, como los factores ambientales (presión laboral, dificultades económicas, etc.), puedan explicar el incremento de muertes violentas. «Los maltratadores solo lo son con sus parejas. De ahí, que luego todo el mundo salga a decir lo buen vecino que era. Tendría que ser al contrario: no descargues contra tu pareja esas presiones externas. Consigue que tu hogar sea un remanso de paz», dice Berga. Moulin-Stozek defiende que no mitiga la culpabilidad que el agresor haya perdido su trabajo o tenga problemas con el alcohol. «No debería impedir aplicarle el castigo apropiado para el crimen cometido», abunda.

Publicado porABC Sociedad – Madrid – Erika Montañés – 20/02/17 -

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