viernes, 24 de marzo de 2017

Argentina. Todos los 24 de Marzo conmemoramos el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia

El 24 de marzo de 1976 no fue un día más en la historia argentina. En esa fecha las Fuerzas Armadas de nuestro país usurparon el gobierno y derrocaron a la entonces presidenta constitucional María Estela Martínez de PerConmemorar el 24 de marzo significa mirar hacia atrás para reconocer los errores cometidos como país, ponderar las posibilidades que tenemos en democracia y ver así la magnitud de lo que se desbarató aquel día; honrar a los que no están, a los que fueron asesinados, apropiados, censurados y los que están desaparecidosón.
Del mismo modo destituyeron a los gobernadores de las provincias, disolvieron el Congreso Nacional y las Legislaturas Provinciales, removieron a los miembros de la Corte Suprema de Justicia y anularon las actividades gremiales como así también la de los partidos políticos. En suma clausuraron las instituciones fundamentales de la vida democrática.
El terrorismo de Estado en Argentina en las décadas de 1970 y 1980 fue un período de terror llevado a cabo en el país que culminó con la última dictadura cívico-militar autodenominada "Proceso de Reorganización Nacional", que gobernó la Argentina entre comienzos de 1976 hasta la restauración de la democracia en 1983.
Durante este tiempo el Estado realizó un régimen de represión ilegal, violencia indiscriminada, persecuciones, tortura sistematizada, desaparición forzada de personas, manipulación de la información y demás formas de terrorismo de Estado.
Se estima que durante ese período las fuerzas represoras del gobierno de facto hicieron desaparecer a aproximadamente 30 000 personas.
La denominación también utilizada de «guerra sucia» alude al carácter informal e irreglamentado del enfrentamiento entre el poder militar —desligado de la autoridad civil—, contra la misma población civil y las organizaciones guerrilleras, que no obtuvo en ningún momento la consideración explícita de guerra civil.
El uso sistemático de la violencia y su extensión contra objetivos civiles en el marco de la toma del poder político y burocrático por las Fuerzas Armadas, determinó la inmediata suspensión de los derechos y garantías constitucionales y propició la aplicación de tácticas y procedimientos bélicos irregulares a toda la población.
La denominación «guerra» fue utilizada por organizaciones guerrilleras y es objetada por organizaciones políticas y de derechos humanos, quienes sostienen que se trata de un argumento esgrimido originariamente por la dictadura militar para justificar la represión indiscriminada.
Así con toda esa carga emocional los habitantes de este bendito país de todas las edades y géneros, nos unimos fraternalmente en la reflexión que nos debe esa época atroz, denigrante, y genocida; porque los 30.00 desaparecidos están vivos en la memoria de sus familiares, amigos y también de todo el pueblo.
Es nuestra responsabilidad que la memoria no se diluya en el tiempo, sino que se mantenga presente y renovada con el reclamo de JUSTICIA en el colectivo de las y los jóvenes, pero nó con el sentimiento de odio y revancha.
En ese contexto, la Justicia avanzó con los juicios de lesa humanidad que aún continúan; la sociedad civil se enriqueció con el aporte de los organismos de derechos humanos, que han conseguido proezas, como la búsqueda de los nietos, y desde distintos ámbitos como la educación y la cultura se hicieron también valiosos aportes en procura de la verdad.
Quizá un intento por restañar estas heridas sea someternos al imperio del derecho y la ley en absoluta igualdad, abrazar sin prejuicio a quien piensa distinto y salir definitivamente de la lógica amigo-enemigo.
Es un desafío impostergable, ya que es un deber transmitir a las nuevas generaciones un legado de memoria sin culpas ni odios.
Y me detengo un instante para recordar a una mujer ejemplo de solidaridad, valentía y principios que fue y será para las mujeres que hemos compartido parte de su lucha, su entrega y su declinable compromiso con los Derechos Humanos, Fundadora de Madres en Rosario, HERMINIA SEVERINI.
Nos dejó físicamente un 9 de setiembre de 2014. Pero su enseñanza y su trayectoria está siempre con las que tuvimos la gran felicidad de conocerla, recordando su lucha silenciosa y perseverante.
Defensora permanente de los Derechos Humanos, participante activa de cada reclamo por Justicia en todos los ámbitos, intervenía en los Encuentros Nacionales de Mujeres, defendiendo el género y la equiparación de derechos e igualdad de oportunidades para las mujeres.
Detrás de cada ser humano torturada/o  y muerta/o, de cada niña/o robado, de cada mujer violada, de cada cuerpo desgarrado de su piel, de sus ideas y de su ciudadanía plena, siguen las voces que piden MEMORIA, VERDAD Y JUSTICIA, y declaman que a través del tiempo transcurrido, siempre prevaleció el reclamo de NUNCA MÁS.
HERMINIA SEVERINI, Madre como todas sus compañeras le decíamos nunca usó el pañuelo blanco para destacarse en las reuniones o marchas.  El Pañuelo Blanco nunca usó a Herminia, ella lo usaba con tanto amor y respeto cuando las ocasiones lo demandaban. Herminia era MADRE con o sin pañuelo.

En este día donde la nostalgia de los que yá no están y el recuerdo de tanto horror y deshumanización predomina en nuestros sentimientos, no podemos dejar de recordar a esta memorable Mujer, que vivió en carne propia toda la atroz represión, y decirnos unas a otras como lo hacíamos con Herminia: HASTA LA VICTORIA SIEMPRE.

Susana Esther Giosa Galli

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