viernes, 10 de febrero de 2017

Si es pobre, no engorde El mayor problema de salud de la sociedad actual no es el sobrepeso o el alcoholismo: es la pobreza, estúpido

Una mujer porta una cesta con residuos pasando delante de un vertedero en Abiyán, Costa de Marfil. LEGNAN KOULA EFE

Cae la noche en Gotham City, hacia finales de noviembre de 2024. Un clochard se acerca ávido a un contenedor de basura donde espera hallar su cena entre los despojos de los afortunados. De pronto, al ir a levantar la tapa del cubo, algo detiene su mano nudosa. Un cartel pegado a la tapadera dice: “La pobreza mata tras una obtusa y penosa vida”. 

El clochard cierra el contenedor y se encamina hacia el cartón en la acera que tiene reservado como lugar para caerse muerto. Sí, eso solo una pequeña escena de medicina-ficción, pero no hay ningún problema de principio que la haga imposible. Lee en Materia cómo la pobreza acorta la vida más que la obesidad, el alcohol y la hipertensión. Y luego reevalúa la verosimilitud del relato anterior. Imagina incluso las fotos gore que podrían acompañar al cartel que leyó el clochard. Darían para un álbum, ¿no es cierto?

La investigación se presenta en una de las revistas médicas de referencia, The Lancet, y analiza los datos de más de un millón y medio de personas. Vistos los resultados, los autores se preguntan por qué la OMS (Organización Mundial de la Salud), y por tanto los ministerios de sanidad de medio mundo que siguen los criterios de esa agencia de la ONU, no dirige sus dardos contra la desigualdad y la pobreza, al menos tanto como los dirige contra el sedentarismo, la obesidad, la hipertensión y el alcoholismo. Tal vez las recomendaciones de las autoridades médicas internacionales debieran concentrarse en la desigualdad y, como en el relato de medicina-ficción, poner etiquetas y fotos gore en las tapas del cubo de basura.

Un cliché centenario sostiene que la ciencia es neutral en política. Aunque resulta útil para eludir discusiones fatigosas, el eslogan no resiste un soplo de escrutinio crítico. La investigación del clima tiene mucho que decir de política, como lo tienen la embriología, la biotecnología y la pura y simple racionalidad científica. La discusión sobre la sostenibilidad de los sistemas de salud debería centrarse cada vez más en los efectos perversos de la pobreza y de la desigualdad de nuestras sociedades. Si eso no es política, que venga un clochard y lo vea.


Publicado por el País – Ciencia de la semana – Javier Sampedro – 03/02/17 -

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