viernes, 10 de febrero de 2017

Nacen en la cárcel y no existen para el estado: así son los "niños invisibles" de México

Cuando Javier llevaba pañales le utilizaron para traficar con drogas. Con 4 años tuvo su primera pelea. A los 6 decía que era un "proxeneta y que prostituiría a todas sus compañeras de clase"
Cuando Javier – nombre ficticio – salió de la cárcel, a su madre le quedaban 30 años de condena. Tenía 6 años y al ir a la escuela por primera vez aseguró ser "el proxeneta que prostituiría a todas sus compañeras de clase".
Nació en prisión y esta es una de las cosas que aprendió allí. Él ya está fuera, pero aún hay otros 618 niños que viven con sus madres en los centros penitenciarios de México, de acuerdo con el Informe Especial de la Comisión de Derechos Humanos (CNDH) de 2016.
Se les conoce como los "niños invisibles" porque hasta hace muy poco era como si no existieran ante la administración. Para acercarnos a su realidad hemos hablado vía telefónica con Saskia Niño de Ribera, presidenta de Reinserta, una organización que trabaja para combatir las problemáticas de los penales de México. Ha sido ella quien nos ha hablado del caso de Javier y de otros que también presentaremos con nombres ficticios.
 Anuario Reinserta 2015
Nacieron en las cárceles de México, pero es como si no existieran
La mayoría de prisiones del país no cuentan con el presupuesto mínimo para ofrecerles la misma calidad de vida que tienen los niños que crecen fuera. Su rutina es vivir rodeados de carencias hasta cumplir los 6 años. Aunque en según en que estados pueden, incluso, permanecer hasta los 9 o los 14.
Actualmente, hay 618 niños que viven con sus madres en los centros penitenciarios de México desde que nacieron
No tienen acceso a una educación básica, ni a la alimentación adecuada para su edad de crecimiento. Esto último podría "comprometer su vida o provocar daños irreversibles en su salud y en su condición física y mental", según el mismo informe de CNDH. Solo cuentan con atención médica general y la variedad de medicamentos a los que tienen acceso es muy limitada.
La mayor parte de centros son mixtos, por lo que, prácticamente, no hay espacios destinados exclusivamente a madres e hijos. Tampoco cuentan con celdas especiales en las que no impere el hacinamiento propio de los penales del país y casi ninguno de ellos tiene cama propia.
"Si en una celda hay 5 internas con 5 hijos, lo habitual es que haya 5 camas. Es como si la madre y el niño fueran la misma persona", dijo Niño de Ribera.
Anuario Reinserta 2015
Con el objetivo de denunciar esta situación, en 2015 Reinserta publicó un anuario con el que describió como es su día a día. Algo que hizo que, en julio de 2016, la Cámara de Diputados aprobara un dictamen para reformar la Ley de Asistencia Social y así atender los derechos de los "niños invisibles". De este modo, "ocurrió lo nunca visto en México: que una ley reconociera la maternidad en prisión".
La normativa entrará en vigor en noviembre de 2017. Pero, hasta la fecha, seguirán como hasta ahora: invisibles.
"Si en una celda hay 5 internas con 5 hijos, lo normal es que solo haya 5 camas. Es como si la madre y el niño fueran la misma persona"
Un entorno hostil en el que impera la violencia y el peligro
Como Niño de Ribera ha visto en muchas ocasiones, "el ambiente natural de una cárcel es la violencia y el peligro". Esto no ejercería ningún efecto positivo en nadie. Pero a niños que no conocen más realidad que ésta, les puede llevar a algo mucho peor: normalizar la violencia y tener la percepción de que es la solución para todo.
Javier tuvo su primera pelea con 4 años. Mientras unas presas se enfrentaban, su madre le pidió que se agarrara a su torso y entraron juntos a la reyerta. Durante aquellos instantes dejó de ser un niño y se convirtió en un escudo humano.
Otra constante en las cárceles son las drogas. Desde muy pequeño, le utilizaron para traficar: le ponían la mercancía en el pañal para que se dirigiera hasta la persona que la había comprado. No sabía que llevaba encima. Pero cuando creció fue consciente de ello y le enseñaron a hacerlo sin ser descubierto.
A pesar de todo, la mayor parte de madres no consideran que el entorno de la cárcel sea peligroso. "Provienen de ambientes conflictivos, por lo que para ellas lo que ocurre es completamente normal". Aunque también hay una minoría que tiene otra visión.
En noviembre de 2017, entrará en vigor la ley que podrá hacer que los "niños invisibles" dejen de ser invisibles

Claudia prefirió que su hija estuviese 3 años encerrada en la celda antes de que caminara libremente por el centro. Allí su espacio era mucho más limitado, pero priorizó su seguridad por encima de todo. Tampoco quería que se diese cuenta de que, en realidad, vivían en una prisión. Era como si hubiese nacido en un mundo diminuto rodeado por 4 paredes en el que solo existían ella, su madre y el resto de reclusas de la celda.
Anuario Reinserta 2015
En el mismo informe de CNDH consta que en 2013 había 396 niños viviendo en los penales de México y en 2016 ya eran 618, lo cual significa que en solo 3 años la cifra casi se ha duplicado. Algo que, en parte, se debe a que "las presas con hijos reciben menos castigos que el resto". En estos momentos, el 60% están embarazadas, aunque hay muchas que simplemente lo hacen porque están en su edad más fértil y quieren ser madres.
¿Qué ocurre con los niños invisibles después de la cárcel?
Al salir, les toca lidiar con otro problema: enfrentarse a un mundo que apenas conocen. Y en la mayor parte de los casos lo hacen sin apoyo familiar. Son muy pocos los que tienen familia fuera de prisión, por lo que, generalmente, la única opción que les queda es vivir en centros de menores destinados exclusivamente a ellos. Allí todos comparten un mismo pasado y se enfrentan a la misma pregunta: ¿por qué me han separado de mi madre y ahora solo puedo verla una vez al mes?
Para alguien que ha vivido toda su vida entre rejas, entender como comportarse para ser socialmente aceptado es más difícil de lo habitual.
Cuando Javier llevaba pañales le utilizaron para traficar con drogas. Con 4 años tuvo su primera pelea. A los 6 decía que era un "proxeneta y que prostituiría a todas sus compañeras de clase"
Cuando María llegó a la escuela, no sabía que la gente, en general, tiende a rechazar a los presos y a las presas. Sus compañeras le preguntaron de dónde era y ella respondió con total normalidad: "del centro penitenciario de Santa Marta porque mi madre es presa". Sí, es una cárcel, pero había nacido allí y es el único lugar de referencia que tiene en el mundo. Sin esperarlo, su inocencia la convirtió en víctima de acoso escolar.
Reinserta 2015
Los "niños invisibles" han crecido en un entorno hostil en el que la violencia es la principal forma de diálogo. Y, como apuntan expertos, esto solo les hace más susceptibles a que su destino sea el mismo que el de sus madres: la cárcel.
José Antonio y Valeria son hermanos y nacieron, crecieron y salieron juntos del penal. A los 14 años también estaban juntos cuando fueron detenidos por crimen organizado, venta de drogas y homicidio. "No estoy diciendo que todos los niños que crecen en las cárceles se convierten en delincuentes. Pero influye".
Está claro que los "niños invisibles" no crecen en el entorno adecuado. Pero si además, no cuentan con la asistencia social que, en la medida de lo posible, contrarreste las costumbres aprendidas en la cárcel, las expectativas de tener un futuro próspero son bajas.
Si cuando entre la normativa entre en vigor su realidad no cambia, podrían estar condenados a volver a prisión. Les tocó nacer allí por un delito que no cometieron, pero podrían volver por uno que sí cometerán.

Publicado por PlayGround -  Alba Losada – 06/02/17 -

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