sábado, 27 de agosto de 2016

Muere la diseñadora Sonia Rykiel a los 86 años La modista francesa, conocida como la reina del punto, ha fallecido a consecuencia de Párkinson

Sonia Rykiel en la semana de la moda de París de 2011. RICHARD BORD | ATLAS

La diseñadora francesa Sonia Rykiel, conocida como la "reina del punto" gracias a sus famosos jerséis —Rykiel aseguró a The Guardian que Audrey Hepburn había comprado el mismo jersey en 14 colores diferentes—, murió esta madrugada en su casa de París. La modista, símbolo de elegancia y una de las pioneras del prêt-à-porter en los setenta, sufría Párkinson desde hacía años y ha sido esta enfermedad la que ha puesto fin a su vida. 
El presidente francés, François Hollande, ha sido uno de los primeros en reaccionar apenas pocos minutos después de que trascendiera la noticia y, en un comunicado, destacó que Sonia Rykiel fue "una mujer libre, una pionera que supo trazar su camino".

Hollande ha recordado que fue ella misma la que creó su empresa de moda y abrió su primera tienda en Saint Germain de Prés, junto al barrio latino de París, en mayo de 1968, una fecha particularmente significativa por las revueltas estudiantiles que se produjeron. 
"Inventó no solo una moda, sino una actitud, una forma de vivir y de ser, y ofreció a las mujeres libertad de movimiento", ha señalado el jefe del Estado, que también hizo hincapié en que el estilo de Sonia Rykiel es mundialmente conocido y que perdurará "como el símbolo de la alianza destacable del color, de lo natural, de la fluidez y de la luz".

Los elementos que más han marcado el estilo de Sonia Rykiel en el mundo de la moda son las rayas, la utilización del negro y el jersey. Al quedarse embarazada a los 28 años, se dio cuenta de que la ropa que veía en los escaparates no le quedaba bien en su estado así que diseñó un jersey y el éxito fue inmediato. Triunfos que llegan hasta nuestros días, admirados incluso por empresas de low cost. En 2009, la sueca H&M lanzó una colección en colaboración con la modista francesa
Sonia Rykiel es también considerada como la inventora del concepto dedémode; es la ropa la que tiene que adaptarse a las mujeres y no a la inversa, lo que se tradujo en prendas más confortables y materiales más fluidos. En 1987 dio un nuevo desarrollo a su marca con una colección para hombre y niños, y una línea de perfumes, accesorios y zapatos. Más allá de la moda, escribió novelas, produjo obras de teatro o diseñó vestidos para comedias musicales. 

En el libro N'oubliez pas que je joue habló abiertamente sobre el Párkinson que sufría y de que este era el causante de que se hubiera retirado del mundo de la moda. En 2001 recibió un premio del Fashion Group International y en 2013 le concedieron la Orden del Mérito en Francia.

Publicado por El País – Madrid – EFE – 25/08/16 -



Magda Goebbels, la madre modelo del Tercer Reich, era de origen judío

Inédito hallazgo sobre la mujer del ministro nazi.
Dejó morir a su padre en un campo de concentración
Siniestro. Magda Goebbels envenenó a sus seis hijos cuando la caída del nazismo era irreversible.

Cuando Magda Goebbels, la esposa del fanático ministro de propaganda de Hitler, Joseph Goebbels, nació, el 11 de noviembre de 1901, fue registrada con los nombres de Johanna María Magdalena y con el apellido de su madre soltera, Behrendt.
Esta circunstancia no extrañó a nadie pero cuando su madre se volvió a casar ese mismo año con el industrial alemán Oskar Ritschel, la pequeña siguió conservando el apellido materno porque su padre político se negó a adoptarla, algo inhabitual en las costumbres de la época. Solo estuvieron casados cuatro años, hasta 1905, cuando se divorciaron.
El padre biológico de Magda era el comerciante Richard Fried­länder, que se casó con su madre en 1908, nueve años después de haber iniciado su relación en Berlín y de la que probablemente nació Magda. Sin embargo, ahora, gracias a un descubrimiento casual del historiador Oliver Hilmes en los archivos de Berlín, el país se ha enterado de que Friedländer, el padre de la esposa de uno de los líderes nazis más importantes del Tercer Reich, era judío.
Durante años, la prensa alemana sospechó de que la que fue esposa de Joseph Goebbels había escondido toda su vida un secreto que la habría condenado a muerte en el país de la bandera de la cruz gamada. Hace 15 años, la revista Der Spiegel alimentó los rumores y señaló que por las venas de la mujer que, en sus días de esplendor, fue bautizada como la “madre modelo del Tercer Reich”, corría sangre judía.
Antes que con Goebbels, Magda estuvo casada con Herbert ­Quandt, uno de los industriales más poderosos de Alemania y cuya familia se enriqueció cuando Hitler llegó al poder. La pareja tuvo un hijo, llamado Harald.
Dejar morir y matar
Ahora se confirma la nueva biografía de Magda con el hallazgo de Hilmes, que ha publicado el periódico Bild . Magda Goebbels estuvo casada con el jerarca nazi desde enero de 1932 hasta el 30 de abril de 1945, día en que ella misma envenenó a los seis hijos del matrimonio y a continuación se suicidó junto a su esposo en el búnker que poseían en Berlín.
Mientras que su padre fue arrestado en Bruselas y enviado al campo de concentración de Buchenwald, donde murió en 1938, ella, que tenía los medios para haberle librado de la muerte, nunca lo intentó. El secreto de Magda Goebbels fue mencionado por su esposo en sus diarios de vida.
Contradicción
Así, en 1934, Goebbels escribió que su esposa había descubierto algo “horrible” relacionado con su biografía, un comentario ­sorprendente si se tiene en cuenta que vino de un líder del na­­cio­nalsocialismo. Sin embargo, de aquello no se supo más. Hasta hoy, que la verdad ha salido a la luz, luego de más de seis décadas del Holocausto judío.
¿Conocía realmente Joseph Goebbels el secreto de su esposa? El interrogante no tiene una respuesta, pero las nuevas revelaciones sobre la paternidad de Magda dejan en ridículo, con varias décadas de retraso, a la poderosa propaganda nazi, que idealizó al matrimonio Goebbels como la “familia aria ideal” y a Magda como modelo a ser imitada por las mujeres de su país.
El ideólogo de Hitler y de la propaganda nazi 
Joseph Goebbels, ministro de propaganda nazi entre 1933 y 1945, fue el constructor de la retórica con que Adolf Hitler logró mantener el poder.
Publicado por La Voz – Argentina – Enrique Muller -*El País, España – 25/08/16 -



Una sociedad desarrollada que mata a los abuelos

El cine lleva años contándonos qué nos espera cuando hayamos alcanzado ese estadio de la vida que llamamos “tercera edad”, cuando en realidad nos estamos refiriendo al colectivo de viejos que agotan sus vidas en la soledad de sus casas o en centros de acogida que hemos dado en llamar “residencias para mayores”.
La ficción ha planteado diferentes alternativas, algunas dramáticas, pero siempre se ha quedado bastante lejos de la realidad. No hay mes que no conozcamos un caso de ancianos maltratados, abandonados e incluso fallecidos en esas residencias que han acabado convirtiéndose en aparcamientos para personas sin más objetivo que esperar pacientemente el día de su muerte.

El último caso que hemos conocido tiene como protagonista a la residencia pública Moscatelares ubicada en el municipio madrileño de San Sebastián de los Reyes. Una residencia pública, pero de gestión privada, esa moda tan liberal como Esperanza Aguirre, expresidenta de la Comunidad de Madrid (CAM). El hecho es que sendas denuncias colocan a este centro al borde del Código Penal, mientras el consejero de Políticas Sociales y Familia de la CAM, Carlos Izquierdo, mantiene que la “residencia funciona perfectamente”. Hijos de residentes han presentado sendas denuncias en  la policía por lo que ellos consideran maltrato hacia sus mayores.

 Como sociedad desarrollada hemos fracasado. Se han arbitrado muchas medidas para la atención de los mayores, la más reciente fue la ley de dependencia de Zapatero que los hoolingans del PP decidieron no aplicar
El relato de estas denuncias pone los pelos como escarpias. Una anciana de 87 años recibió un golpe y le tuvieron que poner trece puntos de sutura. Otra anciana encontrada por su hija en el suelo en la hora de visita fue traslada a un hospital –en la residencia, como era domingo por la tarde, no había médico-, donde los médicos confirmaron que le habían suministrado un cantidad excesiva de Alprozolan, un medicamento que actúa disminuyendo la excitación del cerebro. Son solo dos ejemplos de los cientos de casos existentes. Trabajadoras de estos centros denuncian asimismo las deplorables condiciones de trabajo: cada trabajador dispone de ocho minutos para atender a cada residente y, por las noches, 150 ancianos duermen bajo la atenta mirada de una enfermera.

Como sociedad desarrollada hemos fracasado. Se han arbitrado muchas medidas para la atención de los mayores, la más reciente fue la ley de dependencia de Zapatero que los hoolingans del PP decidieron no aplicar. Y después estamos cada uno de nosotros, dependientes de unas condiciones de vida que hacen imposible la atención de nuestros mayores. Todo ello contribuye a fomentar las residencias de ancianos que acaban bajo la gestión de empresas privadas que buscan el beneficio, aunque sea a costa de la felicidad de unas personas a las que ya no les damos ningún papel. Un estorbo que nos quitamos de encima.
Contamos con los  reclamos publicitarios para hacernos de descargo de conciencia. Lo malo es que la realidad y los hechos son tozudos y con asiduidad nos colocan ante el espejo. Ni ellos se merecen ese trato ni nosotros podemos seguir mintiéndonos, convencidos de que somos muy modernos.

Publicado por BEZ.lo que debes saber – Sociedad – 24/08/16 -

Mitos y prejuicios sobre la vejez

Las representaciones sociales de la vejez influyen no sólo en lo que la sociedad piensa que puede y debe hacer una persona mayor, sino también en la percepción que ellas tienen de sí mismas. Estas creencias disminuyen su autoestima y acaban siendo la profecía que se autocumple.

Durante la adultez, los cambios de década acarrean una ansiedad difícil de comprender si no la miramos desde los prejuicios que se imponen desde el marco social en el que nos desenvolvemos. Nuestro cuerpo cambia, también nuestra posición social, laboral y familiar, pero las personas mayores constituyen el colectivo más heterogéneo de las vidas humanas.

Existen estereotipos, mitos y prejuicios que desprestigian el envejecimiento y discriminan a los envejecientes. Algunos de ellos:

1. Asociar a la vejez con la enfermedad y la dependencia. Si bien hay ancianos frágiles y dependientes, situación que aumenta en el grupo de los de mayor edad, hay muchas personas mayores de 65 años con buen estado de salud bio- psico- social e independientes en el desarrollo de sus actividades y relación con el entorno.

2. Todos los ancianos son pobres. En nuestro país muchos ancianos son propietarios de sus viviendas y no así los jóvenes, y ayudan con sus jubilaciones a sus hijos desocupados. Las personas mayores en situación de pobreza viven menos años.

3. Todas las personas mayores presentan deterioro cognitivo. Si bien el deterioro cognitivo es más prevalente a mayor edad, no quiere decir que todas las personas mayores vayan a sufrir demencias, existe una reserva cognitiva o plasticidad neuronal que hace que el cerebro añoso posea un potencial que le permite seguir aprendiendo. La inteligencia cristalizada se mantiene y aumentan las posibilidades de resolución de problemas. La memoria de los procedimientos aprendidos se mantiene. La práctica y la experiencia son fundamentales y hasta más importantes que la edad en sí.

4. Los ancianos son rígidos. Los rasgos de personalidad se estabilizan con la edad y serán rígidos quienes lo han sido y más flexibles otros. Estudios al respecto nos orientan acerca de que la vejez no es una etapa particularmente estresante dentro del curso de la vida.

5. Los ancianos son feos y desagradables. Los medios masivos de comunicación se han ocupado de exaltar el binomio juventud-belleza; en contraste la vejez es fealdad. Muchos adultos mayores se ven presionados por esta representación social y tratan de parecerse a jóvenes para poder seguir siendo bellos y deseables. Esto está relacionado particularmente con otra construcción social como es la de género. Sufren más presión las mujeres.

6. Los adultos mayores son menos felices. Existen estudios acerca de esta temática que determinan que hay mayor madurez afectiva y que los adultos mayores no son menos felices en general, ni están menos satisfechos que los jóvenes.

7. Las personas mayores son asexuadas y si desean o tienen relaciones sexuales, esto es repulsivo. (Estereotipo del “viejo verde” y la “vieja loca”). La sexualidad, incluida la genitalidad, son parte de la vida y como tal pueden desenvolverse durante todo su curso. 

Con respecto a esta última hay algunas diferencias en los procesos fisiológicos como la lentificación, el aumento del período refractario, la mayor necesidad de estímulos previos y de lubricación. Como consejo fundamental, es importante no compararse con la actividad sexual de joven, sobre todo los varones, que por una cuestión también de género, se ven siempre más exigidos en este punto.Si la sociedad en la que vivimos sigue manteniendo estos y otros estereotipos, ¿cómo llegarán las ahora, personas jóvenes a vivir plenamente su vejez?

Esta problemática constituirá uno de los temas que se abordarán en el XIII Congreso Argentino de Gerontología y Geriatría “Desafíos del envejecimiento actual”, organizado por Sociedad Argentina de Gerontología y Geriatría, que se llevará a cabo en Buenos Aires desde el 25 hasta el 27 de agosto en la sede Puerto Madero de la Universidad Católica Argentina (UCA).

Publicado por Diario El Litoral.com  -  Argetina – Margarita R. Murgieri(*) Médica. Consultor en Geriatría y en Clínica Médica y miembro del Comité organizador del XIII Congreso Argentino de Gerontología y Geriatría 2016.- TELAM – 25/08/16 -


Leila Alavi, la mujer que fue apuñalada 55 veces por su esposo

El asesino, un refugiado iraní, dijo que asesinó a su esposa por no obedecer las reglas del matrimonio.
Mokhtar Hosseiniamraei y Leila Alavi juntos cuando su matrimonio era feliz. | Fuente: Infobae

A Leila Alavi no le podía ir mejor. Tras haber conocido al amor de su vida el año 2010 decidió contraer matrimonio con Mokhtar Hosseiniamraei, un iraní refugiado en Australia. Al inicio su relación marchaba de lo mejor, pero con el tiempo las cosas empezaron a ir mal y ella decidió separarse, decisión que le costó la vida.

Día fatal. Era enero de 2015 y ambos estaban peleando a bordo de un automóvil en un aparcamiento subterráneo en Sídney, Australia. La discusión empezó a tonarse más violenta y de un momento a otro Mokhtar sacó unas tijeras y comenzó a apuñalar a su esposa. Fueron 56 en total: 22 veces en su cabeza y cuello, 27 en el rostro y las piernas y 7 en las manos y hombros, según reportó el diario Sydney Morning Herald.

¿Por qué la mató? "La apuñalé en el corazón y en su cuello porque no obedecía la regla del matrimonio", confesó Hosseiniamraei a la policía luego del homicidio. "Cuando nos casamos tomamos un compromiso, un compromiso moral tras otro. Pero en este país eso no significa nada", dijo.

Se separaron. Antes de este desenlace, ambos vivían juntos pero al ver que su matrimonio no funcionaba, Leila decidió alejarse de su pareja a finales de 2014. Sus vidas siguieron por separado, pero él empezó a ingerir drogas a diario; este hecho motivó a Mokhtar a amenazarla a través de llamadas telefónicas. “Voy a matarte y a arreglar a tu hermana y tus amigos que te han convertido en esto", le dijo en una oportunidad, por lo ella que consiguió una orden policial que lo mantuviera alejado de su casa.

Culpable. Hosseiniamraei fue declarado culpable por el asesinato de su esposa durante una audiencia ante la Suprema Corte de New South Gales, Australia. Aún falta conocer por cuántos años será condenado.

Publicado por rpp.noticias – Redacción – 19/08/16 -

Una investigacion periodística denuncia extirpaciones forzosas de órganos El diario 'La Republica' informa de que la práctica se lleva a cabo en clínicas de Egipto y los donantes (mujeres y varones) son emigrantes africanos


En el año 2000, por primera vez en Europa, una comisión parlamentaria de Roma consiguió documentar lo que parecía una leyenda: la donación ilegal de órganos. No se trataba aún de extirpaciones forzadas, como lo que empieza a salir actualmente. Aquella comisión pudo documentar algunos casos, con nombres y apellidos, de personas pobres ( Varones y mujeres )que desde el noreste europeo eran llevadas a una clínica en Turquía donde se realizaba la extirpación y pago del órgano.
Una sección especial del diario 'La Repubblica' dedicada a periodismo de investigacion acaba de publicar varios reportajes documentados sobre extirpaciones forzadas de órganos que terminan con la muerte de la persona. La práctica tendría lugar en clínicas de Egipto y los donantes forzados serían emigrantes africanos que, por varias razones - entre ellas la falta de dinero para proseguir el viaje hacia Europa-se desvían de su camino a partir de Sudán, hasta El Cairo y Alejandría.

En fosas comunes

Las fuentes citadas en los reportajes son Global Financial Integrity (GBI) de Washington , el Comisariado sudanés para refugiados apoyado con un informe de ACNUR (Alto Comisariado de la ONU para refugiados) , la Gandhi Charity de Costa de Marfil (dispone de imágenes y documentos de cadáveres en el NIlo sin riñones, hígado y corazón), una fuente de la Organización Mundial de Sanidad (OMS) y Hasbesha, agencia para la cooperación al desarrollo que combate la trata de personas, que en el desierto de Sinaí ha hallado fosas comunes con cadáveres sin órganos.
Según un informe público de la GBI, citado por el diario, “el 10% de los 118.000 trasplantes que se realizan en el mundo es ilegal, o sea unos 12.000,  que en el mercado negro criminal producen beneficios por 1.400 millones de dólares.
El principal lugar de secuestro de los emigrantes sería el barrio Omdurman de Jartún (Sudán), donde viven dos millones de personas, aunque la delegación local de ACNUR ha denunciado también asaltos a sus convoyes con secuestro de personas (66 casos en 2015).
Alessandro Nanni Costa, director del italiano Centro Nacional Trasplantes explica que “los compradores proceden de países ricos y con frecuencia son árabes, turcos, israelíes y también estadounidenses”.

Publicado por El Periódico Internacional – Roma – Rossend Domenech – 14/08/16 -

Un tribunal alemán no permite a una joven ir a clase con velo islámico integral La joven había denunciado al centro ante la justicia

Una mujer francesa de 22 años conversa al islam y residente en Bruselas pasea con burka.

El juzgado administrativo de Osnabrück (noroeste deAlemania) falló este lunes en contra de una joven musulmana de 18 años que denunció a su instituto por no permitirle acudir a clase con niqab, un velo que tan sólo deja los ojos al descubierto.
La sentencia, que no es firme, da la razón a la dirección del centro educativo, que exigió a la alumna del turno de tarde quitarse el velo para poder acceder al aula.
El tribunal consideró que, en este caso, el mandato de formación y educación del Estado que consagra el artículo 7 de la Constitución alemana debe prevalecer sobre la libertad religiosa recogida en el artículo 4, explicó el portavoz del juzgado, Gert Armin Neuhäuser, al argumentar el fallo.

 

LENGUAJE CORPORAL

Una portavoz del centro educativo, Bianca Schöneich, explicó que en las relaciones escolares no sólo la palabra es importante, sino que también es fundamental la comunicación no verbal y el lenguaje corporal, algo que a su juicio el nicab no permite.
Además, agregó la portavoz, no es posible identificar a una alumna que lleva un velo integral. La joven, de nacionalidad alemana, argumentó en su defensa que el uso del nicab es "una parte importante de su práctica religiosa".
También llegó a proponer retirarse el velo ante una trabajadora del instituto antes de cada clase para eliminar la cuestión de la identificación, pero el instituto consideró insuficiente esta medida y le denegó el acceso al centro.
Publicado por El Periódico – Berlín – EFE – 22/08/16 -


Las mujeres al rescate de la Iglesia católica Faltan sacerdotes en las parroquias. El diaconado femenino que estudia el Vaticano puede ser parte de la solución

Africa de la Cruz en la iglesia Cilleruelos de San Mamés en la provincia de Segovia. BERNARDO PÉREZ
África de la Cruz Tomé, cumplidos con creces los 70 años, acude con el entusiasmo de un profeta a dar misa cada domingo y fiestas de guardar a los vecinos de varios pueblos del arciprestazgo de Ayllón, en Segovia. Fue durante 40 años profesora de Psicología en la Universidad Autónoma de Madrid y vive entre ilusionada y escéptica el revuelo armado por el papa Francisco con la comisión que debe estudiar el papel de la mujer en la Iglesia romana, en concreto si es conveniente ordenar diaconisas.

En el siglo XIX, la Iglesia romana perdió a los obreros, en el XX a los intelectuales y a los jóvenes. En este siglo XXI lleva camino de perder a las mujeres, que son con creces la mitad más activa de esa confesión. “Los jóvenes se han ido de la Iglesia sin dar portazo y no nos hemos enterado”, ha reconocido el obispo de Santander, Manuel Sánchez Monge. Con las mujeres puede pasar lo mismo: se van yendo sin que los obispos se enteren.
En la práctica, África de la Cruz ya ejerce como diaconisa. El diácono es normalmente un varón, soltero o casado, habilitado por la jerarquía para presidir algunas celebraciones. Es una especie de sacerdocio de tercer grado. Puede impartir los sacramentos del bautismo y el matrimonio, pero no confesar ni dar la extremaunción, y tampoco puede, ni de lejos, ejercer la función principal de los eclesiásticos ordenados, es decir, la consagración eucarística
Las misas de De la Cruz, que en puridad deben llamarse “Ceremonias de la Palabra”, se desarrollan como una eucaristía de cura, con la excepción de que las hostias que va a entregar a los comulgantes no las ha consagrado ella, sino un sacerdote o el obispo de la diócesis. Tampoco puede confesar, por ejemplo. El resto de la liturgia es la misma: lectura del evangelio del día, sermón, las preces correspondientes, etc.

Sus feligreses la acogen agradecidos. Lo han hecho los vecinos de Cilleruelo de San Mamés (41 habitantes), que la pasada festividad de la Virgen Grande han cumplido con el precepto dominical de la misa gracias a De la Cruz. Durante el nacionalcatolicismo franquista, les predicaron con extremo rigor que era pecado muy grave no ir a misa los domingos. Hoy, los obispos no tienen sacerdotes suficientes para poder cumplir con aquella obligación.
En España hay 23.071 parroquias, de las que al menos 5.000 no disponen de sacerdote permanente. ¿Soluciones? Las mujeres, que son inmensa mayoría en todas las iglesias, lo ven claro: el diaconado femenino, como un primer paso. Se lo pidieron al papa Francisco en mayo pasado las 900 religiosas de la Unión Internacional de las Superioras Generales recibidas por el pontífice argentino en el Vaticano. ¿Por qué marginar del diaconado a la mujer, que ya ejerció esa función en la Iglesia antigua? “Las mujeres diaconisas son una posibilidad para hoy”, respondió Francisco, que prometió crear una comisión para estudiar el tema. Ya está en marcha la comisión, presidida por el jesuita español Luis Ladaria, número dos de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

Se atribuye a Napoleón esta frase: “Cuando no quiero hacer algo, creo una comisión”. De la Cruz tiene esas dudas, pero ve revolucionaria la sola decisión de Francisco. “Bienvenida la comisión. En ese búnker las mujeres, lo femenino, estamos asfixiadas. Necesitamos aires de innovación y reconocimiento”, dice. También ve positivo que la comisión haya nacido del ruego de unas mujeres. “Es un ejemplo a imitar por todas. Las mujeres tenemos que hacer bulla en la Iglesia. Hay muchos sordos y ciegos por ahí sueltos. También es positiva la paridad entre hombres y mujeres en la comisión. ¡Menos mal!”.

Puertas al campo

Alabada la creación de la comisión, De la Cruz indaga el para qué. “Hablar de diaconisas me parece poner puertas al campo. La tarea ardua que debe acometer esta comisión es el estudio del papel de la mujer en la Iglesia hoy y, sobre todo, mañana”. Y continúa: “Me entristece que la Iglesia no sea consciente de lo que se está perdiendo al ningunear a las mujeres. Es un despilfarro. La Iglesia infravalora un capital de alto rendimiento. Las mujeres en la Iglesia queremos, podemos y sabemos servir como Dios manda”.
La catedrática Marifé Ramos, una de las voces más sabias de la organización Mujeres y Teología, sostiene que, incluso recuperando el diaconado femenino, se estaría solo ante un primer paso, “necesario, pero insuficiente”. Añade: “Nuestro hermano Francisco ha abierto una puerta que estaba cerrada con un buen cerrojo. Tras la puerta se abre un camino que conduce a la atención pastoral y a valorar como ministerio lo que sólo se consideran tareas, a menudo infravaloradas. Ojalá el aire fresco se convierta en vendaval que reavive los ministerios en la Iglesia y se lleve el olor a rancio que se ha extendido”.

El juicio de Margarita de Pintos, de la Asociación de Teólogos y Teólogas Juan XXIII, sobre la propia comisión papal es contundente. “Ríos de tinta se han escrito a favor y en contra sobre el acceso de las mujeres a los ministerios ordenados. No se necesitan más estudios. Lo que reclaman las comunidades cristianas son personas que puedan administrar los sacramentos y les acompañen en su vida espiritual, pero parece que es más importante su género que la necesidad”, afirma. Pintos califica la comisión de eurocéntrica (no participan personas de África, América Latina, Asía ni Oceanía), y excluyente de las mujeres que llevan años ejerciendo su ministerio presbiteral, “que aportarían la experiencia de las comunidades que presiden”.

Para el teólogo José Manuel Vidal, fundador y director de Religión Digital, la situación de la mujer en la Iglesia romana “es un pecado que clama al cielo y una flagrante discriminación ideológica, que no tiene cabida en el Evangelio, uno de esos graves pecados de los que la Iglesia suele arrepentirse siglos después”. En esa idea, la decisión del Papa “es solo un primer paso, tímido pero rompedor, tambaleante pero necesario”. Añade: "Francisco ha iniciado su proceso de reformas a paso lento, pero irreversible. Pero actúa para no quedarse solo, para que su primavera no sea flor de un día, para que su revolución tranquila la asuman las bases católicas".

No hay dogma contra el sacerdocio femenino
JUAN G. BEDOYA
San Pablo ordenó en una de sus famosas cartas que las mujeres deben estar calladas en la Iglesia. “Si tienen que aprender algo, que pregunten a sus maridos", añadió. (1 Corintios 14, 34). Debía estar harto de lo mucho que mandaban y organizaban entonces las primeras cristianas. Sobre la grosera afirmación del apóstol de Tarso la Iglesia romana ha construido una organización androcéntrica. “Si cierra la puerta a las mujeres una vez más, la Iglesia se verá alineada con los países más machistas del globo”, sentencia la teóloga Isabel Gómez Acebo.
En los primeros siglos del cristianismo hubo mujeres sacerdotes y diaconisas que ejercieron funciones ministeriales y directivas hasta que la Iglesia se patriarcalizó. “Es hora de pasar de la subalternidad a la igualdad; de la sumisión al empoderamiento; del régimen de dependencia a la autonomía; de ser objetos a sujetos. Esto no se logra con el diaconado femenino, sino todo lo contrario: se prolonga la minoría de edad de la mujeres bajo el espejismo o señuelo del protagonismo”, afirma Juan José Tamayo, director de la cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones en la Universidad Carlos III de Madrid.
No hay ningún dogma que prohíba el diaconado o el sacerdocio femeninos. Francisco escribió en la ‘Evangelii Gaudium’ que “el sacerdocio reservado para los hombres (...) es un tema que no se pone en discusión”. No es verdad. Es quizás el tema que más se discute, además del celibato obligatorio de los sacerdotes. Nunca se ha cerrado “ese tema”. Cada día se abre en canal ante decenas de miles de parroquias que no tienen pastor por falta de vocaciones. Es verdad que lo quiso hacer Juan Pablo II, poco dado a sutilezas teologales, pero se le opuso con contundencia quien entonces era el prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, cardenal Joseph Raztinger, más tarde Benedicto XVI.
Proclamar como dogma que no cabe el sacerdocio femenino es una barbaridad; los papas pueden cerrar ese camino cuanto quieran, pero nunca podrán decir a todo el orbe católico que es doctrina de la Iglesia desde su fundación, resumió Ratzinger a su superior y amigo. No fue un ruego, sino una orden de quien era entonces el exigente y no manipulable policía de la fe católica además de gran teólogo. Sin duda, dejó escrito un dossier sobre la materia. Es raro que el Vaticano no lo tome en cuenta. El sacerdocio de las mujeres es, ciertamente, un “caso cerrado”, pero en la dirección opuesta a la que supone el actual Pontífice. Las Iglesias evangélicas, popularmente conocidas como protestantes, que ya tienen hasta obispas en su seno (e incontables pastores casados), son un ejemplo y un reto.

Publicado por El País – Madrid – Juan G. Bedoya – 25/08/16 -


La larga historia del control de las faldas cortas y la ropa femenina

 El burkini es solo el último ejemplo del control del vestir de la mujer: la Magna Grecia en el siglo VII AC ya prohibía a las mujeres llevar vestidos dorados. Roma les impidió usar el color púrpura

En 1770 se presentó en el Parlamento británico una proposición de ley para castigar el uso de zapatos de tacón con las mismas penas que la brujería

En el Deuteronomio 22:5: "No vestirá la mujer traje de hombre, ni el hombre vestirá ropa de mujer; porque abominación es a Jehová tu Dios cualquiera que esto hace"

Luisa Capetillo. Anette Kellerman. Micheline Bernardini. Charlotte Reid. Son algunos de los nombres de mujer que sirven como hitos en la larga historia del control legal de la ropa femenina. Desde la antigüedad clásica (el primer código legal escrito griego) hasta hoy mismo y con diferentes y variadas justificaciones (religión, política, obscenidad, escándalo, excesivo lujo) numerosas jurisdicciones han legislado y hecho cumplir códigos de vestimenta que han afectado desproporcionadamente a una mitad de la población sobre la otra.
Policías y jueces se han visto implicados en casi todos los países en el intento de decidir por la vía legal qué es aceptable y qué no en lo que respecta a lo que se puede poner una mujer en público. Encarnada en algunos nombres, esta es una breve e incompleta historia de un fenómeno que está lejos de haberse terminado: decenas de países aún hoy tienen leyes sobre la vestimenta femenina y surgen nuevas cada día.  

Frugalidad por decreto

Numerosas sociedades desde la era clásica hasta bien entrado el siglo XVII se preocuparon por el exceso de lujo en la vestimenta y mobiliario de sus ciudadanos y legislaron quién podía llevar qué tipo de telas, colores o piezas de ropa y quién no según sexo, profesión y rango social.
El primer ejemplo aparece en el Código Locrio, el primer compendio escrito de leyes de la antigua Grecia que fue promulgado por el mítico  Zaleuco para la ciudad de Locros Epicefiros en la magna Grecia del siglo VII AC. Entre las pocas normas que se conservan está la que prohíbe a las mujeres llevar vestidos dorados y sedas refinadas, a no ser que se trate de su traje de novia, y la que fuerza a las mujeres casadas a llevar ropas blancas e ir acompañada por una esclava en público; sólo las núbiles podían llevar ropa de diferentes colores.
Roma, en tantas cosas heredera de Grecia, también reguló en sus normas los ropajes; determinadas categorías de tejido como la seda, el número de bandas coloreadas en una túnica y sobre todo el uso de determinados colores, en especial el famoso Púrpura de Tiro, estaban reservados a senadores, caballeros u otras clases determinadas y su uso estaba prohibido para el resto.
Para que las mujeres decentes no se pudieran confundir, Roma legisló también el uso obligatorio de una toga coloreada en tonos rojos ( Toga muliebris) para las prostitutas y las divorciadas por causa de adulterio. Estas y  otras limitacionesestaban codificadas en las llamadas  Leyes Suntuarias proclamadas durante la República cuyo cumplimiento era más bien relajado; a lo largo del Imperio fueron cayendo en desuso.
En la Europa medieval, durante el Renacimiento y en Gran Bretaña hasta el siglo XVIII se siguieron promulgando leyes que, con la excusa de limitar los gastos suntuarios, creaban unos códigos sociales de vestimenta que en la práctica servían para subrayar y perpetuar las diferencias sociales.
Un ejemplo son los  Estatutos Suntuarios promulgados por Isabel I de Inglaterra reformando legislación anterior. En estos estatutos se especifica con meticuloso detalle qué rangos nobiliarios pueden llevar qué tipos de tejido (seda, brocados, oro, diferentes pieles) diferenciando entre hombres y mujeres y llegando hasta la longitud de las espadas o la superposición de las prendas.
Así, por ejemplo, ninguna mujer que no tuviese rango de esposa de caballero o superior estaba autorizada a lucir cordones de seda sobre sus ropajes externos. Sólo las esposas de Caballeros de la Espuela y del Consejo Privado, duquesas, marquesas y damas de compañía y de honor de la reina además de vizcondesas y baronesas, estaban autorizadas a usar terciopelo carmesí en según qué prendas dependiendo de su rango concreto. La violación de las normas era castigada con multas, aunque el cumplimiento era laxo.
Otra prenda que provocaba furor en la Europa medieval eran los zapatos de tacón en sus diferentes encarnaciones y estilos. En un primer momento fueron puestos de moda por las damas de las cortes como método para realzar su belleza y disimular la escasa estatura, pero pronto se convirtieron en una verdadera carrera hacia el absurdo.
Por ejemplo los chapines, una especie de zapatos de plataforma de origen español que se extendieron por el continente en el siglo XV, llegaron a alcanzar alturas ridículas de más de 70 centímetros. Para evitar la competencia en esta moda, Venecia legisló en 1430 que no podrían superar las tres pulgadas, unos siete centímetros. 
La preocupación legislativa por los zapatos de tacón y su efecto en el atractivo femenino se extendieron en el tiempo: en el Estado norteamericano de Massachusetts una ley del siglo XVII amenazaba con considerar brujas a las mujeres que atrajeran a un hombre al matrimonio con el artero uso de zapatos de tacón; ni que decir tiene que en aquel momento y lugar ser considerada bruja no era muy saludable.
En 1770 se presentó en el Parlamento británico una proposición de ley para castigar con las mismas penas que la brujería el uso de zapatos de tacón y de otros engaños cosméticos, prueba de que los legisladores todavía consideraban su uso un peligro social, o al menos algo similar a una estafa.
En la actualidad los zapatos de tacón siguen causando problemas y provocando la presentación de proposiciones de ley, aunque ahora son las mujeres las que solicitan protección legal. En determinadas industrias y puestos de trabajo (auxiliares de vuelo, camareras, recepcionistas, etc) hay empresas que obligan a sus empleadas a usar uniformes que a veces incluyen zapatos de tacón.
Varios conflictos laborales han surgido en relación con esta obligación o con despidos relacionados con la negativa de algunas empleadas a usarlos; una recepcionista británica que perdió su empleo por esta razón llegó a reunir 130.000 firmas para presentar una proposición de ley ante el Parlamento británico con la que forzar la resolución del problema. El hecho de que los zapatos de tacón pueden provocar problemas médicos si se usan durante demasiado tiempo avala estas peticiones.

La amenaza del pantalón

El  pantalón era considerado en la era clásica una prenda bárbara que las personas civilizadas no utilizaban jamás. A lo largo del Imperio Romano, sin embargo, la progresiva mezcla de pueblos y costumbres acabó extendiendo su uso, que se hizo prácticamente universal en Occidente, eso sí, única y exclusivamente entre los hombres. Hasta tal punto de que a partir del siglo XIX, y bien entrado ya el XXI, ha habido mujeres que han sido encarceladas por atreverse a usar pantalones en público. Una curiosa mezcla de religión e indignación moral ante la confusión de sexos hizo de esta prenda un símbolo feminista, y también de opresión legal.
La base original para la rotunda prohibición del uso de pantalones por las mujeres que se extendió en uso y ley hasta bien entrado el siglo XX (y que aún perdura en ciertos lugares) está en el Deuteronomio 22:5: "No vestirá la mujer traje de hombre, ni el hombre vestirá ropa de mujer; porque abominación es a Jehová tu Dios cualquiera que esto hace".
Por esta cita y por considerarse el pantalón como prenda quintaesencialmente masculina era en el siglo XIX de enorme escándalo la idea de una mujer vestida con ella (a pesar de la opinión tolerante de al menos un papa medieval). Sin embargo, la extensión de las ideas feministas y otras, como el uso de la bicicleta que hacía poco práctico llevar faldas, convirtieron el uso público de pantalones en reivindicaciones políticas en sí mismas, en algunos casos con resultado de detenciones.
Un ejemplo fue el de la activista puertorriqueña Luisa Capetillo, que aún en 1919 fue detenida y pasó una noche en comisaría por osar vestir un pantalón en publico. Y si esto suena a cuento de terror, conviene recordar que la primera mujer en llevar unos pantalones en el Congreso de Estados Unidos fue  la republicana Charlotte Reid en 1969, pero hasta 1993 el Senado de EEUU prohibía el uso de esta prenda a las mujeres.
Dos senadoras, Barbara Mikulski y Carol Moseley Braun, desafiaron la norma yconsiguieron que se anulara, tras un plante del personal femenino de la institución. Hay que considerar que las escuelas estadounidenses consideraban obligatorio el uso de vestidos para las niñas hasta la aprobación de las Enmiendas Educativas de 1972, que provocó que los pantalones se pusieran de moda.
De hecho los pantalones se consideraron símbolo de libertad femenina mucho antes: estrellas de Hollywood como Katharine Hepburn o Marlene Dietrich aparecían con frecuencia con ellos durante la década de los 30, y su uso se había extendido a la práctica deportiva o de actividades físicas (como la jardinería).
Durante la Segunda Guerra Mundial las mujeres movilizadas para trabajar en las factorías que habían dejado los hombres por el frente usaban con frecuencia ropa de trabajo que incluía monos o pantalones reforzados, normalizando así su uso. Aun así no fue hasta 2013 que  la ciudad de París derogó una norma municipal que prohibía el uso de pantalones a las mujeres "excepto aquellas que tengan las manos en un manillar de bicicleta o en las riendas de un caballo". Había sido diseñada para evitar las connotaciones revolucionarias de la prenda en aquella ciudad.
Los problemas con los pantalones originados en el Deuteronomio afectan también a algunas ramas de la religión judía, que consideran el espacio entre las piernas de la mujer como privado y por tanto exigen el uso de prendas que lo cubran, como una falda amplia. Razonamientos similares explica la preferencia por vestidos y faldas en grupos como algunas sectas menonitas. Otras confesiones, como los sij, interpretan que los pantalones son una prenda que cubre por completo las piernas de la mujer garantizando así el pudor, y aconsejan su uso.
Últimamente una interpretación extrema de la jurisprudencia islámica ha causado que el pantalón sea considerado haram (prohibido) por impúdico en países como Sudán, donde algunas activistas han sido  amenazadas con penas de flagelaciónpor usarlo en público.

Bañadores y pudor

Durante una buena parte de la historia en Occidente la ropa de baño nunca fue un problema: en la Era Clásica la gente se bañaba desnuda, y durante buena parte de la Edad Media y el Renacimiento el baño era algo que se hacía poco y en la intimidad. No había necesidad de trajes de baño, por tanto.
Pero cuando hacia mediados del siglo XIX se empieza a poner de moda el mar y darse baños en la playa aparece un problema: cualquier exhibición de anatomía, en especial femenina, es considerada inmoral y provocadora por lo que debía ser perseguida.
Así los primeros trajes de baño, para ambos sexos, dejan todo a la imaginación cubriendo desde los tobillos hasta el cuello, con manga larga y a menudo capucha y con telas que no transparenten y cortes que no marquen el perfil del cuerpo. Algo no muy diferente en corte, en realidad, del actual y polémico burkini.
Los hombres descubren enseguida que este género de trajes de baño son incómodos y poco prácticos, en especial para tomar el sol, por lo que en seguida simplifican y optan por una especie de calzón que llega a medio muslo unido en una sola pieza a una camiseta con tirantes confeccionado en tejido de lana ligero y ceñido, un modelo que se usa durante décadas sin problema aparente.
En el caso de las mujeres, sin embargo, dejar hombros, brazo y piernas al descubierto y marcar volúmenes se considera del todo escandaloso. Así comienza un pulso que durará más de un siglo: por un lado las mujeres buscan prendas de baño menos engorrosas y más prácticas que liberen su piel para el agua y el sol; del otro las autoridades, preocupadas por la provocación y el escándalo de semejantes exhibiciones.
En un primer momento el problema se soluciona con los carros de baño, carruajes que permiten entrar en el agua más ligero de ropa pero a cubierto de las miradas indiscretas. Pero esta solución no es práctica ni permite nadar; la extensión de los ideales deportivos y de la libertad de vestimenta provoca una búsqueda de modelos con mayor facilidad de movimiento. En las playas se libra una guerra de centímetros, según las autoridades intentan legislar la cantidad de carne femenina expuesta que es tolerable dando lugar a las inolvidables imágenes de policías imponiendo la ley regla en mano

Ya en 1907 la nadadora y actriz  Annette Kellerman fue detenida en la playa de Boston por utilizar en público un bañador escandaloso: un traje de lana tejida que la cubría de tobillos a cuello, pero que marcaba el cuerpo, similar al que ya empleaban los hombres (aunque más pudoroso).
El impacto de su detención y de su aparición en varias películas (fue una pionera de la natación sincronizada) fue tal que acabó dando su nombre a un estilo de traje de baño. Los annete kellerman eran bañadores de una pieza, algunos de ellos cubriendo por completo las piernas y otros acabando a medio muslo, que fueron la primera colección de moda de baño y antecesores de los actuales.
Pero al mismo tiempo en la cultura en general cada vez se abre más la mano, jugando incluso con las connotaciones sicalípticas de los trajes de baño más reducidos. En películas de los años 30 la sirena  Esther Williams realiza sus coreografías acuáticas en sugerentes trajes de baño con nombres como double entendre (doble sentido), y algunas de sus bailarinas llegan a aparecer en trajes de dos piezas precursores del bikini de postguerra. Las mujeres recortan, mientras las autoridades intentan recortar los recortes.
Durante la Segunda Guerra Mundial, paradojas del destino, son las autoridades las que proceden a recortar: debido a la escasez de materiales y a que eran necesarios para el esfuerzo bélico,  el Gobierno de EEUU solicita la reducción de un 10% en la tela necesaria para los trajes de baño.
La moda responde eliminando las falditas sobrepuestas y los cortes amplios que hasta entonces habían tratado de camuflar las formas de la mujer. Los bañadores empiezan a aproximarse a la forma actual, manteniendo todavía el tabú del ombligo a cubierto. Pero poco después habría de llegar a gran revolución, de la mano de las escaseces europeas de postguerra y de la necesidad de reinventar el glamour: el bikini.
"Es como el átomo, muy pequeño pero devastador", dijo del  bikini su creador. Y no era para menos: los testigos de la época fueron conscientes de que la diminuta y reveladora prenda violaba todos los tabúes sobre vestimenta femenina. Hasta tal punto que su creador, el diseñador de moda francés Louis Réard, no pudo encontrar una modelo de alta costura dispuesta a presentarlo y se vio obligado a contratar a una bailarina de strip-tease llamada Micheline Bernardini.
La versión de Réard tenía apenas 200 centímetros cuadrados de tejido, dejaba ampliamente al descubierto el ombligo y para ciertos diseños actuales sería considerada pacata, pero entonces provocó apoplejías: su uso fue prohibido en toda la costa atlántica francesa, Italia, España, Portugal y Australia, y en varios estados de EEUU se prohibió o se desaconsejó su uso.
Cuando en el certamen de belleza que acabaría convirtiéndose en Miss Mundo la ganadora, la sueca Kiki Håkansson, fue coronada luciendo un bikini,  el papa Pío XII la condenó personalmente y países como Irlanda y España amenazaron con retirase de la competición. Como consecuencia del escándalo numerosos concursos de belleza prohibieron explícitamente el uso del bikini.
En EEUU el Código Hays que controlaba el contenido de las películas de Hollywood permitía trajes de baño de dos piezas, pero no mostrar ombligos; no se abandonó hasta entrados los años 60. Y no sólo las religiones y grupos moralistas se opusieron: para algunas corrientes feministas el bikini degradaba a la mujer al convertir su cuerpo en objeto de deseo masculino.
Hoy día todavía hay países, como India, donde el uso del bikini se considera inmoral. En los países donde rigen normativas de tipo religioso está prohibido y su uso perseguido, como en buena parte de Oriente Medio, donde es motivo de escándalo que una actriz aparezca con uno en una portada.
Pero en una buena parte del planeta el bikini clásico puede llegar a ser considerado como púdico, en comparación con otras versiones más extremas o con la práctica (cada vez más común) del nudismo. En este caso, como en los anteriores, las mujeres y su afán de libertad acabaron por ganar la partida a las leyes y su afán de control, siempre mucho más desatado cuando se trata de limitar la libertad de acción de la mujer. Las polémicas con la ropa femenina y su significado siguen, y seguirán; pero el resultado final no deja lugar a la duda.
Publicado por eldiario.es – El Guardián – José Cervera – 27/08/16 -