jueves, 7 de abril de 2016

Por qué hay niñas en Nicaragua que temen ir al baño en la escuela

En las zonas rurales de Nicaragua los niños caminan kilómetros para ir a la escuela.BBC Mundo
En la escuela no me gusta ir al baño. Así que mejor me aguanto”, dice resignada María.
Es un nombre falso, pero tiene 8 años y vive en una zona rural de Chinandega, en el nordeste de Nicaragua, a unos 150 kilómetros de la capital.
Cada día camina cinco kilómetros para llegar al sencillo centro escolar en el que comparte aula con una decena de niños.
Se abre paso entre la espesa vegetación, la caña de azúcar que se transformará después en el licor más fino del país, el ron.

Y cuenta, clavando en el interlocutor sus pequeños ojos negros y vivarachos, que reza para no cruzarse con nadie.
Image copyrightGetty No todas las familias cuentan con un caballo, todo un lujo.
Explica que al llegar a destino siente cierto refugio, la tranquilidad de un día más en el que nadie la asaltó por el camino.
Allí se siente segura siempre y cuando no tenga que usar el servicio.
“Nos vienen a ver, quieren entrar”, dice, sin especificar a quién se refiere.
Allí “el baño” no es un lugar que se merezca el nombre de servicio sanitario. No hay azulejos relucientes en las paredes y el piso.
Por no haber, no hay ni un pestillo que provea a las niñas de cierta intimidad dentro del rústico habitáculo.
“En los baños (de algunas escuelas) existe el riesgo de violación de niñas”, asegura a BBC Mundo Johana Chévez, asesora de género de Plan Internacional.
“No siempre hay puerta, no siempre son higiénicos, a veces están cerca los de los niños y los de las niñas”, explica.
“Las encierran, les tiran piedras, llegan a espiarlas”, cuenta.

“Indiferencia de los profesores”

Con los estudios Escuchen nuestras voces y Situación de las niñas, adolescentes y mujeres jóvenes en Nicaragua, Plan Internacional y la Universidad Centroamericana (UCA) trataron de poner cifras a la problemática.
Fue una investigación amplia, llevada a cabo en 22 comunidades de 10 municipios en Boaco, La Libertad, Chinandega, Puerto Morazán, Malpaisillo, Río Blanco, Bilwi, Altagracia, y en los distritos IV y V de Managua.
Una de cada cuatro niñas que participaron en las investigaciones dijeron que “jamás” se sentían “cómodas” al usar las letrinas de la escuela.
“No vamos al baño porque los niños nos espían al poner un teléfono celular en un zapato para grabarlo y verlo todo”, dice una de las niñas.
La proporción es significativamente superior a los detectados por esta organización que defiende los derechos de los niños en la región, en Sudamérica y otras zonas del mundo.
“En los dos estudios el resultado de Nicaragua es prácticamente el doble que en los otros países en el tema del miedo que tienen las niñas, de la inseguridad que sienten las niñas al trasladarse a sus centros de estudio y en el uso de los baños de las escuelas, porque piensan que en esos lugares es donde ocurre el acoso”, dijo el director de Plan Internacional Nicaragua, Patricio Lara, al presentar los resuresultados.
Chévez participó en los estudios y asegura que, aunque ya pasó más de un año de la medición, la situación no ha variado. “Es una constante en las escuelas”, dice.
Y asegura que todo eso ocurre ante la indiferencia de los docentes.
“No se involucran, no prestan atención a la violencia. Es algo totalmente ciego”, remarca.
“Es más, cuando se les pregunta dicen “no, aquí no pasa nada de eso””, reclama.
“No lo ven, porque en las escuelas hay jerarquía, porque los profesores utilizan otros sanitarios, pero también porque existe una naturalización del asunto”, se lamenta.
“Además, los niños desde temprana edad sienten que pueden apropiarse del cuerpo de las mujeres”, sentencia.

Causa de deserción escolar

Quizá por esa normalización de lo aberrante, María nunca se lo dijo a su madre.
Tampoco le habla del miedo que siente a veces en el camino de regreso a casa.
Al fin y al cabo, la inseguridad es una sensación frecuente para una niña de una comunidad como la suya.
“No estamos seguras principalmente los sábados y los domingos, porque hay pleitos”, explica otra menor en el estudio.
  Los niños de El Timal tienen una escuela en condiciones.
“Abren las cantinas, hay borrachos en las calles y hasta en nuestra casa hay riesgo de abuso”.
Las escuelas tampoco son ajenas a otro tipo de violencia, la ejercida por parte de los docentes.
“Nos encontramos con golpes, burlas, agresiones físicas, acoso y el favoritismo de los maestros hacia los varones, y vimos que toda esa violencia es la razón del abandono escolar”, señala Karla Hernández Roa, investigadora de la Universidad Centroamericana (UCA) y quien también participó en los estudios.
“También hay docentes que manipulan psicológicamente a las niñas, que utilizan su poder en el aula para lograr sus favores, por ejemplo para chantajearlas y cobrarles por permitirles repetir un examen”, señala.
“Es otro de los factores que lleva a las niñas a dejar la primaria“.
Plan Internacional y la UCA no son las únicas instituciones que han denunciado la situación.
ONU Mujeres, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) y la Unión Nacional de Educadores y Trabajadores de la Educación (ÚNETE) reportaron en 2014 que las niñas de Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Panamá y República Dominicana sufren “periódicamente” acoso sexual en la escuela y “chantaje sexual” relacionado con las calificaciones.
La pobreza es la principal razón de la deserción escolar, pero las condiciones de los centros de enseñanza también juegan su papel.
Y más recientemente, en marzo del año pasado, el Equipo del Informe de Seguimiento de la Educación para Todos en el Mundo, de la Unesco, y la Iniciativa de las Naciones Unidas para la Educación de las Niñas (UNGEI, por sus siglas en inglés) denunció que “la violencia de género extendida en las escuelas y sus cercanías impone graves obstáculos al logro de la educación de calidad, integradora y equitativa”.
Según el Ministerio de Educación, en Nicaragua, el segundo país más pobre de América después de Haití, el 9% de los alumnos matriculados deserta del sistema escolar. En 2012 de 1,6 millones de inscritos, 144.000 dejaron la escuela.
Unicef estima que 500.000 niños nicaragüenses de entre 3 y 17 años no están en el sistema educativo.
BBC Mundo solicitó una entrevista al Ministerio de Educación para hablar de la cuestión pero hasta el momento de la publicación de este artículo no obtuvo respuesta.

La escuela, bajo los árboles

El Timal, una comunidad de Tipitapa, en el departamento de Managua, estaba condenado a ser el paradigma de las estadísticas sobre deserción escolar.
A pesar de estar a apenas 34 kilómetros de la capital, allí no hay rastro de ciudad.
Es más bien un secarral, hectáreas y hectáreas de aridez y polvo, el recuerdo reseco de un ingenio azucarero.
                    Los vecinos dan mantenimiento al centro que Semillas de Aprendizaje construyó en El Timal para frenar la deserción escolar.
Ya baldío, fue entregado a los desmovilizados de la contra y a exmiembros del ejército.
Y allí ubicó el gobierno también a las familias afectadas por las graves inundaciones de 2009. Algunos más llegaron a casarse, y otros porque no tenían dónde caerse muertos.
Ahora 3.000 de ellos viven en Cristo Rey, lo más parecido por estos lares a un barrio empobrecido de una gran ciudad, y otras 125 familias quedaron diseminadas, separadas unas de otras por kilómetros de campo arrasado.
En esas condiciones, Evelyn Monges Martínez dice que le da miedo dejar a sus dos hijos, de 5 y 8 años, vayan solos a la escuela.
“Hago de tripas corazón”, reconoce, mientras da mantenimiento a las sillas de la escuela Pedro Arauz Palacios.
La construyó la organización no gubernamental Semillas de Aprendizaje con ayuda de los vecinos, precisamente hacer frente a la alta tasa de deserción.
“Antes los niños estudiaban bajo los árboles”, cuenta Juan Nicunando, el líder de proyectos de la comunidad.
Hoy la escuela alberga a 33 niños, entre preescolar y primaria.
   Desde que hicieron la nueva escuela en El Timal, Digna Castillo se siente tranquila cuando su hija (en la imagen) acude a clase.
Es un centro sencillo, formado por dos aulas, un patio. Cuenta también con unos servicios dignos, con su puerta y su pestillo.
Y Digna Castillo, quien a pesar de no pasar de los 30 tiene 4 hijos y 2 nietos, respira tranquila.
“Ahora sé que mis hijas están seguras en la escuela”, dice.        

Publicado por ANIMAL POLÍTICO – BBC Mundo – 06/04/16 -

En el festival del pene de Japón, el tamaño sí importa

Las calles de Kawasaki se convirtieron este domingo en un homenaje a la fertilidad con un desfile de estatuas gigantes de penes, una de las celebraciones más peculiares del mundo.

Durante este festival que se celebra cada año, los japoneses dejan de lado por un día su pudor y desfilan junto a tres grandes figuras de pene, una de ellas más grande que un hombre adulto.


Decenas de miles de personas asisten cada primavera al Kanamara Matsuri ("festival del pene de metal"), donde se pueden encontrar todo tipo de objetos fálicos, desde llaveros y bombones hasta singulares complementos, como una gafas con un pene en el lugar de la nariz.
"Fue genial", comenta Sayuri Kubo, de 14 años, orgullosa de su piruleta erótica. "El desfile de los mikoshi [tronos portátiles] fue impresionante". Tres de estos tronos fueron llevados en brazos por las calles, uno de ellos con un pene gigante de color rosa llamado Elizabeth, regalo de una discoteca local de 'drag queens'.

Más allá de su carácter folclórico, el festival de Kawasaki, una localidad residencial pegada a Tokio, tiene una función pedagógica, explica a la AFP Hiroyuki Nakamura, sacerdote del santuario sintoísta local de Kanayama.
“Si los niños no se acostumbran a verlos [los órganos genitales masculinos], podrían estar aterrorizados cuando llegue el momento", dice.
"La gente viene a rezar por la buena fortuna y a pedir que los dioses les protejan. El festival está arraigado en el pasado pero sigue teniendo un papel importante en la sociedad moderna", asegura.

La leyenda cuenta que durante la era de Edo (1603-1868), un demonio con dientes afilados que vivía en la vagina de una mujer castró a varios hombres durante su noche de bodas. Un herrero creó entonces una especie de consolador para romper los dientes del demonio.
Hoy un falo de acero de un metro de altura domina el patio del santuario de Kanayama en homenaje a las divinidades sintoístas de la fertilidad, de la concepción y de la protección de las enfermedades de transmisión sexual.
Los fondos recolectados en las ventas de productos se destinarán a la investigación sobre el sida.

Publicado por Boletín Globedia – Redacción Cultura – 03/04/16


La maldición del petróleo acosa a las mujeres indígenas del Amazonas


En uno de los lugares más ricos y aislados del Perú, cuna del proyecto Camisea, se produce una de las transformaciones más feroces de nuestro tiempo: el boom gasífero que trajo prosperidad a una parte del país ha sido una maldición para la mujer indígena machiguenga. Ahora tiene más posibilidades que antes de ser contagiada de VIH, de ser agredida cada vez que su marido se embriaga en las decenas de cantinas que han aparecido, ha perdido el liderazgo del hogar que le daba el cultivo de su chacra y depende del sueldo del esposo que trabaja en el lote de gas. Se alimenta mal y en estas condiciones debe sobreponerse a la desnutrición para luchar contra la anemia de sus propios hijos. En los últimos 12 años la explotación de gas ha generado más de US$ 7.700 millones en regalías para el país, pero nunca como ahora las mujeres machiguengas han sido más pobres.
Un detalle fue el primer signo de estos nuevos tiempos: las machiguengas dejaron de cosechar el tubérculo más tradicional de su dieta familiar, la yuca. ¿Para qué iban a sembrarla si podían comprarla o reemplazarla por arroz en las tiendas que aparecieron luego de la instalación del proyecto Camisea?

 “Si falta yuca se compra”, respondía hace dos años Eulalia Andrés Incacuna, una mujeres de la comunidad de Kirigueti. Desde hace tiempo en Camisea, la tienda reemplazó a la chacra, y la cerveza a la bebida más tradicional, el masato.
La modificación de su dieta advertía el inicio de los cambios asociados a las nuevas formas de intercambio económico que trajo el proyecto gasífero en Perú, operado por la multinacional Pluspetrol, que además administra otros lotes de petróleo en la región amazónica de Loreto. A pesar de las millonarias regalías entregadas al Estado Peruano, el dinero no se tradujo en mejores condiciones de vida. Las estadísticas revelan que la inseguridad alimentaria en la zona de Camisea se ha incrementado. Aquí, una persona tiene tres veces más riesgo de pasar hambre que el promedio nacional.
En otro extremos del país, la contaminación y los impactos ambientales socavan aún más la economía indígena. El último derrame de 2.000 barriles de petróleo registrado el pasado 17 de febrero en la zona nororiental de la Amazonía, en el oleoducto administrado por la empresa estatal PetroPerú, recuerda la vulnerabilidad de las familias y, principalmente, de la mujer indígena, responsable de la alimentación y la administración del hogar en las comunidades.
Contaminación y salud mental
“La contaminación del agua es una de las principales preocupaciones para la mujer indígena. Con la pérdida de la calidad del recurso ellas han visto reducida sus posibilidades de garantizar la salud a su familia”, dice el antropólogo de la Universidad Católica del Perú, Óscar Espinosa, que desde hace unos meses investiga el impacto de la explotación petrolera en dos comunidades de la región Amazónica del Bajo Marañón, afectadas por pasivos ambientales y derrames de petróleo.
En sus primeras indagaciones, Espinosa ha encontrado varios casos de estrés y cuadros severos de angustia en las mujeres. “Las hemos entrevistado y hemos notado que muchas presentan estos problemas. A varias se les ha comenzado a caer incluso el cabello, y eso las asusta porque no entienden por qué ocurre. Y frente a esto no existe para ellas ningún tratamiento adecuado por parte de los centros salud locales”, dice. En varias zonas de la cuenca del río Marañón las mujeres dirigentes asocian la contaminación petrolera al incremento de casos de cáncer y al nacimiento de niños con malformaciones. La falta de respuestas solo incrementa la incertidumbre familiar.
"En la tradición Amazónica, la mujer tiene un papel hegemónico; pero cuando la industria extractiva se instala en alguna zona, la gestión de recursos se altera, se prioriza el desempeño laboral de los hombres y se destruye el rol de la mujer", explica el antropólogo Willie Guevara*, que lleva estudiando la situación de las comunidades indígenas desde hace 30 años. El experto ha llamado a estos impactos: "pasivos subjetivos irremediables".
La creciente demanda de hidrocarburos impulsó en los últimos 15 años nuevas actividades de exploración y explotación de gas y petróleo en territorios habitados por alrededor de dos millones de indígenas. En la Amazonía que Perú, Colombia, Bolivia, Brasil y Ecuador comparten existen actualmente 81 lotes de hidrocarburos en explotación y otros 246 sobre los que hay interés para la extracción. Juntos ocupan 1,08 millones de kilómetros cuadrados: 15% de todo el territorio amazónico.
En el caso del Perú, el porcentaje de áreas lotizadas para la exploración y explotación alcanza el 60%. Se estima que el 80% de estas concesiones de hidrocarburos están superpuestas a tierras tituladas de comunidades indígenas, lo que ha generado conflictos sociales con la población local. En algunas regiones, como Loreto, afectadas por la contaminación de décadas de explotación petrolera (primero de parte de Oxy y luego por Pluspetrol Norte), han sido las mujeres indígenas las que de manera organizada han explicado sus quejas y demandas a los funcionarios de las Naciones Unidas. “Ellas han expresado que la contaminación les afecta en particular por los cambios ocasionados en la calidad y disponibilidad de agua y los efectos negativos sobre la salud de su familia”, señala el informe del 2014 del relator para pueblos indígenas, James Anaya.
La viceministra de Interculturalidad del Perú, Patricia Balbuena, reconoce esta situación y sostiene que para la mujer indígena el impacto de la industria extractiva es mayor. “A ellas les está costando reacomodarse a las nuevas relaciones productivas que traen estas actividades, y esto, finalmente, influye en las relaciones de género. Los hombres son contratados por las empresas y usan sus sueldos para adquirir bienes de consumo o de alimentos, entonces se desplaza a las mujeres de sus rutinas tradicionales, como el cultivo en las chacras”, dice la viceministra, abogada experta en temas de género, desarrollo y población.
El avance silencioso del VIH
El ingreso de nuevas actividades económicas en las comunidades indígenas que durante años permanecieron abandonadas por el Estado y aisladas del contacto con áreas urbanas, aceleró el intercambio comercial y la migración de sus habitantes hacia las ciudades, sobre todo de los hombres. Como resultado de estos nuevos procesos, a mediados de la década del 2000 se reportaron los primeros casos importados de VIH en población indígena amazónica. Aunque es difícil conocer el impacto cuantitativo a nivel regional (porque varios países no tienen las cifras desagregadas por pertenencia étnica), informes locales señalan que su prevalencia va en aumento.
En las comunidades aledañas al proyecto Camisea, el primer caso de VIH reportado oficialmente data del 2010 y el 2015, según detalla la red de salud local, se identificaon 11 casos solo en mujeres de las comunidades nativas ubicadas dentro del área de influencia del proyecto gasífero. Mario Tavera, asesor del viceministerio de Salud Pública del Perú, opina que no se puede atribuir el incremento del VIH solo a la industria extractiva. “Hay una serie de factores adicionales, como la migración y el intercambio económico, que deberían ser tomados en cuenta en los estudios de impacto de todos los proyectos”, dice.
Sin embargo, Carlos Torres Huarcaya, epidemiólogo de la zona de influencia de Camisea, explica que los casos son importados por “los jóvenes indígenas que han empezado a frecuentar centros de diversión nocturna instalados en otros poblados, atraídos por las grandes concentraciones de empleados y obreros desde el inicio de la explotación gasífera”. Para el especialista, uno de los graves problemas en este momento es el tamizaje. "No sabemos cuántos casos más podrían existir porque no hay un protocolo más amplio para identificarlos. Hasta ahora, la mayoría de casos corresponden a mujeres embarazadas que llegan al centro de salud como parte de sus controles", detalla Torres.
Las distancias geográficas y las malas condiciones de infraestructura de los puestos de salud dificultan un eficiente y oportuno diagnóstico. El jefe del programa indígena de la Defensoría del Pueblo, Daniel Sánchez, reconoce las debilidades del Estado: “El sistema de salud no está preparado para atender los casos de VIH en las poblaciones indígenas de la Amazonía. Se debería tener una estrategia específica, que considere intérpretes y una mayor presencia del Estado”. Hasta el año pasado solo cuatro pacientes recibían tratamiento antirretroviral, los otros lo habían abandonado.

Alcoholismo y violencia familiar
En las comunidades próximas al Proyecto Camisea la cerveza reemplazó al masato, la bebida tradicional de los pueblos indígenas en la selva cusqueña. Las cajas de cerveza se amontonan en los puertos fluviales y en las tiendas. Las improvisadas bodegas-cantinas las venden a cualquier hora del día. La red de salud local señala que, aunque no se ha hecho seguimiento a las enfermedades asociadas al alcoholismo, el consumo de cerveza se ha incrementado con los años.
Los hombres ya no cazan, ni pescan, ni se dedican a la agricultura. La mayoría trabaja en actividades relacionadas al proyecto Camisea o a las obras de infraestructura impulsadas por la municipalidad distrital de Echarate. El ingreso de un sueldo modificó la economía familiar. Se pasa de una economía no monetaria a otra monetaria, con todos los impactos sociales que esto supone. En su investigación “Ideas de progreso en los trabajadores asalariados indígenas: el caso de los machiguengas y el Proyecto del Gas de Camisea", la socióloga Cynthia del Castillo confirma que este proceso ha trastocado la vida comunal indígena.
“Las tensiones que se observan a partir del testimonio de los entrevistados -dice la experta- tienen que ver con la apropiación de nuevas prácticas y actitudes a partir del ingreso monetario. Nos referimos al consumo desmedido de cerveza. El hecho de que no todos los entrevistados se mostraran dispuestos a conversar sobre esto, hizo visible la tensión y, paradójicamente, el consciente ocultamiento para hablar del tema”, sostiene la investigadora.
No existen estudios locales sobre violencia familiar y alcoholismo en poblaciones indígenas de la Amazonía, pero la mayoría de mujeres asocia el maltrato familiar al consumo de alcohol.
La viceministra Balbuena advierte con preocupación la ausencia de un seguimiento antropológico sobre el impacto de la industria extractiva. “No hay un dimensionamiento real acerca de este impacto a partir de la incorporación de economías monetarias en los sistemas tradicionales de género, y las rupturas que podrían generarse”, advierte Balbuena.
¿Qué hacer, entonces? Los Estudios de Impacto Ambiental (EIA) deberían incorporar mayores indicadores sobre los impactos sociales. “El monitoreo de los proyectos extractivos incide mucho en el impacto a los recursos naturales y a la contaminación que podrían generar, pero no hace énfasis en el impacto social”, sostiene Óscar Espinosa.
La antropóloga Cynthia del Castillo insiste en la necesidad de “un estudio más profundo para tomar nota de las apreciaciones de las cónyuges en cuanto al ‘progreso’ que sus esposos dicen estar viviendo. La mirada desde el individuo que no sale de su comunidad, que se queda al cuidado del hogar, que apoya a su esposo en el negocio emprendido, que no tiene las mismas oportunidades que el cónyuge, puede variar en comparación a los ideales de vida del varón machiguenga”.
Estas nuevas relaciones, así como el impacto en la salud de las mujeres, son temas pendientes para entender la situación de las familias. Los expertos coinciden en la necesidad de revisar los Estudios de Impacto Ambiental y poner un mayor énfasis en los impactos socioculturales. Veinte días después del último derrame de petróleo, en Chiriaco (Amazonas), las mujeres no logran acceder a alimentos de calidad para sus hijos. "Las que pueden, compran pollo en las tiendas, pero las que no tienen dinero continúan comiendo el pescado de los ríos", dice Jania Danducho, de la comunidad de Nazareth, una de las más afectadas por el derrame del oleoducto administrado por PetroPeru y que desde 1996 ha registrado 33 derrames de barriles de petróleo.


Publicado por Sudamérica Rural – Ojo Público – 15/03/16 -

Dayan, la mujer que se hizo actriz en la cárcel

  
Es la estrella del grupo de teatro de Johana Bahamón.

Repugnancia. Eso fue lo que sintió Dayan Jiménez cuando se disponía a dormir y una guardiana le gritó al oído: “¡Como no trajo colchoneta vaya y saque una de la basura!… Con ese grito quién no hace caso, de modo que saqué una colchoneta de un contenedor y estaba sucia de vómito, sangre y mierda”.
La cita con Dayan se dio en una de las salas de la escuela de teatro CasaLibertad. Había terminado su clase de expresión corporal y estaba sudando, trató como pudo de organizarse el cabello y brindar su mejor sonrisa para sentarse a relatar la peor experiencia de su vida.
“Hice una apuesta y perdí”
Dayan  viene de una familia numerosa, es la hija número doce. Nació y creció en Barranquilla. Su madre falleció de muerte natural, a su padre lo mató el mejor amigo y cinco de sus hermanos también fueron asesinados.
Fue madre a los trece años. Tomó la decisión de irse a España cuando tenía ‘veintipico’ huyendo de “muchas circunstancias”, ella no quería que sus hijoscrecieran en este país. En Castilla La Mancha, cerca de Madrid, se defendió como camarera de etiqueta y feriante.
Un día se reunió con un grupo de amigos, entre tragos y risas uno de ellos propuso una apuesta, todos se miraron entre sí y lo tomaron al principio como una broma, pero la cosa se puso seria, el hombre se paró y miró a Dayan y le dijo: “A que no es capaz”, ella fijamente le miró a los ojos y respondió: “A que sí”.
La cogieron en el aeropuerto El Dorado rumbo a tomar un vuelo a España, llevaba en su equipaje kilos de cocaína escondidos lo mejor posible entre sus pertenencias.
Una vez en El Buen Pastor y luego de recoger aquella colchoneta sucia la llevaron al patio de las ‘altas’. “Yo les respondí que era bajita (Dayan suelta una carcajada al recordar su respuesta)…‘Las altas’ son las nuevas, me aclararon”. Alza las cejas, abre los ojos y continúa: “Resulta que me llevé una sorpresa porque me encontré con unas internas que eran grandes personas”.
Recuerda cómo se le puso la piel de gallina y el frío penetraba los huesos. Una mujer que recién había dado a luz le prestó su manta, un poco sucia de leche materna, pero a Dayan no le importó y se arropó con ella. “Tire esa colchoneta”, le dijo otra reclusa y amablemente le brindó la mitad de la suya, mientras que otra ‘alta’ le daba café.
“El teatro mi libertad”
Dos meses después de estar en prisión se corre la voz de una convocatoria para participar en un grupo de teatro. Dayan asistió al casting por curiosidad, pero no con mucho ánimo. Les dieron permiso de salir hasta el Parque de la 93 para dar lo mejor de sí frente a la actriz Johana Bahamón.
Recuerda que le pasaron un libreto de la obra ‘La casa de Bernarda Alba’ de Federico García Lorca, interpretó a uno de los personajes y fue seleccionada, así empezó todo.
Pero el quedar en el grupo no la emocionó tanto,  se sentía derrotada. “Yo decía: no pues gran cosa, ¿esto me va a dar la libertad’, ¿me va a llevar pa’ mi casa? estaba realmente jodida… Luego me acordé de lo que había estudiado antes. Empecé a ver que salir del patio era una bendición, empieza uno a sentir que el teatro es como libertad dentro del encierro”, le brillan los ojos al decir esto.
Un día Bahamón les dice que tendrán su primera función, que sería en la cárcel La Modelo. “Allá las van a violar, les van a faltar al respeto, ¿cuántos años esos hombres sin ver mujer?”, les decían las guardias para intimidarlas; ellas por su lado pensaban “y nosotras tampoco hemos visto hombres”.
“Yo creo que ese ha sido el mejor público que hemos tenido”. Al llegar al lugar un grupo de hombres las recibe y las guía hasta la capilla, donde habían preparado un escenario y un camerino, “¿mami quiere agua? Aquí está el refrigerio niña”, de una forma atenta, amable y respetuosa las trataron los presidiarios.
Dice aún asombrada: “De por Dios, nos trataron como princesas… Son caballeros que ya uno ni en la calle se encuentra. Creo que afuera pierden el respeto por las mujeres y allá adentro aprenden a valorarnos”.
Dayan suelta una carcajada de unos segundos, había recordado algo: “¡Más de una salió con novio! Intercambiaron teléfonos porque allá en la reclusión hay extensiones donde se puede llamar de cárcel a cárcel… Los del patio tres son grandotes porque hacen mucho gimnasio y unas decían que guapo aquel y la otra no aquel”.
Sin embargo, nunca se dio cuenta que algún romance se llevara a cabo telefónicamente: “era como una ilusión,  el me llamas yo te llamo, recibir una carta hace mucha ilusión ahí dentro”.
Luego se presentaron en el Gimnasio Moderno, en Corferias, luego en la Defensoría del Pueblo, y por último la gran función en el teatro Fanny Mikey.
Con tremendo éxito Johana,  Victoria y las presidiarias quisieron arriesgarse y montaron ‘Yo soy Antígona’, apenas se menciona el nombre de la obra Dayan se lleva la mano izquierda a la frente y dice, “madre mía esa obra armó tremendo follón”.
Basada en la tragedia griega de Sófocles, ‘Antígona’ fue adaptada a la vida en la cárcel. Refleja maltratos, abuso de poder y hasta torturas ocurridas en el penal. Esto enfureció a ciertos guardias del Inpec que censuraron al instante. Ellas siguieron con la bandera en pie, “De algún modo debíamos denunciar el maltrato de algunos guardias”, comenta.
“Tuvimos escasez de agua por meses”
Al tercer día de prisión, la dirección le asignó otro patio: “Me miraron como si fuera caca y me dijeron que me tocaba el quinto”, agrega frunciendo el ceño y torciendo a boca. “El patio es limpio por la calidad de personas que hay ahí (profesionales); las celdas son organizaditas, no huelen mal, súper pequeñas, de dos por uno y medio y hasta tres y cuatro personas”.
Dayan entró a su celda, dos planchas de cemento hacían el rol de camas, ya estaban ocupadas, tuvo que dormir en el suelo durante once meses. Preguntó por el baño y le dijeron que estaba al final del tramo de celdas: “Son dos duchas y dos váter, que están pegados a la cocinita, donde había una estufa eléctrica para calentar la comida que llevaban las visitas o la que uno compraba en el expendio… Uno cocinaba con aroma”, dice mientras frunce la nariz.
A las tres de la mañana las levantaba una voz que gritaba “el desayuno del quintooooo”, cuenta Dayan mientras imita la voz de la guardia y agrega. “Le dan a uno x tiempo para que baje al trote por el desayuno al rancho, es como un restaurante pero huele fatal… Ughh, ese olorcito se me vino ahora en este momento”. De repente es como si aquel auditorio apestara aquel olor.
Ella no logra describirlo, era una mezcla de olores rancios, alcantarillado y comida podrida, “un olor raro”, dice con tono de incertidumbre. “Raro” repite y medita por unos segundos.
Cuando pensaba que su situación no podía empeorar, la sorprende una escasez de agua que duró meses, tantos que ni se acuerda. Fija su mano derecha de largas uñas en su cien: “Había que hacer encima de la mierda de la otra, no había opción. El poquito de agua que lográbamos conseguir de otros patios era oro”, agrega.
La respuesta al problema eran daños en la infraestructura, pero a la administración esto le importa muy poco o nada. Eran 500 mujeres en el patio quinto y aquel lugar que era el más limpio empezó a apestar.
 “Me sentí egoísta cuando recibí mi boleta de salida”
Una reclusa tomó una sábana y se las ingenió para colgarse del techo. Lograron salvarla, otras chicas no contaron con la misma suerte. De otro patio dos mujeres intentaron fugarse, los guardias las pillaron y las cogieron a patadas, una de ellas estaba embarazada.
Dayan se levanta en un día igual a los otros, no se siente bien, da vueltas y vueltas por el patio hasta sudar la última gota de fatiga, de hastío, se cruza con una compañera que la mira mal, ella no responde y regresa a su celda, se acuesta y pega la cara a la pared.
Esperaba con ansias el día que llegó 39 meses después.  Recibe una llamada que dice: “Ya está aprobada tu libertad condicional”, ella apreta los labios y contiene las ganas de saltar y llorar a carcajadas, mira a sus compañeras de quienes se había encariñado y piensa: “Yo tengo en mis manos lo que ustedes tanto desean”, se sentía egoísta en compartir su felicidad.
Al salir, de la mano de Victoria y Johana siguió en el mundo de las tablas en Casa Libertad, ha participado como extra en algunos episodios de Tu Voz Estéreo, serie de televisión del Canal Caracol y en varias obras de teatro que han sido respaldadas por los medios de comunicación, gracias a esto ha podido pagar una habitación en la cual vive con su hijo menor. También se unió al Ministerio de Justicia para dar conferencias de apoyo a presidiarios.
La entrevista llega a su final, luego de una larga charla Dayan concluye “Esta experiencia la vi como un retiro espiritual, falta poco para que el rio vuelva a su cauce. Como dije el otro día: ¡No crezcan, es una trampa! Pero ya crecí y toca afrontar lo que venga”.
Publicado por KIEN&KE – Juliet Castaño – 06/04/16 -



KienyKe - Revista Digital ColombiEs la estrella del grupo de teatro de Johana Bahamón

Trump pide "algún tipo de castigo" para las mujeres que aborten

 Donald Trump, en un acto de campaña en Wisconsin, el miércoles .AFP/Scott Olson

Donald Trump no es un hombre dado a recular ni a corregir sus posiciones ultras pero este miércoles lo ha tenido que hacer tras defender "algún tipo de castigo" para mujeres que abortan ilegalmente. La incendiaria declaración se ha producido en una entrevista en la que se le ha preguntado por su postura de prohibir el aborto y ha provocado duras críticas de demócratas y de republicanos y tanto de grupos llamados "pro vida" como de los que defienden el derecho al aborto. La tormenta política y social ha sido tan inmediata y tan intensa que en menos de tres horasTrump ha emitido dos comunicados matizando sus declaraciones y su posición.

Todo ha empezado en una entrevista en MSNBC en la que se ha preguntado a Trump por su postura a favor de prohibir el aborto. El empresario, que hace años defendía ese derecho, ha reiterado la posición que mantiene desde 2011 a favor de ilegalizarlo. A continuación ha intentado esquivar más preguntas cuestionando él al entrevistador, Chris Matthews, que es católico, pero este le ha recordado entonces que es distinta la autoridad moral de una Iglesia al puesto ejecutivo de presidente de Estados Unidos. Finalmente se ha producido el siguiente intercambio:
Matthews: ¿Cree en el castigo para el aborto?

Trump: La respuesta es que tiene que haber algún tipo de castigo.

Matthews: ¿Para la mujer?

Trump: Sí. Tiene que haber algún tipo.

Matthews: ¿Diez días? ¿Diez años?

Trump: No sé. Eso no lo sé. Es una posición muy complicada.

Aunque se trataba de un programa grabado para su posterior emisión por la noche en cuanto ha empezado a emitirse esa parte de la entrevista la polémica ha estallado y Trump ha tardado una hora en emitir una declaración escrita en la que ha dicho que "este tema no está claro y debe volver a los estados para que decidan". Menos de dos horas después su campaña ha emitido otro comunicado aún más largo en su nombre. "Si el Congreso aprobara legislación que hiciera el aborto y legal y los tribunales federales la mantuvieran o si a cualquier estado se le permitiera legalmente prohibir el aborto, el doctor o cualquier otra persona que ejecutara este acto ilegal a una mujer debería ser hecho responsable ante la ley, no la mujer", se lee en el texto. "La mujer en este caso es la víctima, como lo es la vida en su útero. Mi posición no ha cambiado. 

Como Ronald Reagan, soy pro-vida con excepciones", concluye, en referencia a excepciones cuando corre riesgo la salud de la madre o el embarazo es resultado de violación o incesto.
Está por ver que los comunicados mitiguen la furia que ha desatado Trump, que ha sido denunciado tanto por Hillary Clinton yBernie Sanders como por sus rivales republicanos, Ted Cruz y John Kasich. La exsecretaria de estado ha tuiteado el mensaje: "Cuando creías que no podía ser peor. Horrible y revelador", y el senador de Vermont ha definido la declaración de Trump de "vergonzosa". Cruz, favorito por detrás del magnate inmobiliario en la carrera republicana, ha denunciado que Trump "una vez más ha demostrado que no ha pensado los temas a fondo y que dirá cualquier cosa para conseguir atención" mientras que el gobernador de Ohio ha dicho que el aborto "es una situación suficientemente difícil como para intentar castigar a alguien".

También han reaccionado grupos que defienden el derecho al aborto como NARAL Pro Choice, cuya presidenta, Ilyse Hogue, ha denunciado que es "una posición trastornada y alejada del sentir de los estadounidenses" y ha declarado que Trump "pondría en peligro a las mujeres si se convirtiera en presidente", recordando que "en todos los sitios donde el aborto es ilegal no desciende el número de los que se practican pero suben el de lesiones y muertes".
Incluso el movimiento autodenominado "pro-vida" ha buscado distanciarse de Trump. "Ser pro-vida significa querer lo que es mejor para la madre y el bebé y ningún provida querría nunca castigar a la mujer que ha decidido abortar", ha dicho Jeanne Mancini, que preside uno de estos grupos.

Las redes sociales también se han incendiado y la polémica promete empeorar más el ya débil respaldo que tiene entre las mujeres Trump, que ha dado frecuentes muestras de misoginia desde que lanzó su campaña, como el enfrentamiento y los comentarios machistas hacia la periodista Megyn Kelly cuando esta le recordó que había llamado a las mujeres "cerdas", "perras" y "desagradables animales" . Según sondeos de The Washington Post, su apoyo entre las mujeres ha caído un 10% y se sitúa ahora en el 23%. Un 75% de las mujeres tienen una visión desfavorable del candidato.


Publicado por elperiodico.com – Idoya Noain – Nueva York – 31/03/16 -