miércoles, 16 de marzo de 2016

Las mujeres producen alimentos, pero son las últimas que comen

Mientras que las mujeres producen y proveen alimento, todavía representan el 70% de los hambrientos del mundo y se ven desproporcionadamente afectadas por la desnutrición y la inseguridad alimentaria, según el último informe de la Relatora Especial de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) sobre el derecho a la alimentación, Hilal Elver, presentado el lunes 7 de marzo al Consejo de Derechos Humanos, que celebra actualmente su 31º período de sesiones del 29 de febrero a la 24 de marzo.

A pesar del marco legal diseñado para protegerlos, las mujeres experimentan la pobreza y el hambre a niveles desproporcionados, dice el informe.
“La discriminación de género institucionalizada y la violencia siguen imponiendo barreras que impiden a las mujeres disfrutar de sus derechos económicos, sociales y culturales, y específicamente el derecho a la alimentación y nutrición adecuada, y la situación de las mujeres y las niñas no ha mejorado sustancialmente, a pesar de las llamadas recurrentes para la inclusión de una perspectiva de género a los programas de desarrollo y las políticas sociales”.

Según la Relatoar Especial, las mujeres representan el 70% de los hambrientos del mundo y se ven desproporcionadamente afectadas por la desnutrición y la inseguridad alimentaria.
Esta relación es abrumadora en algunos países en desarrollo y los países menos adelantados; por ejemplo, más de un tercio de las mujeres en varios países del sur de Asia tienen un peso inferior.
“La mala alimentación, la falta de cuidado de la salud, la protección social, las limitadas oportunidades económicas y el descuido general ha excluido a más mujeres de la sociedad global que el número de hombres muertos en las guerras del siglo XX, en conjunto”, dice el informe de Elver. Por otro lado, agregó, las agricultoras son responsables de cultivar, arar y cosechar más del 50% de los alimentos del mundo.

En el África subsahariana y el Caribe, las mujeres producen hasta un 80% de los productos alimenticios básicos y en Asia las mujeres constituyen del 50 al 90% de la población activa dedicada a la producción de arroz.
“A pesar de que las mujeres producen y proveen alimentos a menudo son los últimos en tener acceso a los alimentos”, dice el informe, señalando que las diferencias de género se observan en el acceso a todos los recursos productivos, como la tierra, las semillas, los fertilizantes, las medidas de control de plagas, herramientas, créditos y servicios de extensión.

De acuerdo con la Organización para la Agricultura y la Alimentación de las Naciones Unidas (FAO), “las desigualdades entre hombres y mujeres en el acceso a los recursos productivos, servicios y oportunidades son una de las causas del bajo rendimiento en el sector de la agricultura”, y contribuye a las deficiencias en la seguridad alimentaria y nutricional, el crecimiento económico y el desarrollo en general.
“La mejora de esta situación para las mujeres daría lugar a importantes ventajas para la sociedad en su conjunto”, dice el informe de la Relatora Especial de la ONU.

El artículo completo en inglés se encuentra en SUNS – South North Development Monitor.

Publicado por Red del Tercer Mundo – Agenda Global N° 250 – Kanaga Raja – 11/03/16 -




A los 94 años de edad fallece ex primera dama de EU Nancy Reagan.


Nancy Reagan a lo largo de su vida mantuvo que su única misión fue apoyar a su “Ronnie” y fortalecer su presidencia.

Nancy Reagan, la principal consejera y protectora feroz de Ronald Reagan en su trayectoria de actor de Hollywood a gobernador de California y luego a presidente de Estados Unidos —y en la última parte de la vida del ex-mandatario como compañera de su batalla de 10 años con la enfermedad de Alzheimer— falleció ayer domingo a los 94 años.
El matrimonio de Nancy con Ronald duró 52 años, hasta el fallecimiento del ex mandatario en 2004. La ex primera dama murió en su casa en la zona de Bel-Air de Los Ángeles por insuficiencia cardiaca congestiva, precisó su asistente Allison Borio a The Associated Press.

Su proyecto más conocido como primera dama fue la campaña "Just Say No", anuncios en los medios en los que se pedía a los jóvenes que simplemente le dijeran "NO a las drogas".
Cuando pasó a ser primera dama en 1981, la ex actriz de Hollywood —aficionada por los vestidos caros y la porcelana delicada— fue ampliamente subestimada como un retroceso prefeminista, ocupada solo por la moda, la decoración y el entretenimiento.
Para cuando salió de la Casa Blanca, ocho años más tarde, la señora Reagan se defendió de los señalamientos de que fue un poder detrás del trono y de que recurrió a astrólogos para ayudar a su esposo a tomar decisiones importantes.
A lo largo de su vida, Nancy Reagan mantuvo que su única misión fue apoyar a su "Ronnie" y fortalecer su presidencia.

La señora Reagan llevó ese cargo hasta los últimos días del ex mandatario. Ella fue su cuidadora de tiempo completo mientras la memoria de su marido se desvanecía por el Alzheimer.
Después de su muerte en junio de 2004, ella se dedicó a proteger su legado, especialmente en la biblioteca presidencial Reagan, en California.
Nancy Reagan también abogó por los pacientes de Alzheimer, ya sea recaudando millones de dólares para la investigación o expresando su desacuerdo con otros republicanos conservadores al abogar por los estudios con células madre.

Publicado por El Diario de Coahuila – Los Angeles(California) – AP – 13/03/16 -


Horror: Nena de 3 años murió de un infarto tras ser golpeada y abusada por su padrastro

La criatura entró al hospital "por una supuesta caída". Allí falleció y la autopsia reveló la cruel realidad. 
Una nena de tres años, identificada como Alma Benítez Coronel, falleció ayer en el Hospital Zonal General de Agudos Isidoro Iriarte, en la localidad porteña de Quilmes, a causa de un paro cardíaco.
La pequeña vivía con su madre y su padrastro. Su mamá le restringía las visitas al padre biológico, según informa el sitio sanjuan8. Fue su progenitora, Yamila Coronel, quien la llevó al hospital, ya que supuestamente se había "caído de la mesa y golpeado la cabeza".
Sin embargo, tras fallecer, la autopsia reveló que había sido abusada y golpeada, y su familia sospecha del padrastro, identificado como "Dani", que está prófugo.
La abuela paterna de Alma reveló: "Una vez mi hijo la quiso ir a buscar y él (el padrastro) lo amenazó con un revólver y le dijo que no llamara a la Policía".
El padrastro se dio a la fuga el viernes, antes del fallecimiento de la menor, y —según los primeros trascendidos— ya había estado preso.
"Mi hijo hizo la denuncia en la Comisaría para que le diera a la nena, pero no le quisieron tomar la declaración porque no tenía una dirección exacta. Viven en una villa en Quilmes. Sabíamos que era un pasillo y no podíamos estar preguntando", explicó.
El sujeto es intensamente buscado por la Policía.

Publicado el día 07/02/16 por Nuevo Diario de Santiago del Estero – Argentina en la Sección PAÍS-
La imagen corresponde a la publicación referida.



Brasil - Talleres gratuitos capacitan a mujeres para la generación de ingresos

En total, se ofrecen 40 vacantes (10 por cada taller).
La Asociación Paulista de Amparo a la Mujer (Apam) –organización sin fines de lucro que tiene como objetivo apoyar a mujeres en situación de vulnerabilidad social– tiene las inscripciones abiertas para talleres de generación de ingresos –corte y costura, crochet, costura y producción, y bordado en pedrería.
"Con los talleres, las mujeres en situación de vulnerabilidad aprenden habilidades que pueden pasar a ser fuentes de ingreso”, explica Érica Guedes, asistente social de la APAM. "Además, el aprendizaje termina ayudando también a aumentar la autoestima y posibilitando la convivencia social”, complementa.
Vea la programación completa:
Corte y Costura: Martes de las 8h30 a las 12h (Comienza el 1º de marzo y termina en noviembre);
Costura y Producción: Miércoles de 8h30 a 12h (Comienza el 2 de marzo y termina en noviembre);
Bordado en Pedrería: Martes de las 13h30 a las 16h30 (Comienza el 15 de marzo y termina en noviembre);
Crochet: Lunes de las 14h a las 16h (Comienza el 7 de marzo y termina en noviembre);
Como inscribirse:
Para participar en las talleres, basta llamar a la sede de la APAM (11) 3662-3115 e informar el nombre completo y teléfono de contacto. Luego la Apam devolverá el contacto, agendando una entrevista social.
En el día agendado, la persona debe traer un kilo de alimento no perecedero (que será enviado al Programa de Apoyo Alimentario que atiende a familias carenciadas) y fotocopias de los siguientes documentos: RG, CPF, libreta de trabajo, comprobante de dirección y comprobante de beneficios sociales, si los hubiera (subsidio familiar, ingreso ciudadano, ingreso mínimo, jubilación, pensión).
Los talleres son administrados por un equipo multidisciplinario de voluntarios.

Conviértase en voluntario de la APAM
Si usted también quiere compartir su tiempo y conocimientos ayudando a quienes lo necesitan, entre en contacto por el teléfono (11) 3662-3115 o por el e-mail apam.sp@hotmail.com y colabore con la Asociación.

Sobre la Apam
Nació en 1953 y desde 2010 pasó a ser gerenciada por la Congregación de las Hermanas Mensajeras del Amor Divino –organización religiosa, fundada en la ciudad de Aparecida (São Paulo) el 17 de mayo de 1954. Mantiene el objetivo de dar continuidad a la misión de auxiliar a las mujeres en situación de vulnerabilidad social, con foco en la capacitación profesional. Más información enwww.apamsp.org.br y www.mensageiras.com.br.

 Publicado por ADITAL Joven – Brasil – Redacción 19/02/16 -


Uganda esteriliza contra su voluntad a mujeres con VIH

Rose Nakanjako es seropositiva pero tuvo suerte de que no la esterilizaran y sus dos hijos nacieron sin el VIH. Crédito: Michael Wambi / IPS

Monica Mayimuna – no es su nombre real – es portadora del virus de inmunodeficiencia humana (VIH) desde hace más de 10 años y quiere tener un bebé, pero no puede porque en un hospital público de Uganda le retiraron el útero contra su voluntad cuando fue a dar a  luz a su último hijo, ahora de ocho años.
“Me extrajeron el útero en 2007… el médico me preguntó por qué estaba embarazada. Le dije que quería tener un tercer hijo. Y me respondió, ‘ustedes los que viven con el VIH nos irritan porque entienden su situación pero igual vienen a molestarnos”, afirmó Mayimuna.
“Nuestro interés se centró principalmente en las mujeres que viven con el VIH. Pero concluimos que la esterilización forzada es una práctica generalizada con incentivos para los trabajadores de la salud”: Lillian Mworeko.
“Tuve el bebé por cesárea. En ese momento no sabía que me habían quitado el útero. Pasó el tiempo y quise otro bebé. Esperé uno o dos años pero no quedé encinta. Fui al hospital para averiguar por qué. Entonces me lo dijeron… quedé dolida y me pregunté por qué los médicos no me informaron ni me dieron una explicación”, expresó.
Mayimuna es una de las mujeres cuyo caso quedó documentado en una encuesta realizada por la Comunidad Internacional de Mujeres que Viven con VIH/Sida de África Oriental (ICWEA, en inglés), en el marco de una campaña para mejorar los derechos de salud sexual y reproductiva de un millón de jóvenes afectados por el virus que causa el sida (síndrome de inmunodeficiencia adquirida) en cinco países africanos y asiáticos.
La encuesta abarcó a 744 mujeres seropositivas de Uganda y fue la primera de su tipo en documentar presuntos casos de esterilización forzada. ICWEA y otros grupos también documentaron 50 casos adicionales en Kenia.
Dorothy Namutamba, de ICWEA, dijo a IPS que de las 72 esterilizaciones reportadas en la encuesta, 20 mujeres habían sido obligadas a someterse a la operación irreversible.
“La mayoría de los casos se produjeron en hospitales públicos durante el parto cuando se les practicaba una cesárea. Once mujeres (con una edad promedio de 29 años) fueron obligadas a someterse a la esterilización. Los trabajadores de la salud no les comunicaron correctamente sobre el procedimiento. No firmaron un formulario de consentimiento. Algunas recién se enteraron años más tarde, cuando no lograron quedar embarazadas”, explicó.
“En estos casos se les informaba mal a las madres. Por ejemplo, entendieron que el procedimiento sería reversible, que las trompas (de Falopio) ‘atadas’ podrían ‘desatarse’ más adelante. O los trabajadores de salud las convencían que la esterilización sería la mejor opción”, añadió.
Entre los efectos de la esterilización forzada se incluye el traumatismo psicosocial, la pérdida de la identidad femenina, el abandono de los cónyuges y la violencia de género debido a la incapacidad para concebir hijos.
“Varias mujeres declararon aislamiento social – la incapacidad para encajar en la comunidad y la familia. Las demandas de los maridos de tener más hijos tuvieron gran impacto en su bienestar social”, señaló Namutamba.
Lillian Mworeko, la directora ejecutiva de ICWEA, agregó algunos casos de esterilización ocurrieron en 2014.
Las mujeres que viven con el VIH en Uganda experimentan diversas formas de violación de sus derechos sexuales y reproductivos, que van desde la falta de información, el maltrato durante el proceso de búsqueda de los servicios de salud reproductiva en los centros sanitarios y la esterilización forzada, denunció.
La activista considera que habrá que investigar más para averiguar por qué el personal sanitario coacciona a las madres a aceptar la esterilización. “Nuestro interés se centró principalmente en las mujeres que viven con el VIH. Pero concluimos que la esterilización forzada es una práctica generalizada con incentivos para los trabajadores de la salud”, sostuvo.
La práctica tiene “el apoyo de algunas organizaciones. Funciona así – ‘traigan a las mujeres, que las esterilicen y que los trabajadores de la salud reciban dinero”, aseguró Mworeko.
Se las obligó a la esterilización aunque los avances científicos confirman que las mujeres VIH positivas dan a luz a hijos sin el virus, subrayó.

“No podemos continuar trabajando con políticas concebidas en una época en que no teníamos tratamiento. Debemos avanzar con la ciencia, con la evidencia. Si decimos que las mujeres pueden tener bebés que son VIH negativos, ¿qué están diciendo nuestras políticas?”, cuestionó.

“Como el trabajador de la salud sigue con la idea de que esta mujer es VIH positiva y la única solución es hacer que deje de dar a luz”, expresó Mworeko.
Babirye Joy – no es su nombre real – es otra de las víctimas de esterilización forzada. Tenía 23 años en 2010 cuando personal de la salud, en connivencia con sus hermanas, la obligaron a adoptar este método anticonceptivo permanente.
“Mi hermana me llevó al médico cuando estaba a punto de dar a luz. No solicité la esterilización, pero ella me dijo que el médico la recomendaba. No se me dio información alguna sobre el procedimiento y no tuve oportunidad de formular preguntas”, contó.
“Después descubrí lo que se me hizo cuando fui a… hacerme un chequeo. La máquina reveló que mis trompas de Falopio estaban cortadas. No me lo habían dicho ni firmé un formulario de consentimiento”, manifestó la joven.
John Baptist Wanyayi, el funcionario sanitario a cargo de Mbale, uno de los distritos donde se realizó la encuesta, declaró que en el marco actual la esterilización solo se realiza con el consentimiento de la mujer o la pareja en cuestión.
“En la mayoría de los casos, los médicos consideran los peligros que la mujer embarazada atraviesa en ese período y que pueden ser el factor determinante para esas esterilizaciones en esa etapa. Porque se teme que el próximo embarazo pueda ser peligroso para esa madre y probablemente la condición del VIH no haya sido el factor primordial”, opinó el médico.
Según Wanyayi, en el período prenatal es posible que las mujeres consientan al método anticonceptivo permanente pero después cambien de opinión en otro momento cuando quieren tener otro hijo. Los resultados de la encuesta revelan las contradicciones existentes entre las políticas de gestión y atención del VIH y la planificación familiar en Uganda, añadió.
Patrick Tusiime, el funcionario sanitario encargado de otro distrito donde se realizó la encuesta, dijo a IPS que la esterilización forzada es una violación grave de los derechos de salud reproductiva de la madre.
“Muchos de estos casos son acciones individuales. Pero debemos incluir a las parteras y llamarlas al orden. Porque cuando al personal de enfermería o médico se nos forma en la facultad de medicina no se nos dice que esterilicemos a la gente en contra de su consentimiento”, destacó.
Publicado por IPS – Wambi Miochael – Kampala – 20/02/16 - Traducido por Álvaro Queiruga



Argentina- Santa Fé: Cárcel de Mujeres: reclaman el arresto domiciliario para madres

Perjudicial. Desde la Defensa Pública, aseguran que en la cárcel no están dadas las condiciones para que los niños vivan allí. Foto: Archivo El Litoral

La Defensa Pública planteó un recurso a favor de las presas embarazadas o que son mamás de menores de 5 años o discapacitados. La petición fue rechazada y ahora, apelada.

Diez madres de niños menores de 5 años, presas en la Cárcel de Mujeres de la ciudad, no cuentan con el beneficio del arresto domiciliario, pese a ser un derecho contemplado por ley. Para garantizarlo, la Defensa Pública de la Provincia interpuso -en diciembre de 2015- un hábeas corpus colectivo y correctivo a favor de todas las mujeres privadas de su libertad para que puedan atender a sus hijos bajo el régimen de la prisión domiciliaria. Pero este recurso fue rechazado por el juez de Garantías Nicolás Falkenberg e interpelado por la Defensa Pública la semana pasada.

“Periódicamente, hacemos inspecciones a las cárceles y, en el caso de la Cárcel de Mujeres de Santa Fe, veíamos que no estaban dadas las condiciones para que los menores estén ahí. Por ejemplo, en invierno, la calefacción no llegaba al sector donde están alojados con sus madres. De acuerdo con ese dato y a un informe de la UNL sobre las condiciones de las madres detenidas, encaramos entrevistas con estas mujeres para saber si les interesaba pedir el arresto domiciliario”, explicó Georgina Pallavicini, jefa General de la Región del Servicio Público Provincial de Defensa Penal.

Con el aval de las mujeres, decidieron presentar el hábeas corpus como medida cautelar y hasta tanto los jueces naturales resuelvan cada una de las causas. Lo hicieron el defensor Provincial, Gabriel Ganón; el defensor Regional de la Primera Circunscripción Judicial, Sebastián José Amadeo; la defensora Pública Adjunta, Virginia Inés Balanda; la jefa General de la Región con facultades para litigar, Georgina Pallavicini y la jefa del Sector Legal y Técnica de la Defensoría Provincial, María de los Ángeles Cáceres.
Rechazo y apelación

La petición fue rechazada por el juez Falkenberg, quien argumentó no encontrar motivos “que justifiquen el apartamiento de los jueces naturales de las respectivas causas”. Asimismo expresó que “si bien puede afirmarse que en la mayoría de los casos el interés superior del niño podría coincidir con la petición de la Defensa de obtener el otorgamiento de la prisión domiciliaria, dada la importancia que para el desarrollo de toda persona merece el vínculo entre niño y madre durante los primeros años de infancia, habrá otros en los cuales podrían existir situaciones violentas o de abandono, previas al encierro, que aconsejan lo contrario”. En este sentido, la petición colectiva “podría generar situaciones de injusticia” porque “podría existir una contraposición de intereses al confrontarse el beneficio peticionado con la incidencia que sobre el niño pueda llegar a tener”.

Al respecto, el defensor Regional de Santa Fe, Sebastián Amadeo, indicó que “si el juez estimaba que podría existir contraposición de intereses entre las internas y los niños, lo que no surgió prima facie en el presente caso, pudo haber solicitado en un plazo razonable un informe socioambiental al respecto en el que participen todas las instituciones involucradas en la temática, y despachar la medida cautelar condicionada al resultado”.

Actualmente, la decisión judicial se encuentra apelada porque se afectan todos los derechos constitucionales, ya que el interés superior del niño es el parámetro que debió tomar el juez para conceder el beneficio y no para rechazarlo. “Con esta resolución judicial, los niños menores de 5 años y discapacitados a cargo de internas, como así también las personas en gestación fueron condenadas de hecho a seguir en la misma situación de violación de toda garantía constitucional. La cárcel no es el lugar adecuado para el crecimiento de los niños, a lo que se suma que las madres allí alojadas suelen perder el contacto real con sus hijos menores y discapacitados a cargo”, concluyó Amadeo.

Publicado por Diario El Litoral – Santa Fé (Argentina) – Redacción – 10/03/16 -



LAS MUJERES Y LOS BAÑOS PÚBLICOS

El gran secreto de todas las mujeres, por lo que tiene que ver el cuarto de baño, es que de niña tu madre te llevaba al cuarto de baño, limpiaba el asiento, cubría el perímetro con papel higiénico y luego explicaba: “¡NUNCA, NUNCA te apoyes en el inodoro!”. Luego te enseñaba la “posición”, que consiste en equilibrarse encime del lavabo, haciendo como para sentarse, pero sin que el cuerpo entrase en contacto con el asiento. ‘La posición’ es una de las primeras lecciones de la vida cuando eres todavía pequeña, importante y necesaria, te acompañará por el resto de tu vida. 


Pero aún hoy, ahora que has crecido, la “posición” es terriblemente difícil de mantener cuando se tiene una vejiga que está a punto de explotar. Cuando ‘necesitas ir’ en un baño público, te encuentras con una cola de mujeres que te hace pensar que en el interior hay Brad Pitt. Entonces te pones pacientemente en la cola, sonriendo amablemente a las demás que también están esperando con las piernas y los brazos cruzados (la posición oficial del ‘me estoy meando encima’). Finalmente, te toca a ti, pero siempre viene la madre con la hija pequeña ‘que ya no puede contenerse’, y aprovechan la oportunidad para pasarte los dos por delante!Justo después, compruebas debajo de las puertas para ver si hay piernas. Todos están ocupados. Finalmente se abre uno y tú tiras casi encima de la persona que sale. Entras y te das cuenta de que no hay llave (nunca hay!); y piensas: “No importa …” Cuelgas el bolso de un gancho en la puerta y, si no hay gancho (nunca hay!) inspeccionas la zona: el suelo está lleno de líquido no identificado y no te atreves a dejarlo allí, por lo que acabas colgándolo a tu cuello y claramente está muy pesado, porque lo has llenado de cosas, la mayoría de cuales no usas, pero las guardas porque “nunca se sabe”. 

Volvamos a la puerta, ya que como no hay llave la tienes que aguantar con una mano, mientras que con la otra que bajas los pantalones y asumes “la posición”… aaaaahhhhh … por fin … En este punto empiezan a temblarte las piernas porque estás aguantándote en el aire, con las rodillas dobladas, los pantalones bajados que te bloquean la circulación, el brazo extendido que hace fuerza contra la puerta y una bolsa de 5 kilos alrededor de su cuell

Te gustaría sentarte, pero no tuviste tiempo de limpiar la taza o cubrirla con papel, dentro de ti piensas que no pasaría nada, pero la voz de tu madre aún suena en tu cabeza: “¡Nunca te sientes en un baño público!”. Así que te quedas en la “posición”, pero por un error de cálculo de un pequeño chorro te salpica en los calcetines !!! Tienes suerte si no te mojas los zapatos. Mantener ‘la posición’ requiere una gran concentración: para eliminar de la mente esta desgracia, buscas el rollo de papel higiénico, pero joder, no hay ni uno (nunca)!!! Entonces rezas el cielo que entre esos 5 kilos de basura que tienes en el bolso haya un mísero kleenex, pero para buscarlo tienes que soltar la puerta: te lo piensas por un momento, pero no tienes otra opción. Y tan pronto como sueltes de la puerta, alguien la empuja y tienes que frenarla con un movimiento brusco, de lo contrario todos te verán medio sentada en el aire con los pantalones abajo … !!! Entonces gritas: O-CU-PA-DOOOOO!!!’, sin dejar de empujar la puerta con la mano libre, y en ese momento asumes que todas las que esperaban fuera te han escuchado y piensas que puedes dejar la puerta sin miedo, nadie se atreverá a abrir de nuevo (en estas circunstancias las mujeres nos respetamos) y vuelves a buscar tus kleenex, te gustaría usar un par de ellos, pero ya sabes lo mucho que pueden ser útiles en casos como este y te conformas con uno, nunca se sabe. 

En ese preciso momento se apaga la luz automática, pero en un cubículo tan pequeño se supone que el interruptor no será tan difícil de encontrar! Reavivar la luz con la mano de Kleenex, porque la otra está aguantando los pantalones, cuentas los segundos que te quedan para salir de allí, porque estás sudando en el abrigo que no sabías dónde colgar y porque en estos lugares siempre hace un calor terrible. Por no mencionar el chichón causado por el golpe en la puerta, el dolor en el cuello por culpa del bolso, el sudor que fluye en la frente, la salpicadura en los calcetines … El recuerdo de tu mamá que se avergonzaría si te viera así, porque su … … … nunca tocó un baño público porque realmente ‘no sabes cuántas enfermedades se pueden coger aquí’.
Pero la tortura no ha terminado …
 Estás agotada, cuando te vuelves a poner de pie no sientes las piernas, te vuelves a vestir rápidamente y sobretodo tiras de la cadena! Y si no funciona prefierirías no salir del baño, que verguenza! Por último vas a la pica: todo está lleno de agua y aquí tampoco se puede apoyar el bolso, que tienes que volver a colgarte en el hombro, no entiendes cómo funciona el grifo con los sensores automáticos y tocas todo hasta que finalmente puedes lavarte las manos en una posición de jorobado de Notre Dame para no dejar caer la bolsa en el fregadero. Las toallas son tan escasas que acabas secándote las manos en los pantalones, porque no quieres perder otro Kleenex para eso! 
Sales pasando al lado de todas las mujeres que aún están esperando con las piernas cruzadas y en esos momentos no se puede sonreír de forma espontánea, consciente del hecho de que acabas de pasar una eternidad ahí dentro. Tienes suerte de no salir con un trozo de papel higiénico pegado al zapato, o peor aún, con la cremallera bajada! A mí me pasó una vez, y no soy la única que conozco! Sales y ves a tu hombre que ya está fuera del cuarto de baño desde hace rato, y hasta tuvo tiempo para leer ‘Guerra y Paz’ mientras esperaba. “¿Qué te tomó tanto tiempo?”, te pregunta cabreado. “Había un montón de cola”, te limitas a contestar.
Y es por eso que las mujeres van al baño en grupo, por solidaridad, ya que una te aguanta el bolso y el abrigo, la otra mantiene la puerta y la otra te va a pasar el Kleenex debajo de la puerta; por lo que es mucho más fácil y más rápido, ya que hay que concentrarse sólo en mantener ‘la posición’ (y la dignidad). Este artículo está dedicado a las mujeres de todo el mundo que han utilizado un baño público y a los hombres, para que entiendan por qué pasamos tanto tiempo ahí dentro.
Publicado por Advertisements – banzum – news get viral – 30/09/15 -


Las viudas olvidadas del terror

DIEGO COBO  - FOTO

La impunidad de militares, las causas archivadas, el abandono y los cuerpos desaparecidos siguen marcando la vida de los familiares que sufrieron el terrorismo en Perú, que se cobró 69.000 vidas.

Candelaria Pino perdió a su marido Filiberto. Entraron ocho militares encapuchados a casa y se lo llevaron. Su cuerpo no ha aparecido. Hoy, ella vive con su hija en la ciudad de Ayacucho, capital del departamento del mismo nombre, donde se concentran el 40 % de las víctimas. DIEGO COBO

— Yo quisiera sus huesitos, nomás.
Candelaria Pino —mirada profunda, sombrero andino, ojos quemados de llorar— perdió a su esposo en Huamanguilla el 27 de junio de 1983. “Vamos a tomar declaración”, dijo uno de los ocho militares encapuchados que entraron a la casa a las tres de la mañana. Lo agarraron de la espalda; las manos en la nunca. Candelaria le alcanzó los zapatos y la chompa [la chaqueta]. “Hasta este momento no sé nada de su paradero”.
Filiberto Condori trabajaba en el campo, tenía 32 años y una hija. A Filiberto los militares le dieron tiempo a calzarse los zapatos; la chompa, no.
“Ocho días después, fue encontrada una persona con la chompa de mi esposo. Estaba en un rincón y, como hacía mucho frío, la agarró —recuerda Candelaria en la vivienda de su hija, una construcción encaramada a los barrios altos de Ayacucho—. Le pregunté dónde estaba él: 'No estaba ahí', me dijo, 'pero como hacía frío me la puse'. Yo le dije que era de mi esposo. Y la recogí”.
Candelaria remueve la historia de su marido y de la madrugada de aquel 27 de junio. También su búsqueda. “Hemos encontrado cadáveres comidos por los perros, pero jamás han encontrado a mi esposo”, explica con aparente calma.
Hoy es un día de ventarrones y un ejército de nubes oscurece el mediodía en la ciudad de Ayacucho. Candelaria se sostiene el sombrero y su hija le sugiere resguardarse de la amenaza de tormenta. Las nubes pasan y ella, con un brillo de dolor que parece instalado en sus ojos, cuenta que, con 61 años, su tormenta continúa.
El 75% de las víctimas hablaban lenguas indígenas en un país donde únicamente el 16% se ajustaban a ese perfil; el 80% vivían en zonas rurales y más de la mitad eran campesinos
“Siguen abiertas las heridas. Hemos quedado todos muy afectados, muy traumados. Uno no puede estar tranquilo: siempre me falta mi esposo —continúa una mujer cuyas palabras, a juzgar por la manera de arrastrarlas en el silencio, siguen en carne viva—. Ahora no tenemos adónde ir. Hasta mis nietos dicen: mi papito, ¿dónde está? Mi nietita, que tiene cinco años, me dice que hay que llevarle, mami, a la tumba un corazoncito. Yo me quedo callada, ¿qué voy a decir?”
Filiberto Condori cometió varios pecados en su vida: tener sangre indígena, hablar quechua, ser agricultor, padre de familia y vivir en el Departamento de Ayacucho, donde se concentran el 40% de las 69.280 víctimas que dejó el terrorismo del país andino entre 1980 y el 2000. Tras la entrega del informe de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR) en el año 2003, además, se comprendieron muchas cosas: su apellido estaba entre los ocho que se repetían con más frecuencia.
Para llegar a la ciudad de Ayacucho desde Lima hay que atravesar una carretera de 600 kilómetros llamada Los Libertadores, que serpentea por las lomas de los Andes hasta subir hasta los casi 3.000 metros de altura. Para llegar a la verdad, hay que bajar a los infiernos.

El Partido Comunista de Perú (PCP), conocido popularmente como Sendero Luminoso, había prendido fuego a una urna electoral el día anterior a las elecciones de 1980 en Chuchi, en el Departamento de Ayacucho. Uno de los últimos días de 1982, el gobierno central dio la orden a las Fuerzas Armadas de enfrentar a los grupos subversivos que estaban cometiendo atentados.
El terror estaba servido.
Los dos siguientes años al decreto fueron los más sangrientos de la historia de Perú: los asesinatos de Sendero Luminoso y la ofensiva de los aparatos del estado dejaron una factura de 20.000 muertos. El general Luis Cisneros Vizquerra, ministro de Guerra en esos años, no ocultó la vena inhumana del conflicto en una entrevista en septiembre de 1984: “En la guerra no hay derechos humanos”.
Albino Quicaño es una consecuencia de esas palabras. El toque de queda en Pampa Cangallo, provincia de Cangallo —una de las once de Ayacucho— le pilló en la cama. Aquella mañana Sergia Flores le hizo el desayuno, pero en lugar de servirlo en la cocina, lo llevó al puesto policial.
“Me dijeron que no estaba allí —se lamenta Sergia—. Yo pensaba que lo iban a detener y lo iban a soltar al día siguiente. El 4 de julio puse la denuncia ante el Fiscal de Huamanga, pero su contestación era: 'Sí, tenemos varios detenidos, pero no sabemos todavía su declaración'. De ahí no sé su paradero”.
Las actuaciones de las Fuerzas Armadas seguían un patrón idéntico: entraban de madrugada a las casas, sacaban a sospechosos de pertenecer al grupo terrorista y se los llevaban. La Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR) expresó que “aplicaron una estrategia de represión indiscriminada contra la población considerada sospechosa de pertenecer a Sendero Luminoso”. Después encerraban a los presos en los puestos policiales y los retenían por días, los torturaban, los quemaban o los arrojaban desde el aire a lugares remotos. De las víctimas atribuidas a los diferentes agentes del estado, el 60% fue mediante desaparición forzada.
“Así, inocente, se han llevado a mi esposo. Él no dijo nada, solo preguntaron su nombre. 'Aquí estoy presente, ¿qué pasa con ustedes?' Eso nomás, ha dicho”, relata Sergia, una mujer cuya mirada, sostenida sobre una amplia nariz, lleva impresa el dolor. Su furia, callada y convulsa como un espasmo, es la sed de justicia: y quizá porque hay decenas de senderistas en la cárcel y apenas responsables del Estado, hinca las uñas en las sombras del conflicto. “Sendero Luminoso participaba, pero no como el ejército —opina Sergia—. Sendero Luminoso mataba a dos o tres personas; el ejército se llevaba a 40 o 50 varones. Todos se llevaban ellos”.
Perú se desangró en su parte masculina: ocho de cada diez víctimas son varones.
 La Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR), un desfile de audiencias y testimonios que comenzaron en junio del 2001 y dio a luz su informe final dos años, 15.000 testimonios y 9.500 asistentes después, determinó que Sendero Luminoso había sido responsable del 54% de las víctimas.
“Yo me hubiera preocupado si esta comisión hubiera satisfecho a todos —opina Salvador Lerner, quien fuera presidente de la CVR—, pues eso significaría que no hicimos bien el trabajo”. La CVR nació de la necesidad de profundizar en las causas del conflicto: los rasgos de un país de desigualdades gigantescas. Y las conclusiones son estremecedoras.
La violencia, que comenzó en las alturas del Perú, fue algo ajeno a las zonas urbanas del país hasta que los atentados y los secuestros sacudieron Lima
La violencia, que comenzó en las alturas del Perú, fue algo ajeno a las zonas urbanas del país hasta que los atentados y los secuestros sacudieron Lima: los dos coches bomba colocados en el acomodado barrio de Miraflores el 16 de juliode 1992, y que dejó 25 muertos y 200 heridos, elevó a la conciencia ciudadana de que Perú vivía un drama. Para hasta entonces, las masacres y la impunidad ya llevaban acumuladas miles de víctimas. “Pero era gente que al limeño no le importaba que murieran”.
El silencio se adueñó de las poblaciones más desfavorecidas: el 75% de las víctimas hablaban lenguas indígenas en un país donde únicamente el 16% se ajustaban a ese perfil; el 80% vivían en zonas rurales y más de la mitad de las víctimas eran campesinos. Un conflicto, en fin, que la propia CVR no dudó en expresar: “No fue sentida ni asumida como propia por el resto del país, lo que delata el velado racismo y las actitudes de desprecio en la sociedad peruana”.
Por eso, Lerner, que ahora habla suavemente en un amplio despacho de la Pontificia Universidad Católica, de la que fue su rector y donde hoy imparte clases de filosofía antigua y medieval, le preguntó al líder de Sendero Luminoso durante las audiencias:
—¿Por qué usted, que dice haberse levantado contra el orden establecido para reivindicar la vida de los humanos, por qué tenía que matar?
Abimael Guzmán, apresado nueve años antes en el distrito limeño de Surquillo, respondió: “Había que matar al hombre para que el hombre y la sociedad fueran colocados en el lugar del privilegio”.
“El hombre no importaba, era una herramienta para una meta, el Estado de nueva democracia. Él repetía las prédicas: que el pueblo era masa, que hacía falta un millón de muertos —explica Lerner en un tono profundo—. Fue una ideología cruel, impenetrable a la crítica, dueña de la verdad donde le importaba poco el ser humano”.
Bajo tierra, los latigazos ocultos de la violencia: más de 4.600 fosas. Y sobre ella, al menos 150.000 desplazados
En realidad, lo que desenterró el terrorismo —tanto de Sendero como de Túpac Amaru, que provocó el 1,8% de las víctimas— fueron las raíces profundas del conflicto. Y eso fue lo que reflejó la CVR y que Lerner expresa, aún con la intensidad de unas dimensiones desconocidas, como “la no igualdad entre todos los peruanos en función de su cultura, de su lengua y del lugar que habitaban”.
Entre las posibilidades que tenía la CVR para ilustrar la pulverización de la identidad indígena y el ensañamiento con su población, eligió la que más podía sacudir a las conciencias urbanas: “Si la proporción de víctimas estimadas para Ayacucho respecto de su población en 1993 fuese la misma en todo el país, el conflicto armado interno habría causado cerca de 1,2 millones de víctimas fatales en todo el Perú, de las cuales aproximadamente 340.000 habrían ocurrido en la ciudad de Lima Metropolitana, el equivalente a la proyección al año 2000 de la población total de los distritos limeños de San Isidro, Miraflores, San Borja y La Molina”.

Juana Carrión entendió lo que estaba pasando cuando llegó al cuartel de Los Cabitos un mediodía de julio de 1984. Llevaba el almuerzo a su hermano Ricardo.
— Esta persona ya no está.
20 años después, durante el mes de septiembre de 2014, la Defensoría del Pueblo organizó una exhibición de prendas halladas en cuartel. Juana identificó la ropa de Ricardo Carrión; su cuerpo, aún no. “Todavía no olvidamos lo que pasó. Todos los días lo recuerdo. ¿Dónde estará mi hermano, dónde estará mi hermano?”, se pregunta en un hilo de voz.
La tarde que Ricardo salió a retirar dinero del banco, Sendero Luminoso había decretado un paro armado. Apagones, secuestros indiscriminados, asesinatos en la plaza pública. Y una batida de los servicios de inteligencia. “Mi hermano salió la noche del 26 de julio para enviar los fardos con artesanías de la familia, que era comerciante, a Lima. Salió al banco y ya no regresó. Al día siguiente fui a dependencias policiales. También fui al banco a preguntar ya que trabajaba un familiar, y me dijo: 'Sacó su ahorro, su dinero y salió. Pero dentro de un rato había batida de las fuerzas del orden. Seguro que se lo han llevado detenido'. Con un abogado fuimos a la comandancia de los servicios de inteligencia. Nos dijeron que no estaba nada”, relata Juana entre suspiros.
Los Cabitos es una pesadilla reconvertida en memoria. La CVR averiguó que entre 1983 y 1985, el cuartel fue un centro de torturas, asesinatos y cremaciones. A los 100 cadáveres hallados por los forenses, se añade la estimación de que se pudo aniquilar hasta 500 personas. El Jefe Político Militar de Ayacucho admitió que su residencia estaba instalada allí: un centro de exterminio sobre un secarral hoy conocido como La Hoyada.
“Sendero Luminoso mataba a dos o tres personas; el ejército se llevaba a 40 o 50 varones”, denuncia Sergia Flores
“El culpable es Sendero Luminoso —opina Juana, que también perdió a otro hermano—; después, el ejército: Sendero fue al campo concientizó a los campesinos, y empezaron a asesinar a autoridades. Entonces las fuerzas del orden salieron en contra de ellos y de la población, sin investigar bien a los jóvenes, ni a estudiantes, ni a mujeres. A todos en general: como ciegos han detenido y asesinado. Mucho daño han hecho en el campo”. Los casos de sus hermanos siguen impunes: el 60% de las causas están abiertas. El resto, archivadas.
La CVR —cuyas recomendaciones no son vinculantes— consideró que una parte esencial del proceso de reparación es la justicia. Y remarcó: “No se puede construir un país éticamente sano y políticamente viable sobre los cimientos de la impunidad”.
Sugerencias que parecen lejanas al cauce de la realidad. “En nuestro país hay una intención de borrar la historia y acompañar este proceso de impunidad —opina Yuber Alarcón, abogado que acompaña a las víctimas y trabajó en la CVR, en una conversación en la sierra peruana—. No han sido implementadas estas políticas de estado debidamente: por desidia de las autoridades, por falta de voluntad política, por no asignar recursos económicos y porque siempre han considerado que este sector de la población no merece la atención de parte del Estado”.
Bajo tierra, los latigazos ocultos de la violencia: más de 4.600 fosas. Y sobre ella, al menos 150.000 desplazados que, esquivando los modernos edificios de vidrio que brotan en Lima, se adivinan encajados en los cerros que rodean la ciudad.
Durante los años de violencia, Ayacucho se fue vaciando por las víctimas que se fugaban del terror y hallaron la miseria: quienes se quedaron en las ciudades fueron discriminados; quienes regresaron y se asentaron en la sierra, tuvieron que enfrentarse a litigios de tierra y marginación. Hoy, las regiones más castigadas por la violencia son las más depauperadas de todo el país.
No es extraño: las secuelas del terror se manifiestan en los techos del Perú. La violencia descabezó a comunidades enteras, con el asesinato de líderes comunales y dirigentes locales. Miles de familias se quedaron sin sus padres, sin sus políticos, pero también sin quienes proveían de recursos al hogar: un drama que condenó a la pobreza perpetua a muchos hijos que se quedaron sin nada. En ese contexto, las mujeres tuvieron que asumir responsabilidades hasta entonces desconocidas y lanzarse a recomponer un país sin sus hijos, sin sus maridos, sin su pasado.
“Pedimos que den trabajo a nuestros hijos. No encontramos justicia, así no más, hasta hoy. Siquiera un techo propio nos daría el Estado”, se lamenta Candelaria, viuda de Filiberto, y cuyo relato de la violencia se le atasca en la garganta al recordar cómo la Infantería de Marina organizaba paredones en la Plaza de Huamanguilla: “Yo lo vi: vi que fusilaban vendando los ojos a la persona delante de cantidad de personas. Cinco le disparaban: nos obligaban a juntarnos todas las personas”.
El resquebrajamiento de las comunidades andinas, que robó el porvenir a toda una generación de jóvenes y retorció las relaciones sociales, llevó a la presentación de una serie de reparaciones que no acaba de asumirse por el estado a pesar de que así lo sugirió la CVR.
“Las recomendaciones que se dieron no han sido implementadas, por lo que hay secuelas que no están siendo atendidas”, denuncia Alarcón ante la indiferencia de un Estado al que acusa de desinflar las expectativas creadas por la CVR, que revisó profundamente los veinte años de conflicto. Entre las formas de reparación que contempla le Ley de Reparaciones y que se despliega en siete programas —desde las simbólicas a la restitución de derechos humanos pasando por el acceso habitacional o a la salud—, el abogado carga contra la desidia: “No ha habido un avance significativo, incluso en aquellas acciones que no involucran recursos económico, sino voluntad política y gestos de perdón y aceptación de lo que pasó en este país. Pero ni siquiera se han dado este tipo de esfuerzos. Incluso hay apoyo de la cooperación internacional para fabricar estos espacios de memoria, que son formas de reparación, y no se ha querido aprovechar”.
Salvador Lerner, quien tuvo el protagonismo de explorar las dos décadas más siniestras del país (la CVR dijo que en esos años murió más gente que en toda la historia reciente), apunta esa apatía del panorama político: es probable que este año el país esté gobernado por Alan García o Keiko Fujimori. “Nosotros, en la Comisión, no tratamos con hipocresía a ninguno de los dos grupos políticos a los que ambos pertenecen. Dijimos que se cometieron gravísimas violaciones de los derechos humanos y que hubo responsabilidad por parte de Alberto Fujimori y Alan García. Esas personas no miran con simpatía el informe”.
Bajo el primer mandato de García se cometieron algunas de las matanzas más célebres del período de violencia; Fujimori, padre de la candidata, está condenado a 25 años de prisión.

“Siempre estamos recordando, siempre, en cualquier momento. Así, cuando conversamos, siempre la mente vuelve a esa misma hora, a ese mismo hogar. Así estamos buscando verdad, la justicia, pero no la alcanzamos todavía. No sabemos qué lindo sería encontrar los archivos para saber quiénes son los culpables”, dice Sergia, una de las mujeres que, tres décadas después de la desaparición de su esposo, sigue luchando con el expediente de Albino Quicaño.
En mayo de 2011 se abrió juicio oral contra siete altos mandos militares por crímenes contra la humanidad —identificar a los autores materiales es improbable— acusados del asesinato de 54 personas en el cuartel de Los Cabitos solo en 1983. Yuber Alarcón, abogado de algunas de las víctimas, les preguntó:
—¿Contaban ustedes el paradero de algunas personas que eran detenidas?
El general Carlos Briceño Zevallos dijo que no había participado, que no recordaba nada. Alarcón insistió al preguntarles por un manual antisubversivo hallado —explica ahora el abogado— en el que se señalaba que “si una persona no va a declarar, hay que eliminar”. Pero los acusados se defendieron: “eliminar” significaba “sacarlos del espacio”.
“Hay gobernantes que han estado en el período de la violencia y no asumen su responsabilidad. Tratan de pasar página”, argumenta Alarcón, un abogado que, entre otros impedimentos, señala que los jueces y fiscales no han tomado como prueba aquello que las víctimas tenían la capacidad de demostrar: un claro recuerdo, el reconocimiento de los verdugos, los relatos exactos —con los militares encausados incluidos— del momento del secuestro. “No hay pruebas, no hay testigos, no abren juicio —enumera, como una secuencia de la impotencia, Sergia
—. Nada: por eso no alcanzamos la justicia”.
La noche que, en su casa de Pampa Cangallo, entraron buscándolo, mientras los militares agarraban a Albino, le pidió a Sergia que encendiera más velas. 32 años después, centenares de mujeres alumbran un pasado siniestro en cada homenaje del anhelado Santuario de la Memoria de La Hoyada, el lugar exacto donde se aniquilaron cientos de vidas. Ante los mismos retratos de quienes pedían luz, sus viudas siguen encendiendo velas.
Publicado por El País – Planeta Futuro – Ayacucho (Perú) – 18/03/16