martes, 8 de noviembre de 2016

«Los infartos en mujeres son más graves porque se diagnostican tarde»

«Tiene más riesgo una persona depresiva que una alegre, optimista y feliz», dice el médico intensivista Luis Ángel Samaniego >>


El género, la etnia, el país de origen o la clase social suelen provocar desigualdades en salud. ¿Cómo se puede avanzar hacia la igualdad? Luis Ángel Samaniego, médico intensivista de la clínica de La Asunción, de Tolosa, lo explica en una ponencia cuyo título es revelador: «La importancia de 'quejarse' según el sexo».
¿Las mujeres nos 'quejamos' de forma distinta?
Hay mucho mito sobre los síntomas. El infarto se produce cuando se forma un tapón en las cañerías que van al corazón, lo que impide que pase la sangre que lleva el oxígeno al corazón, que se queja. En esta circunstancia se suele producir un dolor típico que es el que se produce en el pecho y va al brazo izquierdo. Pero la enfermedad coronaria se presenta de otras muchas formas. De hecho, casi en el 50% de los hombres la forma de presentación es la muerte súbita: se te para el corazón, te caes al suelo redondo y si no hay una persona que te reanime, te mueres. Y luego hay formas más atípicas, como dolor en el cuello, otros pacientes se refieren a la boca del estómago, con lo que se puede pensar que es algo digestivo... Lo que se está viendo es que existen otras muchas causas, condiciones que afectan más a las mujeres y que enmascaran la típica forma de presentación.
¿Así que los síntomas son distintos en las mujeres?
En el caso de las mujeres hay también un aspecto conductual. Así como están muy sensibilizadas con el cáncer de mama, acuden a revisiones y al médico en cuanto se notan algo, no pasa lo mismo con el infarto. Se piensa que es cosa de hombres. Y eso hace, por una conducta no intencionada, que si tienen un malestar y no es el típico dolor de pecho y brazo, sino una sintomatología más vaga, no lo achaquen a un infarto. No le dan importancia.
¿Somos más sufridoras?
Sí, por lo general la mujer es mucho más sufridora y menos miedosa que el hombre. El hombre suele venir con una sensación de gravedad aunque solo sea un dolor de muelas. Además, también hay que tener en cuenta que las mujeres son mucho más colaboradoras con la familia, se ocupan de los hijos y los nietos, a veces dicen 'es que llevo una época'… Eso al médico le puede distraer un poco, porque no cuenta los síntomas típicos, incluso se puede llegar a pensar que pueda ser algo de ansiedad. Se han publicado estudios internacionales que concluyen que los infartos en mujeres tienen mayor gravedad porque se diagnostican tarde y mal, y además reciben menos tratamiento que los hombres, porque los médicos infravaloramos el riesgo que tienen de presentar un infarto pensando en otras cosas. Además, llama mucho la atención que las mujeres, el seguimiento tras el infarto lo hacen muchísimo peor que los hombres.
¿Por qué?
Después de sufrir un infarto la probabilidad de tener otro es muy alta, casi de un 25%. Por eso, además del tratamiento farmacológico, hay que mantener hábitos cardiosaludables: comer bien, hacer ejercicio... No sabemos muy bien por qué tras sufrir un infarto tienden menos a seguir el tratamiento. A todos estos pacientes les derivamos a rehabilitación cardiaca, que consiste por ejemplo en reuniones donde se les dan pautas para corregir factores de riesgo como el tabaquismo o la hipertensión, se aborda qué deporte tienen que hacer… En esos grupos las mujeres duran muy poco, se marchan enseguida.
¿Las mujeres tienen mayor riesgo del que creemos para sufrir un infarto?
Siempre hablamos de los factores de riesgo como el tabaco, la hipertensión arterial, el colesterol alto, la falta de ejercicio y la diabetes. Ahora, se incluyen otros factores de riesgo que todavía no está muy claro como actúan, pero que están en relación con la personalidad; es decir, tiene más riesgo una persona ansiosa y depresiva que una persona alegre, feliz y optimista. Entonces, las mujeres, cuando con la menopausia se les va la carga estrogénica hormonal que les protege, sufren un proceso que además puede contribuir a que tengan mayor riesgo de padecer alguna de estas situaciones. A partir de los 60-65 años, por cada hombre que tiene un infarto hay tres mujeres. En jóvenes es mucho más frecuente en hombres. Hoy en día aún no está definido perfectamente qué es lo que tenemos que hacer en estos casos, pero sí se ha descubierto que las mujeres presentan una sintomatología distinta a los hombres, que la cuentan de forma diferente, y que los profesionales sanitarios no estábamos preparados y hacíamos más caso a los hombres con dolor torácico que a las mujeres con dolor torácico.
«Una tristura»
Se ha referido varias veces a cómo expresan las mujeres la enfermedad. ¿Cómo lo hacen?
Es una amalgama muy variada de síntomas. A veces no saben expresar lo que sienten y hablan de que tienen 'como una tristura'. Porque el que te viene con ardor de estómago te dice que tiene quemazón, lo cuenta bien. Pero cuando no saben muy bien definirlo y hablan de tristura, peligro. En ese caso hay que hacer analítica de sangre y electrocardiograma. También es muy importante la cuestión de los recursos asistenciales y la velocidad: no es lo mismo acudir a la consulta con un médico que está solo que a Urgencias, donde hay 25 personas esperando. Si el profesional que realiza la clasificación por gravedad pregunta qué te pasa y la respuesta es de una sintomatología que habla de tristura en la zona de la tripa o sensación de tope, puede que te haga esperar y priorizar a otros pacientes. Y quizás esa mujer esté sufriendo un infarto.
Así que los médicos también tienen que mejorar.
Las guías americanas más recientes dicen que hay que enseñar a las mujeres a que piensen que cuando tienen esas molestias puede ser debido a un infarto y así lo manifiesten, pero también que todos los profesionales sanitarios tenemos que hacer hincapié en obtener esos datos que nos pueden orientar el diagnóstico. Es un trabajo de todos.
Porque cuanto más tarde se intervenga, peor.
Cuando se habla del corazón la mujer no está tan concienciada y eso hace que tengan peor pronóstico: cuando hay un infarto se mueren más ellas. Hay que tener claro que cuanto más tarde se intervenga, mayores son las secuelas en función de cómo sea la zona dañada. En Euskadi tenemos el Código Infarto, que es muy importante. Cuando nos viene alguien con un infarto, contactamos con el hemodinamista del Hospital Universitario Donostia y la ambulancia y hacemos una conferencia telefónica entre los tres. Lo ideal es que en 60-90 minutos desde que te das cuenta de que es un infarto esa arteria esté abierta, independientemente de en qué zona de Gipuzkoa haya ocurrido. Pero si tardas en diagnosticarlo porque estás pensando que es reuma o algo digestivo por lo que te cuenta la afectada, al final se van juntando una serie de factores que pueden demorar la intervención. Y es una pena, porque de haber actuado antes la situación clínica sería mejor.
Antes se ha referido a los hábitos de vida cardiosaludables, que es la mejor forma de prevención. Me reconocerá que no es sencillo entre el Tolosa Goxua y txuleta jaia...
Es verdad que la gastronomía ocupa un lugar importante en nuestra sociedad, y respecto a la dieta reconozco que tenemos también culpa porque si una persona sufre un infarto y el médico le dice que tiene que 'comer limpio', un término que detesto, eso se traduce en que tengo que comer una hoja de lechuga, pechuga a la plancha y un yogur. Y no es verdad. Comer sano quiere decir comer de todo pero en dosis adecuadas. Puedes comer chuletón cada quince días en época de sidrería, pero no a diario, y tomar una copita o dos de vino como máximo al día.
Publicado por elcorreo.com – Salud – Ane Undargarin – 05/11/16 -
Publicado porYO

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