sábado, 27 de agosto de 2016

Una sociedad desarrollada que mata a los abuelos

El cine lleva años contándonos qué nos espera cuando hayamos alcanzado ese estadio de la vida que llamamos “tercera edad”, cuando en realidad nos estamos refiriendo al colectivo de viejos que agotan sus vidas en la soledad de sus casas o en centros de acogida que hemos dado en llamar “residencias para mayores”.
La ficción ha planteado diferentes alternativas, algunas dramáticas, pero siempre se ha quedado bastante lejos de la realidad. No hay mes que no conozcamos un caso de ancianos maltratados, abandonados e incluso fallecidos en esas residencias que han acabado convirtiéndose en aparcamientos para personas sin más objetivo que esperar pacientemente el día de su muerte.

El último caso que hemos conocido tiene como protagonista a la residencia pública Moscatelares ubicada en el municipio madrileño de San Sebastián de los Reyes. Una residencia pública, pero de gestión privada, esa moda tan liberal como Esperanza Aguirre, expresidenta de la Comunidad de Madrid (CAM). El hecho es que sendas denuncias colocan a este centro al borde del Código Penal, mientras el consejero de Políticas Sociales y Familia de la CAM, Carlos Izquierdo, mantiene que la “residencia funciona perfectamente”. Hijos de residentes han presentado sendas denuncias en  la policía por lo que ellos consideran maltrato hacia sus mayores.

 Como sociedad desarrollada hemos fracasado. Se han arbitrado muchas medidas para la atención de los mayores, la más reciente fue la ley de dependencia de Zapatero que los hoolingans del PP decidieron no aplicar
El relato de estas denuncias pone los pelos como escarpias. Una anciana de 87 años recibió un golpe y le tuvieron que poner trece puntos de sutura. Otra anciana encontrada por su hija en el suelo en la hora de visita fue traslada a un hospital –en la residencia, como era domingo por la tarde, no había médico-, donde los médicos confirmaron que le habían suministrado un cantidad excesiva de Alprozolan, un medicamento que actúa disminuyendo la excitación del cerebro. Son solo dos ejemplos de los cientos de casos existentes. Trabajadoras de estos centros denuncian asimismo las deplorables condiciones de trabajo: cada trabajador dispone de ocho minutos para atender a cada residente y, por las noches, 150 ancianos duermen bajo la atenta mirada de una enfermera.

Como sociedad desarrollada hemos fracasado. Se han arbitrado muchas medidas para la atención de los mayores, la más reciente fue la ley de dependencia de Zapatero que los hoolingans del PP decidieron no aplicar. Y después estamos cada uno de nosotros, dependientes de unas condiciones de vida que hacen imposible la atención de nuestros mayores. Todo ello contribuye a fomentar las residencias de ancianos que acaban bajo la gestión de empresas privadas que buscan el beneficio, aunque sea a costa de la felicidad de unas personas a las que ya no les damos ningún papel. Un estorbo que nos quitamos de encima.
Contamos con los  reclamos publicitarios para hacernos de descargo de conciencia. Lo malo es que la realidad y los hechos son tozudos y con asiduidad nos colocan ante el espejo. Ni ellos se merecen ese trato ni nosotros podemos seguir mintiéndonos, convencidos de que somos muy modernos.

Publicado por BEZ.lo que debes saber – Sociedad – 24/08/16 -

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