sábado, 27 de agosto de 2016

La libertad euroblanca de las mujeres


Corría el siglo XIX y muchos fueron los debates públicos que se suscitaron en torno al cuerpo de las musulmanas, representadas en su conjunto diverso por Egipto. El hiyab de aquel momento se refería a la prenda que envolvía la cabeza de sus mujeres, incluyendo la cara. Desde Europa se aceptó como lectura unívoca que las mujeres que se cubrían lo hacían porque era un precepto islámico, aceptando esta lectura como una verdad absoluta, acallando una vez más la opinión de las mujeres y su derecho a decidir.




Desde Europa se aceptó como lectura unívoca que las mujeres que se cubrían lo hacían porque era un precepto islámico

Y así, la moda parisina llegó a Egipto y con ella los corsés, que por aquella época trataban de estrechar al máximo la cintura de su portadora. Porque aquello estaba de moda, era una muestra de modernidad, aunque rompiera costillas, deformara músculos o produjera muerte. La costura parisina se afincó para atender a las mujeres egipcias -de la élite-, que lucían los modernos diseños europeos colocando en sus sombreros una tela que envolvía hasta cubrir su cara. Eso sí, bajo una estética más moderna que el resto de mujeres egipcias -de fuera de la élite-, cuya indumentaria era tachada desde la lectura moderna como signo de retraso.
En 1893, el Duque de Handcourt afirma que “como se ve, en Egipto los usos que se destinan a ocultar las mujeres están íntimamente ligados a la religión musulmana; no es posible un cambio en su ropa, por tanto, no es para ellos, ya que lo que para nosotros sería una simple cuestión de moda, es para ellos una ruptura con las hasta ahora inmutables tradiciones, y una violación de los preceptos sagrados”. No importa si aquellas prendas eran milenarias, previas a la llegada del islam a Egipto o si su uso respondía a tradiciones... Si eran musulmanes, indiscutiblemente su vestimenta venía respaldada por el Corán.
Derecho de cada mujer a decidir sobre su cuerpo
El revuelo que generó la publicación del Duque de Handcourt marcó el pistoletazo de salida de la opinión pública en torno al cuerpo de las musulmanas, de las que el Duque se manifiesta así: “Ellas tienen la misma fealdad que ignorancia”. Se suceden distintos debates en los que la secularidad de los Estados empieza a verse como la forma natural de comprobar el nivel de desarrollo de las sociedades musulmanas que indiscutiblemente era visible a través del cuerpo de las mujeres. Queda reducida así la mira a una zona obsesiva, la indumentaria, entendiendo que a mayor imitación de la moda occidental, mayor libertad para las mujeres. Alimentando y retroalimentando la ecuación: a mayor interés por desnudar a las musulmanas como muestra de modernidad, mayor interés por cubrirlas como muestra de islamicidad. Y entre tanto ir y venir, el derecho de cada mujer a decidir sobre sus cuerpos vuelve a ser silenciado.
Dos siglos después, aquí seguimos como en el juego de la oca y tiro porque me toca, dando rienda suelta a la sujeción de las mujeres, como marca la tradición. Y de juegos va la cosa, olímpicos para ser más exactos y la imagen que se hizo viral como el símbolo de la modernidad y el atraso, medidos a través de dos prendas que sustituyen al corsé por el bikini y a la prenda facial por el burkini.




Seguimos como en el juego de la oca y tiro porque me toca, dando rienda suelta a la sujeción de las mujeres, como marca la tradición

Mientras, algunas playas de Francia han llegado aimponer multas a musulmanas que acuden a la playa con un burkini, haciendo difícil que personas no musulmanas que lo usan, como la cocinera británicaNigella Lawson, puedan acudir a hacer turismo. Tal vez compró su bañador de la colección Paisley Print Burkini de la firma Marc & Spencer... Sea como fuere, esta imagen recuerda a aquellas mujeres obligadas a destaparse (en su propio país) en los tiempos en los que el país galo hacía su agosto por tierras argelinas... Esa Francia laica que en pleno siglo XXI impone laicizarse a mujeres específicamente musulmanas para liberarlas de su imposición, porque aunque ella crea que está libre no lo está. ¿De verdad vamos a empezar otra vez la casilla de salida?

Nos encontramos ante una cortina de humo que vuelve a cosificar el cuerpo de la mujer para desnudarlo. Desde el siglo XIX se vienen realizando debates públicos en los que hay una única lectura: las prendas que utilizan las musulmanas, si no son normativas (moda occidental), son sinónimo de retraso. El falso debate sobre el burkini responde al mismo mensaje colonizador que validó los zoológicos humanos en Europa, poniendo en el cuerpo de las mujeres y su indumentaria la herramienta para medir la modernidad. Sea como fuere, lo cierto es que Francia es catalogado por el World Economic Forum como uno de los cinco países con estrictos códigos de vestimenta, igual que Arabia Saudí.

Publicado por BEZ lo que debes saber – Edición fin de semana –
 M.Laure Rodriguez Quiroga Co-directora del Congreso Internacional de Feminismo Islámico. 
Miembrodel equipo investigador en el Euromediterranean University Institute -


No hay comentarios:

Publicar un comentario