domingo, 19 de junio de 2016

“La que carga las heridas soy yo”: Lorena Beltrán, víctima de una cirugía plástica mal practicada

Lorena Beltrán lidera esta campaña en redes sociales. Foto: Cortesía Mauricio Alvarado

El proyecto que busca reglamentar la práctica de las cirugías plásticas en el país está a punto de hundirse en el Congreso. La periodista habla de su drama, niega que tenga “oscuras intenciones” y dice que persistirá en su batalla para sacar adelante la ley.

Pasaron 21 meses y el Congreso, una vez más, dejó pendiente su tarea de legislar para evitar nuevas víctimas de cirugías plásticas mal practicadas. Aunque la Sociedad Internacional de Cirugía Plástica advirtió que Colombia es el quinto país en el mundo donde más se realizan procedimientos quirúrgicos con fines estéticos, un proyecto de ley que reglamentaba el tema se hundió por falta de trámite. La periodista Lorena Beltrán, una de las víctimas por la falta de una ley que ponga en cintura a los médicos que realizan cirugías irregulares, habló de su drama con El Espectador.

¿Por qué es necesaria una ley para regular las cirugías plásticas?
Porque son muchas las vidas humanas que se están viendo afectadas por la falta de control. Colombia se está convirtiendo en un destino mundial para realizar estos procedimientos, que no solamente responden a fines estéticos. No se trata de cuestionar qué motivos impulsan a una persona a realizarse un procedimiento de cirugía plástica, sino de la idoneidad de los profesionales autorizados y del control que tiene el Estado sobre ellos.
Y el Congreso nada que legisla, ¿quién es el responsable de que la ley esté a punto de hundirse?
No se trata de señalar responsables. Puedo decir que conté con el respaldo de algunos congresistas. Sin embargo, como esta iniciativa se presentó en 2014 y duró tanto tiempo sin debate, se le cumplen los tiempos. Ya varios congresistas me han expresado su deseo de volver a presentarla. Pero más allá de que sea en esta legislatura o en la próxima, lo que estoy buscando es que el país tenga una regulación para que todos tengamos cirugías seguras. Sé que entre el gremio de los médicos hay intereses para que esta iniciativa no se apruebe pero confío en que habrá voluntad política.
¿Cómo desmitificar que las cirugías plásticas son vanidad?
Es un asunto de perspectiva. No todas las personas que acuden a una cirugía plástica lo hacen por vanidad. Si un trabajador introduce su mano por error en una máquina, quien se la va a reconstruir es un cirujano plástico. A una mujer atacada con ácido la debe intervenir un cirujano plástico. ¿Se imaginan que en alguno de estos dos escenarios quien opere sea una tegua? ¿No tiene derecho una mujer que padeció cáncer a reconstruir sus senos?
¿Cómo hacer entender a los ciudadanos que esto ha pasado a ser un problema de salud pública?
Hemos avanzado y los medios han contribuido a explicarle al ciudadano que no tener una regulación para los procedimientos de cirugía plástica es un asunto que nos afecta a todos. Nadie está exento de someterse a una reconstrucción después de un accidente. Pero como es una especialidad que no está reglamentada, hay médicos que se atreven a operar senos, narices o glúteos con apenas un título en medicina general. Colombia es un país de víctimas y las de cirugía plástica se están empezando a convertir en una cifra más. Además, es un asunto de salud pública, pues no todos los malos procedimientos se dan por acudir a quirófanos de garaje o a cirujanos que operan por bajos precios. Yo acudí a un médico que cumplía con su registro y, aun así, fui engañada.
¿Cómo hacer entender que a quien le practican mal una cirugía también es víctima?
Hay que aclarar que cualquier cirugía plástica tiene riesgos. Pero cuando uno está en manos de un profesional, las complicaciones se tratan de manera idónea. Un cirujano capacitado, y hablo de mi caso, no habría tratado mis profundas heridas con gelatina sin sabor. Aquí no se trata de señalar y decir “eso le pasa por vanidosa”. Se trata de legislar, de endurecer normas y sanciones para quienes de manera irresponsable ejercen esta práctica. El Estado se queda corto.
¿La gente ha entendido el sentido su denuncia?
He recibido mucho apoyo y siento que el país lo ha entendido. Pero también he recibido mensajes en los que aseguran que es mi culpa. Otros se atreven a decir que yo he impulsado una estrategia mediática a favor de la Sociedad Colombiana de Cirugía Plástica. Nada de eso es cierto. Lo que he querido es dar a conocer una situación que, por demás, ha afectado mi vida.
¿Cómo afecta emocionalmente una mala cirugía plástica?
Nadie alcanza a imaginarse. Afecta tu vida emocional y lo más íntimo, tu vida sexual, porque es tu cuerpo el que carga con las consecuencias de estas malas prácticas. Me gustaría que quienes me señalan, quienes me acusan de encabezar una campaña de desprestigio, se imaginaran por un momento qué se siente maquillarse las tetas antes que la cara.
¿Ha habido presiones?
Cuatro días después de denunciar esto públicamente, recibí en mi celular un mensaje de Francisco Sales Puccini, el médico que me operó, que dice textualmente: “A quien actúa con maldad, hay que desearle suerte. Tarde o temprano la necesitará”. Tengo 21 años, no tengo deudas, tampoco enemigos. Aunque me acusen de tener “oscuras intenciones” y de armar una campaña de desprestigio, no me callarán, porque la que carga las heridas soy yo.
¿Qué responsabilidad tiene el sistema de salud en todo esto?
La competencia del Ministerio de Salud es de habilitación. Es entonces donde la pelota pasa al terreno del Ministerio de Educación. Allí se han convalidado cursitos como especialidades médicas. Yo jamás he dicho que sean títulos falsos. El problema es que no son equivalentes a una especialidad. No me cabe en la cabeza lo que dice el Mineducación, que los títulos se convalidan “partiendo del principio de la buena fe”.
¿Se volverá a operar?
Por salud tengo que hacerlo, pero no lo haré mientras el Congreso no sea capaz de darnos garantías. Sin embargo, hay cosas que ninguna cirugía correctiva arregla, como la pérdida de sensibilidad, la probabilidad de que no pueda lactar en el futuro y el daño emocional que cargamos mi familia y yo.
¿Va a buscar que de nuevo el Congreso ponga en marcha un proyecto para regular las cirugías?
Desde luego. Impulsar esta causa me ha permitido conocer casos aterradores y comprender que es una problemática que requiere intervención del Estado y del Congreso. Es triste que tenga que haber una Natalia Ponce para que endurezcan las penas a agresores con ácido; o una Rosa Elvira Cely, para que nos preocupe el feminicidio.

 Publicado por elespectador.com – Germán Espejo – 10/06/16 -

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