jueves, 19 de mayo de 2016

La lucha contra el acoso callejero en Latinoamérica

En un video, un grupo de mujeres en México dejó al descubierto esta problemática que aqueja con frecuencia a la población femenina pero pocas veces es hablada de manera pública.

Días después de haber publicado un video que demuestra el acoso callejero en Ciudad de México, el grupo conocido como las Morras, recibieron fotos de mujeres descuartizadas y hombres armados. El video muestra un grupo de chicas vestidas de negro caminando por las calles mientras reciben frases como: “qué bonita tanga", “mamacitas” e incluso muestra como un hombre las persigue y se masturba estando muy cerca de ellas.
Este intento por denunciar y hacer caer en cuenta a la sociedad de este problema que enfrentan las mujeres se ha hecho continental. Así como en México, en Colombia, Argentina, Chile y otros países de la región se han conformado grupos que ponen en evidencia el acoso que sufren las mujeres en la calle.
En Colombia, la Universidad del Norte de Barranquilla creó el proyecto Mi Huella Azul. Su implementación consiste en apropiarse del espacio público e intervenirlo con prácticas artísticas que reflejen la exigencia de las mujeres por el derecho a transitar libres, seguras y respetadas por la ciudad. Estas acciones ya se han llevado a cabo en el Paseo Bolívar, en el parque Venezuela y el Suri Salcedo.
El manoseo, el hostigamiento verbal y el físico son algunas de las formas más comunes de acoso en América Latina. Estos son sufridos por las mujeres desde muy temprana edad y generan traumas psicológicos que repercuten por el resto de la vida.
El Observatorio Contra el Acoso Callejero es una organización que tiene como objetivo erradicar la violencia sexual de las calles. Para eso creó una red latinoamericana que incluye a países como Colombia, Bolivia, Costa Rica, Guatemala, Nicaragua y Uruguay.
Uno de los trabajos que se propuso el observatorio es tipificar el acoso. En esta tarea se pudo identificar que las miradas lascivas, los piropos, los silbidos, los besos, los bocinazos, los jadeos, los gestos obscenos, los comentarios sexuales, las fotografías y grabaciones del cuerpo con connotación sexual y no consentidas, la persecución y arrinconamiento, la masturbación y el exhibicionismo constituyen formas concretas de hostigamiento.
Uno de los principales problemas es que esta problemática no es denunciada. En la mayoría de los casos la víctima siente temor de hacer público su testimonio, la situación se agrava cuando hay relaciones de poder, como en el caso del acoso laboral de un jefe a su empleada. En Barranquilla, donde el proyecto Mi Huella Azul lleva adelante su trabajo, no hay ninguna denuncia puesta ante las autoridades. La Gobernación de Atlántico sustenta esta situación con base a que este tipo de delitos apenas está empezándose a considerar como violencia. Le atribuyen a la falta de educación, autoestima y conocimiento las pocas denuncias de la ciudadanía sobre este tema.
El apoyo a los programas y campañas en contra del acoso sexual incrementan en América Latina día a día. El video publicado por las Morras fue publicado el pasado 6 de mayo. En nueve días ha sido reproducido más de 914.000 veces. La intención de estas iniciativas es que las mujeres no tengan que cambiar sus recorridos o modificar sus modos de vestir, entre muchas otras estrategias, para poder transitar libres y seguras por las calles.
 Publicado por elespectador.com – Redacción Actualidad – 15/05/16 -


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