jueves, 19 de mayo de 2016

El machismo y las difamaciones en la red

#MiPrimerAcoso es una de las iniciativas en internet para denunciar la violencia y barbaridades a las que las mujeres son expuestas en el mundo online y offline. Casos de Colombia, Brasil y Argentina.

Es probable que internet sea simplemente un nuevo espacio para los mismos comportamientos que ocurren en el mundo offline: insultos, desprecio, discriminación. La diferencia es que todo lo que allí se dice tiene un alcance global, por lo que las informaciones íntimas, las acusaciones y las opiniones terminan pareciendo gritos en medio de información caótica. Sacarle el jugo a las redes para fortalecer la buena convivencia offline/online es el desafío.
En Colombia, el caso de la abogada Astrid Helena Cristancho y el Defensor del Pueblo, Jorge Armando Otálora ocurrido hace poco es apenas un ejemplo de un uso digno de analizar. Otálora fue denunciado públicamente por acoso sexual y laboral por funcionarios de la Defensoría, y por Daniel Coronell en su columna en la Revista Semana. Este último reveló fotos y conversaciones a través de la aplicación de mensajería Whatsapp en la que Otálora le enviaba mensajes pasados de tono y fotografías íntimas a Cristancho. En medio del escándalo en medios y redes sociales, Otálora se vio forzado a renunciar a su cargo. Dentro de todo lo que estuvo mal en este caso, hay que destacar las reacciones del público en redes sociales, sumado al trato de los medios de comunicación a la denunciante.
Por un lado, recuerda la comunicadora colombiana Nathalie Spitia en un reciente artículo aparecido en la revista de tecnologías libres Pillku, el público general puso en duda si Cristancho en efecto había sido acosada laboral o sexualmente. El caso fue interpretado como una simple pelea de pareja. Las voces de internautas y comunicadores parecían acusar a la abogada de buscar, a través de un escándalo, visibilidad en los medios. Fueron tantos los comentarios sexistas generados, que no se hicieron esperar los memes: en uno de ellos se podía ver una fotografía de Cristancho y una leyenda que decía “¿amiga y ese Iphone 6, rosado, de última generación? #Bendecida y #Afortunada”, ambos hashtags utilizados en Colombia para referirse al aparente interés de mujeres de estar con un hombre con cierto poder económico. Aquí un ejemplo de lenguaje en redes que promueve la violencia de género. En medio de la noticia se señaló que la ex secretaria del defensor también había sido acosada, pero por temor no había denunciado. Los medios por su parte llamaron una y otra vez a Cristancho “exreina” en sus titulares, a un lado dejó su profesión de abogada, aunque fue ejerciéndola que se produjo la violencia.
“Es hora de actuar, hablar, crear y poner al alcance herramientas que visibilicen la violencia de género en entornos digitales”, escribe Spitia.
De hecho, el año pasado desde la Fundación Karisma se invitó a rastrear fenómenos de este tipo en internet con una llamada denominada #AlertaMachitroll y que invita a rastrear las agresiones que aparecen en redes sociales. Una iniciativa que busca mostrar que internet no es un espacio en el que cada quien puede gritar, herir o difamar sin hacerse cargo de las consecuencias. Si no que más bien lo deseable es que internet sea un lugar libre pero cuidado por todas y prestando atención a las agresiones que tienen consecuencias en la vida fuera de línea. “Encontrar un machitroll es fácil. Solo hay que navegar un poco en blogs, periódicos, redes sociales y foros digitales, y encontrar sus comentarios. De ahí, el siguiente paso es clasificar al comentarista según su especie: machitroll incurable o machitroll rescatable”, explica el sitio e invita a hacer el ejercicio de capturar pantallas (PrintScreen) y relatar aquello ocurrido, leído y visto en internet que implicó una actitud violenta hacia las mujeres o grupos LGBTIQ.
De primeros acosos en Brasil
Una mujer enfrenta, en promedio, el primer acoso sexual a sus 9 años, reveló el grupo de comunicadoras ThinkOlga en Brasil. ¿Cómo recabaron los datos? A partir de un debate digital en Twitter. Las activistas convocaron más de 80 mil minirelatos en formato de tuit en las que jóvenes internautas, en su mayoría mujeres, se animaron a revelar las primeras experiencias de acoso detrás del hashtag #MeuPrimeiroAssedio (“Mi primer acoso”).
Lo más llamativo e importante para nosotras es la manera en que estos debates en internet lograron posicionar el tema en los grandes medios de comunicación pero también agregaron un enorme grano de arena en ese proceso lento y pesado de modificar los comportamientos de hombres y mujeres ante violencias micro y macro. Es interesante remarcar en estos casos si cuando sucede una gran movilización en internet resulta de algún impacto en las denuncias de violencia en Consejos de Violencia de Género y en otras instancias legales o judiciales, que lleve en casos como éstos a denunciar casos de acoso infantil.
En este tipo de campañas hay una pregunta fundamental ¿Qué pasa con el anonimato? Hay una sobre exposición de las identidades de las personas en internet y de sus vidas “reales”. El acceso a no sólo imágenes si no también datos como teléfono, domicilio, hábitos, preferencias políticas, que en casos en que la mujer hace una denuncia la pueden volver vulnerable. Es importante tener en cuenta que el anonimato es un derecho en internet. Tanto para la búsqueda de información como para la denuncia de casos de violencia, ya que resguarda nuestra integridad y especialmente si revelamos datos sensibles relacionados con vivencias, nos preservan de ser difamadas o que dichas informaciones sean usadas en nuestra contra en un futuro próximo.
Argentina: #NiUnaMenos
Desde las micro violencias en las que la Violencia Contra la Mujer aparece en soportes tecnológicos, son necesarias también algunas reflexiones tecnopolíticas sobre el evento #NiUnaMenos que tuvo lugar en Argentina el año pasado y que hasta el día de hoy sigue siendo foco de polémicas y debates políticos.
En Argentina los reclamos sobre el aumento de la violencia contra las mujeres, sumados a las denuncias de coberturas periodísticas con enfoques sexistas de dichos casos, enmarcados en pedidos de aplicación concretas de las leyes de femicidios, actuaron como los resortes más importantes. La multitudinaria marcha del 3 de junio de 2015 tiene sus raíces en un largo proceso de llamados de atención realizados desde los activismos de periodistas con visión de género y de los diversos movimientos feministas. Aquella vez se dio el quiebre: las fuerzas se aunaron, potenciadas por el uso de tecnologías y redes sociales, y las estrategias comunicacionales parieron con fuerza y como nunca antes la consigna #NiUnaMenos.
El 3 de junio #NiUnaMenos permaneció varias horas en el primer lugar como tendencia en Twitter en Argentina y desde las 13 horas se convirtió en tendencia mundial. La consultora de comunicación Becom1 se dedicó a estudiar el temblor de datos que generó la marcha convocada por las redes sociales #NiUnaMenos desde su anuncio el 11 de mayo, realizó un mapeo digital relevando la información minuto a minuto y lo compartió con GenderIT.org. Rastrearon 1,3 millones de internautas participando del debate, estimando que la información fue vista por 7,3 millones de personas en forma directa en redes sociales y en forma indirecta en los portales de noticias.
Unas 200 mil personas marcharon sólo en la capital y se calcula que más de 100 ciudades dentro y fuera de Argentina se sumaron a la marcha esa misma tarde. La mayoría de los medios, tanto nacionales como de las provincias, destacaron esta jornada histórica en sus portadas.
La marcha, con repercusiones en Estados Unidos, Brasil, Chile Uruguay, España, Francia e Italia, tuvo también respuestas inmediatas. Desde la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, se informó a la población que el viernes 5 de junio había quedado conformada la Unidad de Registro, Sistematización y Seguimiento de femicidios y de homicidios agravados por el género, a través de la Resolución Nº 1449, con el objeto de contener los casos ocurridos en todo el territorio nacional.
Sin embargo la violencia contra la mujer no se erradica de manera simple, rápida y mucho menos con un clic. El año comenzó con el caso de los feminicidios de las turistas argentinas Marina Menegazzo y María José Coni, en las playas de Montañita, Ecuador. Sin que aún este determinado si los asesinos actuaron por cuenta propia o si se hablamos de un caso de trata de personas. “Lo sí queda evidenciado es a la violencia que, aún después de muertas, somos objeto las mujeres por el sólo hecho de ser mujeres, como se nos tilda de responsables de nuestros propios asesinatos y la multiplicación de discursos de odio hacía la mujer a través de la red”, señala Spitia.
Que las preguntas que resuenen sigan repitiéndose con el foco en culpar a la víctima, es algo que desde las redes y desde nuestros lugares tenemos que cuestionar: ¿Por qué viajaban solas?, ¿estarían tomando o bailando esa noche?, ¿qué ropa usaban?, ¿qué estarían buscando?, ¿usaban drogas? Cada una de estas frases contiene un claro componente misógino que se reproduce en conversaciones digitales y de carne y hueso.
Al momento de cerrar este artículo una campaña violenta #MujerGolpeadaesMujerFeliz se posicionaba como tendencia entre los hashtags de México y España. Al instante grupos de mujeres organizadas y de manera individual respondían con #MujerRespetadaesMujerFeliz y #RespuestaFeminista. La disputa se ve en línea: bots, personas de tipi-tapa* rápido y redes ciberfeministas que se ponen en contacto a la velocidad de la luz para contrarrestar el discurso agresivo, con mensajes sobre nuestros derechos, creatividad, ironía y presencia en internet.
Internet es un espacio político y debemos apropiárnoslo con inteligencia y creatividad. Reclamar leyes que nos amparen y profundizar una ciber-educación ciudadana desde el respeto y la libertad de expresión. Internet tiene memoria y tanto los daños (como las caricias) que allí se ejercen tienen consecuencias reales.
Publicado por elespectador.com – loqueimporta.co – Actualidad – 16/05/16 -

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