jueves, 19 de mayo de 2016

Discriminación de género y de orientación sexual, también en la investigación científica

Tras varios escándalos notorios, el mundo científico comienza a instaurar unos mecanismos más efectivos para evitar el acoso sexual y la discriminación de género y de identidad sexual.

Los años cincuenta y sesenta representaron un cambio sustancial en la posición de las minorías en EE.UU., especialmente la de origen africano, con un reconocimiento explícito de sus derechos civiles en plano de igualdad con la mayoría de origen europeo. La implementación de estos derechos en todos los nichos sociales sigue siendo una deuda pendiente, aunque el avance sea evidente. La liberación de la mujer y su incorporación al mercado de trabajo han experimentado un itinerario paralelo.
Un proceso análogo ha ocurrido con los derechos de la comunidad homosexual: desde lossucesos de Stonewall de 1969, que iniciaron un activismo organizado, hasta el reconocimiento del matrimonio entre personas del mismo sexo por parte de la Corte Suprema de aquel país, ha sido un largo proceso. El formalismo legal, sin embargo, no implica necesariamente una plena aceptación social. Esta se encuentra en una fase más lenta que requiere un proceso de aprendizaje que se extiende a lo largo de varias generaciones. Ahora, la Administración Obama intenta implementar baños públicos para personas que no se identifiquen con los géneros mayoritarios y ha iniciado un litigio con el estado de Carolina del Norte por prácticas consideradas discriminatorias y rechazadas por multitud de intelectuales y empresas.
Discriminación en el ámbito científico
El mundo académico, especialmente el científico, no está exento de estos problemas. A pesar de la percepción general de que se trata de una comunidad aséptica y en buena medida asexual, en los despachos universitarios y en los laboratorios coexisten personas muy diversas. Así, sexismo, racismo y otras formas de discriminación, incluyendo la de identidad sexual, también pueden hacer acto de presencia.

Uno de los problemas esenciales es la debilidad a la que se encuentran sometidos los estudiantes o investigadores jóvenes frente al poder cuasi absoluto de figuras relevantes del mundo académico

Uno de los casos más sonados estalló el año pasado en la universidad de California en Berkeley. El catedrático Geoffrey Marcy, conocido astrofísico por el descubrimiento de decenas de planetas fuera del sistema solar y firme candidato al premio Nobel, tuvo que renunciar a su puesto debido a una acusación de acoso sexual de una exestudiante. Esta denuncia pública desencadenó la aparición de otras. En su carta de renuncia, Marcy reconoció un comportamiento inadecuado aunque se justificó argumentando problemas de comunicación y una interpretación inadecuada de la situación. Sin embargo, la investigación del comité de ética de la universidad mostró que este comportamiento se había mantenido durante dos décadas y, lo que es peor, era conocido por sus colegas y que había denuncias anteriores que habían sido silenciadas.
Así, una solidaridad mal entendida por parte de compañeros y gestores había permitido un comportamiento inaceptable. Uno de los problemas esenciales es la debilidad a la que se encuentran sometidos los estudiantes o investigadores jóvenes frente al poder cuasi absoluto de figuras relevantes del mundo académico. La futura carrera de aquellos depende del responsable del equipo de investigación y una denuncia, de ser ignorada por los estamentos, puede truncar las posibilidades de promoción o la futura búsqueda de trabajo. Otra actitud viciada se encuentra en la ingente cantidad de recursos que científicos prominentes pueden traer a los centros de investigación y que podrían peligrar de hacerse públicos los comportamientos poco éticos de estos. Sin embargo, desde el estallido de este escándalo y de otros similares, diferentes instituciones educativas y ligadas a la investigación se han propuesto una política de tolerancia cero con este tipo de comportamientos.
Un largo camino por recorrer
En paralelo, también dentro del campo de la astronomía, varios conocidos investigadores han revelado que han cambiado de sexo. Estos hechos han reforzado las políticas de nula tolerancia contra la discriminación de cualquier origen. Frente a las declaraciones genéricas en las contrataciones de personal o admisiones de estudiantes características del mundo anglosajón, ahora comienzan a aparecer guías para un comportamiento adecuado dentro del mundo laboral. La Agencia Espacial Europea ha implementado su propio código, pero el proceso va más allá. Diferentes congresos científicos empiezan a incluir en sus instrucciones sobre la participación anuncios sobre la conducta adecuada, rechazando de manera explícita cualquier forma de discriminación o incluso comentarios vejatorios, y dejando claro que una actuación inadecuada implicaría la inmediata expulsión de la  conferencia. Se trata, por tanto, de fomentar un ambiente de libre discusión científica sin tensiones inducidas por comentarios inapropiados o avances no solicitados.

Se trata por tanto de fomentar un ambiente de libre discusión científica sin tensiones inducidas por comentarios inapropiados o avances no solicitados

En España, sin embargo, queda aún un largo camino por recorrer. Diferentes estudios muestran que fuera del sector público las mujeres tienen salarios sensiblemente menores a los de sus colegas masculinos. Pero incluso dentro de los organismos públicos de investigación y de las universidades dependientes de los Gobiernos autonómicos existe una evidente diferencia en los niveles de  gestión y de liderazgo de los grupos de investigación, predominantemente masculinos, cuando sin embargo existe un cierto equilibrio de género en los niveles inferiores (aunque es cierto que hay diferencias muy significativas dependiendo de las áreas). Por tanto se hace necesaria la implementación adecuada de políticas de igualdad, con un rechazo proactivo de cualquier forma de discriminación.
La paridad forzosa, sin embargo, es insuficiente y en muchos casos es rechazada por investigadoras de prestigio, que afirman que se minusvalora así sus carreras. En cualquier caso, como sucede en otros países, la forma más efectiva de acabar con al desigualdad y la discriminación está en la educación y en la actitud de cada uno: un lenguaje no sexista o discriminatorio y conducta inclusiva y tolerante que acepte la diversidad de manera explícita. La defensa de los derechos humanos es una labor que atañe a todos los miembros de la sociedad civil.

Publicado por bez.es – mayo/2016



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