sábado, 18 de abril de 2015

Tradición muestra resistencia de las mujeres quilombolas en la preservación de la Caatinga

Gilvaneide y María Aparecida usan práctica de almacenamiento de semillas aprendida de los padres. Fuente: Núcleo de Comunicación de la Casa de la Mujer del Nordeste/ASA)

La ancestralidad está más viva de lo que se piensa en el Semiárido de Pajeú, en Pernambuco. Las agricultoras Gilvaneide Gomes, 49 años, y María Aparecida Gomes, de 46 años, reproducen hace años una práctica de almacenamiento de semillas que aprendieron de sus padres y heredaron de sus abuelos.
La tradición y adopción de viejas prácticas de convivencia con el semiárido mantiene la riqueza de conocimientos y la conservación de especies nativas del bioma de la Caatinga. Esa experiencia es contada y vivida en el Quilombo Feijão, en el municipio de Mirandiba, Pernambuco.

"Esas semillas vienen de los más viejos, ellos seleccionaban las mejores y las guardaban para el año siguiente", dice dona Gilvaneide, al describir las semillas criollas, que se trata de la reproducción de semillas nativas sin modificación genética, garantizando la originalidad y la calidad. "Las semillas más antiguas aquí son de poroto ‘canapú’ y ‘bastião’, que existen desde fines de la década de 1960, mucho antes de nacer", completa.
Con la auto-organización y la lucha de las mujeres quilombolas, el grupo consiguió apoyo para la construcción de un banco de semillas para el quilombo. Toda la comunidad se involucró en la construcción y producción de las especies. Durante el proceso, formaron una comisión que organiza y cuida las semillas traídas, son los llamados guardianes. "Cuando el agricultor o la agricultora trae la semilla al banco, los guardianes ponen el nombre de la persona y el año en que esa semilla llegó, siempre que precisen la semilla va a estar aquí, pero, cuando la toman, tienen que devolver el doble para que el banco no se acabe", explica María Aparecida.

Para ellas, ese banco de semillas tiene un valor simbólico, porque además de ser una herencia de la ancestralidad, también ha colaborado para incentivar a los/las jóvenes en la continuidad de la tradición y en el rescate de otras semillas que quedaron olvidadas en el tiempo, como los porotos "enrica mujer”, "paulistinha”, "canapú”, "rajado”, "bastião” y otras variedades de culturas. Gilvaneide recuerda que "antes las personas se quedaban esperando la semilla del gobierno, comían las suyas y se quedaban sin nada para plantar y producir, después la cosecha no era tan buena".
Con esta técnica, las mujeres quilombolas están almacenando semillas de plantas del bioma Caatinga, tanto medicinales como otras que ayudan en la sustentabilidad del suelo, a través del Proyecto "Mujeres en la Caatinga", ejecutado por la ONG Casa de la Mujer del Nordeste.

María Aparecida y Gilvaneide Gomes son parte de las 210 mujeres que están al frente del proyecto en la conservación de la Caatinga y en la recuperación de áreas degradadas. Además de estar compartiendo sus saberes y conocimientos con otras mujeres de la región.
Su preocupación es que esas semillas continúen siendo producidas, contribuyendo a la calidad de vida de las mujeres y hombres del quilombo. Con lluvias, esperan resultados -banco de semillas lleno, maquinaria funcionando y auto-organización.


Publicado por ADITAL Brasil - Comisión Pastoral de la Tierra – 15/04/15 -

María Eugenia, la cuarta mujer asesinada por su expareja en 2015. (Córdoba – Argentina)

San Francisco se conmovió con el crimen de la maestra jardinera en la guardería infantil. El hombre la mató con un cuchillo, al frente de los niños. Ella tenía botón antipánico, pero no llegó a usarlo. ¡Basta!,

 Los casos de mujeres asesinadas por sus exparejas siguen y suman. Ayer, la violencia de género agregó un capítulo de horror en la ciudad de San Francisco.
Poco antes de las 11, Mauro Bongiovanni (45) entró como una tromba al centro vecinal de barrio Jardín. Atravesó la puerta y caminó unos metros hasta llegar a su objetivo: su exesposa María Eugenia Lanzetti (45), maestra jardinera en la guardería maternal Estrellitas Traviesas, que funciona en esa sede junto a un centro de salud barrial. Sin mediar palabra, de arrebato, la mató con varias cuchilladas en el cuello.
Marita –como la conocían–no tuvo tiempo para reaccionar ni para activar el botón antipánico, que le habían entregado el año pasado luego de haber denunciado amenazas y golpes del hombre con el que había estado casada. Bongiovanni la hirió mortalmente frente a un puñado de pequeños asistentes a la guardería, la mayoría de muy corta edad y algunos bebés.
ANÁLISIS. ¡Basta!, por Alejandro Mareco
La pareja, con dos hijos de 17 y 21 años, estaba separada y con trámite de divorcio iniciado.
El fiscal Bernardo Alberione, de los Tribunales de San Francisco, prefirió la cautela al brindar ayer precisiones sobre el hecho, pero fue claro al apuntar la responsabilidad de Bongiovanni; confirmó que fue visto por testigos en la guardería y detenido media hora después del hecho.
Alberione indicó que el detenido era un paciente psiquiátrico, con tratamiento ambulatorio, a cargo de un familiar. Una versión que circulaba ayer respecto de que habría estado internado en un centro de salud mental y habría escapado para cometer el crimen quedaría descartada.
“Entró decidido a hacer lo que hizo. No agredió a ninguna otra persona. Lo hizo y huyó al instante”, relató el fiscal.
Bongiovanni fue detenido cuando salía de su casa, con su ropa ensangrentada. El cuchillo que utilizó fue secuestrado.
El fiscal lo imputó por el delito de homicidio calificado por el vínculo y quedó preso en la cárcel de San Francisco.
Anoche, se esperaban los resultados de la autopsia que precisara las heridas que le provocaron la muerte de manera instantánea a la maestra.
Antecedentes
El año pasado Marita había presentado una denuncia por violencia familiar contra su exesposo. Por eso, él tenía impedimento de contacto físico con la mujer e imposibilidad de acercarse al domicilio, y ella recibió un botón antipánico para alertar a la Policía sobre eventuales riesgos, según confirmaron fuentes judiciales. Alberione indicó que la mujer no lo accionó desde septiembre de 2014 en que lo recibió.
El fiscal también confirmó que a Bongiovanni le hicieron dos pericias psiquiátricas tras las denuncias de acoso y amenazas de su exmujer, que determinaron que él comprendía la criminalidad de los hechos.
Consternación

Los vecinos de barrio Jardín no salían de la conmoción ayer. Les resultaba imposible imaginar esa escena en la guardería barrial. Carlos Bonsano, presidente del Centro Vecinal, precisó que hacía varios años que Marita estaba a cargo de ese servicio. “Era muy apreciada por todos acá. Un referente, por su calidad humana y su forma de ser”, contó, consternado.
“No podemos creerlo”, parecía la frase más repetida entre los vecinos, frente al vallado policial en el sitio del hecho.
El primero con botón
No llegó. El crimen de ayer en San Francisco representa el primer caso, desde que en marzo de 2013 la Provincia creó el programa Salva, de asesinato de una mujer que contaba con el botón antipánico. Se presume que fue sorprendida por el agresor, sin poder activarlo. Hasta ahora, se entregaron 1.100 a mujeres que denunciaron amenazas o violencia familiar, en una veintena de ciudades cordobesas. En San Francisco hay nueve.
Alertas. Desde que existe este plan de botones antipánico, hubo 305 detenidos en toda la provincia, por alertas de ese sistema. Veintiuno de ellos tenían armas de fuego o armas blancas.

Publicado por La Voz – Córdoba – (Argentina) – Corresponsalía – 16/04/15 -

Los vaivenes de la moral nacional

Entrar en el libro Moralidades y comportamientos sexuales. Argentina 1880-2011 (Biblos), que compilaron Dora Barrancos, Donna Guy y Adriana Valobra, es como adentrarse en un camino sinuoso a lo largo de poco más de un siglo donde no hay evolución sino devenir por el suelo barroso de lo aceptado y lo condenado, de lo estigmatizado y lo socialmente reconocido en materia de goces y costumbres que se marcan y se desmarcan del binomio masculino/femenino para poner en primer plano la rebelión constante –aun silenciada en algunos tramos– por conquistar la soberanía de los cuerpos, soberanía que en el caso de las mujeres está todavía conculcada por la penalización del aborto. 

En esta entrevista, Barrancos habla de esta historia particular y de los claroscuros que todavía conviven en un país donde hay, por ejemplo, una ley de identidad de género pero a la vez, en ciertas regiones, se siguen aplicando edictos policiales en nombre de una moral heterosexista y patriarcal.

Es como irse de viaje. Moralidades y comportamientos sexuales. Argentina 1880-2011, compilado por Dora Barrancos, Donna Guy y Adriana Valobra (Biblos), reúne una colección de textos que empieza con la sexualidad de las mujeres que vivieron en los cacicazgos pampeanos y patagónicos en la segunda mitad del siglo XIX, mostrando el poder comunal que ellas practicaban a través del erotismo, la medicina, la farmacopea, la magia, la reproducción y la hospitalidad, pero también las consecuencias de cuando ellas se convirtieron en botín de guerra de la conquista. De ahí al nomadismo de las prostitutas (analizado en los prontuarios policiales de Rosario) y el nomadismo de sus nombres (Germaine y Luisa eran los más exitosos, pero también Lola, Fany, Odette e Ivonne). Luego vienen los médicos: cuidar el útero y los ovarios es cuidar la Nación. Sin embargo, hay un underground urbano popular que se desmarca de la moral sexual de las clases bajas que proponía la medicina y que describieron Gino Germani y José Luis Romero: más bien Buenos Aires era lugar, a principio de siglo, de sexo en las calles y en los parques y los folletines burlaban a los varones que se entregaban a “hacer la mineta” (cunnilingus). Pero también hay historias trágicas: los suicidios en los burdeles. Y la estigmatización: como decía la revista Feminil en 1925, para ser feminista hay que ser fea y estar bastante frustrada y vieja. La opción era convertirse en “reina del hogar”, un ideal de domesticidad capaz de estabilizar la apertura al mundo obrero para aquellas mujeres que se integraban a las fábricas de cigarrillos, textiles, calzado y alimentos. Y sí, en medio de los cambios de época, se daba crédito a las fragilidades en las lealtades amatorias, las parejas tenían la opción de cruzar el charco y matrimoniarse en Uruguay, donde se guardaban la posibilidad revocatoria y, con ello, un mayor margen de autonomía. La preocupación por los desvíos, mientras tanto, iba en aumento. Ya en los años ’50, el ministro de Salud Ramón Carrillo sistematizó las “perversiones del instinto de reproducción”: por exaltación (erotomía, ninfomanía, ilusión delirante), por deficiencia (frigidez e impotencia), por inversión (uranismo, tribadismo y pederastia) y por sustitución (bestialidad, necrofilia, onanismo, exhibicionismo, fetichismo y amor felatrix). Fue en la misma década también donde se da la primera experiencia clínica de diagnóstico y orientación en materia sexual a cargo del médico inspector de la Dirección Nacional de Sanidad Escolar José Opizzo. Por su lado, las mujeres que deseaban a otras mujeres podían refugiarse en el Tigre, una suerte de zona liberada, o encontrarse en fiestas y lidiar con la policía y la sanción social con recursos de clase bien diferenciados. En paralelo y sin descanso, la tematización del onanismo será una cruzada de la Iglesia y se retroalimentará con los gobiernos autoritarios: la misión era excluir todo goce improductivo, autónomo y sin objetivo social. Mientras, la inmoralidad del clero aparecía en los medios (el caso Massolo fue uno de los más renombrados: un cura que en los ’50 asesina brutalmente a su mujer, madre de sus tres hijos, mantenidos en secreto). El celibato como camuflaje de una sexualidad voraz de los religiosos aparecía entonces y retorna en las últimas décadas con el abuso sexual de menores.
Pero llegaron los años ’70 y el erotismo y la experimentación amorosa se montaron en la izquierda armada. A la virilidad guerrillera de Estrella Roja, el periódico del ERP, se sumaba la gráfica de El Descamisado, órgano de prensa de Montoneros, pero más allá de las doctrinas, las vidas intensas de la militancia joven implicaban lazos fluidos en medio del peligro, no sin conflictos dentro de las organizaciones. En los primeros años ’80, y especialmente con la vuelta de la democracia, empiezan a nutrirse los circuitos nocturnos, como forma de salir de a poco del terror en los cuerpos. Y, mucho más acá, están las leyes. La que se logró: la innovación de la Ley de Identidad de Género (2012) es analizada como desafío a la imaginación jurídica a partir de las experiencias trans. El debate por la Ley de Salud Reproductiva y Procreación Responsable motorizado de manera militante por la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito sigue abierto. La doble moral sexual está presente, como dice el libro en su cierre, en la construcción de los derechos civiles de las mujeres desde el siglo pasado a nuestros días, como “escena fundadora” de sujetas que siempre intentan ser sujetadas: aun así, la erosión del orden patriarcal se hace palpable como un largo camino que seguimos transitando. Su piedra fundamental son las miles de mujeres que siguen muriendo por abortos clandestinos.
De ese viaje, de largo aliento, conversamos con una de sus organizadoras: Dora Barrancos, pampeana de nacimiento, recibida de socióloga en 1968 en la Universidad de Buenos Aires, exiliada durante la dictadura en Brasil. Es allí donde entra en contacto con el movimiento feminista, las lecturas de Michel Foucault y realiza estudios en historia. De regreso al país, empieza sus investigaciones sobre el anarquismo y el socialismo. Entre sus libros más importantes se destaca Mujeres en la Sociedad Argentina. Una historia de cinco siglos. Fue diputada por la Ciudad de Buenos Aires, donde el año pasado ha sido declarada ciudadana ilustre. Actualmente es directora del Conicet en representación de las Ciencias Sociales y Humanas.
¿Cómo se asocia moralidad y sexualidad en la historia argentina del último siglo largo?
–Siempre diremos que la moralidad convencional toma una forma tan canónica que es un imperativo. Y en realidad esa moralidad convencional es desde siempre la heterosexualidad obligatoria y una condena sobre la homosexualidad y/o las sexualidades disidentes. En realidad, la sexualidad misma ha sido paramétricamente ocultada. La sexualidad se pone a tono con la tarea historiográfica de manera muy reciente. Esto no significa que no hubiera antecedentes, incluso muy anteriores al propio Foucault. Por ejemplo, el caso de (Eduard) Fuchs es extraordinario, alguien que hizo de manera precursora de la historieta un objeto de análisis y a quien el propio Benjamin le ha reconocido méritos. Fuchs era negligentemente soportado porque era una gran bizarría. Ahora, la sexualidad convencional ha sido fuertemente retada porque aparece la agencia por los derechos sexuales. En realidad, la agencia por estos derechos tiene mucho que ver con el cauce feminista. Pero esto es paradójico porque el cauce feminista en sus inicios es canónicamente moral convencional. Sería imposible pedirles a nuestras feministas antecedentes que pensaran en los derechos de las sexualidades. De la misma manera que no se permitían ninguna perspectiva sobre lo erótico personal. Más bien, lo que ocurría era que un patriarcado ferozmente asediador de la condición femenina, abusador de la sexualidad femenina –y digo abusador en el sentido más estricto–, no habilitaba converger en un sentido de registro erótico. El erotismo estaba ausente del feminismo porque era una mala señal para sexualidades tan restrictas como las del siglo XIX.
¿Cuándo hay diásporas y discontinuidades respecto de esta moralidad?
–Solamente el feminismo de la segunda ola va a disponer de unos canales capaces de derecho al uso erótico de su cuerpo. Y luego vino el planteo de las disidencias en torno de los retos a la sexualidad hegemónica, que era una sexualidad por la cual había un desafío al patriarcado de entonces. Es lo que Judith Butler nos recuerda permanentemente. El reto butleriano no es al patriarcado, es al feminismo. También Teresa De Lauretis tuvo una cuestión precursora en este sentido que me gustaría señalar. Las sexualidades disidentes han estado vetadas, aunque obviamente en el largo período que tratamos siempre ha habido sexualidades disidentes. Aun si siempre ha habido formas de tapar la sexualidad por la moralina convencional, también siempre ha habido insurgencias que, desde luego, se han pagado caro. Yo no creo para nada –como por ejemplo lo plantea Salessi– que haya habido un campo moral especialmente dedicado a la homosexualidad. La masturbación era más punible en todo caso desde el punto de vista pedagógico. Desde luego, las condenas a la homosexualidad se hicieron más fuertes entonces, pero como condena social. Aquí disiento con la argumentación de que en el siglo XIX aumentó la penalidad. En algunos lugares, como es el caso de Inglaterra, se impuso la penalidad, pero hay que tener en cuenta que al Parlamento le costó mucho sancionar la homosexualidad. Sobre todo porque era una práctica standard de todo el sistema educativo oficial. Podía no querer ser vista pero era absolutamente evidente y conocida. Estoy convencida de que el panorama no era tal que propiciara un clímax homofóbico que llegara al aumento de penalizaciones. Pero sí efectivamente creo que se expandió la condena social y, en Argentina, especialmente entre las capas medias.
Estamos hablando de homosexualidad masculina, ¿verdad?
–Claro. Diferente es el caso de la homosexualidad femenina. Podía no ser vista, podía no ser condenada porque, por ejemplo, que dos mujeres estuvieran viviendo juntas en una casa y que se cuidaran era un reflejo más de la condición femenina de los cuidados y de la pasividad. Desde luego que no se me escapa que la homosexualidad femenina era más condenada que la masculina, porque era más bizarra y porque era considerada como un fraude: ¡parecían amigas y no lo eran! Es la idea del engaño social. Además, creo que el lesbianismo pudo asomarse con dentadura, con hincamiento propio, sólo recientemente. Como colectivo, apenas un poco antes que nuestras amigas las travestis.
¿Por qué?
–Porque evidentemente la homosexualidad masculina recibió menos hostilidad. Sobre todo en varios momentos, cuando en las clases altas estaba más consentida. Pero creo que con el lesbianismo todavía hay hostilidad. No es lo mismo entre las adolescentes jóvenes de clase media. Aunque también conozco chicas de las clases populares cuyas familias no las hostilizan. Pero si tuviera que conjeturar, digo que hoy las chicas lesbianas son mucho más objeto de hostilidad que los pibes homosexuales. Todavía persiste esa idea de que el lesbianismo es simbólicamente más fraudulento. Pero aún no tenemos trabajos antropológicos o sociológicos actuales sobre la homofobia y la lesbofobia.
Esa disrupción que marcaste con el feminismo de la segunda ola, ¿cómo se daba en Argentina esa apertura más allá de las moralidades convencionales?
–Creo que en Argentina aparece con la recuperación democrática porque en realidad mi propia generación no estaba atenta a esto. No éramos feministas. Teníamos una mirada progresista respecto de ciertos vínculos. No recuerdo un grupo que haya sido altamente censurador pero éramos... cómo decirlo... mi generación era comprensiva pero no dispuesta a ninguna labor especial de reconocimiento de nuestras compañeras lesbianas. De hecho, las primeras agencias de esos grupos gay, como Néstor Perlongher y sus compañeras y compañeros, eran de muchísimo coraje porque en el progresismo, en Argentina y en el mundo, la última fórmula que ingresa es la sexualidad. Digamos que la Argentina en ese punto no era demasiado peculiar. Pero, colocándome en la atmósfera de la época, el ambiente más progre seguía pensando en una cuestión necesariamente terapéutica. El propio psicoanálisis no salía del canon de la perversión. Y ser psicoanalizado era ser progresista en Argentina. Son construcciones oximorónicas. Por eso digo que la reemergencia del feminismo fue importante como un cauce para pensarse porque es a partir de entonces que hay necesidad de volver sobre todos y todas las excluidas. Es en los ’90, en torno de la cuestión gay, como dice mi amigo Ernesto Meccia, que aparecen todas estas cosas. Y luego una reflexión de sí de las compañeras lesbianas. La aparición de Ilse Fuskova en el programa de Mirtha Legrand allá por el año ’91, aun en ese escenario, fue toda una construcción de sentido. Por supuesto que Mirtha Legrand no sabe ni de cerca el significado que eso tuvo ni tampoco conviene que se lo digamos. Pero ese acto fue notable porque a pesar de estar absorbido en el contexto mediatizado por alguien que contradice lo que son las filiaciones progresistas, sin embargo se produce y tiene impacto.
Tiene aun así su eficacia perfomativa...
–Exacto. A partir de aquello muchxs salieron del closet. Pero insisto que, salvo los grupos más adolescentes, creo que hoy queda mucho de conservadurismo. Esto es importante porque hay una cuestión generacional que es la que va rompiendo los sentidos establecidos. Pero muchachas de cuarenta años que se animan a darse el gusto todavía lo hacen bajo caución.
¿Cómo atraviesan la cuestión de clase estos modelos de sexualidad y moral?
–En el libro hay claramente una distinción entre sexualidad en clases populares, clases medias y altas. No hay nada que hacerle: este fenómeno está cruzado por la clase. La mayor parte de los estudios contemporáneos tiene un corte de clase: la mayoría se hace sobre varones homosexuales de clase media. Es muy difícil llegar a los sectores populares. Mi conjetura es que pueden haber sido más agresivos en la disposición verbal, pero finalmente las clases populares están llamadas a saldar de algún modo las diferencias, porque no hay más remedio. En las clases medias hay otros lujos: pueden decir no te veo más. En las clases populares, por ejemplo, una hija que se va con una chica, finalmente la madre la necesita, entonces se terminan juntando. Es decir, hay que hacer un corte de clase en estos comportamientos porque si no no los entenderíamos. Y los sectores populares finalmente se amuchan con sus estropicios de verbalidad y, no por idealizarlos, pero hay una cuestión afectiva y de necesidad existencial y, no porque sean ideológicamente más perfectos, sino porque opera una especie de resiliencia contra las formas individualistas. Lo mismo pasa con los embarazos adolescentes, que hasta por momentos los hace más felices, mientras que para la clase media son casi una tragedia. Es cierto que hablamos de clase media y no se la puede pensar como un todo aglutinador. Dentro de ella hay segmentos. Y no hay que olvidarlos. Porque si no se generaliza, como se usa ahora decir: “La clase media no la quiere a Cristina y todavía las mujeres de clase media la quieren menos”. Creo que hay que explicarla por tramos, porque hay una buena parte que es progresiva y que está dispuesta a hacer un buen escrutinio que ampare la decisión del hijo gay o de la hija lesbiana.
O sea que los cambios se han dado aun si ciertos sectores de las clases medias sigan siendo horripilantes desde una perspectiva progresiva.
–Pero efectivamente son los sectores populares los menos analizados desde el punto de vista de las sexualidades disidentes a continuidad.
Estas agencias y debates, ¿perforan también la percepción y el significado de la prostitución?
–Podríamos decir que la percepción de la prostitución de hoy no tiene nada que ver con la de hace 60 años, cuando toda chica que mostraba un escote era vista como prostituta. O una muchacha que en los ’50 tenía amores con dos o tres muchachos ya quedaba completamente escrachada, y te estoy hablando de la universidad, donde las casquivanas seguían siendo casquivanas y había muy poca tolerancia a aquellas que se levantaban unos cuantos varones. La cuestión de prostituta, como locución, en realidad tiene una serie de conversiones, pero depende a qué grupos de mujeres aludan. Creo que hoy tiene mucha más repercusión decir “gato” que prostituta. Prostituta ha dejado de tener los efectos perturbadores que tuvo. Gato, en cambio, refiere a la idea de gente que no tiene necesidad de hacerlo pero lo hace vinculados a ciertos personajes políticos.
La Iglesia y la tutela del Estado son dos vectores de análisis en el libro. ¿Qué podría decirse del rol actual del Papa?
–El Papa nos pone en problemas porque está haciendo diástole y sístole todo el tiempo. El Papa hace lo posible por ser una nueva tolerancia humanística. Estando en México, escuché la entrevista que le hizo la cadena Televisa y me impactó porque el Papa habla de entrecasa. Y dijo algo muy interesante sobre debatir el tema de los divorciados que se vuelven a casar y soslayó, pero lo introdujo, el problema de la sexualidad. Luego, en el movimiento de diástole, hizo un comentario “antigender” y lo dijo así en inglés, no lo pudo decir en castellano. (Dijo Francisco: “...la enseñanza de la teoría del ‘gender’, entonces es una cosa como que va atomizando a la familia, ¿no? Esa colonización ideológica que destruye la familia, ¿no? Por eso yo creo que del Sínodo saldrán cosas muy claras, muy rápidas, y que ayuden a toda esta crisis familiar, que es total ¿no?”.) La Iglesia es un problema desde el punto de vista de su teluria contra la sexualidad y las sexualidades disidentes en particular. Claro que ése es el canon, luego está la vida real. Lo que sí creo es que la tutela del Estado se ha aflojado mucho. Hay dos razones. La cuestión gay y el Estado preocupado por el HIV, que lo obligó a visibilizar, hacer lugar y hacer un esgrima para reconocer actores –lo cual no quiere decir que aplaudiera– que eran fundamentales para la lucha contra el sida. Después vinieron las grandes reformas del Estado, impensadas en este país. El Estado argentino, como todos los estados pero éste en particular, ha sido muy adverso a los derechos personalísimos. Pero también está el Poder Legislativo, que es un poder del Estado, y este país tiene la ley de matrimonio igualitario y la ley de identidad de género. Esta es una ley única y Dinamarca la está copiando. En muchos países hay prerrogativas garantizadas, como España y Uruguay, pero el caso de Argentina es diferente. Y yo estaba preocupada porque una ley de género podía ser categorial, podía categorizar.
¿En qué sentido?
–¿Qué es la sexualidad sino un apunte de afinamiento con el deseo? ¿Por qué tiene que ser una categoría política? Lo es sólo por la exclusión. Lo mismo pasa con la categoría mujer: se vuelve una categoría política por la exclusión. Lo que debemos desear es que la ley no categorice a las personas porque si no la libertad promete estar conculcada por la propia ley. No podés congelar las sexualidades en las categorías. Yo creo que las sexualidades están abiertas, ¡¿qué sabemos del devenir de las sexualidades?! Ese es el punto: el Estado argentino se puso al día con derechos personalísimos y, más allá de realidades provinciales graves –¡hay edictos en algunas provincias!–, la ley de identidad de género es una gran rehabilitación de un Estado que estaba muy atrasado.
La migración, en diferentes partes del libro, aparece claramente como sujeto de denuncia de una moralidad extraña... ¿Ves que es una constante?
–Es que todo lo desconocido suena a moralmente débil. Tiene algún tipo de labilidad moral. Y esto porque el enclave de la sexualidad es tan decisivo que efectivamente la otredad carga con una noción de disparidad moral. Y si es dispar moral, algo de diferencia sexual hay: vaya a saber cómo hacen el acto sexual, qué perversiones trae, qué tipo de imaginación puede impulsarlos. Esto es lo que siguen evocando lxs migrantes, lo que se complica por la propia manifestación física. Por ejemplo, cuando alguna gente ve un negro de Senegal en Buenos Aires. Para un fascista o reacccionario, ¿qué es un negro de Senegal? Seguro que hay una agregación, una connotación sexual que es inherente a la moral. Cuando se habla de perspectiva ética, la referencia es otra: sobre la licitud de los actos, el buen cuidado, el gobierno recto de las cosas. En cambio, la palabra moral arrastra una arcilla de sexualidad.
En su Historia de la sexualidad, Foucault cuestiona la proliferación de los discursos sobre la sexualidad como forma normativa. Luego hay una idea de deseo que se desmarca de lo que vos llamabas justamente la categorización y opera a favor de los devenires. ¿Cómo pensás aquella discusión de Foucault con relación al libro?
–Hablar de sexualidades entonces era retener el esquema de la moralidad sexual. Por eso Foucault dice que hay una habilitación de la burguesía: si más hablamos, más sujetamos la sexualidad a través del control por medio del discurso. Ahí la paradoja: son las tretas de lo que podría ser lo performativo. Cuanto más hablás, más la retenés en un recalcitrante represivo. Probablemente, convenga hablar menos de sexualidad e indagar las derivas del deseo. Acá lo hacemos como parte de un camino historiográfico que incluía la censura de ciertas sexualidades. De todos modos, yo creo que el estatuto del deseo sí tiene algunas inhibiciones que no niego. Por ejemplo, sujetar sexualmente a alguien no está permitido, no está dentro de mi canon de las aperturas todavía insondables del deseo. Por eso la cuestión de la pedofilia, por ejemplo. Yo creo que esas derivas del deseo siempre abiertas se combinan con todo lo que sintoniza con la autonomía humana.


Publicado por Página12 – Suplemento las12 – Argentina – 17/04/15 -

Irán nombra a su primera embajadora desde la Revolución de 1979

La portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, Marzié Afjam, se convertirá en la primera embajadora nombrada por el Gobierno iraní desde la Revolución de 1979, ha informado la agencia de noticias Mehr. Afjam ha sido además la primera mujer que ha ocupado el cargo de portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores y será la primera y única embajadora del régimen de los ayatolás.

Todavía se desconoce el destino que ocupará la embajadora y tampoco se sabe quién asumirá sus funciones en la portavocía del Ministerio de Asuntos Exteriores.
La agencia Reuters ha explicado que Afjam será la primera embajadora nombrada por el actual régimen y la segunda mujer que asume este cargo en la historia reciente del país, después de que Mehrangiz Dolatshahi estuviera al frente de la legación diplomática iraní en Copenhague en la década de los 70.

Los grupos defensores de los Derechos Humanos han criticado al Gobierno iraní por los abusos contra los derechos de las mujeres, incluidas las altas tasas de violencia de género y los matrimonios forzados impuestos a niñas.
El presidente iraní, Hasan Rohani, prometió en su campaña electoral en 2013 mejorar la situación de los derechos de las mujeres pero los avances, según Reuters, van despacio. Su predecesor en el cargo, Mahmud Ahmadineyad, nombró en 2009 a la primera mujer al frente de un Ministerio.


Publicado por AmecoPress -  Madrid – Redacción – 16/04/15 -

Historia de Mujeres: Gabriela Mistral

Hoy nos introduciremos en la biografía de uno de los personajes más importantes y reconocidos de la literatura chilena y latinoamericana, Gabriela Mistral, la primera mujer hispanoamericana galardonada con el Premio Nobel.

Lucila de María del Perpetuo Socorro Godoy Alcayaga, aunque conocida por todos por su seudónimo “Gabriela Mistral”, nació el 7 de abril de 1889, en Vicuña, Chile. Tras acabar sus estudios, comienza a trabajar como docente en escuelas como Escuela de La Compañía o La Cantera, y a colaborar con diferentes periódicos como “La Voz de Elqui”, “Coquimbo”, o “La Reforma”.

En 1908, el escritor L. Carlos Soto Ayala, introduce en su obra “Literatura Coquimbana”, algunos de los poemas escritos por Gabriela Mistral como “Ensoñación” o “Carta íntima”, entre otros.
Pero verdaderamente, su carrera literaria comenzaría en el año 1914, gracias a la publicación de su obra “Sonetos de la muerte”, ganadora del concurso literario “Juegos Florales”. Al mismo tiempo que seguía con su carrera literaria, proseguía su carrera como docente, realizando viajes por Estados Unidos, México y Europa estudiando los diferentes métodos de enseñanza, y llegando incluso a ser nombrada cónsul de su país en España o Estados Unidos, entre otros países.

Su siguiente obra la publicaría en el año 1922, “Desolación”, una recopilación de poemas al que siguieron otras obras de poesía como “Ternura”, de 1924, “Tala”, publicada en el año 1938 y considerada una de sus obras más importantes, o “Lagar”, de 1954, entre otras.
En 1922 iniciaría su etapa en México, donde colaboraría con el gobierno en la reforma de la educación y escribiría “Rondas de niños”, una obra poética para el público infantil, publicada en 1923, y “Lecturas para mujeres”, de 1924. Dos años después, sería nombrada secretaria del Instituto de Cooperación Intelectual de la Sociedad de Naciones.

Gabriela Mistral tuvo que hacer frente a dos hechos fatales en su vida. El primero fue el suicidio, en 1909, de Romelio Ureta, el amor de su vida; y el segundo fue también el suicidio de su hijo adoptivo Juan Miguel Godoy Mendoza, en 1943, tras oponerse la escritora a que éste contrajera matrimonio con una joven alemana.
En el año 1945 fue galardonada con el Premio Nobel de Literatura, y un año después iniciaría una relación sentimental con la escritora estadounidense, 27 años menor que ella, Doris Dana.
Tras una lucha contra un cáncer de páncreas y otros problemas de salud, Gabriela Mistral falleció en Nueva York, el 10 de enero de 1957. Tras su muerte se publicaron obras póstumas como “Poema de Chile”, “Motivos de San Francisco”, o “Cartas de Amor de Gabriela Mistral”, entre otras.

Gabriela Mistral es sin duda, una de las figuras literarias más importantes y reconocidas del panorama literario y cultural latinoamericano, llegando incluso, a servir de referente a figuras y personalidades tan relevantes como Pablo Neruda y Octavio Paz. Sus obras han sido traducidas a multitud de idiomas, y entre otros galardones que ha recibido, podemos destacar el Premio Nacional de Literatura que el gobierno Chileno le entregó en 1951, y varios Honoris Causa de universidades como California o Florencia, entre otras.


Publicado por La Guía 2000 - Lourdes Ortega Botella – 15/04/15 -


El femicidio de la maestra: una muerte que el autor había advertido - (Argentina)

Imputado, a prisión. Mauro Bongiovanni fue trasladado ayer del área de salud mental del hospital a la cárcel de San Francisco. Iba a ser indagado hoy, pero pidió que se postergue para designar abogado (Télam).


Varios testigos señalan que el detenido por el crimen de su esposa adelantó esa intención. La maestra será sepultada hoy.
Mientras que los restos de María Eugenia Lanzetti (45) serán sepultados hoy a las 10, su esposo Mauro Bongiovanni (45) pidió no ser indagado porque carece aún de abogado. El hombre está imputado de homicidio agravado por el vínculo, por uno de los casos más atroces de violencia de género que se recuerde en Córdoba en los últimos años. 
El fiscal Bernardo Alberione confirmó que el acusado sería indagado el lunes y precisó que fue trasladado a la cárcel local, con estrictas medidas de seguridad debido a que “presentó indicios de autoagresión”.
Los más allegados a la víctima cuestionaron el rol judicial al marcar que no se hizo lo suficiente ante los comportamientos de Bongiovanni que presagiaban un desenlace fatal.
La mujer fue sorprendida el miércoles, en su trabajo en una guardería infantil de un centro vecinal, cuando sin mediar palabra su esposo la atacó con un cuchillo y le provocó seis heridas mortales. 
La escena macabra se completó ante la presencia de cinco niños de entre uno y tres años, que eran atendidos por María Eugenia.
María de los Ángeles Bertorello, amiga íntima de la víctima, contó a este diario que la mujer sufría un verdadero calvario desde que en mayo de 2014, tras una fuerte golpiza, se separó de su marido. Actualmente, tramitaba el divorcio.
“No la cuidaron ni le dieron protección. Él no estaba haciendo un tratamiento psiquiátrico como corresponde. Se internaba unos días después de algún episodio y cuando quería se iba”, afirmó Bertorello. 
La mujer marcó que el agresor hacía “una vida normal” y que hace apenas unos días regresó de un viaje al Caribe, junto a un amigo. 
“Del primer episodio de violencia hasta que le dieron el botón antipánico pasaron varios meses y ella vivía con miedo”, indicó la amiga. También relató, como otros testigos, que en dos oportunidades, cuando ya tenía restricción de acercamiento, el marido entró a la casa armado para amenazarla de muerte. Otro dato es que, en una oportunidad ante el servicio de salud mental del hospital, Bongiovanni advirtió que “la mataría y después se suicidaba”. 
“Era un martirio vivir de esa manera porque él la seguía, la acosaba y vivía a sólo 50 metros”, dijo Bertorello.
Mientras, la Policía designó a una psicóloga para atender a los niños que vieron el crimen en la guardería y asesorar a sus familias. Según se indicó, eran cinco menores de 1 a 3 años.

Publicado por La Voz – Córdoba (Argentina) – María Laura Ferrero – 17/04/15 -

Campesinas latinoamericanas abren surcos de un feminismo propio

Un grupo de mujeres indígenas participan en uno de los debates de la V Asamblea Continental de Mujeres del Campo, en el marco de VI Congreso de la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo-Vía Campesina, celebrado en la localidad argentina de Ezeiza, en el Gran Buenos Aires. Crédito: Fabiana Frayssinet /IPS

Organizaciones campesinas de América Latina intentan definir los conceptos de un feminismo  “campesino y popular”, que incorpore una cosmovisión rural, no siempre coincidente con la de las mujeres urbanas, o modelos económicos alternativos.
Para Gregoria Chávez, una veterana campesina de la noroccidental provincia argentina de Santiago del Estero, el feminismo incluye “las luchas y el apoyo de los compañeros para defender las tierras”.
Hasta hace poco, para ella el feminismo era un concepto extraño. Pero como otras tantas campesinas latinoamericanas en sus localidades, ahora protagoniza las batallas en su provincia contra  el avance del monocultivo de la soja y el desalojo de pequeños productores.
“A veces arrastramos esa concepción del feminismo como lo habíamos aprendido, de que para enfrentar al machismo hay que tener una actitud opresora también. Pero aquí no se trata de predicar eso, sino un feminismo con una actitud de solidaridad entre compañeras y compañeros”: Deolinda Carrizo.
“Yo pienso que la mujer es importante en el campo porque tiene más coraje que el varón. Yo no tengo miedo a nada. Siempre les digo a mis compañeras que sin coraje no vamos a conseguir nada”, relató a IPS.
Definir un feminismo propio no es tarea fácil para la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo-Vía Campesina, que celebra su  VI Congreso entre los días 10 y 17 de este mes, en el municipio argentino de Ezeiza, que forma parte del Gran Buenos Aires.
Pero sus integrantes tienen claro que no se limita a una “simple agenda de igualdad de género”.
La profundización del feminismo en el ámbito rural fue parte del debate de la V Asamblea Continental de Mujeres del Campo, un foro en el marco del Congreso que congregó a 400 delegadas de 18 países latinoamericanos y caribeños y se clausuró el martes 14.
Como ilustró Deolinda Carrizo, del argentino Movimiento Nacional Campesino Indígena, en la Asamblea al menos se intentó “abrir esos surcos cada vez más”.
El término de feminismo asusta  a muchas campesinas, según Rilma Román,  delegada de la Asociación Nacional Agricultores Pequeños de Cuba. Ella también integra la coordinación de la organización internacional Vía Campesina, donde la mitad de sus líderes son mujeres, según destacó.
“Asusta porque muchas veces se piensa que feminismo es que las mujeres estemos solas  luchando contra los hombres, que somos dos bandos”, explicó a IPS.  “Es un tema prácticamente nuevo en nuestros debates. Creo que hay que darse un tiempo para poder explicar y  llegar a un consenso”, opinó la delegada cubana.
Hay que explicar, por ejemplo, temas como el de la diversidad sexual. “Antes era muy difícil que en una comunidad campesina encontraras travestis que se manifestasen. Había mucha auto represión y represión que existe todavía”, relató Carrizo.
“A los más viejos les cuesta mucho entender que hay compañeros que tienen otra opción sexual. Poco a poco vamos viendo cómo abordar el tema y a animarlos a que lo acepten”,  agregó.


Tres generaciones de mujeres rurales recolectan vainas de algarroba en el pueblo de San Gerónimo, en la noroccidental provincia de Santiago del Estero, en Argentina. Las campesinas latinoamericanas producen la mitad de los alimentos de la región. Crédito: Fabiana Frayssinet/IPS

La V Asamblea de mujeres rurales reconoce la “contribución histórica” del feminismo, pero parte de un concepto diferente al del “capitalismo” que, interpretó Carrizo,  impuso la explotación, inclusive la de género.
Prefieren definirlo bajo la lupa de la reforma agraria, la disputa contra las corporaciones transnacionales agrícolas, la concentración de tierras y agua,  el agro negocio y la mega minería, que excluye y margina a hombres y mujeres.
 “Pero las mujeres, especialmente las del medio rural siempre fueron más excluidas”, contextualizó  Marina dos Santos, del brasileñoMovimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra.
También lo están de las políticas públicas de salud o educación, destacó a IPS.
“En Brasil están cerrando escuelas rurales. Los puestos de salud, cuando los hay, no tienen médicos, enfermeras o medicinas. Muchas mujeres en el campo comienzan su trabajo de parto y por falta de hospitales o transporte terminan muriendo”, subrayó.
También se margina a las mujeres de la titularidad de la tierra o el acceso al crédito rural.
“La mujer es la que más trabaja pero es la última que tiene acceso a la tierra y la más explotada como mano de obra barata. El éxodo rural hizo que los hombres salgan cada vez más a trabajar fuera, y las mujeres se quedaron con la parte de subsistencia de sus familias”, ejemplificó Santos.
“Los terrenos se adjudican primero al hombre. Las mujeres que somos cabeza de familia, que no tenemos compañeros, no tenemos posibilidades porque debemos tener como referente a un hombre”,  agregó Luzdari Molina, de la Federación Sindical Agropecuaria de Colombia.
“Otra particularidad, como sucede en Colombia, es que las mujeres del campo todavía están muy poco escolarizadas, porque tenemos que ocuparnos del hogar”, detalló a IPS
Las participantes en la V Asamblea destacaron como a las faenas domésticas y el cuidado de la familia, a las mujeres se les suma el peso de la producción de alimentos.
“En Santiago del Estero, hay épocas que tienen que ir al corral a atender los cabritos o vacas.  Cuando los hombres se van (como trabajadores temporeros a otras provincias), la mujer se queda sosteniendo el trabajo del hogar y de la tierra”, añadió Carrizo.
“Las campesinas no somos reconocidas como trabajadoras. En mi región (el departamento colombiano de Boyacá) desde las tres de la madrugada estamos levantadas para ordeñar vacas, cuidar la casa, preparar el desayuno para obreros, atender nuestra propia producción y el día se nos va”, planteó Molina.
Las mujeres rurales,  según la argentina Carrizo, son también las que han ejercido históricamente el rol de “guardianas de las semillas” y por ello viven como “violencia” los intentos de “privatización de las semillas”.
Igualmente sienten como violencia, aseguró la lideresa campesina argentina,  las fumigaciones con pesticidas, porque afectan “la salud de nuestros hijos y nuestra, porque causan abortos espontáneos, malformaciones, y  acumulación de estos venenos en la leche materna”.
Además, la brasileña Santos destacó que en aquellos problemas de género que son comunes con las mujeres urbanas, la situación se agrava para quienes viven en el campo. Citó como ejemplo el caso de la violencia doméstica, que empeora porque las comisarías especializadas de la mujer están en las ciudades.
En Colombia, añadió argumentos Molina,  “no hay nada que les garantice a las mujeres alejarse del territorio donde han sido agredidas”, lo que evita las denuncias.
“Los vecinos dicen no me meto, las cosas de pareja se arreglan debajo de las cobijas (mantas). Pero cuando se llega a los extremos, la comunidad va al entierro y hace misas para que le salven el alma del pobre marido. Es muy triste pero es real”, lamentó.
La cuestión es cómo abordar esos temas, a veces aceptados como naturales.
“En el campo  hay mucho machismo y muchas mujeres lo traen incorporado desde que nace”, observó la cubana Román.  “Hay compañeras o compañeros que creen que queremos que se separen las familias, o el divorcio”, agregó.
Por eso, planteó Carrizo, debería considerarse la “diferencia de cosmovisión de cada pueblo”.
“La mujer campesina en Colombia, por ejemplo, no se siente identificada como feminista. Lo que les choca (de la mujer urbana) es una cuestión de clase, que tienen ciertas comodidades y actividades diferentes a las suyas”, acotó Molina.
“A veces arrastramos esa concepción del feminismo como lo habíamos aprendido, de que para enfrentar al machismo hay que tener una actitud opresora también. Pero aquí no se trata de  predicar eso, sino un feminismo con una actitud de solidaridad entre compañeras y compañeros”, argumentó Carrizo.
La inequidad en cifras

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), 58 millones de mujeres viven en zonas rurales de América Latina y representan una pieza clave de la seguridad alimentaria regional, de la preservación de la biodiversidad y de la producción de alimentos saludables.

Pero, pese a que producen la mitad de los alimentos de la región, las mujeres rurales viven en situación de desigualdad social, política y económica. De aquellas de más de 15 años, solo 40 por ciento cuentan con ingresos propios y ostentan apenas 30 por ciento con la titularidad de la tierra, 10 por ciento de los créditos y cinco por ciento de la asistencia técnica.
Publicado por IPS – EZEIZA  (Argentina) – Fabiana Frayssinet – 17/04/15 -

Ataques con ácido martirizan a miles de mujeres en India

Miles de mujeres jóvenes que sobrevivieron a los ataques con ácido padecen consecuencias físicas, psicológicas y sociales. Crédito: Zofeen Ebrahim / IPS
Vinita Panicker, de 26 años, se considera “la mujer más desafortunada del mundo”. Hace tres años, su esposo, que sospechaba que tenía un amorío con su jefe en una empresa de programas informáticos en India, le arrojó una botella de ácido clorhídrico al rostro mientras dormía.
Su bonito rostro de antaño hoy es una superficie desfigurada de piel quemada y tensa, con la nariz, los labios y los párpados casi completamente sin relieve. La sobreviviente sigue ciega de un ojo, aunque gastó 10.000 dólares en 12 cirugías reconstructivas y dos operaciones a la vista.
"Es mucho menos tangible pero la discriminación, de amigos, familiares y vecinos, duele más": Shirin Juwaley.

De ganar un salario de cinco cifras en dólares como profesional de la informática, Panikker pasó a trabajar como cocinera en una organización sin fines de lucro. “Mi vida dio un giro de 180 grados. De ser una profesional exitosa, me convertí en una rechazada social sin recursos propios ni familia”, dijo a IPS.
Los ataques con ácido causan estragos en la vida de miles de mujeres jóvenes que rechazan propuestas de matrimonio, insinuaciones sexuales o que se ven atrapadas en el fuego cruzado de las disputas domésticas.
En la sociedad patriarcal de India, los hombres que se sienten despreciados recurren al ácido como arma de represalia.
El ácido “daña y quema severamente el tejido de la piel, a menudo dejando expuestos e incluso disolviendo los huesos”, explicó Rohit Bhargava, dermatólogo del hospital Max, en Noida, un distrito suburbano del norteño estado de Uttar Pradesh, donde se perpetraron 185 de los 309 ataques denunciados en 2014 en este país de más de 1.200 millones de habitantes.
Algunas de “las consecuencias a largo plazo son la ceguera, cicatrices permanentes en la cara y el cuerpo, discapacidad y desfiguración física de por vida”, añadió el médico.
Pero algunas sobrevivientes aseguran que las cicatrices psicológicas son las que más tardan en sanar. También hay ramificaciones sociales, ya que los ataques suelen dejar a las víctimas discapacitadas en diferentes niveles, lo que incrementa su dependencia de sus familiares, incluso para las actividades cotidianas más básicas.
Shirin Juwaley, una víctima que puso en marcha la Fundación Palash para promover la reintegración social y medios de vida alternativos de las personas desfiguradas, afirma que la exclusión social es mucho más dolorosa que los daños físicos. “Es mucho menos tangible pero la discriminación, de amigos, familiares y vecinos, duele más”, dijo a IPS.
En 1998, el marido de Juwaley la roció con ácido después de que ella le pidiera el divorcio. Aunque lo denunció varias veces a la policía, él sigue libre.
En la actualidad, Juwaley  viaja por el mundo dando conferencias sobre el impacto social, económico y psicológico de las quemaduras de ácido. Su organización también estudia la exclusión social de quienes viven con sus cuerpos alterados.
El lento avance de los medios de disuasión legal
El Fondo Internacional de Sobrevivientes al Ácido (ASTI), una organización humanitaria con sede en Londres, calcula que cada año se producen unos 1.000 ataques con ácido en India. Pero, dada la ausencia de estadísticas oficiales, otros activistas sostienen que la cifra podría llegar a los 400 ataques por mes.
“El temor a las represalias impide que muchas mujeres denuncien su terrible experiencia”, señaló Ashish Shukla, coordinador de Paren los Ataques con Ácido, una organización independiente con sede en Nueva Delhi, que rehabilitó a más de 100 víctimas desde su fundación en 2013.
Estos ataques “son incluso peores que la violación ya que las víctimas, que generalmente son mujeres, son sometidas a la humillación diaria. La mayoría… son rechazadas y condenadas al ostracismo”, observó Shukla.
El activista añade que la apatía oficial y del público provoca la doble victimización de las sobrevivientes. “Se ven obligadas a comparecer varias veces ante la justicia, relatar su trauma y visitar a los médicos, mientras que deben lidiar con su tragedia personal por la desfiguración física, la pérdida de empleo y la discriminación social”, dijo.
Según la ley de Derecho Penal (Enmienda) de 2013, la condena para quienes ataquen con ácido a otra persona implica un mínimo de 10 años de prisión hasta la cadena perpetua.
La Corte Suprema de India dictaminó en julio de 2013 que todos los estados deben regular la venta de sustancias como el ácido clorhídrico, sulfúrico o nítrico, que suelen utilizar los atacantes, y que los compradores deben presentar un documento con una fotografía que los identifique, en el momento de la compra. Los vendedores, a su vez, deben registrar el nombre y la dirección de cada cliente.
Sin embargo, la mayoría de los comerciantes con los que habló IPS ignoraban la medida. “Es la primera vez que oigo hablar de este fallo”, sostuvo Suresh Gupta, dueño de Gupta Stores, una pequeña tienda de Noida.
Los activistas advierten que este horrendo tipo de violencia de género no cesará hasta que el gobierno dificulte la adquisición de estos materiales. Actualmente, las botellas de un litro de ácido se pueden comprar sin receta médica por apenas 33 centavos de dólar.
A principios de mes, la Corte Suprema dispuso que los hospitales privados deben tratar gratuitamente a los sobrevivientes de ataques de ácido y que los estados deben tomar medidas contra los centros médicos que no cumplan con la medida.
Los expertos recomiendan que India siga el ejemplo de sus vecinos Pakistán y Bangladesh. En este último, los ataques con ácido bajaron de 492 casos en 2002 a 75 en 2014, según ASTI, luego de que el gobierno incorporó la pena de muerte para este tipo de delitos.
Leyes más severas en Pakistán permitieron un aumento de 300 por ciento en el número de mujeres que denuncian los ataques.
India avanza más lentamente, aunque los gobiernos de los estados de Haryana y Uttar Pradesh dieron un buen ejemplo al financiar la totalidad del costo del tratamiento médico de algunos sobrevivientes.
Ritu Saa es un ejemplo. La joven de 20 años que debió abandonar sus estudios tras un ataque con ácido perpetrado en 2012 por su primo es hoy una mujer económicamente independiente. Trabaja en Cafe Sheroes’ Hangout, una iniciativa de Paren los Ataques con Ácido en la ciudad de Agra, en Uttar Pradesh, que emplea a varios sobrevivientes.
“La campaña y el gobierno me ayudaron mucho. Hoy, tengo un empleo, un salario digno, buena comida, alojamiento y me mantengo por mí misma”, comentó Saa.
Aunque la mayoría de las víctimas son mujeres, según los activistas también crece el número de hombres atacados con ácido, ya que un tercio de todos los casos denunciados por año se deben a riñas sobre la propiedad o disputas financieras entre hombres.

Publicado por IPS – Neeta Lal – Nueva Delhi – 17/04/15 -