miércoles, 23 de diciembre de 2015

Noruega imparte a los refugiados clases sobre conducta sexual. Un programa voluntario pretende enseñar a los inmigrantes que vienen de sociedades conservadoras a adaptarse a una cultura de igualdad de derechos.

Refugiados sirios en un campo de refugiados de Osmaniye (Turquía), el 15 de diciembre.

Noruega ha comenzado a impartir clases a los hombres refugiados sobre sus normas y leyes sexuales para ayudarles a adaptarse a una sociedad en la que las mujeres tienen más derechos, llevan menos ropa y pueden salir a la calle sin acompañamiento masculino.
El programa voluntario de cinco horas de duración se ofrece a nivel nacional e implica discusiones en grupo sobre sexo y violación enseñando que las vejaciones consideradas "honorables" en ciertas sociedades conservadoras, en Noruega son ilegales y vergonzosas.
En los manuales repartidos en el programa se asegura que "forzar a alguien a mantener relaciones sexuales no está permitido en Noruega, incluso si estás casado con esa persona".
Algunos abogados daneses están presionando para que las mismas clases se ofrezcan en la ciudad alemana de Passau, un punto clave en la entrada de inmigrantes donde adolescentes refugiados ya están participando en actividades similares.


¿INTEGRACIÓN O ESTIGMATIZACIÓN?

Muchos países europeos han evitado iniciar este tipo de iniciativas ya que temen que, en vez de potenciar la integración, puedan estigmatizar a los refugiados como violadores potenciales y alimentar la retórica anti-inmigración.
"Muchos refugiados provienen de culturas en las que no hay igualdad entre géneros y las mujeres son propiedad de los hombres", ha declarado Per Isdal, psicóloga clínica de la organización noruega Alternativa a la violencia. "Queremos ayudarles para que se adapten a su nueva cultura", ha asegurado Isdal.

Abdu Osman Kelifa es un refugiado eritreo que ha acudido a las clases voluntarias noruegas. "En Eritrea si alguien quiere a una mujer, solo tiene que tomarla y no será castigado", ha relatado Kelifa al periódico estadounidense 'The New York Times'.
Kelifa asegura que ha aprendido a no malinterpretar como señales el hecho de que una mujer lleve minifalda, le sonría por la calle o no vaya acompañada por ningún hombre por la noche. Aún así, declara que para él es difícil hacerse a la idea de que una mujer pueda acusar a su marido de violación.

Publicado por elperiodico.com – Barcelona – 22/12/15 -

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