lunes, 21 de abril de 2014

“Ser transexual no me define como persona”

A pesar de los trámites y procedimientos médicos que deben concretar, Ophelia y Victoria son claras: ser transexuales no las define como personas. Son más que su sexualidad y sus cuerpos. Lo dicen con respeto: ser trans no es sinónimo de ser trabajadora sexual, como parecen dictar los estereotipos homofóbicos.

 Ophelia Pastrana (izq.) y Victoria Volkóva  (der.).
Ophelia Pastrana -mujer, mexicana- no tiene pasado, tiene versiones de sí misma. Nació en Colombia, en 1982, y creció bajo el nombre de Mauricio. Hace unos años llegó a México e inició dos procesos: su nacionalización y su cambio de sexo. Es ella, pero los papeles insisten en decir que es él. Tiempo después, voló a Medellín para cambiar su nombre. Y de un trámite, en vez de un parto, nació Ophelia.
Pero, otra vez, su sexo original quedó inamovible: M de macho, no de mujer, como es el estándar colombiano en los documentos.
“Machísimo”, ataja. Y se ríe.
Ophelia Pastrana, mujer, mexicana, de 1.90 de estatura y con el cabello rubio, la que tiene más de 23 mil seguidores en Twitter (@OphCourse), legalmente no existe. “Es un seudónimo”, argumenta con ironía.
Aunque ya es mexicana, no ha logrado concretar su cambio sexo-genérico, permitido en la Ciudad de México, porque debe iniciar un juicio contra el Registro Civil para modificar su acta de nacimiento. Pero ella no nació en México sino miles de kilómetros al sur, donde está su acta. Y eso la lleva al mismo punto: Ophelia Pastrana no existe, al menos ante la Ley.
El siguiente paso para que logre ser quien ella es, será entablar un juicio de amparo contra la Cancillería y el Gobierno capitalino, bajo la lógica de que no le están dando los mismos derechos que al resto de los mexicanos, sólo por ser naturalizada.
“Es un caso bien divertido, un hoyo legal bien curioso”, y se vuelve a reír, con esa risa ligera de quien toma con el mejor humor un sendero de trámites que aún se advierte largo.
Victoria Volkóva es una documentalista de sí misma: abrió su propio canal en YouTube para dejar constancia de cómo las hormonas iban haciendo efecto y Víctor, ese cuerpo en el que nació y que no era suyo, poco a poco iba desapareciendo.
Victoria en la actualidad está bajo tratamiento médico en la Clínica Condesa del Gobierno del DF. Decir “está” es algo impreciso, pues seguirá tomando hormonas y medicamentos de por vida. Agradece que el suministro sea gratuito, de lo contrario tendría que desembolsar hasta 2 mil pesos en pastillas a la semana.
Se queja, en cambio, que la Clínica Condesa no sea una autoridad en los juicios de reasignación sexo-genérica de sus propios pacientes:
“Ellos no pueden hacerme ninguna carta diciendo que realmente llevo tanto tiempo en este tratamiento y que realmente soy una persona trans. Y ellos no hacen tu peritaje”. La solución ha sido contratar un médico externo que avale su transición.
Aunque su viejo nombre sigue apareciendo en su tarjeta bancaria o en algún trámite, ella lo toma con humor. “Cuando preguntan por Víctor digo que soy su novia”, explica. O, más bien, dice eso porque no quiere andar dando explicaciones.
Ellas, Ophelia y Victoria, viven en el mismo apartamento en algún sitio del DF. Se indignan por todo lo que deben pasar. Se apoyan, y ríen, porque a final de cuentas lo están pasando juntas.
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A pesar de los trámites y procedimientos médicos que deben concretar, Ophelia y Victoria son claras: ser transexuales no las define como personas. Son más que su sexualidad y sus cuerpos. Lo dicen con respeto: ser trans no es sinónimo de ser trabajadora sexual, como parecen dictar los estereotipos homofóbicos.
Ophelia tiene estudios en Física y Economía, y se ha especializado en desarrollar código para sitios web y en la creación de estrategias de marketing digital. Es una invitada recurrente en foros digitales. Es una geek.
Victoria es maquillista, asesora de modas y, a veces, también modelo. Es una estrella de YouTube gracias al registro que hizo de su transición.
Viven a diario la discriminación. A veces más, a veces menos. Pero tampoco andan con miedo y salen cada día a hacer su trabajo. Cuando cuentan sus anécdotas sobre todo lo que les ha pasado, parecen competir por ver cuál es más patética. A Ophelia una vez la corrió un mesero de un restaurante porque no había un baño para gente “como ella”, y a Victoria la sacaron del baño de mujeres de Reforma 222 porque no podía estar ahí.
Otra ocasión, cuenta Ophelia, la Policía federal la detuvo en el Aeropuerto del DF porque su aspecto no coincidía con el de sus documentos. Venía de Corea del Sur, donde se sometió a una cirugía para adelgazar su voz, y no debía hablar. Acabó gritando y con un desgarre en la garganta. La dejaron ir como si nada. “Me trataron como narcotraficante”, recuerda.
También está el dilema cuando alguien las invita a salir. Tienen una regla: dejar en claro desde el inicio su condición, para evitar sorpresas. No es su parte favorita de tener citas, pero lo prefieren así. Es por honestidad, pero también por su propia seguridad.

Y siempre está esa pregunta que todos parecen hacerse siempre sobre sus cuerpos. Pero son claras: lo que tengan entre sus piernas, a nadie más que a ellas les incumbe.
“Ser transexual es algo tan pequeño de ti. Yo no soy quien soy porque soy transexual. Ni ser transexual me define. Soy muchas más cosas antes que ser transexual”, reflexiona Victoria.
Publicado por: ANIMAL POLÍTICO – Rafael Cabrera – 21/04/14 -
Foto de: Emily Gómez Ramsey







Mujeres de la Biblia del antiguo Testamento. DALILA

"Después de esto aconteció que se enamoró de una mujer en el valle de Sorec, la cual se llamaba Dalila" (Jueces 16:4).
Léase: Jueces 16:4-20.
Dalila tenía su casa junto a la orilla del río Sorek, una mujer que fue instrumento de los jefes de los filisteos para reducir a la impotencia a Sansón.
Sansón es el héroe de Dios. Su aparición como liberador de Israel permanece en misterio. Fue escogido y equipado por Dios para este propósito en una forma singular.
Pero Sansón, el héroe, mostró un defecto fatal, el de sucumbir fácilmente a los encantos de las mujeres. Una mujer lo subyugó y sacó ventaja de su dominio sobre él.
Incluso ya antes de conocer a Dalila, Sansón en Gaza vio a una ramera y se llegó a ella. Los filisteos lo acecharon a las puertas de la ciudad para echarse sobre él al amanecer.
Pero a media noche Sansón se levantó y « tomando las puertas de la ciudad con sus dos pilares y su cerrojo, se las echó al hombro y se fue.
Después de esto se enamoró de esta mujer en el valle de Sorec, que se llamaba Dalila.
El nombre nos suena hermoso, y lo que halló Sansón en su casa fue peor que la muerte.
La mujer le fingió amor y le sedujo para que en prueba del amor con que él había de corresponder al suyo, le dijera cuál era el secreto de su fuerza. «¿Cómo dices: Yo te amo, cuando tu corazón no está conmigo ?»
Tres veces consecuetivas Sansón le dio una falsa respuesta. Al tratar de ponerla a prueba Sansón se demostraba invencible: el secreto no había sido revelado.
Dalila fue tejiendo una red inextricable de engaño y seducción. Fue presionándole cada día, e importunándole, hasta conseguir reducir su alma «a mortal angustia».
Entonces él le reveló finalmente el secreto. Esta vez
Sansón fue reducido a la impotencia en manos de sus numerosos enemigos.
La execrable calidad moral de esta mujer, que se pone al servicio por «cien siclos de plata» concedidos por cada uno de los jefes filisteos no exonera de su culpa a Sansón.
Dalila es una critatura infame en las páginas de la Biblia, pero Sansón no debía visitar prostitutas en Gaza o en Sorec. Sansón había perdido el temor de Jehová.
El aspecto que nos interesa hacer resaltar de la conducta de Dalila es simplemente que usó su atractivo femenino ilegítimamente, con un propósito destructor y homicida.
Sin embargo, toda mujer que finge amor y usa las armas de su vanidad y coquetería para conseguir sus fines egoístas, está haciendo un juego paralelo al de Dalila.
El encanto femenino y el atractivo del cariño son dones de Dios. La mujer los ha recibido del Creador.
Dios castigará a quien los use de un modo trivial o frívolo, pues los ha concedido con propósitos mucho más elevados.
Fuente consultada: www.jesuselbuenpastor.org -


Ruanda se atreve a tener dulces sueños, y con sabor a helado

De todos los rincones de Ruanda, e incluso del vecino Burundi, la gente llega en bandadas al sureño poblado de Butare para conocer la pequeña tienda Inzozi Nziza (dulces sueños) y degustar algo desconocido: un helado.

Aquí, en la primera heladería de la historia de esta nación del centro de África que abrió sus puertas hace cuatro años, los clientes pueden ordenar helado suave en sabores como crema dulce, fruta de la pasión, fresa y piña. Las coberturas incluyen frutas frescas, miel y granola artesanal. También se sirve té negro de Ruanda y café.
El pequeño comercio, cuyo eslogan es “Helado. Café. Sueños.”, explota la curiosidad ruandesa por un dulce desconocido, y está “cambiando vidas”, dijo Louise Ingabire, su gerenta.
Sentada ante una mesa de su negocio, a punto de devorar un helado suave con sabor a miel, Ingabire, de 27 años, dijo a IPS: “El helado es importante. A mí me gusta porque me da energía, pero también es relajante. A algunos ruandeses les gusta, pero es algo nuevo. Todavía tenemos trabajo que hacer para darlo a conocer”.
Louise Ingabire, de 27 años, está al frente de Inzozi Nziza (dulces sueños), la primera heladería de Ruanda, ubicada en Butare. Crédito: Amy Fallon/IPS
“Yo no tenía empleo, simplemente me quedaba en casa. Ahora tengo una visión sobre mi futuro. Estoy ganando dinero y puedo darle parte de él a mi familia”, dijo.
Butare, que tiene 89.600 habitantes y se ubica a 135 kilómetros de Kigali, la capital, es sede de la Universidad Nacional de Ruanda. Y la heladería Inzozi Nziza se ha convertido en un centro social para estudiantes cansados que buscan algo dulce, fresco y diferente.
“Es algo que junta a la gente”, dijo a IPS la estudiante de ciencias agrícolas Kalisa Migendo, de 24 años.
“Si tienes que salir y conversar con un amigo o amiga, vienes a tomar un helado a Inzozi Nziza”, explicó.
La mayoría de los ingredientes del helado son locales, y la leche procede de una granja lechera de la cercana localidad de Nyanza. Las vainas de vainilla y los granos de cacao son importados.
Quien abrió Inzozi Nziza fue la directora teatral Odile Gakire Katese, también conocida como Kiki. Katese se juntó con Alexis Miesen y Jennie Dundas, dueñas de la heladería Blue Marble Ice Cream de Brooklyn, Nueva York, con quienes se asoció para inaugurar este negocio en 2010.
Katese cree que “una heladería puede ayudar a rearmar las piezas humanas, reconstruyendo espíritus, esperanzas y tradiciones familiares”, dijo Miesen a IPS.
Al comienzo, Miesen y Dundas eran las propietarias en asociación con las empleadas, y tenían acciones en la heladería, que es una cooperativa sin fines de lucro. No se fijaron objetivos financieros, pero esperaron 18 meses para transferir sus acciones a las trabajadoras, que habían demostrado sus habilidades empresariales
El éxito de esta heladería no es una excepción. Fatuma Ndangiza, vicepresidenta del Consejo de Gobierno de Ruanda, destacó que hay muchas pequeñas empresas de propiedad femenina.
Sin embargo, “en las grandes empresas, donde hay que competir por licitaciones, hay muy pocas mujeres. Son las recién llegadas a los grandes negocios”, dijo.
“Tenemos más mujeres empresarias. Es un área que está interesando a las mujeres, tanto dentro como fuera de Kigali”, agregó.
Aunque el helado es algo nuevo en Ruanda, ella defiende la idea del negocio.
 “Es genial. Requiere muchas habilidades y cambiar la mentalidad de la gente, porque hacer y tomar helados no es parte de nuestra cultura. Ser capaces de innovar e introducir la innovación en el mercado, y el proceso para lograrlo es muy interesante”, opinó.
Helados y tambores
La heladería de Butare emplea a nueve mujeres, y todas pasan su tiempo libre practicando con Ingoma Nshya, el primer y único grupo femenino de tamborileras de este país, creado por Katese hace 10 años.
La comparsa está compuesta por mujeres hutus y tutsis, algunas sobrevivientes del genocidio de 1994, en el que fueron asesinadas entre 800.000 y un millón de tutsis y hutus moderados.
Algunas integrantes de Ingoma Nshya son viudas, otras son huérfanas. Y las demás también se han visto afectadas de uno u otro modo por la matanza generalizada.
En Ruanda, las mujeres tenían prohibido tocar el tambor, y mucha gente consideraba el instrumento inadecuado y muy pesado para que lo cargara una mujer, dijo Ingabire.
“Es algo que genera unidad”, señaló esta mujer, que perdió a su padre, dos hermanos y muchos primos en el genocidio.
“Algunas somos sobrevivientes; otras conocen a alguien que fue asesinado. Tocar el tambor con ellas me da poder, porque todavía estamos vivas”, dijo.
El período oficial de duelo por el genocidio, del que se están cumpliendo 20 años, empezó el 7 de este mes y continuará hasta el 4 de julio.
En este plazo, las mujeres de la heladería de Butare también recordarán otro hecho simbólico en sus vidas: el cuarto aniversario de Inzozi Nziza, en junio.
La heladería también protagoniza un documental de los premiados hermanos cineastas Rob y Lisa Fruchtman.“Sweet Dreams” (dulces sueños) cuenta la historia de mujeres ruandesas que intentaron forjarse un futuro tras el genocidio, y también muestra a las tamborileras.
Se exhibió en más de una decena de países de América, Europa y África, incluyendo Estados Unidos y Gran Bretaña. En Ruanda se estrenará este año.
“La película trata sobre la resiliencia, la esperanza, la valentía, los recursos y la capacidad de cambiar el curso de nuestra vida”, dijo a IPS la cineasta Lisa Fruchtman, quien en 1984 ganó un premio Oscar al mejor montaj


 Publicado por: IPS – Butare (Ruanda) – Amy Fallon – 18/04/14 -

































Salvas de cañón para festejar el 88 cumpleaños de la reina de Inglaterra, Isabel II.

La reina de Inglaterra, Isabel II, fue saludada hoy con las tradicionales salvas de cañón lanzadas desde diferentes puntos por parte del Ejército británico en conmemoración del 88 cumpleaños de la monarca.
La soberana celebra hoy "en privado" esta señalada fecha en el Castillo de Windsor, a las afueras de Londres, según indicó un portavoz del Palacio de Buckingham, su residencia oficial en la capital británica.
Como es tradición, la Tropa Real de Artilleros a Caballo disparó a mediodía 41 cañonazos desde el céntrico Green Park en Londres como saludo a la Reina.
Antes de la llegada de esas tropas al concurrido parque londinense, el cumpleaños de la monarca quedaba marcado además por la interpretación de una orquesta militar que tocaba una selección de temas de celebración en honor a su majestad.
Una hora después, la Honorable Compañía de Artilleros lanzaba también otra salva de 62 cañonazos desde la Torre de Londres.
Isabel II, nacida el 21 de abril de 1926, acostumbra a celebrar su cumpleaños dos veces: en privado el día de su cumpleaños real, y después en una ceremonia oficial en junio, caracterizada por el célebre desfile militar "Trooping the color", cerca del palacio de Buckingham.
Con motivo de su cumpleaños, ayer se divulgó además un nuevo retrato de Isabel II realizado por el veterano fotógrafo británico David Bailey.
La nueva fotografía de la Reina, que aparece sonriendo, fue tomada en el Palacio de Buckingham -su residencia oficial-, en Londres, el pasado marzo.
Publicado por: AL DÍA CON TERRA – EFE – 21/04/14 -


Ya son 44 las niñas que escaparon de milicias islámicas en Nigeria

Las autoridades informaron que en las últimas horas, 14 de las niñas raptadas lograron escapar de sus secuestradores. Manifestaron que en total fueron secuestradas 129 estudiantes, y que continúan en la búsqueda de las 85 que todavía continúan en paradero desconocido.

Tras ser secuestradas por la milicia radical islámica Boko Haram el pasado lunes en una escuela, 44 niñas se encuentran en libertad, en el noroeste de Nigeria, mientras que 85 escolares continúan desaparecidas, informaron las autoridades estatales.
Autoridades informaron que en las últimas horas 14 niñas lograron escapar de sus secuestradores por lo que, junto a las 30 estudiantes que huyeron el pasado jueves, siendo 44 niñas el número de menores en libertad, explicó el comisionado de Educación del Estado de Bono, Inuwa Kubo, citado hoy por el diario local The Punch.
"De estas 14 niñas, tres están conmigo en la Escuela Gubernamental Femenina de Secundaria de Chibok (objeto del secuestro), mientras que el gobernador del estado, Kashim Shettima, me ha confirmado que otras 11 niñas escaparon de su cautiverio", afirmó Kubo.
Estas niñas, explicó, ya han regresado con sus familias y están a salvo.
En total fueron raptadas 129 estudiantes, por lo que Nigeria continúa con la búsqueda de las 85 niñas que todavía siguen en paradero desconocido tras el ataque que las autoridades atribuyen a Boko Haram.
El portavoz del Ejército, el general Chris Olukolade, explicó que la información divulgada en un principio que se obtuvo sobre el terreno procedía de un "canal oficial" y se publicó "de buena fe", si bien resultó ser errónea, lo que fue un hecho "desafortunado".
Según los testigos citados por los medios locales, el secuestro de las escolares ocurrió la noche del lunes, cuando unos 50 hombres armados llegaron a Chibok en un convoy de vehículos y prendieron fuego a edificios públicos y viviendas.
Después se dirigieron a la escuela local de enseñanza secundaria, donde capturaron a todas las estudiantes que pudieron y se las llevaron en un camión.
Boko Haram, que significa en lenguas locales "la educación no islámica es pecado", lucha por imponer la "sharía" o ley islámica en Nigeria, país de mayoría musulmana en el norte y predominantemente cristiana en el sur.

Publicado por:  TeleSur – 19/04/14 -

Santos nombró como alcaldesa interina de Bogotá a María Mercedes Maldonado

El presidente Juan Manuel Santos, antes de emprender su viaje a México para el homenaje a Gabriel García Márquez, tomó importantes decisiones sobre la situación en Bogotá.

El Jefe de Estado en rueda de prensa desde la mase militar de Catam anunció elnombramiento de María Mercedes Maldonado como la alcaldesa interina de la ciudad.
Maldonado hace parte de la línea más petrista de la terna presentada por la Alianza Verde Progresistas.

Santos se entrevistó con la alcaldesa interina antes de tomar una decisión. También se reunión con Guillermo Alfonso Jaramillo. Con Antonio Navarro Wolff no hubo ningún encuentro.
María Mercedes Maldonado Copello trabajó cerca de seis meses en el cargo desecretaria de Planeación, etapa durante la cual trabajó en la consolidación y aprobación del Plan de Desarrollo Bogotá Humana 2012-2016.

Es abogada de la Universidad Externado de Colombia, con estudios de doctorado en Urbanismo, Universidad de Paris XII. Su actividad profesional ha estado ligada con la academia como profesora del Instituto de Estudios Urbanos de la Universidad Nacional de Colombia, investigadora del CEDE y CIDER de la Universidad de los Andes y ha trabajado en diferentes entidades públicas y privadas, del nivel nacional y municipal, en temas urbanísticos, de derecho urbano y de vivienda.

Como asesora o consultora ha acompañado distintos procesos de formulación de normas y políticas en materia de ordenamiento territorial, reforma urbana, gestión del suelo y recuperación de plusvalías en Colombia, a nivel nacional, regional y municipal, con énfasis en la articulación entre políticas de suelo y vivienda de interés social.

Publicado por: elespectador.com – Bogotá – Redacción Política – 21/04/14 -

Rosario - Argentina: Niños y mujeres embarazadas, esclavos del narcotráfico.

La ciudad de Rosario saltó una vez más a la escena nacional con la “invasión” de gendarmes, policías federales y hombres de la Prefectura, para acabar con los narcos. Más allá de la destrucción de los búnkeres de venta de estupefacientes, la realidad demuestra que los traficantes siguen gozando de impunidad. 

Chicos descalzos hunden sus pies en el barro putrefacto acumulado en la vereda. No tratan de esquivar los charcos. Nacieron y son parte de esa realidad tremenda que trata de taparse con subsidios del Estado nacional. Pero los miles que tratan de convivir en La Banana, en Rosario, saben a ciencia cierta que no pasa nada con el arribo de un ejército de gendarmes, personal de Prefectura y Policía federal.

La supuesta invasión fue promocionada desde la Secretaría de Seguridad Nacional a cargo de Sergio Berni y recibida con aplausos por el gobernador de Santa Fe, el socialista Antonio Bonfatti.
El asentamiento de emergencia conocido como La Banana fue bautizado de tal forma por estar enclavado en una interminable curva de la avenida Avellaneda al 4800. En apenas 50 metros de ranchos y miseria, no se ponen de acuerdo si se trata de Villa Santa Teresita o barrio Avellaneda.
El sol del mediodía del jueves invita a salir afuera de los ranchos, sin importar la presencia de cuatro gendarmes y otros tantos policías rosarinos separados a varios metros, enviados como custodios de los escombros de uno de los cuatro búnkeres demolidos en las últimas horas en distintas zonas rojas de la ciudad, en un engañoso anuncio de tolerancia cero para los narcotraficantes.
Mientras el 80 por ciento de los rosarinos ignora o prefiere ignorar la “perforación” del comercio de las drogas en la sociedad y aplaude como Bonfatti el arribo de las fuerzas nacionales, lo real es que la corrupción de los funcionarios políticos, judiciales y, en especial policiales, supera todos los límites.
La herencia de “Los Monos”
Por estas horas, mafiosos de distinta laya se disputan la herencia de la conducción de “Los Monos”, la organización criminal narcotraficante más poderosa y peligrosa de Rosario.
Villa La Granada es un asentamiento ubicado a espaldas del imponente casino de Rosario. Tiene características similares a los que existen en la ciudad de Córdoba, en los que se cocina, almacena y vende droga, como Maldonado, Müller, Colonia Lola, además de otros contaminados por los estupefacientes como Marqués Anexo, donde la venganza y la muerte son moneda corriente.
La única diferencia es que en ese caserío humilde de Rosario, oculto detrás de la opulencia, reina el miedo. Y no es para menos, si en ese tugurio sembrado de túneles y en permanente contacto con la cárcel se planificaron planes macabros, incluida la frustrada ejecución de jueces y fiscales antimafia.
Publicado por: Diario La Voz – Córdoba (Argentina) – Miguel Durán – 20/04/14 -

LAS MUJERES DE AFGANISTÁN,

Han pasado yá muchos años desde que el régimen talibán –calificado por la ONU como el más misógino del planeta- fue derrocado por la fuerzas de coalisión lideradas por los EE.UU., tras mas de 6 años de dominio en Afganistán. El régimen negaba a las mujeres y niñas los derechos civiles básicos, como educación, salud, asistencia médica, trabajo.

Tenían prohibido consultar a un médico varón, y las médicas no podían trabajar. Tampoco podían salir de sus casas sino estaban acompañadas por un pariente varón. Los talibanes habían prometido paz y seguridad después de dos décadas de guerra y violencia, pero lo que les dieron fue presión.

El actual gobierno presidido por Hamid Karzai, había prometido construir una nación en las que se garantizara a las mujeres los derechos.  Y desde que empezó la guerra, en octubre de 2001, Estados Unidos prometió 15.000 millones de dólares para ayudar a la reconstrucción del país, pero hasta ahora sólo se distribuyó un tercio de esa cifra.
Los afganos confían la seguridad a tropas extranjeras hasta que se establezca su propio ejército, y en la ayuda externa para ingresar en el siglo XXI.  Pero las mujeres han descubierto que su esperanza de un nuevo Afganitán está
 muy lejos.  Deben luchar contra un patriarcado de siglos, que la guerra ha arraigado, y las pocas que han logrado empezar o retomar sus carreras son voces aisladas en un mundo de hombres.  Pero no se rinden. 
La ley patriarcal
"Me temo que estaremos aquí mucho tiempo", dice Rahima, de 35 años, mientras se acomoda el velo y alza a sus dos mellizas.  Aquí es la cárcel de Kabul para mujeres donde Rahima pasa sus días con otras 28 afganas y sus respectivos hijos, que son encarcelados con ellas.  Rahima dice que fue a prisión por negarse a casarse con su cuñado después de la muerte de su esposo,rechazando así la costumbre tradicional afgana.  Huyó de la casa de su familia política y su cuñado la hizo arrestar.  "Muchas se fugan de sus casas con un hombre y, para un gobierno islámico, ése es un gran delito", dice Khatol, la guardiana, que ha trabajado diez años en la cárcel.  "Me entristece verlas aquí, pero cometieron errores.  Deberían haber tenido matrimonios verdaderos, no por amor." Aun en la relativamente cosmopolita Kabul las mujeres todavía cumplen, por costumbre, algunas de las reglas más represivas de los talibanes: muchas siguen usando el burka, un velo que las cubre de la cabeza a los pies, y casi todas necesitan el permiso de su esposo para consultar a un médico.  Fuera de Kabul, sufren aún más. 
Temor por la vida
Leila Achakzai, de 26 años, vive con su esposo, Fahim, en la casa de su madre en Kabul.  Lella, que está a punto de tener su segundo hijo, dice que no tiene médico y que no sabe dónde dará a luz.  Aunque nació y creció en Kabul, jamás ha podido salir de su propio vecindario, de modo que la ciudad es para ella un misterio amenazante.
Cuando una mujer está embarazada, los afgailos dicen que está enferma.  En la Maternidad Malalai, la mayor del país, las mujeres son dadas de alta pocas horas después del parto por la enorme demanda de camas.  Pero el 97% de las mujeres afganas da a luz en sus casas porque tienen prohibido consultar a médicos varones y casi nunca disponen de medios de transporte para llegar a un tratamiento médico. Un informe reciente de Médicos por los Derechos Humanos indica que el 40% de las mujeres que mueren durante su período de fertilidad es por complicaciones en el parto.
La Maternidad Malalai está rodeada por un muro de cemento construido por los talibanes, con dos ventanucos diminutos.  Del otro lado acampan los hombres que esperan a las mujeres internadas; sigue sin permitírseles entrar, como durante el gobierno de los talibanes, y hablan con sus esposas por los diminutos ventanucos.  "El régimen talibán ya no está -dice Suraya Dalil, una médica afgana que participa en la Iniciativa Maternidad Segura, de Unicef-, pero su muro sigue en pie." 
Nuevas libertades
Algunas mujeres de la ciudad empezaron a asistir a la escuela, a sus trabajos, o a ir de compras sin la compañía de un hombre, pero son minoría.  Han sido testigos y víctimas de los cambios más drásticos durante las décadas pasadas.  En la década del 60 tenían trabajo, educación, representación en el gobierno, opciones; durante el mandato sin ley del gobierno talibán, sus derechos fueron más y más restringidos.  Nazyfa Satar, una ginecólogo  especializada en Paquistán, regresó a Kabul en abril.  Había huido en 1991, después de que los mullahdin allanaron su casa, golpearon a su padre y su hermano casi hasta matarlos, robaron todas sus pertenencias e intentaron encontrar a Nazyfa y a su madre, presumiblemente para violarlas y secuestrarlas.  Afortunadamente, las dos mujeres se habían ocultado en la casa de un vecino y no fueron halladas.  Pero la doctora Satar regresó porque desea ayudar a su gente, y divide su tiempo entre el hospital Maywand, en las afueras de Kabul, y una clínica que dirige en la aldea de Tangi Saidan, a una hora de la capital.  En esta última, inaugurada en julio de 2002 con fondos de la Fundación Internacional para la Esperanza, Satar atiende hasta 150 pacientes por día.  "Me levanto a las 5 de la mañana y trabajo hasta medianoche", dice.  En las reuniones con los ancianos de la aldea y los miembros de la fundación, la doctora Satar se encuentra flanqueada por grandes hombres de barba, y puede hablar en presencia de ellos, pero sólo cuando le formulan una pregunta directa.
los códigos culturales.  Una trabajadora del Comité Internacional de Rescate contó la historia de una aldeana que le dijo que deseaba que volviera el régimen talibán.  "Pensaba que entonces había igualdad -dice la trabajadora-, que los talibanes habían devuelto a su lugar a las mujeres educadas.  Las mujeres rurales no sufrieron más de lo habitual en ese período." Lo que las mujeres rurales de Afganistán todavía no advierten es que su sufrimiento sólo se apaciguará con ayuda de mujeres como la doctora Satar, que aprovechan al máximo la pequeña libertad que se ha abierto para las mujeres del país.  "Durante la época de los talibanes, creí que perderíamos a nuestro país -dice la doctora Satar-.  La gente es pobre y no puede mantener a sus familias, pero las mujeres son más felices.  Sienten que otra vez son seres humanos."
 Verdaderas esperanzas
 Los hombres no son los únicos que se resisten al cambio de los códigos culturales. Una trabajadora del comité internacional de Rescate contó la historia de una aldeana que le dijo que deseaba que vuelva el régimen talibán. Pensaba que entonces había igualdad, dice la trabajadora, que los talibanes habían devuelto su lugar a las mujeres educadas. las mujeres rurales no sufrieron más de lo habitual en ese período. Lo que las mujeres rurales todavía no advierten es que su sufrimiento solo se apaciguará con la ayuda de mujeres como la Dra. Santar, que aprovecha al máximo la pequeña libertad que se ha abierto para las mujeres del país. “Durante la época de los talibanes creí que perderíamos a nuestro a país- dice la doctora – la gente es pobre y no puede mantener sus familias, pero las mujeres son más felices. Sienten que otra vez son seres humanos.
 MADRID.- Se puede tener una idea a través de fotos y documentales, pero en mi caso nada de eso superó el primer contacto directo que tuve con una mujer que vestía una burka.
Fue hace ya más de dos años, cuando cubrí la guerra de Afganistán, pero no lo olvido la larga túnica celeste que caía con ruedo desparejo y Oue, en su paso, arrastraba el barro de la calle siempre parece haber barro y polvo en esas callejas- y la rejilla a la altura de los ojos por la que no supe si descubrió la impertinencia de mi curiosidad ante aquella visión reveladora de un abismo entre culturas. instuí que era una mujer joven, pero no puedo decid o con certeza.  Luego vi otras muchas, muchísimas.  Huidizas, casi siempre temerosas ante el intento inicial por establecer contacto.  En lo personal, comprendí que la burka es muchas cosas, pero también una metáfora del abismo cultura entre el llamado mundo árabe y Occidente y del que sólo se conoce la epidermis.  La incapacidad de ir más allá de la suerte corrida por ese espantoso vestido es nuestra propia burka, tan asfixiante como la que aún usan las mujeres afganas y tan limitante, sólo que -en nuestra certeza de superiores- menos evidente que ese género tosco y opresor.
Las mujeres de Afganistán sufren mucho más que una burka.  Tienen hambre, carecen de escuelas para sus hijos, de médicos y hasta de agua.  Sus hombres mueren como moscas en una guerra que aún no terminó, por mucho que Washington diga lo contrario, y que desangra una tierra seca que antes fue próspera y que ahora, entre lo poco que tiene, figuran enormes campos de cultivo de droga.  Sé que muchas de esas mujeres se pondrían no una sino mil burkas si pudieran dar respuesta al ruido de la panza de sus hijos, iluminar el analfabetismo en el que crecen y arrasar con las infecciones que se los llevan.  Lo peor de todo es que Occidente sólo mira la burka.  Y desde que abandoné esa tierra no dejo de preguntarme quién es el que la tiene puesta. 
Mujeres de Kabul
Por: Elizabeth Drévillon, El Correo de la Unesco, octubre 1998.
Kabul, marzo de 1998. Llueve desde hace diez días en la capital afgana en ruinas, y las callejuelas del enorme bazar central no son más que inmensos lodazales. Arrastrando los pies, los kabulíes, envueltos en la delgada túnica que les sirve de manto, deambulan por las calles. Hay hombres, pero pocas mujeres. En ese país en guerra desde 1 979,la mujer está sometida actualmente a una ley implacable. En pocos meses han arreciado las prohibiciones sobre una población femenina desarmada y atemorizada. Prohibición de pasear solas por las calles: como fantasmas, las mujeres avanzan rozando las paredes en grupos de dos o de tres, ocultas bajo el chadri, un velo total que sólo deja pasar su mirada a través de una rejilla de tela. Prohibición de trabajar, de estudiar. Y, colmo dé males, de recibir atención médica en los hospitales públicos. Desde 1997 sólo tienen acceso a las clínicas privadas que no pueden pagar o a un hospital destartalado, sin agua, sin electricidad, sin calefacción y sin quirófano. En otras palabras, un sitio al que sólo se va a morir.
En el Afganistán de los talibanes, “estudiantes de religión”, sólo los médicos varones pueden ejercer en los hospitales, pero no tienen derecho ni a atender ni a operar a una mujer. El doctor Shams, que tuvo que dejar morir a su prima sin poder brindarle los cuidados indispensables, da rienda suelta a su ira: “Los talibanes no son más que extremistas, militares que imponen su voluntad al pueblo por la fuerza. Son salvajes, que no consideran a la mujer como un ser humano y la han relegado a la categoría de animal”. El doctor Shams está casado, pero no tiene hijos: “Si por desgracia tuviese una hija, ¿cuál sería su futuro?” [...]
En Kabul 13% de las mujeres son jefes de familia. Deben alimentar solas a sus hijos, aunque les está prohibido trabajar. Desafiando los palos que les propinan los jóvenes talibanes de la milicia “de promoción de la virtud y prohibición de los vicios”, algunas vagan por las calles, mendigando al azar una magra ración. Otras hacen cola ante los centros de las organizaciones humanitarias. Pero en julio de 1998 los talibanes expulsaron a las treinta ONG que actuaban desde hace años en la capital en ruinas. Hoy día permanecen en Kabul las Naciones Unidas que el pasado mes de mayo suscribieron un compromiso con los talibanes. Dicho compromiso afirmaba, en particular, que “la condición femenina en el país debía transformarse de acuerdo con las tradiciones afganas e islámicas”. Sin la presencia de las ONG, que les procuraba algo de dignidad y permitía a algunas médicas y enfermeras seguir trabajando, ¿cuál es el futuro de esas mujeres cuya existencia niegan totalmente los hombres que controlan el poder? Con la partida de los occidentales, ¿los talibanes harán aún más férrea la ley que les permite ahorcar, lapidar, cortar manos en público?
Pese al terror que reina en el país, las mujeres no vacilan a veces en rebelarse. Bajo el chadri, Shamira lleva un vestido largo. Tiene anillos en las manos y las uñas de los pies pintadas. En su rostro ovalado brilla una mirada penetrante y levemente temerosa. Antes de que llegaran los talíbanes, Shamira eracatedrática de derecho en la Uni versidad de Kabul. Hoy enseña inglés en una de las numerosas escuelas clandestinas de Kabul, que reciben a unas ochocientas muchachas. En dos oportunidades durante la entrevista, Shamira se levanta y se acerca a la puerta. Cuando le pregunto qué teme, me responde que los vecinos podrían oírnos y avisar a los talibanes. En Afganistán la delación es un mecanismo que funciona bien. Frente a tanta aprehensión, le pregunto: Silos talibanes llegaran ahora, ¿qué pasaría?  La respuesta zumba como un latigazo: "Nosotras seríamos ahorcadas y ustedes arrojadas a un calabozo"
¿Por qué correr entonces tantos riesgos para enseñar clandestinamente?
queremos aprender. Ustedes son mujeres libres, pueden leer, estudiar, pensar. Pues bien, las afganas aspiran a otro tanto. Los talibanes nos prohíben estudiar, pues tienen miedo de que nos rebelemos. Somos educadas, ellos son incultos, es eso lo que los asusta.” En la habitación contigua, las alumnas de Shamira repiten una lección de literatura inglesa en un murmullo. Será uno de sus últimos cursos. Algunas semanas más tarde los talibanes entran a la fuerza en todas las escuelas clandestinas, destruyendo cuanto encuentran a su paso.
¿Qué ha sido de esas muchachas que cifraban todas sus esperanzas en el aprendizaje de esa lengua prohibida para huir del país? Una esperanza frágil pues, como sólo tienen frente a ellos una oposición debilitada, los talibanes avanzan de victoria en victoria y controlan ahora más del 80% del país.
Elizabeth Drévillon, El Correo de la Unesco, octubre 1998.

UN  POCO  DE  HISTORIA 

En agosto de 1994, el mulah Mohammed Omar Akhund iniciaba en la ciudad afgana de Kandahār un movimiento fundamentalista islámico que tenía por protagonistas a los talibanes. Después de la invasión soviética (1979-1989), Afganistán es un país en plena guerra civil, donde diversos grupos se disputan el poder. Aprovechando tal situación, los talibanes ocupan de forma progresiva la mayor parte del territorio y, en septiembre de 1996, toman Kabul. Tras el exilio del presidente Burhanuddin Rabbani y del primer ministro Gulbuddin Hekmatyar, así como de la pública ejecución del último presidente pro soviético, Muhammad Najibullah, los talibanes instauran un régimen de cáracter rigorista, que sólo reconocen algunos países (como Pakistán) y que, en cambio, ante las constantes violaciones de los derechos humanos que perpetra, merece la casi unánime condena de la comunidad internacional. Ésta sigue considerando legítimo al gobierno en el exilio de Rabbani, que consigue unir contra los talibanes a los distintos grupos guerrilleros, antes enfrentados, en la denominada Alianza del Norte, que conserva el control de la parte septentrional del país.

El régimen talibán subsiste hasta diciembre de 2001 y su final está propiciado por el amparo que proporciona al saudí Osama bin Laden, líder de la red terrorista Al-Qaeda que es considerado responsable de diversos atentados contra Estados Unidos. El más grave de éstos, que tiene lugar en septiembre de ese mismo año, origina la muerte de miles personas tras provocar el derrumbamiento de las torres gemelas del World Trade Center de Nueva York. El presidente estadounidense George W. Bush lidera desde ese momento una coalición internacional contra el terrorismo cuya vertiente bélica, la Operación Libertad Duradera, dirigida a la captura de Bin Laden y Mohammed Omar, comienza el 7 de octubre y finaliza, con la rendición de Kandahār a la Alianza del Norte, dos meses después. La dirección del Estado afgano queda entonces a cargo de un gobierno provisional presidido por Hamid Karzai, emanado de la Conferencia Interafgana que, auspiciada por la ONU, se ha celebrado en Bonn.
 
Información de Enciclopedia Encarta