viernes, 15 de noviembre de 2013

México y el infierno de la trata de mujeres.

Si el averno existe y tiene puertas, una de ellas está en el número 189 de la Calzada Melchor Ocampo, colonia Anzures, Ciudad de México.

A ese lugar fue llevada, en 2007, Karina, una joven costarricense que entonces tenía 24 años. Creía que iba a trabajar de mesera.
"Cuando llegué me recibieron dos personas y me dijeron que en un ratico llegaría el dueño o el gerente. Me pidieron que subiera a cambiarme. Subo y cuando entro veo a una chica tirada en el piso, desangrándose. No sabía por qué. Y otra que estaba toda tomada, drogada. Y a muchas chicas desnudas, cambiándose".
Estamos en un edificio en el sur de Ciudad de México. Por la ventana se escuchan sirenas de patrullas policiales y otros ruidos normales de la vasta urbe. Karina sólo dispone de una hora, después será llevada a un lugar secreto.
Su relato continúa.
"Me dice la señora del camerino que me cambiara y me da una faldita así de chiquitica, unos zapatos así, gigantescos. No me gustó y me salí. Quiero bajar y los de seguridad me dicen '¿a dónde vas?'".
"Yo no podía hablar por la impresión que me había dado ver a la chica tirada en el piso, con mucha sangre.

Me agarran de los brazos, me jalan de los cabellos y me golpean. Insultos. Y me dicen: 'aquí no hay meseras: todas son putas'. Que tenía que bailar desnuda y acostarme con cuanto cliente llegara".
Su voz se quiebra. Una larga pausa.
"Me dejan en un cuartico chiquitico, obscuro. Entró el dueño, me dio una bofetada. Uno de los de seguridad me ha rasgado toda la ropa y el dueño dice que tienen que aprender a educar a las mujeres. Y me viola".
"Después me agarran de los cabellos. Uno mantenía mis brazos abiertos, otros mis piernas, me voltean y me violan por atrás. Me violan cuatro de seguridad, uno a uno. Siete meseros. Y quedo inconsciente".
"Lo último que recuerdo antes de perder el conocimiento es que había un tipo en mi rostro que se reía. Todos se reían. Sentía agua caliente en mi cuerpo. No era agua, era semen".
Es sólo el principio de su relato. Karina rompe a llorar y ya no deja de hacerlo durante más de una hora.
Aún no me ha contado lo que ocurrió con sus hijas.

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México es uno de los países más afectados por la trata de personas, incluyendo mujeres y niños.
Organizaciones como la Fundación de Asistencia Social Humanitaria (Asahac) lo consideran como el segundo país del mundo con más trata. El primero es Tailandia.
Otros, como Luis González Placencia, presidente de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal, creen que el tráfico de personas ya es la segunda fuente de ingresos del crimen organizado, después del trasiego de drogas.
En entrevista con el diario inglés The Guardian, Teresa Ulloa, directora regional de la Coalición Contra el Tráfico de Mujeres y Niñas para América Latina y el Caribe, reveló que su organización cree que, sólo el año pasado, los carteles mexicanos hicieron US$10.000 millones de la esclavitud y explotación sexual de mujeres y niñas.
A veces parece un tema omnipresente en este país: en los diarios se registra el rescate de víctimas, en el sistema de televisores del metrobús se anuncian los teléfonos a los que hay que llamar para denunciar. En la radio se debate. Sin embargo, no hay cifras exactas del fenómeno.
"Se puede tener una idea de la dimensión por los miles de jóvenes que desaparecen cada año en este país", me dice el director de una organización no gubernamental que se dedica a reacoplar en la sociedad a las víctimas de la trata.
Hace unos días el asunto volvió a caldearse cuando Lydia Cacho, quizá la periodista que más ha trabajado el tema en el país, denunció que algunos cabilderos quieren reformar la ley de trata de personas -que sólo entró en vigor el año pasado- para desactivarla.

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El conductor del taxi me mira a través del espejo retrovisor cuando le digo que voy al 189 de la Calzada Melchor Ocampo, donde funcionaba eltable dance Cadillac.
-¿Y qué va a hacer allí a estas horas? (Es temprano en la mañana).
-A tomar unas fotos.
Esta vez su respingo es visible. Reduce la velocidad. Me mira de nuevo por el espejo y me dice que tenga mucho cuidado.
-¿Por qué?
-Porque si te ven, te golpean.
Le recuerdo que el sitio ya está clausurado. De todas maneras me recomienda precaución y se estaciona a la vuelta, donde no pueden ver el taxi.
Una mugrienta alfombra verde cubre la acera. Las puertas metálicas tienen los sellos amarillos de clausura, algunos desgarrados. En uno de ellos, intacto, dice "Delito: trata de personas".
En medio, una puerta está abierta y da a un pequeño rellano, donde se acumulan botellas de plástico, bolsas, papeles. Basura. En la avenida, el embotellamiento de tráfico ya es monumental.
Desde fuera, nadie imaginaría la ordalía de dolor que Karina vivió allí.
De vuelta en el taxi, el chofer me asegura que algunas de las chicas que trabajaban allí han sido trasladadas a otro "teibol" en la Avenida Insurgentes.

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En Ciudad de México, el mapa físico de la trata y la prostitución tiene tres peldaños, tres circulos rojos. El inferior es el barrio La Merced. Le sigue la famosa Calle Sullivan.
El círculo superior lo ocupan los table dance.

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De día, la Calle James Sullivan luce como cualquier otra: enormes edificios de empresas como Telmex. Puestos ambulantes de chucherías, un largo parqueadero y fondas de comida acompañan el impersonal serpentear de Sullivan hasta que desemboca en la Avenida Insurgentes, al lado de un enorme Monumento a La Madre. Muy cerca del edificio del Senado.

De noche es algo muy distinto. Cada jornada -pero en especial desde los jueves- es posible ver a decenas de mujeres (se calcula que en ocasiones pueden llegar a ser 200) ofreciéndose al mejor postor. A veces se forman filas de carros con clientes esperando.
Madaí Morales, de 23 años de edad, conoce bien esta calle: durante dos años fue obligada a prostituirse allí, día tras día, sin descanso, por el hombre con quien alguna vez soñó formar una familia.
A diferencia de Karina, Madaí no llora cuando cuenta su historia, aunque su voz tiembla en algunos episodios.

Su dolor asoma en la minuciosidad con que relata esa porción de su existencia: recuerda cada detalle con una precisión asombrosa. Desde cómo estaba vestido "Jorge" (el hombre que la enamoró y luego la prostituyó), cuando lo conoció en Veracruz, hasta las prendas que ella portaba el día que decidió escapar.
Es una historia conocida: los "padrotes" (como se conoce en México a los hombres que controlan a las prostitutas) tienen un olfato canino para detectar jóvenes vulnerables, enamorarlas pintándoles un futuro de tonos rosa, arrancarlas de su entorno y luego obligarlas a venderse en las calles.
Es la historia de Madaí. Jorge -años después descubriría que no es su verdadero nombre- la convenció de irse a vivir a Ciudad de México. La llevó a un "cuarto verde" de un hotel de paso en la calle Arista, número 36.
Dos días después, caminando por las calles aledañas, le mostró a unas jóvenes que esperaban en la banqueta. "Chicas que estaban vestidas de una forma muy fea, casi desnudas. Él me las señala y dice: 'mira, como ellas vas a trabajar'".
Madaí creyó que era una broma. Pero esa noche se lo repitió: "'¿Te acuerdas lo que te dije hace rato?'. Le dije, 'sí, pero estás loco, ¿no? Estás jugando'. Me respondió 'no, eso es lo que vas a hacer'. Me dijo que para eso me había traído, que si pensaba que era para algo distinto estaba equivocada".
"Le respondí que trabajaba en cualquiera otra cosa. Me dijo que me callara, que ahí mandaba él. Que iba a investigar dónde estaba mi familia y con eso me amenazó. No tuve otra salida más que aceptar".
"Se fue y más tarde llegó con una bolsa negra. Adentro había faldas supercorticas, blusas muy escotadas y zapatillas con tacones muy altos".
"No pensé en escapar porque tenía mucho miedo. No me había dejado hablar con nadie, no conocía a nadie. Yo era una persona muy inocente".

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Avenida Insurgentes. La requisa es rápida pero prolija. Dos hombres de traje oscuro y con audífonos en las orejas nos obligan a extender los brazos y nos cachean con mano experta. Otro nos franquea la entrada.
Adentro, en un escenario justo en medio del local, una joven semidesnuda baila de manera mecánica.
La rutina es igual para todas las chicas, de nombres sonoros y evidentemente falsos. Tres canciones. La última es la del desnudo total. Algunas se limitan a danzar, otras hacen alguna rutina acrobática en el pole platinado que se erige a un lado del escenario.
Un animador con micrófono trata, sin mucha suerte, de caldear el ambiente.
Hay pocos clientes, a pesar de ser sábado. Las protestas de los maestros, que bloquean el centro de la ciudad, han hecho que la semana sea mala.
Esto nos lo cuenta una joven caribeña que se sienta en nuestra mesa. Poco después se nos une una mexicana, de unos 30 años y hermoso rostro.

Nos sirven ron rebajado con agua. Por cada trago que compramos, una boletera les da un papelito. Les pagan de acuerdo con nuestro consumo.
En un rincón se aburre una docena de mujeres, todas con trajes diminutos, mallas y grandes tacones. Otras están sentadas con los escasos clientes. Los vigilantes pululan por doquier. Contamos nueve.
Las mujeres en nuestra mesa parecen hablar de manera desprevenida. La caribeña me dice que lleva cuatro años en México y que parte de su familia vive en el país. De manera discreta trato de preguntarle por su vida, su oficio. En ningún momento da la impresión de estar sometida por el miedo.
La muchacha caribeña me ofrece un "baile privado" en un reservado del que ya he visto entrar y salir a varias parejas. Digo que no.
Al rato, cansada de nuestra cháchara, la mexicana pone las cartas sobre la mesa: 3.500 pesos (US$265) a cada uno por irse con nosotros al hotel -les he dicho que estoy de visita en el país-, que incluye lo que cobra la casa por dejarlas ir.
Farfullamos una excusa y nos largamos. Al salir, los guardias nos piden propina.

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El método para enganchar a Karina también fue el enamoramiento. Ocurrió en Cancún, donde trabajaba como chef.
Estaba en uno de los momentos más vulnerables de su vida: embarazada de una niña, sola y con leucemia. "Para mí era muy importante que este chico estuviera a mi lado".
Le ayudó a pagar la quimioterapia. Luego la convenció de irse para el DF, con sus padres. "Al principio era todo bonito, cuidados". Sin embargo, a las dos semanas ve cómo golpea a sus propios padres. Luego empieza a golpearla a ella, todavía en embarazo.
La niña nació prematura, algo que Karina atribuye a las golpizas que recibía.
"Ese tipo me dice que tengo que trabajar, que tengo que pagarle lo de las quimioterapias, lo del nacimiento de mi hija y todo el tiempo que me estuvo manteniendo. Cuando quiero tomar mis documentos, los destruye".
Es entonces que la lleva al Cadillac.

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Trece rutas ha sido identificadas en México para la trata, según un diagnóstico del Centro de Estudios e Investigación en Desarrollo y Asistencia Social, A.C. (Ceidas).
Son las de Nogales,Tijuana, Mexicali, Ciudad Juárez, Nuevo Laredo y Matamoros en el norte del país.
En el Pacífico, Puerto Vallarta, Acapulco y Tapachula. Cancún sobre el Caribe, en la Península de Yucatán. Veracruz sobre el Golfo de México y Tlaxcala y el Distrito Federal en el centro.
Según la periodista Lydia Cacho hay que agregar al menos una más: Guadalajara. La reportera e investigadora me asegura que los aeropuertos de esa ciudad y de Cancún son el equivalente a "fronteras porosas" para el ingreso a México de mujeres que son traficadas desde otros países.
Para ser alguien que ha vivido bajo amenaza constante los últimos ocho años de su vida, y que incluso ha tenido que exiliarse, Lyidia Cacho impacta como una persona tranquila, con buen sentido del humor.

Se dio a conocer en 2005 con "Los demonios del Edén", un libro donde denunció, con nombres propios, una red de pornografía infantil y pederastia en México. El reportaje le brindó fama, pero también acoso y amenazas, algo que no cesa hasta el día de hoy.
Para su libro "Esclavas del poder", Cacho viajó por todo el mundo siguiendo las rutas de la trata sexual. Turquía, Israel y Palestina, Japón, Camboya, Birmania y Argentina fueron puertos de visita -en ocasiones de incógnito- para trazar ese mapa de infamia.
En México es especialmente profundo su conocimiento de Cancún y sus alrededores, donde trabajó varios años como periodista.
"Encontramos un grupo bastante sólido de mafias rusas que están en Playa del Carmen (conocido balneario cerca de Cancún). He estado investigando a dos o tres de ellos que operan abiertamente, dedicados eminentemente a la trata de mujeres de Europa del Este a Quintana Roo".
"Estados Unidos tiene varias investigaciones abiertas (en Miami, Nueva York y Phoenix, Arizona) de tratantes rusos que están operando allí. Explotan a las mujeres un tiempo en Cancún y después se las llevan a EE.UU.".
La frontera con Estados Unidos también puede calificarse como porosa. Los métodos preferidos para ingresar a las jóvenes es hacerlo de manera ilegal -como "espaldas mojadas"- o casarlas con alguien que tengagreen card y pasarlas legítimamente.

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Madaí tomó la decisión de fugarse cuando se enteró de que la iban a trasladar a Nueva York.
"Me puse como loca y le dije que allá no me iba. Entonces me golpeó".
Saber que la iban a sacar del país le dio el valor del que había carecido durante los dos años en que fue obligada a prostituirse en un hotel de propiedad de un español, situado a pocos pasos de la Calle Sullivan.
"No tenía ningún descanso, era de ir todos los días, todos los días, todos los días... El resto me la pasaba llorando, pensando cómo iba a hacer para salir de ahí".
"En los casi dos años sólo uno de los clientes tuvo un poco de compasión de mí. Casi siempre estaba llorando y uno de tantos me vio y me preguntó qué tenía. Yo le dije que me sentía mal. No quiso hacer nada conmigo, pero me dio el dinero. Lo tomé porque sabía que lo necesitaba para completar".
"Le confesé que había alguien que me obligaba. Me dijo que me escapara. Le contesté que lo iba a hacer pero por mi familia, porque la vida no me importaba. Intenté suicidarme varias veces con pastillas, que fue tan estúpido, porque no me hicieron nada".
Durante ese tiempo, la joven fue obligada a atender entre cinco y veinte clientes por día, laborando entre cinco y ocho horas diarias.

En la conversación hay fogonazos de la persona que fue Madaí a los 19 años, antes de conocer a Jorge. Con una risa tímida. Al buscar una pelusa inexistente en sus pantalones grises. O cuando habla del futuro.
Pero en este momento hablamos del pasado. De un viernes a fines de enero, hace dos años, cuando su "padrote" le anunció el viaje a Nueva York.
Esa noche trabajó en Sullivan, como de costumbre. El sábado en la madrugada vio que "Jorge" pasaba en un taxi. La estaba vigilando.
La mañana del sábado, sin haber pegado el ojo, tomó un taxi y se dirigió a un hotel no lejos de la Calle Sullivan. El domingo se cambió a un hostal en el centro histórico.
"El lunes fui a la Procuraduría, me prestaron atención. Me trataron muy bien. Al otro día detuvieron a Jorge en un gym al que le gustaba ir".

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La Procuraduría General del Distrito Federal está situada en un edificio cuadrado y feo, de colores crema y verde pálido, al que se conoce informalmente como "El Búnker".
En su laberinto de oficinas está la fiscalía encargada del delito de Trata de Personas del DF. La fiscal, Juana Camila Bautista, es esa rara avis: una funcionaria de la que casi todos hablan con respeto.
Periodistas, víctimas e integrantes de organizaciones no gubernamentales recomiendan hablar con ella.
Estamos sentados en una oficina sencilla (una mesa, pocas sillas, un mapa de la capital de México en la pared), acompañados de un asistente de la fiscal y de un funcionario de comunicaciones que graba toda la entrevista.
"La trata es un delito complejo, porque las víctimas muchas veces no se asumen como tales. Muchas veces están sometidas y no quieren denunciar a sus tratantes por amenazas a ellas, sus familias o a los hijos que tienen con ellos".
Esto me lo confirman Madaí y Karina, quienes durante las entrevistas insisten una y otra vez que más del 90% de las chicas que conocieron se prostituían porque eran obligadas, no por voluntad propia.
"Hace cuatro años tuvimos un caso de una chica de Morelos, la fuimos a rescatar de Tijuana, ella tenía miedo porque el tratante la había amenazado y había quemado las chozas de sus padres, que eran campesinos", me dice la fiscal.
A pesar de eso, entre 2008 y 2009 se rescataron casi 200 personas, la mitad menores de edad. Sólo desde mayo de este año -cuando empezó a funcionar la fiscalía- han llevado a cabo alrededor de 200 operativos, con más de 90 personas consignadas. Se han rescatado 210 víctimas.

Pero los "padrotes" están aprendiendo. Por ejemplo, ahora pocos se arriesgan con menores de edad, pues saben que las penas empeoran.
"Muchas de ellas nos han contado que los dueños o los encargados de los establecimientos donde son explotadas las reúnen y llegan abogados para que las aleccionen y les indiquen qué decir en caso de que haya operativos. Qué decir ante la policía, ante el ministerio público, para que los dueños no tengan ningún problema", explica la fiscal.
¿Por qué es tan difícil atacar lo que está a la vista de todos, por ejemplo en la Calle Sullivan?
"La prostitución en nuestra ciudad no es delito. Lo que perseguimos son los delitos que se dan alrededor de esta actividad (…). La ley en cuanto a la explotación sexual establece que si una chica le da aunque sea cinco pesos al tratante, ahí ya la está explotando".
Agrega, empero, que podría organizar en ese mismo instante un operativo en Sullivan y ninguna chica se atreverá a acusar a su padrote.

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Karina escapó con la ayuda del taxista que la llevaba, junto a otras muchachas, a diferentes bares y "teibols". Para entonces ya tenía otra hija. No sabe quién es el padre.
"El señor me llevó a un hotel y me dijo que le hablase a inmigración o a la policía. Y dije, bueno, a lo que pasa eso las duermo a mis niñas para que estén tranquilas y pueda estar segura. (Los padrotes) no tardaron ni diez minutos en llegar. Rompieron la puerta de la habitación, me golpearon, me dejaron inconsciente... Se llevaron a mis hijas".
A ella la dejaron. Karina estuvo cinco meses sin ver a sus pequeñas. Para recobrarlas tuvo que pagar 200.000 pesos mexicanos (unos US$15.000).
Cuando le regresaron a sus hijas, la menor, de cinco años de edad, había sido violada.
"¿Sabe el dolor que es eso? Uno no es que soporte, no es que pueda más, simplemente sabía que lo que me estaban haciendo lo aceptaba por la vida de mis niñas. Pero mi hija... ella fue violada por no sé cuántos tipos".

Trata de extranjeras


Según la fiscal Juana Camila Bautista, en el Distrito Federal han sido rescatadas mujeres de los siguientes países:
Rusia, Bielorrusia, Nueva Zelanda, Honduras, El Salvador, República Dominicana, Colombia y Venezuela. Todas habían sido enganchadas en su país de origen.
Por su parte, Karina dice que, durante los cinco años que fue esclavizada sexualmente, conoció jóvenes cubanas, ecuatorianas, checas y búlgaras.
Finalmente, Lydia Cacho agrega que en los últimos tiempos ha aumentado el tráfico de jóvenes paraguayas.

"De todo esto ya ha pasado un año y mi hija no tolera que la toquen. Todas las noches se despierta llorando. Igual que yo. Le cuesta mucho trabajo aprender en la escuela. A veces siento que se va de este mundo. La siento ausente. Ella no puede expresarse. Yo no sé lo que siente... Pero cuando la veo sonreír para mí es un alimento, una tranquilidad verla que está allí, en mi vida".

 

Gracias al testimonio de Madaí, "Jorge" fue condenado a 20 años de prisión. Veinte más fueron añadidos por otro caso.
Madaí es ahora presidenta honoraria de Reintegra, una organización no gubernamental que trabaja con jóvenes rescatadas de las redes de la trata. También estudia derecho.
El "teibol" Cadillac fue cerrado en un operativo a fines de mayo de este año. Se detuvo a catorce personas: el gerente, meseros, personal de seguridad y boleteras.
Varias de las chicas que allí trabajaban, entre ellas Karina -que se presentó ante la Procuraduría cuando supo del allanamiento-, declararon en contra de los dueños y los empleados del lugar. Algunas se retractaron luego.
Karina no lo ha hecho. Ahora vive, en compañía de sus hijas, en un lugar secreto. Asegura que el taxista que la ayudó a escapar fue asesinado.
El proceso contra los catorce detenidos en El Cadillac sigue en firme, así como una extinción de dominio para el inmueble.
De esa manera, el infierno quizás tendrá una entrada menos

Publicado por:  BBC MUNDO – Ciudad de México - Juan Carlos Pérez Salazar – 14/11/13 -



La violencia contra la mujer, un fenómeno universal.

La violencia contra la mujer, un fenómeno que persiste en todos los países del mundo, solo puede eliminarse mediante la voluntad política y las actuaciones judiciales y civiles en los diversos sectores de la sociedad.

En un estudio realizado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 10 países acerca de la salud femenina y la violencia doméstica, se determinó que entre un 15 y un 71 por ciento de las encuestadas habían sufrido violencia física o sexual perpetrada por el marido o la pareja.

Muchas declararon que su primera experiencia sexual no fue consentida y una buena parte refirió padecer malos tratos físicos durante el embarazo.

Sin embargo, los especialistas calculan que esto es sólo una pequeña parte de la realidad, pues pocos son los casos que salen a la luz. Los mitos y prejuicios sociales, los obstáculos presentados en la administración de justicia contra quienes deciden declarar, entre otros tantos factores, impiden conocer la realidad.

Derechos femeninos

Es por ello que Venezuela elaboró una ley orgánica sobre el derecho de las féminas a una vida libre de maltratos, explicó la licenciada Ingrid Rada Romero, presidenta de la fundación para el bienestar familiar (Fundabiefa), en la nación suramericana.

La también Premio de Comunicación para la Paz 2011 se refirió a las herramientas legales con que cuenta su país a fin de amparar a la mujer contra toda manifestación de maltrato, un problema frecuente pero muchas veces invisible, durante un taller sobre violencia y medios de comunicación recién celebrado en La Habana.

Promulgada en marzo de 2007, la ley sanciona toda forma de violencia psicológica, física, doméstica, patrimonial y económica, sexual, prostitución, así como otras conductas que minimicen o dañen de alguna manera a las compañeras, indicó Rada.

También destacó que los órganos receptores de denuncias en Venezuela están en la obligación de atender el caso, ordenar las diligencias urgentes, orientar a la víctima, hacer comparecer al agresor, imponer medidas de seguridad y protección, conformar un expediente y remitirlo al ministerio público.

Además, las afectadas podrán recibir asesoría legal, ayuda y asistencia estatal, resaltó.

En Cuba, aún cuando no fue hasta la década de los 90 del pasado siglo en que empiezan a cobrar auge los estudios sobre violencia, el interés por la investigación de este fenómeno es marcado y creciente, lo cual ha permitido conocer y profundizar en las particularidades de este tema, aseguró Magela Romero, profesora de la Universidad de la Habana.

Indicó que los resultados alcanzados permiten afirmar que la violencia de género en la isla es un problema a nivel nacional, aunque hay indicios de que ocurre con mayor frecuencia en la región oriental del país.

Profundizar en investigaciones y sensibilizar

La victimización femenina ocurre generalmente en las relaciones amorosas y hacia el interior del ámbito hogareño, y la mayoría de las veces existe una historia de violencia doméstica en la infancia de la generalidad de los agresores, aseveró la experta.

Los trabajos realizados también han permitido determinar que no existe un perfil especial para describir a la mujer maltratada o el hombre agresor; entre las causas más frecuentes de agresión se encuentran los celos, el alcoholismo, problemas económicos y frustración.

Las víctimas muchas veces no piden ayuda a causa de los temores que tienen y la persistencia de los mitos en torno a la violencia, acotó.

Reconoció la necesidad de continuar profundizando en las investigaciones sobre el fenómeno, y sensibilizando a las personas y a los actores locales que atienden esta problemáticas en las comunidades, instituciones y servicios de apoyo. También a la comunidad en su conjunto, especialmente a los hombres.

Cada 25 de noviembre se celebra el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, aprobado desde 1999 por la Asamblea General de las Naciones Unidas, pero lo importante es hacer de esta jornada un periodo permanente.


Publicado por: Argenpress.info - Vivian Collazo Montano (PL) – 11/11/13 -

Niegan acceso a la justicia a las mujeres indígenas.

Hace unos días, la Comisión de Pueblos Andinos, Amazónicos y Afroperuanos del Congreso aprobó un proyecto de ley sobre Justicia Intercultural, que, según se indica, busca una adecuada coordinación entre la administración de justicia de las comunidades campesinas y nativas y la administración de justicia estatal, según dispone el artículo 149 de la Constitución.

Resulta evidente que la justicia de las comunidades y las rondas es más rápida, más eficaz y más económica que la justicia estatal, donde los formalismos y los gastos desalientan a muchos campesinos y nativos (como suele ocurrir también con los habitantes de las ciudades).
Sin embargo, el proyecto de ley aprobado genera una gran desprotección para las mujeres indígenas, pues no les permite acudir a la justicia estatal aunque así lo deseen.
Los congresistas debieron tomar en cuenta el tratamiento que se le da a la justicia indígena en el resto de América Latina. Por ejemplo, en los últimos años se precisó en las Constituciones del Ecuador y México que la jurisdicción indígena no puede vulnerar los derechos de las mujeres y que en la toma de decisiones deben participar las mujeres. Se busca así evitar la tolerancia de las autoridades comunales frente a la violencia familiar y la concentración de las decisiones en los varones, dos problemas que existen también en las comunidades peruanas. El proyecto de ley aprobado por los congresistas peruanos omite toda referencia a las necesidades de las mujeres.

Los congresistas hubieran tenido que revisar también la reciente Ley de Deslinde Jurisdiccional de Bolivia, donde se establece que los casos de homicidio, violación y violencia contra niños, niñas y adolescentes no están dentro de la competencia de las comunidades. Esta ha sido la misma decisión que ha tomado Oaxaca, un Estado mexicano con importante población indígena, que además reserva para las autoridades estatales los casos de violencia familiar. En realidad, el proyecto original presentado por el Poder Judicial establecía que los casos de homicidio y violación debían ser atendidos por las autoridades estatales, y ahora los congresistas les han entregado esta facultad a las comunidades, pese a que normalmente son ellas mismas las que consideran que, ante estos crímenes, sus mecanismos consuetudinarios no son eficaces.

El proyecto aprobado por la Comisión no impide directamente a las mujeres acudir a la justicia estatal, pero exige que la justicia comunal decline su competencia. ¿Qué sucede si la justicia comunal no desea declinar? ¿No deberían tener las mujeres la posibilidad de acudir a la instancia que consideren que salvaguarde mejor sus derechos?
De hecho, el Código Procesal Penal del Paraguay permite que los imputados o las víctimas de un delito sancionado por la comunidad, puedan acudir a la justicia estatal cuando están descontentas con la decisión. Nada de esto aparece en el nuevo proyecto, con lo cual tenemos que en caso de error o abuso, simplemente los involucrados tendrán que resignarse. El problema es más grave en los casos de violencia familiar, puesto que las autoridades tienden a minimizar las denuncias o a responsabilizar a las propias mujeres por el maltrato sufrido. Es muy frecuente que se busque una "conciliación”, donde en realidad se intenta que la víctima "comprenda” al agresor y lo perdone o que se arrepienta de haberlo provocado.

Además, mientras la legislación boliviana prohíbe taxativamente que las comunidades apliquen la pena de muerte e indica que los linchamientos serán sancionados por las autoridades estatales, nada de esto se menciona en el proyecto peruano. Hace apenas seis meses, la curandera Elena Cabreloy fue quemada viva por el jefe de una comunidad Asháninka y siete comuneros, quienes la acusaban de cometer actos de brujería. Según este proyecto, como se trataba de una forma de justicia tradicional, el caso podría terminar allí.
Inclusive, si se aprueba el proyecto, sería perfectamente admisible que en una comunidad se sancione a un violador obligándolo a casarse con la víctima o pagando una indemnización económica a la familia. De hecho, esto buscaban unos profesores Awajún, que habían violado a varias de sus alumnas y querían ser juzgados en sus comunidades, porque sabían que allí podrían obtener una sanción benévola.

Es posible que para algunos congresistas el proyecto aprobado se justifique en nombre del respeto a las diferencias culturales. Sin embargo, se olvidan que, como en la justicia estatal, también existe la posibilidad de que se manipule la justicia comunal para oprimir al más débil… y que históricamente esto se ha cometido sobre todo con las mujeres. Además, las culturas no son un ente homogéneo y existen indígenas, ronderos o campesinos que desean acudir a la justicia estatal porque sienten que en sus comunidades no lograrán una solución a sus problemas, como sucede especialmente con las mujeres.
Es urgente, por lo tanto, corregir el proyecto de ley para lograr garantizar los derechos humanos de los más vulnerables.


Publicado por: ADITAL – Wilfredo Ardito Vega - 

La participación de las mujeres en el mercado laboral es clave para el crecimiento

Con tiempo, la participación masiva de las mujeres en el mercado laboral y en la toma de decisiones económicas podría hacer incrementar el crecimiento económico hasta en un 34%. No es que lo diga yo, lo dice nada menos que el FMI en uno de sus últimos informes.

En el documento el FMI asegura que una participación paritaria o equitativa de las mujeres en la economía podría generar ese incremento ya que -según afirman- "hay amplias evidencias que demuestran que si las mujeres pudieran desarrollar todo su potencial en el mercado laboral habría significativas ganancias macroeconómicas".

Más aún, el FMI asegura que el incremento del número de mujeres en la economía permitiría compensar la caída de la población activa, producto del envejecimiento en los países desarrollados. De hecho, son muchos los expertos que aseguran que el verdadero problema para mantener en el futuro nuestro sistema de pensiones es la baja natalidad.
En España, la tasa de fertilidad, es decir, el número de hijos que nace por mujer es de 1,36. Eso significa que son tres puntos por debajo de la media europea. Y la denominada tasa de reemplazo, la que permite que haya un recambio generacional, está en 2,1. Así las cosas, en el 2050 desaparecerá una quinta parte de los menores de 15 años y los mayores de 65 aumentarán ¡en un 111%!. La pirámide poblacional española se habrá invertido, con una base muy pequeña y una cabeza de ancianos amplísima. Es esta previsión la máxima amenaza para los jubilados del futuro.

En 1999 una ejecutiva de Goldman Sachs de Tokio elaboró un informe donde afirmaba que Japón podría hacer crecer su PIB un 15% si incrementaba la participación femenina en la economía. Nacía el concepto Womenomics, “mejereconomía”. La idea es implementar herramientas que permitan que las mujeres se incorporen masivamente al mercado laboral (guarderías, horarios conciliadores, etc) y con ello promover la participación de las mujeres en la toma de decisiones de las compañías.
El primer ministro japonés recupera ahora ese concepto para afrontar el reto de la productividad de su país en los próximos años.

Hay quienes consideran que los mercados llaman a la mujer por simple afán capitalista y que sólo les mueve el beneficio. Pero si con este nuevo concepto lo que logramos es ganar en flexibilidad laboral, en facilidades para acceder al mercado del trabajo y ocupar-también- puestos directivos en las empresas ¿importa acaso la motivación original?

Publicado por: AmecoPress – Madrid – Carla Reyes Uschinsky – 14/11/13 -



Egipto es el peor país árabe para las mujeres, Comoras el mejor: sondeo

El acoso sexual, los altos índices de mutilación genital femenina y un aumento en la violencia y el sentimiento islamista tras los levantamientos de la Primavera Arabe han convertido a Egipto en el peor país del mundo árabe para ser mujer, mostró el martes un sondeo a expertos en temas de género.
Leyes discriminatorias y un aumento en el tráfico de personas también contribuyeron a colocar a Egipto en el último lugar de un ranking de 22 estados árabes, según el sondeo de Thomson Reuters Foundation.
Pese a las esperanzas de que las mujeres fueran unas de las principales beneficiarias de la Primavera Arabe, han sido en cambio de las mayores perdedoras, ya que las revueltas generaron conflictos, inestabilidad, desplazamientos y un aumento de grupos islamistas en muchas partes de la región, dijeron expertos.
El tercer sondeo anual de la fundación sobre derechos de las mujeres (http://poll2013.trust.org) brinda una instantánea del estado de los derechos femeninos en el mundo árabe, tres años después de los eventos que comenzaron en 2011 y mientras el conflicto en Siria amenaza con causar más disturbios regionales.
Irak fue el segundo peor ubicado de la lista tras Egipto, seguido de Arabia Saudita, Siria y Yemen.
Comoras, donde las mujeres tienen un 20 por ciento de los cargos ministeriales y donde las esposas generalmente retienen la tierra o el hogar tras un divorcio, fue el primero de la lista en derechos femeninos, seguido de Omán, Kuwait, Jordania y Qatar.
Para el sondeo fueron entrevistados 336 expertos en temas de género en agosto y septiembre en 21 países de la Liga Arabe y Siria, que era un miembro fundador de la liga pero fue suspendido en el 2011.
Las preguntas se basaron en disposiciones de la Convención de Naciones Unidas para la Eliminación de Toda Forma de Discriminación contra Mujeres (CEDAW por su sigla en inglés), que 19 estados árabes firmaron o ratificaron.
El sondeo evaluó la violencia contra las mujeres, los derechos reproductivos, el tratamiento de las mujeres dentro de la familia, su integración en la sociedad y actitudes hacia el rol de la mujer en política y economía.
Se pidió a los expertos que respondieran a afirmaciones y evaluaran la importancia de factores que afectaban los derechos de las mujeres en las seis categorías. Sus respuestas fueron convertidas en puntajes, que se promediaron para crear un ranking.
ACOSO SEXUAL
En Egipto, las mujeres tuvieron un rol central en la revolución del país pero activistas dicen que el aumento de la influencia de los islamistas, que culminó en la elección del líder de los Hermanos Musulmanes Mohamed Mursi como presidente, fue un gran revés para los derechos de las mujeres.
Un informe de la ONU sobre mujeres en abril dijo que el 99,3 por ciento de las mujeres y niñas enfrentan acoso sexual en Egipto, algo que analistas dicen refleja un aumento general en la violencia en la sociedad local en los últimos cinco años.
La organización Human Rights Watch informó que 91 mujeres fueron violadas o sufrieron un ataque sexual en público en la plaza Tahrir en junio.
"La aceptabilidad social del acoso sexual diario afecta a todas las mujeres en Egipto sin importar edad, profesión o situación socioeconómica, estado civil, vestimenta o comportamiento", dijo Noora Flinkman, gerenta de comunicaciones de HarassMap, un grupo de derechos humanos con sede en El Cairo que se especialista en acoso.
Los expertos también citaron altas tasas de matrimonios forzados y tráfico de personas.
La mutilación genital femenina es endémica en Egipto, donde el 91 por ciento de las mujeres y niñas -27,8 millones en total- son sometidas a la práctica, según UNICEF. Sólo Yibuti tiene un índice mayor, con un 93 por ciento.
En Irak, las libertades de las mujeres retrocedieron desde la invasión liderada en 2003 por Estados Unidos para derrocar a Saddam Hussein, mostró el sondeo.
La violencia doméstica y la prostitución aumentaron, el analfabetismo se disparó y alrededor de un 10 por ciento de las mujeres -o 1,6 millones- quedaron viudas y en situación de vulnerabilidad, según Refugees International.
En Arabia Saudita, el tercer peor país para las mujeres, los expertos señalaron algunos avances. El reino sigue siendo el único estado que prohíbe conducir a las mujeres pero cautelosas reformas impulsadas por el rey Abdullah les han dado mayores oportunidades laborales y un mejor lugar en opinión pública.
El sistema de tutela de Arabia Saudita prohíbe a las mujeres trabajar, viajar al exterior, abrir una cuenta bancaria o estudiar a nivel terciario sin permiso de un familiar varón.
La guerra civil en Siria ha tenido un devastador impacto en las mujeres tanto en el país como en los campos de refugiados en el exterior, donde son vulnerables al tráfico, a matrimonios forzados y violencia sexual, dijeron los expertos.
En Túnez, el mejor país de la Primavera Arabe para las mujeres, el género femenino tiene un 27 por ciento de los escaños en el Parlamento nacional y la anticoncepción es legal, pero la poligamia se está extendiendo y las leyes de sucesión se inclinan por los varones.
Comoras, un archipiélago en el Océano Indico, es el mejor país para los derechos de las mujeres en el mundo árabe, según el sondeo.
Las mujeres no son presionadas para dar a luz a niños en vez de niñas. La anticoncepción está ampliamente aceptada y respaldada por campañas estatales de educación, mientras que la propiedad se le otorga usualmente a las mujeres tras un divorcio o separación, dijeron los expertos.
(Reporte adicional de Karrie Kehoe, Oliver Holmes, Isabel Coles y Yara Bayoumy, editado en español por Patricia Avila)

Publicado por. AL DIA CON TERRA – Medio Oriente – Reuters – 11/11/13 -

Ophelia Pastrana: 28 años como hombre y ahora es una mujer.

Ophelia Pastrana, antes Mauricio Pastrana, comenzó a ponerse ropa de mujer en sus ratos de descanso como un alivio al estrés. Estaba en sus veinte y tenía una empresa de marketing digital exitosa, había hecho una maestría y estaba casado con una mujer.
Son las 4 de la tarde en Bogotá y las 6 de la mañana en Seúl (Corea). Ophelia pasó de largo atendiendo a algunos de sus clientes, entre los que se encuentran Reebok, Calvin Klein y Telmex, o personalidades como Mónica Fonseca. La entrevista se hace vía Skype. No puede hablar porque se acaba de practicar una cirugía de feminización de la voz, sólo escribe. Las palabras que usa son muy mexicanas, debido a que lleva varios años viviendo en ese país. Tiene una blusa morada y poco maquillaje. Sus ademanes son delicados y su ropa siempre es la más fina. Usualmente viste faldas negras Armani, uñas impecables, labial rojo y algún toque pink en alguna de sus prendas. El arreglo de su pelo solo se lo deja al director de belleza del Mercedes Benz Fashion Week en México.
Su agencia Kraken Comunicación se enfoca en la estrategia digital de diferentes marcas y en crear aplicaciones. También representa talentos y dicta la clase “redes sociales como estrategia de negocios” en el Tecnológico de Monterrey, donde sus estudiantes la vieron ‘transicionar’ en tiempo real. Contrataron a Mauricio y quien cerró el semestre fue Ophelia.
Ophelia cuenta que su papá es primo del expresidente Andrés Pastrana y que su abuelo materno fue Hisnardo Ardila, exalcalde de Bogotá.
Ophelia: ¿ser o no ser?
En su historia personal no existen frases comoyo sabía que quería ser mujer desde niño” o “usaba los tacones de mi mamá”. En realidad vivía su vida “by the book” (según las reglas), como ella misma cuenta. Pasaba con excelentes notas en uno de los colegios más prestigiosos de la ciudad, era capitán del club de debates, hacía taekwondo competitivo, se graduó en física y a los 24 hizo su maestría en econometría.
“Siempre viví todo muy rápido, por eso digo que voy para mi tercera vida. Estaba en un camino diferente a todo el mundo y tenía este curioso y “divertido” hobby de vestirme como chica para sacar el estrés: y pensaba ‘pinche cabeza, bueno, pero por lo menos es un ‘hobby sano’ no es como meterme dos líneas de coca en una noche loquísima. A veces salía de negociar con el señor Carlos Slim y llegaba a mi casa a ponerme una falda y unos tacones. Era mi “des-estrés”.
Este hobby comenzó a sus veinte años, claro que Ophelia, por esa época Mauricio, ya se había tomado algunas pastillas anticonceptivas para evitar que le creciera la barba o el pelo en el pecho. Sin embargo, como era un hobby poco frecuente, no le prestó importancia. Pensó que era una excentricidad.
A los 25 años se casó, aunque confiesa que lo hacía para volver a un “camino normal”. A pesar de eso el “vicio” seguía presente. El día de su cumpleaños tuvo una crisis de imagen, se estresó más porque no soportaba verse como un hombre y comenzó a tomar hormonas. Su esposa le decía que estaba “gordito” porque los senos le comenzaron a crecer.
Ophelia tiembla un poco mientras narra ese momento y sus ojos se aguan. Dice que siente escalofríos cuando habla del tema. En México la han entrevistado pero como experta en marketing. El tema de la transexualidad en realidad solo lo han tocado medios colombianos como Noticias Uno –donde apareció la primera entrevista- y el portal Ola Política.
“Tenía dos vidas. A: Mauricio Pastrana, ejecutivo emprendedor y B: Ophelia Pastrana: quien toma hormonas y engaña a su esposa. Finalmente esa doble vida me rompió”. Se recuesta en el espaldar de la cama desde donde da la entrevista por Skype, mientras se recupera de la operación de voz.
Durante un evento en Estados Unidos intentó suicidarse. Ingirió varias pastillas, pero rápidamente se arrepintió y vomitó. Tomó la decisión de vivir lo que sentía. Le contó a su esposa, quien a su vez lo “sacó del clóset” ante sus papás, hermana y madrastra. Durante el divorcio perdió su apartamento, camioneta y muebles y en la empresa que había cofundado casi que regaló las acciones. Se sentía culpable de convertirse en travesti y por eso dejó todo para comenzar una nueva vida como Ophelia, un nombre que alude al “ser o no ser” y su proceso de aceptación. También le gustó porque era un nombre serio, como de abuela, ya que afirma que si se es transexual pasan dos cosas: “o das lastima o eres un circo, una loca”. Cambió su cumpleaños al 10 de mayo, día de la madre, e inició una terapia de género.
Se enfrentó a su familia, a quienes perdió por un tiempo. Sus amigos colombianos fueron los más duros con el tema. Uno de los más cercanos la desinvitó a su matrimonio porque no quería un “travesti en la iglesia”. Se sintió golpeada porque ellos habían recibido una educación internacional y aún así no lo aceptaron.
Comenzó a “reinventarse”. Cofundó otra agencia y en el primer mes cerró tratos comerciales con Reebok, Speedo y Calvin Klein. Dice que como Ophelia le va mejor porque es una persona abierta, cariñosa. “Cuando estás en consultoría, lo que más vale es cómo cuides a tus clientes. Yo los ayudo con sus medios sociales y la comunicación, pero lo que más quieren es hablar de que su hija se enamoró o que su perro va a tener cachorros.”
Actualmente tiene 31 años. Ella quisiera que el cambio no se note, que pensaran que es mujer. Lleva tres operaciones: se quitó la manzana de Adán, se puso senos y ahora se modificó la voz, porque en realidad prefiere que le digan “gorda, fea, puta o idiota” a “señor”.
“Yo le doy trato a Mau de tercero, como mi ‘hermanito’, porque él se quedó a los 28. Odio rotundamente mi vida como Mauricio. Era un robot sentimental: con cero capacidad de diálogo, a pesar de medir 1.90, hacer mucho gimnasio y tener una maestría. Ahora tengo la capacidad de ser entradora. Me arrepiento de no haber transicionado antes, a los 18 o 14 años, pero ni modo”, dice.
Disforia de género
Ophelia afirma que la ironía es que ‘Mau’ era un poco homofóbico. La única pista de que se sentía mujer era que le daba pánico dejarse crecer la barba. Cuenta que su condición se llama “disforia de género”, un estado donde no se reconoce quién se es contra como se ve. Parecido a lo que sucede con una persona anoréxica que se sigue viendo gorda a pesar de estar delgada.
“El mejor tratamiento para mi condición es cambio de sexo y es lo que espero hacerme, pero cuesta bastante. Técnicamente ya no se considera un desorden, sino una condición. Yo tengo cerebro de chica en un cuerpo de ‘Güey’ y, por ende, la disforia”, afirma.
Su vida corre a contrarreloj y siente que tiene tres edades a la vez. Por esa razón está pasando por una especie de adolescencia. Le gusta hacer cartas de amor, cursilerías, o cuando ve un prom o una boda se emociona. Además, se mira incontables veces en las fotos que sube a Instagram.
A pesar de ser una mujer atractiva su condición no la ha ayudado con los hombres. “Si de por si les asusta la chica que a sus 31 tiene dos empresas, familia en la política y que viaja un montón, imagínate lo qué les pasa conmigo”, dice.
Curiosamente la persona que la ha hecho sentir más mujer es otra mujer. Su novia actual, a quien describe como un Tomboy (marimacho). Ella es el hombre de la relación, quien le abre la puerta del carro y la trata como una dama. “Los hombres gays quieren hombres más hombres. No sé de dónde salió la percepción de que un chico gay es femenino. Son like a rock. Un día iba entrando a un antro gay y se me acerca un tipo y me dice: mira reina, si te quieres acostar con hombres, no te tienes que vestir de nena, va?”. De por si los chicos gay son vaginofóbicos”.
Antes de decidirse a ser mujer por su vida habían pasado casi nueve novias y, por supuesto, una esposa. En realidad prefiere las citas con hombres heterosexuales.
Una nerd de tiempo completo
A Ophelia no le atrae mucho la idea de venir a Colombia. Con el lado “pomposo” de su familia, que en su mayoría son los parientes de su papá, no se ve desde que dejó a Mauricio atrás.
“Hoy en día mi papá y mi mamá son mi mejor y más grande apoyo. Yo me crié más con mi familia materna, porque mis papás son separados. Mi mamá era hija de Hisnardo Ardila, exalcalde de Bogotá, ingeniero encargado de importantes obras como la Avenida Circunvalar en Bogotá o la carretera a Melgar.”.
Sin embargo, por su trabajo con Mónica Fonseca está visitando más el país. Hace poco presentó los premios Twitter y dio una conferencia en Bogotá con personalidades como Randi Zuckerberg (exdirectora de marketing de Facebook) y Daniel Sieberg (director de estrategias de Google).
Fonseca la quiere introducir en el mundo de la presentación y por eso Ophelia se está preparando y haciendo pruebas. Dice que trabajar en esa área área “light” de la vida, la valida porque demuestra el logro en la ingeniería de rehacer su cuerpo y mente.
“México ha sido un país muy lindo para ‘transicionar’: hay cambio de nombre y sexo en los documentos, matrimonio gay y, por ejemplo, el D.F. me paga mis hormonas (US$450 el mes), el endocrinólogo y las pruebas de sangre, todo a través de la medicina pública. En Colombia yo todavía soy un hombre. De hecho un notario me vio a la cara y me dijo ‘la gente no cambia de sexo’. Si me casara allá no tendría beneficios con mi pareja así que no vuelvo por eso, me parece muy triste que eso no cambie allá”.
Hace poco Ophelia se hizo un tatuaje de unas ondas electromagnéticas con un corazón. La representan como una “nerd amorosa”. Se siente orgullosa por su pasión hacia la tecnología y porque aún recita todos los episodios de Star Trek.
“Mau tenía un signo pesos en la frente, me quería retirar joven y con mucho dinero, pero hoy en día solo tomo proyectos por cariño. Me gusta pensar que todo el mundo tiene algo que contar, todos se merecen un abrazo. A veces, mi sola presencia causa alegría en algunos, cuando no es morbo extremo”.
Sonríe cuando cuenta que quiere ser madre. Una familia es lo único que no tuvo en su vida como Mauricio. Para esto congeló esperma. Le quedan ocho años. Mueve sus uñas de color aguamarina, perfectamente decoradas con flores, en el sentido de las manecillas del reloj, mientras pronuncia : “Tic, toc, tic, toc”.

Publicado por: KIEN&KE – Juana Restrepo – 134/11/13 -