lunes, 28 de octubre de 2013

Historia del Feminismo (2). FEMINISMO MODERNO.

a) Las raíces ilustradas y la Revolución Francesa

Diferentes autoras, como Geneviève Fraisse y Celia Amorós, han coincidido en señalar la obra del filósofo cartesiano Poulain de la Barre y los movimientos de mujeres y feministas que tuvieron lugar durante la Revolución Francesa como dos momentos clave -teórico uno, práctico el otro- en la articulación del feminismo moderno. Así, en el texto de Poulain de la Barre titulado Sobre la igualdad de los sexos y publicado en 1673 -en pleno auge del movimiento de preciosas- sería la primera obra feminista que se centra explícitamente en fundamentar la demanda de igualdad sexual. Fraisse ha señalado que con esta obra estaríamos asistiendo a un verdadero cambio en el estatuto epistemológico de la controversia o "guerra entre los sexos": "la comparación entre el hombre y la mujer abandona el centro del debate, y se hace posible una reflexión sobre la igualdad" [1]. 
Por su parte, Amorós encuadra la obra de Poulain en el contexto más amplio de la Ilustración. Aun reconociendo el carácter pionero y específico de la obra, ésta forma parte de un continuo feminista que se caracteriza por radicalizar o universalizar la lógica de la razón, racionalista primero e ilustrada después. Asimismo, mantiene que el feminismo como cuerpo coherente de vindicaciones y como proyecto político capaz de constituir un sujeto revolucionario colectivo, sólo puede articularse teóricamente a partir de premisas ilustradas: premisas que afirman que todos los hombres nacen libres e iguales y, por tanto, con los mismos derechos. Aun cuando las mujeres queden inicialmente fuera del proyecto igualatorio -tal y como sucedió en la susodicha Francia revolucionaria y en todas las democracias del siglo XIX y buena parte del XX-, la demanda de universalidad que caracteriza a la razón ilustrada puede ser utilizada para irracionalizar sus usos interesados e ilegítimos, en este caso patriarcales. En este sentido, afirma que el feminismo supone la efectiva radicalización de proyecto igualitario ilustrado. La razón ilustrada, razón fundamentalmente crítica, posee la capacidad de volver sobre sí misma y detectar sus propias contradicciones [2]. Y así la utilizaron las mujeres de la Revolución Francesa cuando observaron con estupor cómo el nuevo Estado revolucionario no encontraba contradicción alguna en pregonar a los cuatro vientos la igualdad universal y dejar sin derechos civiles y políticos a todas las mujeres.

En la Revolución Francesa veremos aparecer no sólo el fuerte protagonismo de las mujeres en los sucesos revolucionarios, sino la aparición de las más contundentes demandas de igualdad sexual. La convocatoria de los Estados Generales por parte de Luis XVI se constituyó en el prólogo de la revolución. Los tres estados -nobleza, clero y pueblo- se reunieron a redactar sus quejas para presentarlas al rey. Las mujeres quedaron excluidas, y comenzaron a redactar sus propios "cahiers de doléance". Con ellos, las mujeres, que se autodenominaron "el tercer Estado del tercer Estado", mostraron su clara conciencia de colectivo oprimido y del carácter "interestamental" de su opresión [3].

Tres meses después de la toma de la Bastilla, las mujeres parisinas protagonizaron la crucial marcha hacia Versalles, y trasladaron al rey a París, donde le sería más difícil evadir los grandes problemas del pueblo. Como comenta Paule-Marie Duhet, en su obra Las mujeres y la Revolución, una vez que las mujeres habían sentado el precedente de iniciar un movimiento popular armado, no iban a cejar en su afán de no ser retiradas de la vida política [4]. Pronto se formaron clubes de mujeres, en los que plasmaron efectivamente su voluntad de participación. Uno de los más importantes y radicales fue el dirigido por Claire Lecombe y Pauline Léon: la Société Républicaine Révolutionnaire. Impulsadas por su auténtico protagonismo y el reconocimiento público del mismo, otras mujeres como Théroigne de Méricourt no dudaron en defender y ejercer el derecho a formar parte del ejército.

Sin embargo, pronto se comprobó que una cosa era que la República agradeciese y condecorase a las mujeres por los servicios prestados y otra que estuviera dispuesta a reconocerles otra función que la de madres y esposas (de los ciudadanos). En consecuencia, fue desestimada la petición de Condorcet de que la nueva República educase igualmente a las mujeres y los varones, y la misma suerte corrió uno de los mejores alegatos feministas de la época, su escrito de 1790 Sobre la admisión de las mujeres al derecho de ciudadanía.

Seguramente uno de los momentos más lúcidos en la paulatina toma de conciencia feminista de las mujeres está en la Declaración de los derechos de la mujer y la ciudadana, en 1791. Su autora fue Olympe de Gouges, una mujer del pueblo y de tendencias políticas moderadas, que dedicó la declaración a la reina María Antonieta, con quien finalmente compartiría un mismo destino bajo la guillotina. Este es su veredicto sobre el hombre: "Extraño, ciego, hinchado de ciencias y degenerado, en este siglo de luces y de sagacidad, en la ignorancia más crasa, quiere mandar como un déspota sobre un sexo que recibió todas las facultades intelectuales y pretende gozar de la revolución y reclamar sus derechos a la igualdad, para decirlo de una vez por todas" [5]. En 1792, la inglesa Mary Wollstonecraft redactará en pocas semanas la célebre Vindicación de los derechos de la mujer. Las mujeres habían comenzado exponiendo sus reivindicaciones en los cuadernos de quejas y terminan afirmando orgullosamente sus derechos. La transformación respecto a los siglos anteriores, como acertadamente ha sintetizado Fraisse, significa el paso del gesto individual al movimiento colectivo: la querella es llevada a la plaza pública y toma la forma de un debate democrático: se convierte por vez primera de forma explícita en una cuestión política [6].

Sin embargo, la Revolución Francesa supuso una amarga y seguramente inesperada, derrota para el feminismo. Los clubes de mujeres fueron cerrados por los jacobinos en 1793, y en 1794 se prohibió explícitamente la presencia de mujeres en cualquier tipo de actividad política. Las que se habían significado en su participación política, fuese cual fuese su adscripción ideológica, compartieron el mismo final: la guillotina o el exilio. Las más lúgubres predicciones se habían cumplido ampliamente: las mujeres no podían subir a la tribuna, pero sí al cadalso. ¿Cuál era su falta? La prensa revolucionaria de la época lo explica muy claramente: habían transgredido las leyes de la naturaleza abjurando su destino de madres y esposas, queriendo ser "hombres de Estado". El nuevo código civil napoleónico, cuya extraordinaria influencia ha llegado prácticamente a nuestros días, se encargaría de plasmar legalmente dicha "ley natural".

b) Feminismo decimonónico
En el siglo XIX, el siglo de los grandes movimientos sociales emancipatorios, el feminismo aparece, por primera vez, como un movimiento social de carácter internacional, con una identidad autónoma teórica y organizativa. Además, ocupará un lugar importante en el seno de los otros grandes movimientos sociales, los diferentes socialismos y el anarquismo.

Estos movimientos heredaron en buena medida las demandas igualitarias de la Ilustración, pero surgieron para dar respuesta a los acuciantes problemas que estaban generando la revolución industrial y el capitalismo. El desarrollo de las democracias censitarias y el decisivo hecho de la industrialización suscitaron enormes expectativas respecto al progreso de la humanidad, y se llegó a pensar que el fin de la escasez material estaba cercano. Sin embargo, estas esperanzas chocaron frontalmente con la realidad. Por un lado, a las mujeres se les negaban los derechos civiles y políticos más básicos, segando de sus vidas cualquier atisbo de autonomía personal. Por otro, el proletariado -y lógicamente las mujeres proletarias- quedaba totalmente al margen de la riqueza producida por la industria, y su situación de degradación y miseria se convirtió en uno de los hechos más sangrantes del nuevo orden social. Estas contradicciones fueron el caldo de cultivo de las teorías emancipadoras y los movimientos sociales del XIX.

c) El movimiento sufragista
Como se señala habitualmente, el capitalismo alteró las relaciones entre los sexos. El nuevo sistema económico incorporó masivamente a las mujeres proletarias al trabajo industrial -mano de obra más barata y sumisa que los varones-, pero, en la burguesía, la clase social ascendente, se dio el fenómeno contrario. Las mujeres quedaron enclaustradas en un hogar que era, cada vez más, símbolo del status y éxito laboral del varón. Las mujeres, mayormente las de burguesía media, experimentaban con creciente indignación su situación de propiedad legal de sus maridos y su marginación de la educación y las profesiones liberales, marginación que, en muchas ocasiones, las conducía inevitablemente, si no contraían matrimonio, a la pobreza.

En este contexto, las mujeres comenzaron a organizarse en torno a la reivindicación del derecho al sufragio, lo que explica su denominación como sufragistas. Esto no debe entenderse nunca en el sentido de que ésa fuese su única reivindicación. Muy al contrario, las sufragistas luchaban por la igualdad en todos los terrenos apelando a la auténtica universalización de los valores democráticos y liberales. Sin embargo, y desde un punto de vista estratégico, consideraban que, una vez conseguido el voto y el acceso al parlamento, podrían comenzar a cambiar el resto de las leyes e instituciones. Además, el voto era un medio de unir a mujeres de opiniones políticas muy diferentes. Su movimiento era de carácter interclasista, pues consideraban que todas las mujeres sufrían en cuanto mujeres, e independientemente de su clase social, discriminaciones semejantes.

En Estados Unidos, el movimiento sufragista estuvo inicialmente muy relacionado con el movimiento abolicionista. Gran número de mujeres unieron sus fuerzas para combatir en la lucha contra la esclavitud y, como señala Sheyla Rowbotham, no sólo aprendieron a organizarse, sino a observar las similitudes de su situación con la de esclavitud [7]. En 1848, en el Estado de Nueva York, se aprobó la Declaración de Seneca Falls, uno de los textos fundacionales del sufragismo [8]. Los argumentos que se utilizan para vindicar la igualdad de los sexos son de corte ilustrado: apelan a la ley natural como fuente de derechos para toda la especie humana, y a la razón y al buen sentido de la humanidad como armas contra el prejuicio y la costumbre. También cabe señalar de nuevo la importancia del trasfondo individualista de la religión protestante; como ha señalado Richard Evans: "La creencia protestante en el derecho de todos los hombres y mujeres a trabajar individualmente por su propia salvación proporcionaría una seguridad indispensable, y a menudo realmente una auténtica inspiración, a muchas, si no a casi todas las luchadoras de las campañas feministas del siglo XIX" [9]. Elizabeth Cady Stanton, la autora de La Biblia de las mujeres, y Susan B. Anthony, fueron dos de las más significativas sufragistas estadounidenses.

En Europa, el movimiento sufragista inglés fue el más potente y radical. Desde 1866, en que el diputado John Stuart Mill, autor de La sujeción de la mujer, presentó la primera petición a favor del voto femenino en el Parlamento, no dejaron de sucederse iniciativas políticas. Sin embargo, los esfuerzos dirigidos a convencer y persuadir a los políticos de la legitimidad de los derechos políticos de las mujeres provocaban burlas e indiferencia. En consecuencia, el movimiento sufragista dirigió su estrategia a acciones más radicales. Aunque, como bien ha matizado Rowbotham: "las tácticas militantes de la Unión habían nacido de la desesperación, después de años de paciente constitucionalismo" [10]. Las sufragistas fueron encarceladas, protagonizaron huelgas de hambre y alguna encontró la muerte defendiendo su máxima: "votos para las mujeres". Tendría que pasar la Primera Guerra Mundial y llegar el año 1928 para que las mujeres inglesas pudiesen votar en igualdad de condiciones.

d) El feminismo socialista
El socialismo como corriente de pensamiento siempre ha tenido en cuenta la situación de las mujeres a la hora de analizar lo sociedad y proyectar el futuro. Esto no significa que el socialismo sea necesariamente feminista, sino que en el siglo XIX comenzaba a resultar difícil abanderar proyectos igualitarios radicales sin tener en cuenta a la mitad de la humanidad.

Los socialistas utópicos fueron los primeros en abordar el tema de la mujer. El nervio de su pensamiento, como el de todo socialismo, arranca de la miserable situación económica y social en que vivía la clase trabajadora. En general, proponen la vuelta a pequeñas comunidades en que pueda existir cierta autogestión -los falansterios de Fourier- y se desarrolle la cooperación humana en un régimen de igualdad que afecte también a los sexos. Sin embargo, y a pesar de reconocer la necesidad de independencia económica de las mujeres, a veces no fueron lo suficientemente críticos con la división sexual del trabajo. Aun así, su rechazo a la sujeción de las mujeres tuvo gran impacto social, y la tesis de Fourier de que la situación de las mujeres era el indicador clave del nivel de progreso y civilización de una sociedad fue literalmente asumida por el socialismo posterior [11].

Flora Tristán en su obra Unión obrera (1843) dedica un capítulo a exponer la situación de las mujeres. Tristán mantiene que "todas las desgracias del mundo provienen del olvido y el desprecio que hasta hoy se ha hecho de los derechos naturales e imprescriptibles del ser mujer" [12]. En sus proyectos de reforma, la educación de las mujeres resulta crucial para el progreso de las clases trabajadoras, aunque, eso sí, debido a la influencia que como madres, hijas, esposas, etc..., tienen sobre los varones. Para Tristán, las mujeres "lo son todo en la vida del obrero", lo que no deja de suponer una acrítica asunción de la división sexual del trabajo. Desde otro punto de vista, entre los seguidores de Saint-Simon y Owen cundió la idea de que el poder espiritual de los varones se había agotado y la salvación de la sociedad sólo podía proceder de lo "femenino". En algunos grupos, incluso, se inició la búsqueda de un nuevo mesías femenino [13].
Tal vez la aportación más específica del socialismo utópico resida en la gran importancia que concedían a la transformación de la institución familiar. Condenaban la doble moral y consideraban el celibato y el matrimonio indisoluble como instituciones represoras y causa de injusticia e infelicidad. De hecho, como señalara en su día John Stuart Mill, a ellos cabe el honor de haber abordado sin prejuicios temas con los que no se atrevían otros reformadores sociales de la época.

e) Socialismo marxista
A mediados del siglo XIX comenzó a imponerse en el movimiento obrero el socialismo de inspiración marxista o "científico". El marxismo articuló la llamada "cuestión femenina" en su teoría general de la historia y ofreció una nueva explicación del origen de la opresión de las mujeres y una nueva estrategia para su emancipación. Tal y como desarrolló Friedrich Engels en El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, obra publicada en 1884, el origen de la sujeción de las mujeres no estaría en causas biológicas -la capacidad reproductora o la constitución física- sino sociales. En concreto, en la aparición de la propiedad privada y la exclusión de las mujeres de la esfera de la producción social. En consecuencia, de este análisis se sigue que la emancipación de las mujeres irá ligada a su retorno a la producción y a la independencia económica.

Este análisis, por el que se apoyaba la incorporación de las mujeres a la producción, no dejó de tener numerosos detractores en el propio ámbito socialista. Se utilizaban diferentes argumentos para oponerse al trabajo asalariado de las mujeres: la necesidad de proteger a las obreras de la sobreexplotación de que eran objeto, el elevado índice de abortos y mortalidad infantil, el aumento del desempleo masculino, el descenso de los salarios... Pero como señaló Auguste Bebel en su célebre obra La mujer y el socialismo, también se debía a que, a pesar de la teoría, no todos los socialistas apoyaban la igualdad de los sexos:
“No se crea que todos los socialistas sean emancipadores de la mujer; los hay para quienes la mujer emancipada es tan antipática como el socialismo para los capitalistas” [14].

Por otro lado, el socialismo insistía en las diferencias que separaban a las mujeres de las distintas clases sociales. Así, aunque las socialistas apoyaban tácticamente las demandas sufragistas, también las consideraban enemigas de clase y las acusaban de olvidar la situación de las proletarias, lo que provocaba la desunión de los movimientos. Además, la relativamente poderosa infraestructura con que contaban las feministas burguesas y la fuerza de su mensaje calaba en las obreras llevándolas a su lado. Lógicamente, una de las tareas de las socialistas fue la de romper esa alianza. Alejandra Kollontai, bolchevique y feminista, relata en sus Memorias algunas de sus estrategias desde la clandestinidad. En diciembre de 1908 tuvo lugar en San Petersburgo, y convocado por las feministas "burguesas", el Primer Congreso Femenino de todas las Rusias. Kollontai no pudo asistir, porque pesaba una orden de detención sobre ella, pero pudo preparar la intervención de un grupo de obreras. Estas tomaron la palabra para señalar la especificidad de la problemática de las mujeres trabajadoras, y cuando se propuso la creación de un centro femenino interclasista, abandonaron ostentosamente el congreso [15].

Sin embargo, y a pesar de sus lógicos enfrentamientos con las sufragistas, existen numerosos testimonios del dilema que les presentaba a las mujeres socialistas. Aunque suscribían la tesis de que la emancipación de las mujeres era imposible en el capitalismo -explotación laboral, desempleo crónico, doble jornada, etc.- eran conscientes de que para sus camaradas y para la dirección del partido la "cuestión femenina" no era precisamente prioritaria. Más bien se la consideraba una mera cuestión de superestructura, que se solucionaría automáticamente con la socialización de los medios de producción, y, en el peor de los casos, "una desviación peligrosa hacia el feminismo". Esto no impidió que las mujeres socialistas se organizaran dentro de sus propios partidos; se reunían para discutir sus problemas específicos y crearon, a pesar de que la ley les prohibía afiliarse a partidos, organizaciones femeninas. Los cimientos de un movimiento socialista femenino realmente fueron puestos por la alemana Clara Zetkin (1854-1933), quien dirigió la revista femenina Die Gliechhteit (Igualdad) y llegó a organizar una Conferencia Internacional de Mujeres en 1907.

El socialismo marxista también prestó atención a la crítica de la familia y la doble moral, y relacionó la explotación económica y sexual de la mujer. En este sentido, es imprescindible remitirse a la obra que Kollontai escribe ya a principios del siglo XX. Kollontai puso en un primer plano teórico la igualdad sexual y mostró su interrelación con el triunfo de la revolución socialista. Pero también fue ella misma, ministra durante sólo seis meses el primer gobierno de Lenin, quien dio la voz de alarma sobre el rumbo preocupante que iba tomando la revolución feminista en la Unión Soviética. La igualdad de los sexos se había establecido por decreto, pero no se tomaban medidas específicas, tal y como ella postulaba, contra lo que hoy llamaríamos la ideología patriarcal.

f) Movimiento anarquista
El anarquismo no articuló con tanta precisión teórica como el socialismo la problemática de la igualdad entre los sexos, e incluso cabe destacar que un anarquista de la talla de Pierre J. Proudhom (1809-1865) mantuvo tranquilamente posturas anti igualitarias extremas. Estas son sus palabras:
“Por mi parte, puedo decir que, cuanto más pienso en ello, menos me explico el destino de la mujer fuera de la familia y el hogar. Cortesana o ama de llaves (ama de llaves, digo, y no criada); yo no veo término medio” [16].

Sin embargo, el anarquismo como movimiento social contó con numerosas mujeres que contribuyeron a la lucha por la igualdad. Una de las ideas más recurrentes entre las anarquistas -en consonancia con su individualismo- era la de que las mujeres se liberarían gracias a su "propia fuerza" y esfuerzo individual. Así lo expresó, ya entrado el siglo XX, Emma Goldman (1869-1940), para quien poco vale el acceso al trabajo asalariado si las mujeres no son capaces de vencer todo el peso de la ideología tradicional en su interior. Así, el énfasis puesto en vivir de acuerdo con las propias convicciones propició auténticas revoluciones en la vida cotidiana de mujeres que, orgullosas, se auto designaban "mujeres libres". Consideraban que la libertad era el principio rector de todo y que las relaciones entre los sexos han de ser absolutamente libres. Su rebelión contra la jerarquización, la autoridad y el Estado, las llevaba, por un lado y frente a las sufragistas, a minimizar la importancia del voto y las reformas institucionales; por otro, veían como un peligro enorme lo que a su juicio proponían los comunistas: la regulación por parte del Estado de la procreación, la educación y el cuidado de los niños.

[1] G. Fraisse, Musa de la razón, Cátedra, Madrid 1991, p. 194.
[2] De Celia Amorós sobre Poulain de la Barre: "El feminismo como existencia emancipatoria" y "Cartesianismo y feminismo. Olvidos de la razón, razones de los olvidos", en Actas del Seminario..., pp. 85-104. Sus tesis sobre la relación entre feminismo e Ilustración están sintetizadas en "El feminismo: senda no transitada de la Ilustración", Isegoría, n. 1 1990.
[3] Algunos de estos cuadernos están traducidos en la antología La Ilustración olvidada, realizada por A. H. Puleo, Anthropos, Barcelona 1993. También de esta misma autora, "Una cristalización político-social de los ideales ilustrados: los “Cahiers de doléance de 1789", en C. Amorós (coord.), Actas del Seminario..., pp. 147-153.
[4] P. M. Duhet, Las mujeres y la Revolución (1789-1794), Península, Barcelona 1974, p. 44.
[5] O. De Gouges, "Los derechos de la mujer", en A. H. Puleo (ed.), La Ilustración olvidada, p. 155.
[6] G. Fraisse, o. c., p. 191.
[7] S. Robotham, La mujer ignorada por la historia, p. 68.
[8] El texto de la Declaración está recogido en la Antología del feminismo de Amalia Martín-Gamero, Alianza Editorial, Madrid 1975.
[9] R. J. Evans, Las feministas, Siglo XXI, Madrid 1980, p. 15.
[10] S. Robotham, o. c., p. 115.
[11] C. Fourier, Teoría de los cuatro movimientos, Barral, Barcelona 1974, p. 167.
[12] F. Tristán, Unión obrera, Fontamara, Barcelona 1977, p. 125.
[13] Cf. N. Campillo. "Las sansimonianas: un grupo feminista paradigmático", en C. Amorós (coord.), Actas del Seminario..., pp. 313-324.
[14] A. Bebel, La mujer y el socialismo, Júcar, Madrid 1980, p. 117.
[15] Cf. A. Kollontai, Memorias, Debate, Madrid 1979.
[16] P. J. Proudhon, Sistema de las contradicciones económicas o filosofía de la miseria, vol. 2, Júcar, Madrid 1974, p. 175.

El encanto de la mujer más besada de la Historia.

Millones de personas alrededor del mundo han aprendido reanimación cardiopulmonar o RCP en un maniquí conocido como Resusci Anne. ¿Quién era esa bella mujer del siglo XIX que sirvió de modelo?

El taller Lorenzi es un pequeño refugio de paz y de la antigüedad en el concurrido suburbio parisiense de Arcueil. Y es el último de su tipo. Abajo, los mouleurs o fabricantes de máscaras, crean figuras, bustos y estatuas vertiendo yeso en moldes de la misma manera en que lo han hecho desde que empezó este negocio familiar en la década de 1870.
Pero para estar cara a cara con la historia, hay que subir por unas escaleras de madera polvorientas y llegar a un cuarto sobre el taller.
Es una experiencia inquietante. Colgando en el estrecho ático hay máscaras de poetas, artistas, políticos y revolucionarios: Napoleón, Robespierre, Verlaine, Victor Hugo… la cara robusta, impaciente en vida de Beethoven así como el cetrino y disminuido rostro en la máscara de la muerte del compositor.
Sin embargo, sorprendentemente, de todos los grandes personajes expuestos en el ático de Lorenzi, la máscara más popular es la de una joven. Tiene una cara agradable y atractiva, con la insinuación de una sonrisa en sus labios. Sus ojos están cerrados, pero parece como si tal vez se fueran a abrir en cualquier momento. Es la máscara de alguien sin nombre. Se le conoce sencillamente como la Inconnue, la desconocida del Sena.

En algún momento de finales del siglo XIX, el cuerpo de una joven que se había ahogado fue recuperado del río Sena. Como era costumbre en aquellos días, su cuerpo fue expuesto en la funeraria de París, con la esperanza de que alguien la pudiera reconocer e identificar. Al patólogo de turno le fascinó tanto el rostro de la chica de la sonrisa enigmática que le pidió a un fabricante de máscaras que hiciera un molde de yeso de la cara.
Poco después, la máscara empezó a aparecer a la venta y la cara de la joven se convirtió en una musa para artistas, novelistas y poetas, todos ávidos de tejer identidades imaginarias e historias alrededor de la misteriosa mujer, la Mona Lisa ahogada.
A lo largo de los años el poeta y novelista austríaco Rainer Maria Rilke, el francés Louis Aragon, el artista estadounidense Man Ray y el novelista ruso Vladimir Nabokov cayeron bajo el hechizo de la Inconnue sucesivamente y en un momento no había salón europeo a la moda que estuviera completo sin una máscara de la Mona Lisa ahogada en la pared.
Una de las primeras historias en la que aparece es la novela de 1899 "El adorador de la imagen” de Richard le Gallienne, que retrata la máscara como una fuerza malévola que hechiza y finalmente destruye a un joven poeta.
Otros autores han sido más amables. Muchos de ellos narran la historia de una joven inocente del campo que llega a París, es seducida por un amante rico y luego abandonada cuando queda embarazada. Sin nadie a quien recurrir, se tira a las aguas del Sena, como una Ofelia moderna. En la funeraria, su rostro hermoso, ahora pacífico en la muerte, se conserva para siempre con un molde de yeso.

Pero hay otra historia

Fue otro ahogamiento -o casi ahogamiento- el que le aseguró a la Inconnue un lugar en la historia médica.
En 1955 Asmund Laerdal salvó la vida de su hijo, Tore, sacando el cuerpo sin vida del niño del agua justo a tiempo y despejando sus vías respiratorias. En aquel momento, el noruego Laerdal era un exitoso fabricante de juguetes, que se especializaba en la producción de muñecas y modelos de coches con un nuevo tipo de plástico suave.
Cuando le pidieron que hiciera una herramienta para usar en la enseñanza de una nueva técnica de resucitación llamada RCP (reanimación cardiopulmonar) -la combinación de compresiones y el beso de la vida que puede salvar la vida de un paciente cuyo corazón ha dejado de palpitar-, la experiencia con su hijo unos años antes lo hizo muy receptivo.
Desarrolló a un maniquí de torso o cuerpo entero que simula a un paciente inconsciente que requiere RCP.
Laerdal quería que su maniquí tuviera un aspecto natural. Y le pareció que una muñeca femenina sería menos amenazante para los que se estaban formando en las artes de la resucitación.
Recordaba una máscara que colgaba en la pared de la casa de sus abuelos, así que decidió que la Inconnue del Sena sería la cara de Resusci Anne, como se llama el maniquí.

Así que si usted es una de las 300 millones de personas que han sido entrenadas en RCP, probablemente ha tenido sus labios presionados sobre los de la Inconnue.
Y hay otra historia más
Con Resusci Anne, estudiantes de primeros auxilios han intentado por más de 50 años de volver a la vida a la joven del Sena. Pero ¿estaba realmente muerta la Inconnue? Ese rostro pacífico, ¿es realmente una máscara de la muerte o fue tomado de una modelo viva?
Cuando unos años atrás estaba haciendo un programa para la BBC sobre la Inconnue con la novelista Louise Welsh, decidimos mostrarle la máscara a quienes se especializan en la recuperación de cuerpos ahogados en el río Sena: la policía del río de París, conocida como la brigada fluvial.
Sentado al timón de uno de los barcos, el jefe de brigada, Pascal Jacquin, estaba poco convencido de que la chica hubiera estado muerta cuando la máscara fue hecha.
"Es sorprendente ver un rostro tan tranquilo", dijo. "Todos los que encontramos en el agua, los ahogados y los suicidios, no parecen tan tranquilos. Están hinchados, no se ven bien".
Durante siglos, artistas y escritores han contado historias como las de Ofelia y la dama de Shallot en las que ahogarse parece una muerte tranquila y romántica, pero los años que lleva sacando cadáveres del Sena le han enseñado a Jacquin que la verdad es muy diferente.
Incluso quienes se suicidan luchan por la vida en sus últimos momentos y la evidencia de ese esfuerzo queda marcada en sus rostros. Además, el proceso de descomposición comienza mucho más rápidamente en el agua.
Esta mujer, remarcó, "parece estar dormida, esperando a que llegue el príncipe azul".
Como le sucedió a tantos otros antes que él, el rostro de la mujer había despertado la imaginación de Jacquin y ya había comenzado a tejer una historia propia alrededor de los ojos cerrados, la sigilosa sonrisa y el enigma de la Inconnue.

Otros expertos consultados parecían estar de acuerdo en que la Inconnue parecía muy sana, muy vital para que la máscara se hubiera moldeado en un cadáver.
En el taller en Arcueil, a Michel Lorenzi, el actual titular, le intriga la fascinación de la gente con la Inconnue.
"Esta no me parece la cara de una persona muerta. Y es muy difícil mantener una sonrisa mientras se toma un molde, así que creo que era una profesional, una buena modelo".
Y otra...

Para mí la historia tiene dos posdatas.

París, su río y los besos... pero quizás la Inconnue murió por falta de los últimos.
La primera llegó cuando estaba visitando el estudio fotográfico de Edward Chambre Hardman en Liverpool, que está perfectamente conservado como una cápsula del tiempo de la primera mitad del siglo XX. Es un lugar al que todos los personajes importantes de la época fueron para que los retrataran.
Al ver la máscara de la Inconnue en la pared de su sala de espera, le pregunté al guía, quién era esa joven.
Sin vacilar me contó la historia de dos hermanas, gemelas idénticas, que había nacido en Liverpool hacía más de un siglo. Una de ellas, dijo, se había embarcado en una aventura amorosa con un pretendiente rico y se había fugado a París, y no se volvió a saber más de ella.
Muchos años más tarde, la otra hermana se fue a París de vacaciones. Caminando por una calle se sorprendió al ver la máscara de la Inconnue. Reconoció inmediatamente a su gemela perdida, condenada –o bendecida- a permanecer eternamente joven, mientras ella había envejecido.
Me cautivó la historia. Una vez más, un tapiz de imaginación había sido tejido alrededor del enigma de la Inconnue.

La otra posdata proviene de un artista que vive en Oxford llamado John Goto. Hace varios años, decidió crear su propia ficción para la Inconnue.
Construyó un relato aparentemente objetivo de su trabajo detectivesco, en el que le siguió el rastro a unas pistas que lo llevaron al descubrimiento de una carte de visite de principios del siglo XX en una tienda de Buenos Aires. Ésta y otras pruebas supuestamente probaron finalmente la identidad de la Inconnue: era como una actriz húngara llamada Ewa Lazlo, quien fue asesinada por su amante, Louis Argón. Goto publicó la historia y su "evidencia” en línea y se dedicó a otros proyectos.
Lo interesante fue que en un reciente simposio europeo sobre el corazón en Londres se presentó una obra que "narra la historia de Ewa Lazlo, quien se convirtió en la inspiración para la cara de Resusci Anne, el primer maniquí del entrenamiento del RCP y la chica más besada del mundo".
Ewa Lazlo está empezando a tener vida propia. De hecho varios sitios web y blogs citan como un hecho que ella es la Inconnue.
Goto admite que se siente un poco incómodo con su creación. "Asumí que la gente tendría una visión posmoderna y lo tratarían como ficción", me dijo. "Realmente no esperaba que lo tomaran en serio".

Pero incluso si Ewa Lazlo es una lección en no creer absolutamente todo lo que se lee en internet, es poco probable que la historia no irá mucho más allá.
Lo que nos gusta sobre la Inconnue es la incertidumbre, el enigma. Como Louise Welsh comentó cuando regresamos de nuestra búsqueda de esta Mona Lisa ahogada en París, el valor de la máscara reside en su misterio.
"En el momento en el que tengamos un nombre y una historia de su vida, ese misterio desaparece".

Publicado por: BBC MUNDO – Jeremy Grange – 28/10/13 -





República Dominicana: "Detrás de cada hecho se esconden 10…"

Pese a los esfuerzos del gobierno dominicano por enfrentar la situación de adolescentes embarazadas y violadas, en ocasiones hasta por familiares cercanos, la realidad se escapa de las manos y toma linderos inimaginables.

Los casos se multiplican y la Fiscalía de esta capital recibe unas 15 denuncias cada mes de jóvenes en edades que oscilan entre los 11 y los 16 años. En la mayoría de los actos los padres no solo conocen, sino que reciben remuneración de los victimarios.
Una menor de 13 años, cuya vida peligra por presentar un embarazo de seis meses, nada menos que de trillizos, es atendida en la Maternidad Nuestra Señora de La Altagracia, ubicado en Santo Domingo, Distrito Nacional.
Según trascendió a los medios de prensa, la muchachita fue abusada por un hombre de 60 años "que le hacía regalos para convencerla y llevaba comida a sus padres, de quienes se considera amigo y les ayuda con múltiples ´favores´". La familia vive en extrema pobreza, en Los Corozos de San José de Ocoa, al suroeste del país.
La dirección del centro de salud decidió dejarla ingresada, pues presenta un alto nivel de desnutrición; en tanto que el sexagenario se halla prófugo, después que el Ministerio Público ordenara su arresto.

Parte de un fenómeno…
El pasado 23 de septiembre, la ginecóloga forense del Instituto Nacional de Ciencias Forenses, María Jacqueline Fabián, aseguró a la prensa que detrás de cada hecho conocido se esconden otros 10, "como parte de un fenómeno que debe ser enfrentado con políticas públicas e intervenciones integrales".
Añadió que "el problema no es solo de justicia, hay que trabajar en el sistema educativo, con las familias, toda la sociedad, las juntas de vecinos y el sector salud".
Otra realidad que ha conmovido la opinión pública es el caso de la condena de Agustín Comas Inoa, el 19 de septiembre, hallado culpable de violar sexualmente a su hija de siete años bajo duras amenazas.
El expediente acusatorio revela que Comas había sido sorprendido por la madre, en momentos en que obligaba a la niña a realizarle el sexo oral en su vivienda, del sector Villa Consuelo, en esta capital.
Tras realizar los exámenes de lugar, la forense certificó que la pequeña presentaba hallazgo en la región anal compatible con la ocurrencia de penetración.
Los jueces del Primer Tribunal Colegiado del Distrito Nacional lo condenaron a 20 años de cárcel, por pena tipificada en la ley 136-03, sobre los Derechos del Menor.
Entre otras denuncias está la del padre de una menor de 12 años, violada por un soldado raso de la Policía Nacional, de 22 años de edad, quien negó el hecho alegando que "la infante sabía lo que hacía". El progenitor pidió al Ministerio Público tomar cartas en el asunto y declaró que el autor del hecho, apellidado Zorrilla Vásquez, intimidaba a su hija, "con su arma de reglamento".

Aplicar el peso de la ley
La Procuraduría General de la República integró a unos 92 dirigentes comunitarios al Sistema de Mediación y Conciliación de Conflictos, a fin de fusionar a la familia, hospitales y escuelas en acciones que observen y denuncien estas violaciones.
"Nos está preocupando la gran cantidad de niñas embarazadas por adultos, lo que constituye una violación, pues esas infantes no tienen ningún tipo de discernimiento. Vamos a trabajar duro para que no haya conciliación", aseguró el procurador general de la República, Francisco Domínguez Brito, y sentenció que el Ministerio Público aplicará todo el peso de la ley.
Jeremuy Freehill, funcionaria del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), declaró el 9 de agosto, en la ciudad de Santiago de los Caballeros, que unas 27.000 jóvenes entre los 15 y 19 años están en estado de gestación o ya experimentaron el proceso. Llamó a invertir para prevenir desafortunados embarazos.
El 19 por ciento de las muertes maternas relacionadas al embarazo, parto y posparto en República Dominicana ocurren entre las adolescentes, lo que representa 18 por ciento de las causas de deserción escolar, según datos de la UNFPA, publicados en el portal digital 
Noticias Sin, el 10 de agosto de 2013.


Publicado por: SEMLac – Santo Domingo -  Mercedes Alonso – 26/10/13 -

Argentina: Córdoba: Violencia de género: chicos no saben dónde pedir ayuda.

Una encuesta sobre agresiones en el noviazgo, realizada en secundarios de Jesús María, revela que muchos chicos ignoran el tema. El problema es similar en otras ciudades.
Diferentes investigaciones realizadas en el país muestran que un alto porcentaje de casos de violencia de género se inician en la etapa del noviazgo.
Una encuesta realizada a 720 alumnos de colegios secundarios de Jesús María, entre 15 y 18 años, arrojó algunos datos inquietantes en ese sentido. 
Por ejemplo, que el 76 por ciento de quienes ya a esa edad estuvieron en alguna relación de pareja sufrieron situaciones que calificarían de “violencia psicológica”.
La encuesta fue organizada por el equipo municipal de Prevención y Atención de la Violencia Familiar, como respuesta a la solicitud de algunos establecimientos educativos en los que se registraron distintos episodios de violencia durante 2012.
Y también frente a la necesidad de llegar con el mensaje de que en la órbita municipal existe un programa concreto para receptar planteos y abordar la problemática de la violencia familiar.
Entre los encuestados, también surgió que un 13 por ciento de los adolescentes admitía haber sido víctima de violencia física en el noviazgo, y un 10 por ciento de violencia sexual, además de que casi la mitad de los encuestados manifestó haber sufrido insultos o humillaciones.
Percepción compartida
La visión entre los adolescentes de la ciudad también coincide con un diagnóstico participativo que encaró el municipio hace tres años y en el que la comunidad señaló como problema acuciante el de la violencia.
Los números pueden ser representativos para otras ciudades. No hay en principio motivos para imaginar escenarios locales muy diferenciados en estas problemáticas globales.
Los indicadores de este relevamiento en Jesús María, además, coinciden en gran parte con los del informe que este diario publicó en septiembre pasado, con datos de una investigación de la Defensoría del Pueblo de Córdoba.
“Lo que más nos preocupó de este relevamiento fue saber que un alto porcentaje de los adolescentes no contabilizaban como violentas situaciones de control y manipulación que claramente lo son”, señaló Ana Moyano, psicóloga del programa municipal de Jesús María.
Se remitió a los ejemplos: más de la mitad no consideraba violento que su pareja se enoje cuando no se le comunicaba si salía con otras personas, y el 35 por ciento no consideraba violento que su pareja controle su dinero, o no le deje trabajar o estudiar. Cerca de un 60 por ciento, en tanto, no veía violencia en que su pareja le revise sus mensajes en redes sociales, correo electrónico o teléfono móvil.
Fernando Guevara, abogado del programa municipal, señaló su sorpresa por el dato de que la clara mayoría señala que acudiría a solicitar ayuda si fuese víctima de violencia, pero en igual proporción no sabría a dónde acudir.
“Muestra en parte nuestras falencias para mostrar iniciativas que están disponibles, pero también la desconfianza que generan otras instituciones como la Policía o la Justicia, que es adonde tienen que recurrir las víctimas en primera instancia”, indicó.
Medidas para abordaje
Por lo pronto, con los datos de las encuestas, el programa de violencia familiar municipal realizará una devolución a cada una de las instituciones que participó y acudirá con información a los alumnos a través de charlas y talleres.
Además, se realizarán actividades callejeras durante el Día Internacional de la No Violencia Contra las Mujeres, a fines de noviembre, y se realizarán campañas específicas de prevención e información.
En detalle
Cifra. La encuesta realizada por la municipalidad de Jesús María abarcó a 720 estudiantes secundarios de todos los colegios.
Ayuda. (03525) 443-720; e-mail: violenciafamiliar.jesusmaria@gmail.com.
Publicado por: Diario La Voz – Córdoba (Argentina) – Claudio Minoldo – 28/10/13 -