jueves, 4 de abril de 2013

“Yo iba pa’l infierno” (Historia de una guerrillera).

























Elda Mosquera creció rodeada de agrupaciones de izquierda y promesas de revolución marxista. A los 15 años ya pertenecía a la Juventud Comunista (Juco). A los 16 ingresó a las Farc.
El combate llevaba seis horas. Eran las dos de la madrugada y la oscuridad se interrumpía por ráfagas de fusil y explosiones a lo lejos. Se escuchaban gritos, pero lo que más se oía era el estallido de las armas. Era el martes 4 de agosto de 1998. El corregimiento de Pavarandó, en Mutatá (Antioquia), estaba bajo el castigo del fuego. La brigada del ejército se encontraba rodeada por unos 500 hombres de los frentes 58 y Quinto de las Farc. La línea ofensiva de éste último era comandado por Karina.
Ella disparaba a un punto fijo y de ese lugar también respondían. Oyó como si una lata cayera a su lado. Explotó. No recuerda ni el dolor ni el miedo, solo sintió que ascendía, como si un cohete la jalara hacia arriba, varios kilómetros. Subía mucho, a niveles que nunca se hubiera imaginado. Vio cosas que no podrá describir, pero que jamás salieron de su cabeza. Había colores y figuras errantes. Descubrió un mundo fascinante, y justo a un paso, otro aterrador.
Vio flores. Allá arriba se mezclaba en ella la angustia y la paz. No había nadie más. Finalmente observó un abismo que se la quería tragar, la absorbía a la oscuridad. “Yo iba pa’l infierno”, dice, y cierra los ojos para evitar llorar. “Eso fue horrible, pero yo sé que iba para allá”.
Antes de que esa oscuridad la engullera, gritó. Se acordó de su hija y un lamento la hizo reaccionar. A su lado estaba una niña de unos 17 años, llamada Sindi. También estaba herida por la explosión, pero no de gravedad. Le decía: “Comandante, no se queje, que nos van a acabar de rematar”.
Karina sangraba, casi no veía y el golpe le había dislocado la quijada. Sindi le confesaba su miedo, quería huir pero no pensaba dejarla sola. De alguna forma, Elda le hizo entender que quería que la dejara morir ahí. La niña se negó y, arrastrándose, se fue a buscar ayuda.
En ese entonces Karina tenía 30 años. Aunque era muy fuerte no pudo quitarse el equipo de campaña que la aprisionaba. Intentó ponerse en pie. Las balas no la alcanzaron. Caminó como borracha hasta un alambrado que no vio. Tropezó y cayó. No tenía fuerzas para levantarse. Tirada en un pastizal vio de nuevo a Sindi. Cerró los ojos y se quedó dormida.
Elda Neyis Mosquera, ‘Karina’, no supo más de sí misma sino ocho días después cuando despertó del coma, en una carpa, en alguna parte de Urabá. A su alrededor estaba el comandante del Frente Quinto, alias ‘Jacobo Arango’, y un par de enfermeras de camuflado, que la estaban cambiando de ropa luego de haberla bañado.
La trasladaron a Medellín a casa de una pareja de guerrilleros urbanos, que la cuidaron y llevaron a servicios médicos. Solo pudo recibir la visita de una tía que, al verla con un ojo operado y numerosas cicatrices, le pidió abandonar las armas y le prometió una nueva vida en Maicao. Volvió a sentir miedo, y decidió que no saldría de las Farc.
Elda nació en Puerto Boyacá. A los tres años su familia se estableció en Currulao, entonces corregimiento de Turbo, en el Urabá antioqueño. Sus papás tomaron un terreno en una vereda. A Elda la mandaron con su abuela al pueblo. Fue la única de sus hermanos que pudo ir a la escuela, “pero a cambio de eso no fui una niña como las demás –dice–. Me tocaba levantarme a las cinco de la mañana a vender arepas. A mediodía vendía mazamorra y en la tarde frutas. El estudio era en dos jornadas: de 8 a 11 y de 2 a 5 de la tarde”.
Se crió con su abuela. A su papá lo veía cada ocho días porque bajaba al pueblo a mercar, y a su mamá una o dos veces al mes, solo cuando iba a visitarla.  “Mi abuela fue muy tirana conmigo aunque yo la quería mucho. Hoy tiene 101 años y aún vive. En algún momento me gustaría volver a ver cómo está la viejita”.
A los doce años terminó la primaria y su abuela le prohibió volver al colegio por temor a que consiguiera novio. Volvió a donde sus padres. “Mi papá en su brutalidad decía que uno como ser humano no necesitaba estudio, mucho menos para criar hijos y tener marido. También en el caso del hombre, no necesitaba aprender nada más que a trabajar la tierra”.
En los años 70 del siglo veinte Urabá parecía tierra sin ley ni dueño. Elda veía en las calles manifestaciones alusivas al marxismo, comunismo, juventudes revolucionarias. No entendía nada, sólo que su papá simpatizaba con ellos. Eran civiles, hablaban de la lucha armada y que con ella sacarían a su pueblo de la pobreza. Esta idea la emocionaba más que nada.
Desde su niñez escuchaba hablar de ‘los muchachos del monte’. A veces el eco de una balacera la despertaba en las noches. Al otro día, en un desayuno con aguapanela y arepa, oía a sus papás o a su abuela comentar que ‘los muchachos’ habían matado a un policía o a tres campesinos.
Una noche, y a pesar de la oscuridad, vio desde su ventana a cuatro señores, de edad avanzada, uniforme y fusil, pasar frente a la casa. “Mi papá me dijo que eran ellos de los que tanto hablaban: eran guerrilleros de las Farc”.
A los quince años era miembro de la Juco. Asistía a fiestas del partido comunista, auténticas parrandas con música, trago, baile y comida. Los ‘muchachos del monte’ participaban en las reuniones. Eran jóvenes uniformados, apuestos y con aspecto rudo. Coqueteaban con las adolescentes como Elda y las convidaban a su vida de aventuras. Les contaban historias de héroes que cambiarían el país y lo convertirían en uno en el que no hubiera ricos ni pobres. “Nos motivaban, nos lavaban el cerebro”, dice Karina.
Elda estaba aburrida en su casa. Soñaba con ser enfermera o confeccionista. A los 16 conoció a alias ‘Érica’, una mujer cercana a las Farc. Le preguntó cómo sería irse selva adentro. “Es la guerra. No es vacaciones. Piénselo ocho días y si se decide la esperamos en la carretera”, le dijo.
“Por eso digo que nunca me obligaron”, aclara. Un día antes de cumplir el plazo anunció en su casa la decisión. Su mamá rompió en llanto. Su papá le dijo que si ese era su deseo, no se lo impediría aunque no estuviera completamente de acuerdo. El 3 de septiembre de 1984, sin decir nada a nadie, empacó sus cosas y salió de su casa para nunca volver.
Un hombre del Partido Comunista la recogió en el lugar señalado. Con ella se enlistaron siete jóvenes, entre ellos un menor de edad. Ese mismo año unos 200 jóvenes entraron a la guerrilla. En la vereda de Elda no quedaron adolescentes.
En el campamento los recibió el comandante Guillermo Usuga, alias ‘Tío Pacho’, cuya primera orden fue que se bañaran. ‘Karina’ se sintió incómoda cuando tuvo que mostrarse en ropa interior frente a una tropa de hombres que no hacía más que mirarla con morbo. Con el tiempo tuvo que acostumbrarse.
Al comienzo, los nuevos seguían vistiendo de civil y no portaban armas. Se les daba charlas contra el Estado colombiano y sobre el marxismo. Ser ordenada y disciplinada cautivó a sus superiores. A pocos días de ingresar Elda fue premiada por su desempeño y nombrada parte de una escuadra comandada por alias ‘Efraín Guzmán’.
Debido a un castigo tuvo que salir a buscar leña. Se sentó a solas a llorar. Una guerrillera antigua llamada Gladys la descubrió.
–¿Está aburrida, sardina?
–No –respondió de inmediato, secándose con rapidez las lágrimas. Ya sabía que si algún joven decía que quería irse, los subversivos lo mandaban para la casa, pero lo mataban por el camino.
Elda se tragó su melancolía. Le dieron su primer arma, un revolver para hacer guardia. Por esa época también aprendió a bailar.
“Solo sabía bailar el Turumbis Tumbis –confiesa–. Era como una carranga. Solo saltar y mover los hombros. Pero en la Comisión había un muchacho, el reemplazante, que armó una pista para una hora diaria cultural. Yo ahí aprendí del vallenato, baladas y otras músicas”.
Pero así como pasó tardes de juerga también conoció un rito siniestro. La orden vino de ‘Efraín Guzmán’ y era tajante: debía matar a un hombre que al parecer era un infiltrado.
–Tome este machete –le dijeron–. Usted tiene que hacerlo. Él está amarrado. No haga ruido y no deje que grite.
Karina hizo caso. “En la guerrilla hay un dicho: el que no sirve para matar, sirve para que lo maten”, sostiene. Con el tiempo se imaginó que la habían elegido a ella porque su víctima era su amigo. Querían probar su lealtad. Entró al lugar donde estaba el prisionero. Karina tomó  la peinilla y lo golpeó en la garganta con el lado afilado . La cuchilla no lo cortaba sino que rebotaba y lo lastimaba.  Al fin le dijeron: “páseselo sobadito”.
Karina era guapa para trabajar. De novata la retaron a remolcar una carga de alimentos. Fue la única mujer capaz de cargar 120 libras de panela de un envión. Así se ganó la fama de la negra fuerte.
En 1986, dos años después de su ingreso, la llamaron a un curso de estrategia al que solo asistieron altos mandos. Aprendió pericias de guerra, asaltos, de orden cerrado, orden abierto y tácticas de emboscada. ‘Tio Pacho’ dijo que había sido una de las mejores del curso. De guerrillera rasa la ascendió a comandante de escuadra.
En septiembre de 1988 participó en la toma del puesto de policía de Saiza (Córdoba) y el asalto a una patrulla del ejército cerca al pueblo. “No lo hicimos solo los de las Farc –aclara–. Fue una acción de la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar que contaba con el EPL”. Karina participó en el grupo de asalto.  Dice que ingresó al pueblo como a las 4 de la mañana y que a las 2 de la tarde ya tenían tomado el puesto de Policía. Entonces regresó ante sus superiores, victoriosa.
Vio que ‘Tío Pacho’ estaba preocupado porque necesitaban refuerzos para vencer al Ejército. Se ofreció, pero solo tenía 30 tiros de munición. Algunos guerrilleros, más temerosos de volver a combate, le completaron 100 tiros. Fue a pelear y ganó. Ahora no solo era la fuerte, era la mujer combativa.
Estuvo en el 89 en La Uribe (Meta) y fue instruida por cinco extranjeros de los que no da detalles, según ella porque no se preguntaba jamás quienes eran los profesores. “Uno de ellos era como español”, reconoce. De 150 estudiantes, ella fue una de las diez mejores.
Ese mismo año quedó embarazada. La noticia desató la ira de sus superiores. Le pidieron abortar. Ya era reemplazante de compañía y tenía a cargo 50 hombres. Como prefirió tener a su hija la sancionaron y degradaron. Con seis meses de embarazo sufrió paludismo y la sacaron de las filas. Dio a luz en Apartadó a finales de 1990.
Cuarenta días después de la dieta la llamaron de vuelta al monte. Dejó a su hija con la familia del padre, que también era combatiente. Aunque regresó como guerrillera rasa a los pocos días le devolvieron el cargo de reemplazante y tiempo más tarde la quinta dirección de mando en el Bloque cinco.
“A mí me llamó ‘Iván Márquez’. Usted se va a ayudarle a Harrison al 47. Sólo eso me dijo”. Karina llegó como reemplazante de frente hasta que a alias ‘Harrinson’ lo capturaron cuando regresaba de San Vicente del Caguán, en septiembre de 2000. Sin ningún ascenso especial Karina fue nombrada la jefe del Frente 47, con unos 350 hombres bajo su dominio.
Ya había tenido éxito en Arboleda, y vendrían muchas más operaciones en el sur de Antioquia, Caldas y Risaralda que, con su sello y mando, la dibujarían como el azote del occidente colombiano.
“No me dio difícil porque yo fui una persona de mucho carisma con los combatientes; la gente me caminaba mucho porque no era una mujer tirana. Que no lo diga yo: usted lo puede averiguar con cualquier otro pelado del Frente Quinto o 47. Como yo venía de ser guerrillera rasa, me metía en el zapato de ellos. Más bien tenía como complejo de inferioridad”, asegura.
En el Urabá y el sur de Antioquía se tejió todo un mito alrededor de Karina. Hoy ella dice que reconoce sus víctimas, pero no las de otros comandantes como ‘Marcos’ o ‘Iván Ríos’. Se separa de voluminosas listas de muertos y desmiente en su accionar una estela de torturas y monstruosidades.
“Ese señor Miguel Páez Ramos dijo que yo lo había castrado. Pero dice que fue en el año 2000 y en el Frente Quinto, cuando yo ya estaba en el 47. Su denuncia fue hasta que yo me desmovilicé, y ni siquiera me han abierto proceso por eso”. Sigue sus desagravios. “Que dizque en la toma de Arboleda yo jugaba con la cabeza de los policías. Reconozco que hubo unos 15 militares muertos, que el pueblo quedó destruido y que hubo policías vivos que se entregaron y que ‘Marcos’ los mandó a matar. Eso lo he confesado. Pero es mentira que los guerrilleros jugaran balón con sus cabezas. Si fuera verdad, ¿dónde hay un acta de defunción que diga que los policías fueron decapitados?”.
Dice que la Karina del Frente 47 y Quinto acepta que le digan criminal porque, en combates con el Ejército vió correr la sangre de decenas, de parte y parte. Pero jamás reconocerá que participó en masacres a civiles. “Dios lo sabe; no tengo ni una masacre. Ni la de la Chinita, ni de la Osaka, ni nada de eso”.  No obstante sí acepta reclutamiento de menores y, más allá, la participación en algunos de sus fusilamientos.
–¿Karina ordenó fusilar a alguien?
–No –responde a secas. Pocas veces convoqué consejos revolucionarios. La orden o sentencia la dictaba una asamblea guerrillera.
–¿Votó a favor de fusilamientos en esos consejos?
–Si la gente no votaba en consejos de guerra, era mandato de ‘Marcos’ que se volviera a convocar asamblea hasta que saliera fusilado.
–¿Participó en algún fusilamiento? ¿Usted disparó?
–(Agacha la cabeza, piensa unos tres segundos) No –responde al fin–. Una vez en el Quinto me nombraron comandante del pelotón. No disparé, solo di la orden de abrir fuego.
–¿Pero usted sí dio la orden de fusilar a informantes, violadores y ladrones, tanto de las Farc como de afuera?
–En cumplimiento de las normas de la guerrilla había comportamientos que daban fusilamiento. Si había un violador, ladrones o informantes, así fuera en los pueblos, se mandaban matar.
 A las cinco de la mañana del 18 de mayo, Michín y Karina salieron del campamento, por zona rural de Sonsón. Caminaron bastante para alejarse de sus compañeros. Karina huyó echando a la basura 24 años de historia en las Farc. Quería que desde ese momento se le conociera como Elda.
Pero también escapaba de la muerte a traición. Un par de años antes, ‘Iván Ríos’, quien fue uno de sus amigos, terminó detestándola. Años atrás, en un combate su compañía se dividió. Ella se quedó con Tatiana, la novia de ‘Iván Ríos’, una sobrina de ella y dos jóvenes combatientes.
Duraron una semana perdidos, en pantano y sin comida, hasta que se comunicaron con ‘Iván Ríos’. Les aseguró que mandaría por ellos, pero en la espera fueron asaltados por el Ejército. Murieron todos menos Karina. El comandante, que esperaba sobre todo a su novia, solo vio a Elda. ¡Usted es la que debería estar muerta! le dijo con rabia. La relación se fue deteriorando. De un momento a otro sintió que ‘Iván Ríos’ cobraría la sangre de su amada con la suya.
El día que huyeron, Elda y Michín se comunicaron con alguien en Medellín que les hizo puente con agentes del DAS. Les dijeron que le llevarían a su hija para garantizar la seriedad de la entrega. La exguerrillera aceptó. Escucharon los helicópteros. Prendieron una humareda y se pusieron ropa blanca. Los recogieron.
Cuando escapó de la selva abrazó a su hija con tanta fuerza y a la vez desespero, que la niña sólo le pudo decir: “Mami, gracias por devolverme la vida”.

Fue atendida por el ejército y llevada a la Cuarta Brigada. Esa noche pudo dormir con su hija. Elda juntó su colchón con el de su niña para dormir juntas. Cenó pollo a la broaster, nunca antes lo había comido, y quedó fascinada. Le costó conciliar el sueño. Habló tanto con su hija que quedaron fundidas a las 2:30 de la madrugada y se volvieron a despertar a las 4 para seguir charlando.
“Con Michín al fin no pudimos hacer vida de pareja. Cuando me metieron en los calabozos del DAS nos separaron. Poco tiempo nos veíamos y terminamos separándonos de común acuerdo. Él ahora tiene esposa. Yo lo aprecio mucho”.
Casi todo su tiempo, desde que se sometió a Justicia y Paz, la pasa en diligencias judiciales, intentando contar la verdad de lo que hizo en 24 años de guerra. De vez en cuando lee. Le gustan los textos de historia, los que cuentan las victorias de las guerrillas en El Salvador o Guatemala, que hoy son partidos políticos. Suele repasar la Biblia y algún libro de Gabriel García Márquez. Ahora es cristiana y escucha más a Alex Campos y Adrián Romero que las rancheras del pasado.
“Yo fui víctima del Estado y víctima de la guerrilla. Pero también lamentablemente me convertí en victimaria –insiste ahora–. Si una cosa me duele a mí es que Iván Márquez diga en Cuba que las Farc no son victimarios y que no tienen víctimas”. Elda es una escéptica del proceso de paz.
–Las Farc dicen que no han despojado tierras…– le pregunto.
-Eso sí es mentira. En todos los frentes hay tierras usurpadas. Yo, como Elda no tengo bienes, pero el frente 47 sí se adueñó de las tierras. Por equis o ye motivo la gente salió y dejó sus tierras y las Farc se las quitó. Eso era así. Llámelo despojo o como sea, pero eso pasó. Y cuando hablaron que no tenían secuestrados yo dije que si decían eso, mejor dijeran qué los hicieron. Hay víctimas que reclaman secuestros de hace 10, 15 u 8 años; yo digo: eso no reclamen a esa persona porque debe estar muerta. Mejor pidan saber dónde lo enterraron.
“Esa es la experiencia que uno conoce de las Farc. Y también dicen que no son narcotraficantes, pero uno sabe que están vinculados con eso desde el 95. A mí una vez en 2005 ‘Iván Ríos’ me dijo que a los frentes del Urabá los iba a poner a sembrar coca”.
Elda Mosquera ocasionalmente ve a su hija, pero habla con ella con frencuencia. Asegura estar arrepentida del daño que produjo. Pide perdón, pero al tiempo siente que está poniéndose a pases con Dios. Y sobre todo, ya no le teme a la muerte, porque la vivió. “Ya sé qué se siente: es como estar dormido, sin soñar nada”.
Los crímenes de Karina
Desplazamiento y posterior asesinato de Ernesto de Jesús Tabares, en Samaná (Caldas), en el año 2003.
Toma del corregimiento de Montebonito (Caldas) en marzo de 2006. La acción fue cometida con cilindros de gas y artillería, un agente de policía y tres civiles murieron.
Secuestro y posterior desaparición de Óscar Mario Cifuentes Giraldo en Samaná (Caldas), en marzo de 2001.
Toma del corregimiento de Arboleda (Pensilvania, Caldas) en el 2000, en la que murieron 12 policías y cuatro civiles.
Ataque a la base militar de Pavarandó, Chocó (1998).
Toma del municipio de Bagadó, Chocó (1997).
Ataque a población de Nariño, Antioquia (1997).
Asalto a la base militar de Mutatá, Antioquia (1993).
Asalto a la base militar de Saiza, Caldas (1988).
Publicado por: KIEN&KE – 01/04/13 

Historia de una Mujer:¿Cómo se vive sin televisión, supermercados ni médicos?

Tatiana Vertani, fotógrafa, decidió hace diez años que su vida tomaría un rumbo diferente viviendo cerca a las montañas y acompañando cada causa ambiental que se le cruzara por el frente. Ella hace parte de una corriente que cada día tiene más adeptos: renunciar al sistema.
Acaba de cumplir 30 años y siente que su vida tiene un rumbo definido: el verde. Es el color que la identifica. Es lo que quiere mirar, sentir y oler.
Hoy llega en una moto, un medio de transporte que usa de vez en cuando, y que venía conduciendo desde Villa de Leyva. A pesar del viaje no está cansada y por el contrario nos narra con entusiasmo su historia.
Todo comenzó con un Renault 4 que “recicló” con su novio, un publicista que comparte con ella su visión verde de las cosas. El carro fue adecuado con un sistema de hidrógeno que le permite consumir un 40 % menos de gasolina. “El Renault ecológico” también fue pintado con imágenes de bosques y ríos para emprender un viaje por distintos sitios de Colombia: desde Cundinamarca hasta la Sierra Nevada de Santa Marta y así poder proyectar cine ambiental en los parques.
“Llevábamos un video beam y con el equipo de sonido instalado en el carro y una pantalla hecha con tubos de PVC proyectábamos cine ambiental como la Abuela grilloo documentales de Peta o de National Geographic”.
Después del carro, Tatiana dice que “la Tierra los llamó” y quisieron irse de Bogotá. “No soportamos más la ciudad”. Encontraron que a Villa de Leyva llegaban muchas personas de la ciudad que habían migrado para vivir en comunidades como el Arca Verde.
“Yo tuve una época en la que me empelotaba por las causas, pero después pase a un activismo más enfocado a mi estilo vida. Pensamos que es mejor un lugar donde difundamos un proyecto de comunidad con buenas prácticas medioambientales”.
Tatiana aprendió a cultivar y a hacer sus alimentos: mantequilla, tortas, pan, quesos, mermelada, ajonjolí, granola y otras comidas que le hicieron más fácil dejar de depender del dinero y comer una dieta orgánica. Después vendría el truque, otro estilo de vida alternativo. De esta forma mientras alguien produce shampoo orgánico alguien se lo cambia por mano de obra en alguna construcción u otro objeto. “Son muchas las personas que están en esta corriente y que viven de otra forma, por eso es posible ayudarnos y aprender siempre algo nuevo”.
La ideología ecológica de Tatiana aumentó con su contacto con los Kogui, a los que ayudó a difundir su marca de café orgánico a través de fotos y videos. “Trabajamos a su ritmo. Aparecen y desaparecen, pero nos enseñaron a respetar a la verdadera Madre. Ellos sí la tienen súper clara porque respetan cada bosque que talan. Están muy conectados y le piden a la tierra permiso antes de hacer cada cosa”.
La rutina de una persona verde

Tatiana se acostumbró al campo y por eso se acuesta a las 9 de la noche, y se levanta a las 6 de la mañana. Medita un rato o camina. Después le dedica alrededor de cuatro horas a labrar la tierra, la huerta o la construcción ya sea de un baño seco o de una maloka. En la tarde hace un rato de activismo por redes sociales o sus páginas web y “como aún no se han salido del sistema” se sientan a trabajar unas dos horas en algunos proyectos de publicidad, cine o fotografía.
En la noche no hay televisión. Pueden ver cine de vez en cuando, pero la idea es desenchufarse por completamente de lo masivo. Hace varios años también ella, su novio y varios amigos abandonaron el sistema de salud. “Somos lo que comemos y nosotros nos nivelamos con eso. Muchas personas ya no vacunan a sus hijos y nunca se enferman porque comen saludable”.
Hace un tiempo Tatiana escuchó algo que la sorprendió. Su familia nunca ha cuestionado su modo de vida, pero tampoco se ha adherido a este. Sin embargo, el día que en plena reunión familiar, su tío el abogado, el que más respeto tiene y el que mayor “fortuna ha hecho”, les dijo a todos que “Tatiana era la única que tenía la verdad. La que sí estaba haciendo bien las cosas”, ella no se lo esperaba y cree que el resto de su familia tampoco. “Seguramente pensaban que era una loca, pero poco a poco ven que estoy desarrollando muchos proyectos y que vivo feliz”.

El sueño de la villa

Tatiana, que lleva años aprendiendo de cultivos, métodos de reforestación y ecoaldeas tuvo un sueño que se hizo realidad hace poco: tener su propia villa Gaia. “He aprendido mucho de permacultura, que es un método  para emular ambientes naturales y en el que el bosque es el profesor. La villa queda en Santa Rita (cerca a Villa de Leyva), un sitio muy importante en yacimientos de agua y tendremos un bosque para cuidar porque sólo vamos a tumbar una parte pequeña de los árboles. Allí entenderemos que los monocultivos crean sobrepoblación de una planta, por eso surgen plagas para controlarlos. Después llega el hombre y los fumiga y terminamos comiendo veneno”.
Además del área de conservación forestal, en este sitio Tatiana continuará con una escuela de sustentabilidad en donde les enseñan a las personas a través de talleres a vivir de forma sostenible con sus propios alimentos y sin depender del sistema económico.
Tatiana compró  hace poco un terreno para crear una villa de 20 viviendas. Las casas deben ser construidas en materiales como barro, guadua o piedra y los baños no podrán tener sistema de aguas, sino que deberán ser secos.

Después de visitar distintas ecoaldeas del país cree que en algunas de estas el punto solo ha sido irse a vivir al campo, pero seguir haciendo mercado en los supermercados. “Nosotros todavía hoy dependemos del sistema económico, pero sí logramos ahorrar mucho cuando plantamos los alimentos y hacemos la comida. Por ejemplo, la gente sabe que vendemos granola y como les gusta lo orgánico nos la compran. Por eso tenemos un mercadito que en cierta forma sobrevive del trueque”.
La idea en esta villa es que haya más independencia, pero también reglas como la construcción con materiales ecológicos como piedra, madera, guadua o barro. También la hechura de baños secos; unas cajas que duran alrededor de seis meses y que deben ser tapadas con arena o aserrín y que se cambian cuando la materia fecal ya es tierra. La orina va en otra caja y así disminuyen los olores.
“Nos estamos cagando en el agua potable. Solo el 3 % del agua de la Tierra es agua potable y el 2% está congelado y eso es algo muy grave que pasamos como si nada”.
Otra de las áreas de este sitio es una biopiscina (una especie de lago con plantas que lo purifiquen), una casa con solar y una panadería, así como una huerta.
“Si hacemos algo bonito y chévere la gente puede comprar algo más económico. Lo primero que haremos será plantar árboles frutales y hacer el centro de sustentabilidad que es lo que queremos que la gente vea. Si nos sobra plata con este proyecto me encantaría comprar bosque alrededor de la Sierra Nevada de Santa Marta para apoyar el tema indígena y que no suba la deforestación allí.”
Aunque Tatiana nunca se ha sentido apartada de la sociedad por vivir de otra manera, sí es escéptica sobre una parte de la  “comunidad verde”. Opina que hay gente muy activista, que poco tiempo después vuelve a tomar Coca Cola porque en realidad es muy difícil cambiar todos los hábitos.
A pesar de eso el movimiento crece cada día más en las ciudades del país o fuera de ellas. La razón por la que tantas personas se adhieren a esta corriente según Tatiana es fácil: “Mira yo me antoje de un iPhone, pero  a los cinco minutos ya me daba igual. Así hay mucha gente que va sintiendo que eso no lo hace feliz y de pronto cuando estás cerca a la naturaleza sientes mucha paz y tranquilidad, ahí se cae todo lo que nos han enseñado y comienzas a buscar otras cosas”.
Publicado por: KIEN&KE – 03/04/13 -

Abuela de Plaza de Mayo muere ahogada en su casa por temporal en Argentina



Lucila Ahumada de Inana, una integrante de Abuelas de Plaza de Mayo, murió en su casa de La Plata (63 km al sur) por efecto del temporal y la inundación que azotaron la ciudad, informó este jueves la organización humanitaria.
"La tragedia nos ha tocado de cerca porque una de nuestras compañeras, la Abuela Lucila Ahumada de Inama, fue hallada muerta en su casa de La Plata bajo 1,70 metros de agua", según el comunicado que no precisó la edad de la occisa.
La Plata fue la ciudad más castigada por las torrenciales lluvias registradas entre el martes y el miércoles que alcanzaron también a la capital argentina, con un balance global de 59 muertos y centenares de miles de afectados.
"Lucila todavía buscaba a su nieto. Su hijo, Daniel Inama, y su nuera, Noemí Macedo, fueron secuestrados el 2 de noviembre de 1977 y llevados al centro clandestino de detención denominado Club Atlético", indicó la entidad.
Noemí Macedo "estaba embarazada de seis o siete meses. Tanto la pareja como el niño o niña están desaparecidos", subrayó el comunicado.
Abuelas de Plaza de Mayo ha logrado restituir la identidad de 108 nietos robados cuando eran bebés en la dictadura (1976-1983), hijos de padres víctimas del método de desaparición de personas.
"Por la memoria de las víctima de la inundación y por el dolor de sus familias, las Abuelas llamamos -en particular a los jóvenes- a seguir siendo solidarios con la gente que lo ha perdido todo o casi todo, en muchos casos lo poco que tenía", se agregó en la nota de prensa.
Las Abuelas de Plaza de Mayo, que preside Estela de Carlotto, es una de las más prestigiosas organizaciones humanitarias del país y su objetivo actual es la búsqueda y restitución de la identidad de otros 400 bebés sustraídos de sus familias de sangre.

Publicado por: Al Día con Terra – AFP – 04/04/13 -

Colombia: Repudio Ante El Asesinato De Luz Yohana Lopez Vidal.


Desde la Asociación Asmubuli de Colombia y la Red de Mujeres Trabajadoras Sexuales de Latinoamérica y el Caribe Hispano (RedTraSex) expresamos nuestro pesar por la pérdida de una luchadora y exigimos que el caso se esclarezca para encarcelar al o los responsables de este crimen. 

Luz Yohana Lopez Vidal de 27 años de edad, madre de 3 niños, destacada lideresa de las trabajadoras sexuales de la Galería en Manizales Caldas, fue encontrada el 31 de marzo, asesinada de un disparo en la cabeza, signos de tortura y múltiples hematomas. Fue hallada a un lado de la carretera que conduce a Arauca, en un sector conocido como el Pulguero en las afueras de Manizales. Según testigos, fue vista por última vez con un cliente taxista. 

Luz Johana trabajaba por los derechos de las trabajadoras sexuales, ayudaba a sus compañeras en todo lo que estaba a su alcance. “Hemos perdido a una líder, a una referente, a una amiga” expresaron sus compañeras colombianas. 

Desde la RedTraSex exigimos el total esclarecimiento y la máxima condena para el/los culpables de este asesinato y ponemos de manifiesto nuestra gran preocupación ante la violencia de la que somos víctimas las mujeres trabajadoras sexuales de toda la región. 

Desde hace más de 15 años exigimos a los gobiernos nacionales de la región que garanticen nuestros derechos y la posibilidad de trabajar de forma segura y en condiciones dignas. Sin embargo aumenta la represión contra las trabajadoras sexuales y cada vez se sancionan más leyes que criminalizan nuestro trabajo. 

El resultado es la  clandestinización de nuestra actividad y una mayor indefensión frente a situaciones de violencia o abuso. Los mismos Estados, por acción u omisión nos exponen a la explotación y a la muerte, ¿Cuántas “Luces” más deberemos perder para que comprendan la gravedad de la situación? 
Todas las mujeres trabajadoras sexuales de la RedTraSex rechazamos la violenta invisibilidad en que la que se sumergen este tipo de asesinatos y declaramos que donde la impunidad continúe reinando, nos seguiremos organizando para que se respeten nuestros Derechos Humanos.

Publicado por: AWID - Secretaría Ejecutiva RedTraSex – 03/04/13 -

Las leyes que tipifican el femicidio y la realidad latinoamericana: Avances y desafíos.


En Latinoamérica, los homicidios de mujeres por razones de género han sido denunciados por el movimiento de mujeres como femicidios o feminicidios desde hace casi dos décadas. 

Estos crímenes incluyen aquellos cometidos por parejas o exparejas de las mujeres como también por desconocidos, frecuentemente con violencia sexual o ensañamiento sexualizado. Si bien estos crímenes son un fenómeno global, el actual contexto de violencia armada que afecta especialmente a Centroamérica y México ha provocado un sustancial incremento de esta forma extrema de violencia sexista.

En la "guerra contra el narcotráfico", como en otros conflictos armados, las mujeres sufren de manera desproporcionada el impacto de la violencia. La violencia estructural que enfrentan las mujeres se ve incrementada e intensificada en estos escenarios, pues la conformación de grupos armados exacerba los estereotipos de género y exige masculinidades afincadas en la dominación y el uso de la fuerza desmedida, y feminidades dependientes y sumisas.
En contextos de alta violencia se incrementan los femicidios tanto por la mayor disponibilidad y acceso a las armas como por la crueldad con que se ejerce la violencia contra las mujeres, con ribetes simbólicos dentro de los grupos armados que se ensañan con sus cuerpos. 

La violencia contra ellas también se ejerce a través de mensajes de amenazas y ajuste de cuentas en contra de sus parejas masculinas. En contextos como estos, quienes no pertenecen a grupos armados también pueden acceder fácilmente a las armas y hacer uso de ellas en la esfera doméstica contra las mujeres, beneficiándose igualmente de la débil actuación de los sistemas de justicia y la consecuente impunidad.
En Honduras, en los últimos años, el incremento de homicidios de mujeres es más de cuatro veces mayor al aumento de homicidios de hombres (entre 2003 y 2007 aumentaron en un 40% los homicidios de hombres y en un 166% los homicidios de mujeres), situación similar a la de Guatemala y El Salvador. Este incremento, que se relaciona directamente con los actuales contextos y dinámicas en Centroamérica, se caracteriza por la presencia de mafias y redes delictivas asociadas principalmente al comercio de drogas y trata de personas, y por un débil funcionamiento de los sistemas de justicia. La situación es similar en algunas regiones de México donde, en un año, la cifra de asesinatos de mujeres llegó a ser equivalente a la de una década.

Esta realidad y las denuncias globales sobre los femicidios y feminicidios han llevado a que hoy sean once los países latinoamericanos que lo han tipificado como un nuevo delito: Costa Rica, Guatemala, Colombia, Chile, El Salvador, Perú, Nicaragua, México, Argentina, Honduras y Bolivia, además de una veintena de entidades federativas mexicanas. Aunque en varios países estas leyes han sido promovidas desde el feminismo, en otros, el movimiento de mujeres ha sido más bien escéptico o crítico frente a estas nuevas leyes. Y es que a menudo las leyes aprobadas distan bastante de las iniciativas inicialmente propuestas o son mucho más restrictivas en su alcance que lo planteado desde las organizaciones feministas. En algunos casos, se alega que estas leyes suponen únicamente una diferencia de "nombre", que no da cuenta de la violencia específica que se está sancionando, ni de normas que tiendan a una efectiva prevención de los crímenes.
En la mayor parte de los países latinoamericanos, la tipificación del femicidio constituye la primera forma de legislación dirigida específicamente a sancionar la violencia contra las mujeres (no como parte de la violencia común o violencia familiar) lo cual es un reconocimiento de la importancia de adoptar medidas legislativas específicas frente a este fenómeno. Sin embargo, la sola adopción de estas leyes no constituye una garantía de la implementación de las políticas públicas necesarias para contribuir a la prevención y erradicación de este fenómeno.

Las leyes que tipifican el femicidio gozan de gran popularidad mediática y política, pues las autoridades muestran el compromiso del Estado en la erradicación de la violencia contra las mujeres, pero a menudo este compromiso es muy restringido. Algunas de estas leyes -como en Chile, Perú y diversas entidades federativas mexicanas- son sólo disposiciones penales aisladas, que introducen un nuevo delito sin contemplar medidas de prevención ni políticas públicas encaminadas a favorecer la investigación, sanción y erradicación de estos crímenes.
Las leyes penales suponen costos muy bajos para el Estado, comparados con los recursos que, por ejemplo, algunos países debieran invertir para hacer frente a problemas estructurales del sistema de justicia que conducen a la impunidad de los feminicidios y otros crímenes, incluyendo transformaciones procesales penales, investigación y sanción a responsables de corrupción y negligencia, entre otras materias. Precisamente, estos aspectos han sido temas postergados en las leyes sobre femicidio, en los países en que los organismos judiciales y policiales han sido denunciados por corrupción, discriminación y negligencia.

En otros países, las formulaciones vagas o imprecisas, o la coexistencia de otras normas, han dejado casi sin posibilidades de aplicación práctica a las nuevas figuras de femicidio, como ha ocurrido en Colombia y en varias entidades federativas mexicanas. Esta variedad e imprecisión en las normas puede distorsionar los datos relativos a las muertes de mujeres y, eventualmente, desacreditar las denuncias feministas al respecto, pues oficialmente sólo se contabilizarán los femicidios de acuerdo a la definición legal; definición que a menudo no incluye todos los casos que denuncian las organizaciones de mujeres.
La realidad de los femicidios varía entre los diversos países y también en las diversas regiones latinoamericanas. En Centroamérica, es fundamental considerar el contexto de alta violencia y criminalidad organizada en el cual se cometen cada vez más crímenes contra mujeres. Las medidas que se adopten para hacer frente a ellos no pueden limitarse, por tanto, a solas medidas punitivas, sino que además se deben considerar y abordar aquellos complejos factores que están alimentando una violencia cada vez más extendida, y sus específicas y graves manifestaciones contra las mujeres.

Patsilí Toledo es Doctora en Derecho Público por la Universidad Autónoma de Barcelona, e integrante del Grupo de Investigación "Antígona", dedicado al estudio de temas de derecho y género, de la Facultad de Derecho de la misma universidad. Ha colaborado con el Centro de Derechos Humanos de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile, Facultad donde también ya sido investigadora invitada del Departamento de Ciencias Penales y profesora del curso Género y Derecho. Su investigación doctoral examinó los procesos de tipificación del femicidio y feminicidio en países latinoamericanos, tema en el que realizó una Consultoría para la Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos – México en 2009 y ha sido invitada a participar en reuniones de organizaciones de mujeres en Honduras, México, Chile y Argentina, así como en encuentros académicos en México, Chile y España. También ha escrito artículos académicos en torno a este tema que han sido publicados en Chile, España y Brasil.

Publicado por: Slides Home, Blog Campaña Nacional Contra los Femicidios - Por Patsilí Toledo
Doctora en Derecho Público, Universidad Autónoma de Barcelona – 22/03/13 -

Estancada la participación política de las mujeres en Guatemala



Cuando el número de mujeres que se encuentran en puestos de toma de decisión se estanca, es imperante recurrir a la adopción de cuotas de participación como medida afirmativa para avanzar en la consolidación de la equidad de género, afirmó la ex congresista guatemalteca Catalina Soberanis.

Soberanis quien también es consultora en temas de participación política, fue diputada entre 1986 y 1994 y presidenta del Legislativo en 1991 y en 1992, cuando las mujeres representaban en el Congreso de la República 2 por ciento, los hombres determinaban las agendas y los temas de género eran invisibilizados en el pleno.

La especialista enfatizó que hace dos décadas llegar a esos puestos o alcanzar la titularidad de algún Ministerio era muy difícil para las mujeres ya que las agrupaciones partidistas tampoco las tomaban en cuenta para formar las planillas a la hora de las elecciones.

En los últimos 20 años la representación de las mujeres en el Congreso pasó de 2 a 13 por ciento. Ahora pueden acceder a la tierra, participan activamente en los consejos de desarrollo y en los partidos políticos y se ven con más frecuencia al frente de las instituciones de los tres poderes del Estado, añadió la experta.

De acuerdo con un estudio de la ONU sobre Guatemala, en la actualidad de los 11 Ministerios del gobierno 3 están encabezados por mujeres; de los 16 Ministros del gabinete de gobierno, una es mujer y de 137 diputaciones, 21 corresponden a diputadas.

El estudio también destaca la participación de la Fiscal General y Jefa del Ministerio Público, Claudia Paz y Paz y la presidencia de la Corte Suprema de Justicia que ejerció la Magistrada Thelma Aldana, en el 2012.

En opinión de Soberanis, la participación política de las mujeres se ha estancado pues existen pruebas de su participación a nivel de bases pero el número no coincide con quienes ocupan puestos de poder.

El último padrón electoral estuvo conformado 52 por ciento por mujeres; 1 de cada 10 candidatas fue electa; se trata de mujeres votando por hombres, aseguró la ex diputada.

Soberanis concluyó que será determinante recurrir a las cuotas para lograr que más mujeres sean asignadas a cargos de poder y lograr el avance hacia la equidad en el país, por lo que el Congreso de la República deberá agendar a la discusión, las reformas al artículo 212 de la Ley Electoral y de Partidos Políticos.


Publicado por: Argenpress.info – PL – 03/04/13 -


Más de mil mujeres murieron en Pakistán en 2012 por crímenes de 'honor'



Así lo reveló un informe de la Comisión de Derechos Humanos de Pakistán.

Casi un millar de mujeres murieron el año pasado en Pakistán a causa de los llamados 'crímenes de honor', casi siempre perpetrados por sus propios familiares, desveló este jueves un informe de la Comisión de Derechos Humanos de Pakistán (HRCP).
De acuerdo con el informe anual del organismo, 913 mujeres -99 de ellas menores de edad- fallecieron en este tipo de incidentes, aunque el documento alerta que el número puede ser mayor ya que se sospecha que muchos casos pasan desapercibidos.
La mayoría de las víctimas, más de 600, fueron asesinadas tras ser acusadas -a menudo sin pruebas- de mantener relaciones sexuales fuera del matrimonio, y casi 200 murieron por haberse casado sin el consentimiento familiar.
Los perpetradores fueron en la mayoría de casos familiares cercanos, generalmente el marido, un hermano o el padre de la víctima.
El informe repasa exhaustivamente la situación de los derechos humanos en el país y denuncia violaciones en diversos apartados, como las desapariciones forzosas de personas a manos de las agencias de seguridad o la violencia contra las minorías religiosas.
"Más allá de los datos, lo que nos preocupa mucho son las tendencias, que son cada vez más negativas", afirmó durante la presentación del informe el secretario general de la HRCP y veterano defensor de los derechos cívicos en el país asiático, I. A Rehmán.
"2012 ha sido un año en el que nuestra democracia ha estado sometida a una enorme presión, con un poder judicial que ha intentado defender algunos derechos, pero que se ha visto obligado a aceptar sus limitaciones", lamentó Rehmán.
Asma Jahangir, abogada que presidió la Comisión y destacada activista, achacó la mala situación de los derechos humanos en Pakistán a "un ambiente" caracterizado por el "mal gobierno del país" y por "el peso de instituciones no elegidas por el pueblo".
"Vemos cómo no para de crecer la violencia de todo tipo en nuestro país", afirmó Jahangir, quien denunció que "el terrorismo basado en explotar una determinada visión religiosa se nutre de una creciente religiosidad de los ciudadanos".
"Es hora de que asumamos también nuestra responsabilidad en todo este problema", reclamó la expresidenta de la HRCP, que recordó que, por ejemplo, que muchos justifican el terrorismo en Pakistán por los ataques con aviones espía de EEUU.
"Ha muerto muchísima más gente en Pakistán por ataques terroristas que por 'drones'", recordó Jahangir, y añadió que "el terrorismo ya existía en Pakistán mucho antes de que hubiera aviones espía".
Las constantes denuncias de Jahangir contra el aparato de seguridad del país y contra el discurso integrista que permea la sociedad paquistaní le han valido numerosas amenazas de muerte, y el año pasado su entorno lanzó una alerta para promover su protección.
A pesar de todo, Jahangir se mostró optimista sobre el avance de los derechos humanos en su país, "ya que nadie puede parar a la gente cuando empieza a reclamar sus derechos", y puso como ejemplo el progreso experimentado por las mujeres en las últimos décadas. 
 
 
Publicado por: elperiodico.com -  EFE – 04/04/13 -