jueves, 6 de septiembre de 2012

LAS GEISHAS.

"Geisha", se pronuncia, es un nombre propio, y como todos los nombres japoneses, no existen variantes de la palabra en singular o en plural.
La palabra se compone de dos raices japonesas, kanji, (gei) que significa "arte" y (sha) que significa "persona" o "actor". La traducción más literal de la palabra "geisha" sería por tanto la de "artista".
Otro término utilizado en Japón es geiko, una palabra del dialecto KYOTO. Este término usa también comúnmente en la región, para distinguir a las geishas que practican las artes tradicionales niponas, de las prostitutas que han tomado el nombre y la indumentaria de las geishas.
Las geishas, que no se dedican a la actividad sexual, generalmente contaban con la ayuda de una asistente para facilitar el difícil proceso de vestirse; la vestimenta de una geisha se compone de varias capas de ropa interior y el kimono, y un obi (Banda de tela que se ciñe a la cintura). Las prostitutas, sin embargo, al tener que quitarse su obi varias veces al día, utilizaban otros menos complejos, atados en la parte delantera para facilitar su retirada y su nueva colocación.
Las aprendices de geishas se llaman maiko. Esta palabra proviene de los kanji, (mayo), que significa "baile" y (ko), que significa "niño". Es la imagen tradicional de la maiko, con su maquillaje blanco, su kimono y su particular peinado, la que se ha convertido en el estereotipo de las "geishas" para los occidentales, en lugar de las verdaderas geishas.
Las geishas en Tokio generalmente no siguen el ritual del proceso de aprendizaje de las maiko.
El período de formación de una geisha, puede ser de seis meses a un año (mucho más corto que el de una maiko). La aspirante se denomina han'gyoku (半玉) o "media joya".
Etapas de formación
Tradicionalmente, las geishas comienzan su entrenamiento a una edad muy temprana. De hecho algunas niñas eran vendidas a casas de geishas ( "okiya"), esto era común entre las personas más pobres sin recursos. También las hijas de las geishas solían ser educadas como geishas, como sucesoras ( "atotori", que significa heredero).
Primera etapa shikomi
La primera etapa de la capacitación se llama shikomi. Cuando una niña llega a la okiya, es puesta a trabajar como empleada doméstica, haciendo todo aquello que se le ordene. El trabajo normalmente era duro, con la intención modelar y fortalecer el caracter de las niñas.
Las más jóvenes de la casa tenían que esperar hasta altas horas de la madrugada a que regresaran las de sus citas y compromisos.
Durante esta etapa de capacitación, la joven acudía a clases en el hanamachi (la escuela de geishas). Actualmente, esta etapa de formación todavía existe, allí se enseña a las jóvenes el dialecto tradicional, las costumbres y tradiciones, y la vestimenta de la "karyūkai."
Una vez que se dominaban las artes propias de una geisha, se aprobaba una prueba final, y un difícil examen de danza, eran ascendidas a la segunda etapa de formación: minarai.
Segunda etapa minarai
En esta segunda etapa eran relevadas de sus tareas domésticas. En esta etapa se centraban más en la formación sobre el terreno real, asistiendo a banquetes y fiestas en el que los clientes eran atendidos por geishas, aunque las aprendizas solo observaban y no participan hasta llegar a un nivel avanzado.
Una minarai podía asistir a las fiestas que atendiera su onee - San ( "onee - San", que significa "hermana mayor", y es la Minarai superior).
Normalmente también, trabajaban en estrecha colaboración con una casa de té (llamada "minarai - jaya"), para aprender de la "oka - San" (titular de la casa de té). Estas técnicas no se enseñan en la escuela, así como tampoco la adquisición de habilidades como la conversación, que solo puden ser adquiridas a través de la práctica. Esta etapa sólo dura alrededor de un mes más o menos.
Tercera etapa maiko
Después de un breve período de tiempo, comenzaba la tercera (y la más famosa) etapa de formación, llamada maiko.
Las maiko son aprendices de geishas, esta última fase puede durar años. Las maiko aprenden de sus geishas mentoras y las siguen en todos sus compromisos. Esta relación es muy importante. La onee - San enseña a su maiko todo lo que concierne al trabajo en el hanamachi, su enseñanza es vital. Ella le enseñará las formas correctas de servir el té, el juego del shamisen, los bailes, la conversación, etc.
La onee - San ayuda incluso a buscar el nombre nuevo con el que la maiko entrará a la vida profesional de kanji, también los símbolos relacionados con su propio nombre.
Las geishas parecen mujeres propensas al "coqueteo", pero realmente son recatadas e inocentes.
Después de un período corto de unos seis meses (en Tokio) o hasta cinco años (en Kyoto), la maiko es ascendida al nivel de auténtica geishas, en ese momento empiezan a cobrar el precio completo de las horas que dedican al trabajo. La Geisha permanecer como tal, hasta que se jubila.
La Geisha moderna
Las geishas modernas siguen viviendo en las casas tradicionales de geishas llamadas okiya, en zonas llamados hanamachi (花街 "flor ciudades"), sobre todo durante su aprendizaje.
Las mujeres jóvenes que desean convertirse en geishas, ahora más a menudo, comienzan su entrenamiento después de completar la escuela secundaria, después de la universidad, o incluso al inicio de sus carreras profesionales siendo ya adultas.
Las Geishas aún estudian los instrumentos tradicionales como el shamisen, shakuhachi (flautas de bambú) y los tambores, así como a las canciones tradicionales, la danza tradicional japonesa, la ceremonia del té, la literatura y la poesía nipona.
Observando a otras geishas, y con la asistencia de la encargada de la casa de geishas, las aprendices, adquieren experiencia en las tradiciones que rodean el arte de la geisha, el uso de kimonos, y el trato con los clientes.
Kyoto es considerado por muchos el lugar donde la tradición de las geishas es más fuerte hoy en día, incluyendo Gion Kobu. Las geishas en estos distritos son conocidas como geiko.
 En el Japón moderno, las geishas y las maiko son raramente vistas fuera de las hanamachi (花街 "flor ciudades").
En la década de 1920 había más de 80.000 geishas en Japón, pero hoy en día hay muchos menos. El número exacto se desconoce, se calcula que es de 1.000 a 2.000, la mayoría en la ciudad turística de Atami. Normalmente lo que suelen verse son mujeres niponas pagadas por turistas que se visten (se "disfrazan" más bien) como una maiko.
Una economía deprimida, la disminución en el interés de las artes tradicionales, y el interés por ser entretenido por geishas, han contribuido a la disminución de ésta antigua tradición.
Las geisha suelen ser contratados para asistir a fiestas y encuentros, tradicionalmente en casas de té (茶屋, ochaya) o en los restaurantes tradicionales japoneses (ryōtei).
Los honorarios, se miden por el tiempo que emplea un palo de incienso en quemarse, y se llama senkōdai (線香代, "vara de incienso de pago") o gyokudai (玉代"joya de pago"). En Kyoto, los términos "ohana" (お花) y "hanadai" (花代), que significa "flor honorarios", son las más conocidas.
La Geisha y la prostitución
Sigue existiendo cierta confusión, incluso dentro de Japón, sobre la naturaleza de la profesión de las geishas.
La Geisha suele representarse dentro de la cultura occidental popular como prostitutas de lujo. Sin embargo como ya hemos visto las geishas son más bien animadoras, su propósito es el de entretener a sus clientes, ya sea recitando versos, tocando instrumentos musicales, o mediante la conversación. Dentro del cometido de la Geisha puede producirse el flirteo o el coqueteo con los hombres, así como juegos de insinuaciones, sin embargo, los clientes saben que no pueden esperar nada más allá.
Este tipo de relación social es característicamente japonés, ya que según la mentalidad del hombre japonés, encuentran cierta diversión simplemente en la ilusión o fantasía de lo que puede ser pero nunca será.
Las geishas a veces se han confundido con una tradicional clase alta de cortesanas llamadas oiran, que al igual que las geishas, utilizan un peinado similar y maquillaje blanco. Una forma sencilla de distinguir entre las dos es que las oiran, así como las prostitutas, atan su obi en la parte delantera del kimono. La Geisha tradicional sin embargo, anuda su obi en la parte de atrás.
Durante el periodo Edo, la prostitución es legal y las prostitutas, como las oiran están autorizadas por el gobierno.
Por el contrario, las geishas tenían estrictamente prohibido la prostitución, y estaba oficialmente prohibido tener relaciones sexuales con sus clientes.
 
Las relaciones personales y los danna
Normalmente se esperaba que la Geisha fuera una mujer soltera, sin pareja y aquellas que optaban por casarse debían retirarse de la profesión.
Era habitual que la geisha se estableciera de cierto modo y tuviera un danna o cliente habitual. Éste danna normalmente era un hombre rico, a veces casado, que tenía los medios económicos necesarios para apoyar los multiples gastos relacionados la formación y estilo de vida de la geisha. En la actualidad ésta práctica se ha ido perdiendo.
La geisha y su danna pueden o no mantener una relación amorosa, pueden mantener relaciones sexuales, pero nunca son vistas como una recompensa por la ayuda financiera que recibe la geisha.
Las normas y los valores tradicionales dentro de este tipo de relación están muy intrincados, pero no son entendidos, incluso por muchos japoneses.
Si bien es cierto que una geisha es libre de tener relaciones sexuales con un hombre que conoce a través de su trabajo, estas relaciones son cuidadosamente elegidas y es poco probable que sean ocasionales. Las hanamachi tienden a ser lugares muy sólidos dentro de la comunidad japonesa donde la reputación de la geisha no es tomada a la ligera.
 
Aspecto
Maquillaje
Hoy en día, el tradicional maquillaje de las aprendices de geisha es una de sus características más famosa y de éstas. Aunque las maiko sólo se pintan la cara blanca en ocusiones especiales y fiestas.
El maquillaje tradicional de una aprendiz de geisha, se caracteriza por una gruesa base de pintura blanca sobre la que destaca el lápiz de labios rojo y algunos acentos negros alrededor de los ojos y las cejas.
Originalmente la máscara blanca de base se hacía con plomo, pero después de descubrir que esta pintura envenenaba la piel y causaba terribles problemas de espalda, fue sustituido por el arroz en polvo.
La aplicación del maquillaje es difícil de perfeccionar y es un proceso que toma su tiempo. El maquillaje se aplica antes de vestirse para evitar manchar los kimonos.
En primer lugar, se aplica una sustancia de aceite o cera, llamada bintsuke - abura sobre la piel. A continuación, se aplica un polvo blanco que se mezcla con agua haciendo una pasta que se extiende con un pincel de bambú. El maquillaje blanco cubre la cara, el cuello y el pecho, con dos o tres zonas sin maquillar (formando una "W" o "V", la forma tradicional suele ser una "W") normalmente en la nuca, para acentuar esta zona, considerada tradicionalmente como erótica, dejando una línea de piel desnuda alrededor de línea del nacimiento del pelo, que crea la ilusión de una máscara.
Tradicionalmente para pintar los ojos y las cejas se utilizaba carbón, pero hoy en día se utilizan cosméticos modernos. Una maiko se aplica también color rojo alrededor de los ojos.
Los labios se pintan con un pequeño cepillo. Le aplican agua con azúcar por encima para dar brillo a los labios.
Durante los tres primeros años, una maiko usa este pesado maquillaje casi constantemente. Durante su iniciación la maiko es ayudada a maquillarse, ya sea por su onee - San o "hermana mayor" o por la okaa - San o "madre" de su casa de geishas. Después, ella misma es capaz de aplicarse el maquillaje sola.
Después de que una maiko ha estado trabajando durante tres años, cambia su maquillaje a un estilo más moderado. La razón es que al madurar, el estilo sencillo, muestra su propia belleza natural. Para ocasiones formales, las geishas maduras se aplican el maquillaje blanco.
Vestimenta
Una geisha siempre lleva su peculiar kimono. Normalmente las geishas llevan kimonos muy coloridos con extravagantes obis. Las geishas mayores utilizan colores y formas más sutiles y sencillos.
Un signo de prosperidad para una okiya, es que sus geishas no lleven un kimono más de una vez, lo que significa que las okiyas con un mayor estatus económico tienen "almacenes" donde se guardan los kimonos que se intercambian entre las geishas.

El color, el modelo y el estilo de los kimonos también depende de la temporada y el tipo de reuniones a las que asisten. En invierno, suelen usar "abrigos" de tres cuartos de longitud bordados con seda pintada a mano. Los revestimientos de los kimonos se usan durante las temporadas de frío, y los kimonos sin revestimiento durante el verano.
Un kimono puede tardar de 2 a 3 años en completarse, debido a la complejidad de la pintura y el bordado manual de éstos.
Una maiko se viste normalmente de rojo y estampados en blanco .
Como calzado, se utilizan sandalias con suela de madera, llamadas Zori y solo llevan tabi (calcetines) en interiores.
En climas fríos las geishas utilizan zuecos de madera, llamados Geta. Las Maiko llevan altísimos zuecos negros llamados Okobo.
Peinado
El tipo de peinado que lucen las geishas ha variado a través de los años. En el pasado, era común para las mujeres usar el cabello suelto en algunos periodos, pero recogido en otros. Durante el siglo XVII, las mujeres comenzaron recogerse de nuevo el pelo, y es durante este tiempo que el peinado tradicional shimada se instauró entre las geishas.
Hay cuatro tipos principales de la shimada: la de taka shimada, un peinado elevado normalmente usado por mujeres jóvenes, solteras; la tsubushi shimada, más aplanado generalmente utilizados por las mujeres de más edad; la uiwata, un peinado que se elabora con un trozo de algodón de color crepé, y un estilo que se asemeja a un melocotón dividido por la mitad y que se usa sólo por la maiko.
Estos peinados se elaboran y decoran con distintas horquillas y ganchos (kanzashi). En el siglo XVII y después de la Restauración del período Meiji, se usaron peinetas grandes y visibles, mostrando peinados más ornamentados para las mujeres de clase alta. Tras la Restauración Meiji y en la era moderna, se usaron ornamentos más pequeños y menos recargados.
Las geishas aprendieron a dormir apoyando el cuello sobre unos reposaderos pequeños (takamakura), en lugar de almohadas, para de esta forma mantener su peinado perfecto. Para reforzar este hábito, sus mentores colocaban arroz alrededor de la base de apoyo. Si las geishas vovían la cabeza lateralmente mientras dormía, el arroz se pegaba al pelo y a la cara y tenían que volver a peinarse. Normalmente mantenían el peinado durante una semana aproximadamente.
Muchas Geishas modernas usan pelucas en su vida profesional, mientras que las Maiko suelen utilizar su pelo natural. Sin embargo, unas u otras deben ser periódicamente atendidas por artesanos en peluquería tradicional altamente calificados. Así, la peluquería tradicional es un "arte de morir lentamente".

Las geishas y su fenómeno cultural
El creciente interés por la apariencia exótica de las geishas, ha creado varios fenómenos culturales tanto en Japón y como en occidente.
Tras la gran popularidad alcanzada por la novela y película Memorias de una geisha (muy por debajo en realismo del libro Vida de una geisha, autobiografía de la geisha Mineko Igasaki) inspiró líneas de maquillaje y tendencias estilistas en occidente.
"Una Geisha no es una prostituta, sino una artista...
Una Geisha es capaz de encantar a un hombre y detenerlo solo con una mirada...
 
 


El culto a la mujer en la Prehistoria.

Diosa lunar
Cuando el enigma de la Prehistoria con sus representaciones mudas cede el paso, con la invención de la escritura, a la historia con palabras, nos encontramos de repente frente a una constelación elaborada de creencias coherentes, mezcladas con fantásticos relatos sobre los orígenes del mundo.
Adivinamos que durante milenios, y bajo una organización social eminentemente matriarcal, el mundo se concibió como surgido de un gran huevo germinal empollado por una Gran Diosa en un océano turbulento y confuso; que unas reglas superiores imponían tempestades, diluvios y terremotos. Que el fuego de poderes sobrehumanos no podía ser en la Tierra otra cosa que el fruto de un robo tan sacrílego como precioso, perpetrado por los humanos contra los designios de la divinidad.
El hombre en lucha por sobrevivir en un entorno tan hostil se concibió a sí mismo en una dialéctica constante de sumisión y enfrentamiento con los seres superiores. Con los dioses.
¿Culto a la fecundidad o a la mujer?
¿Existió realmente una Diosa Madre venerada por los pueblos de la Antigüedad? ¿Qué significado tenían para estos hombres las figurillas encontradas siglos después en tumbas y fosas domésticas? ¿Responden a una organización matriarcal de la sociedad?
Algunas de las numerosas estatuillas halladas en excavaciones de asentamientos mediterráneos nos remiten al Paleolítico superior. El cometido de estas figuras sigue siendo un tema de discusión para muchos arqueólogos, pues opinan que, al desconocer el contexto en que fueron producidas, las diversas interpretaciones sobre su función no dejan de ser meras hipótesis que han dado lugar, a veces, a conjeturas muy arriesgadas.
Desde hace miles de años la figura femenina ha estado vinculada a la muerte. En Egipto, por ejemplo, los sarcófagos de piedra eran denominados "vientres maternos". Asimismo, en la cuenca mediterránea los difuntos solían ser enterrados en el seno de las montañas, pues se creía que la divinidad que habitaba en ellas les ayudaba a renacer: convertidos en estrellas (las almas se elevaban hasta la constelación Orión), los traspasados guiaban las existencias de los vivos desde el firmamento. Por otro lado, muchas de las estatuillas que nos han llegado se han encontrado en sepulcros, lo que hace suponer que su misión era despertar a los muertos para conducirlos hacia su nueva vida en la tierra de los bienaventurados. Utilizadas como ornamentos, fetiches, joyas o amuletos, estas representaciones femeninas (de divinidades o de sacerdotisas) actuaban como intermediarias entre los dioses y los muertos. Así, a su belleza se unían sus poderes mágico-religiosos, ya que la fuerza que emanaba de ellas tenía un carácter protector relacionado con las creencias en el más allá.
Diosa de la abundancia
Casi todas las figurillas encontradas están desnudas y sus características físicas son muy parecidas. Tanto sus exageradas formas nutricias y sexuales como sus cabezas carentes de rasgos hacen dudar de que estemos ante representaciones realistas de la mujer paleolítica; más bien sugieren una interpretación simbólica (las formas generosas remiten a la abundancia de bienes terrenales).
Sin embargo, el significado de su desnudez evoluciona a lo largo de los siglos. En las representaciones posteriores, los rasgos femeninos se muestran tan esquematizados que quedan reducidos a simples trazos geométricos. Estas mujeres no parecen seres de este mundo, sino apariciones celestes (algunas, incluso, adquieren la apariencia de un pájaro).
Otras funciones de estas figuras están relacionadas con el ámbito doméstico. Algunas tribus cazadoras de Asia septentrional fabricaron unas estatuillas femeninas, llamadas dzuli, que representaban a la abuela mítica de la tribu, de la que se suponía que descendían todos sus miembros. Situadas en los hogares, las dzuli protegían tanto la vivienda como a quienes habitaban en ella; por eso, como muestra de agradecimiento, cuando los hombres regresaban de sus expediciones de caza les ofrecían ofrendas. Asimismo, en la región siberiana de Mal'ta se han descubierto unas casas antiquísimas cuya planta rectangular estaba claramente dividida en dos partes: una de ellas se reservaba a los hombres y la otra, a las mujeres. Las estatuillas halladas en su interior estaban situadas precisamente en este último sector, lo que hace pensar que fueron realizadas por mujeres. Quizá formaban parte de rituales domésticos: usadas como talismanes mágicos, garantizaban el cumplimiento de un bien deseado (fertilidad, salud para la familia, buena suerte, etc.).
El cambio de una sociedad nómada cazadora a otra sedentaria agricultora otorgó protagonismo a la figura femenina. Se estableció un vínculo entre la fertilidad de la tierra y la fecundidad de la mujer: las mujeres no sólo trabajaban los cultivos, sino que se convirtieron en responsables de la abundancia de las cosechas, pues sólo ellas poseían el misterio de la creación. La vida humana empezó a asimilarse al ciclo vegetal: tras ser engendrados (la tierra pasa a transformarse en una enorme matriz), tanto los hombres como las plantas crecen y terminan regresando a las entrañas terrestres cuando mueren. Asimismo, esta evolución hizo que la sacralidad femenina cobrase mayor importancia. En el Mediterráneo Oriental (Egipto, Fenicia, Frigia y Grecia) empezaron a venerarse las diosas Isis, Cibeles y Rea, consagradas a la fecundidad vegetal, animal y humana.
Diosa lunar
Además de estar estrechamente relacionada con la tierra, la sexualidad femenina guarda también una clara correspondencia con las fases lunares, lo que favoreció el nacimiento de una "Diosa Blanca" vinculada a la Luna. La literatura antigua nos ha dejado un valioso testimonio del culto a esta poderosa Diosa Madre lunar. En la obra latina El asno de oro, escrita por Apuleyo (125-180), se conserva un completísimo relato acerca de esta divinidad. Junto a su descripción física, se hace referencia a su poder sobre los hombres y sobre todos los cuerpos, pues aumentan o disminuyen según los ciclos lunares.
Esta diosa "soberana", que "resplandece con gran majestad", era adorada en su calidad de cultivadora, segadora y aventadora del grano. Se representaba con una larga cabellera que le cubría la espalda, una corona de flores que adornaba su cabeza y una túnica oscura "sembrada toda de unas estrellas muy resplandecientes, en medio de las cuales la Luna de quince días lanzaba rayos inflamados". Pero dejemos que la propia divinidad sea quien se presente: "Soy madre y natura de todas las cosas, señora de todos los elementos, principio y generación de los siglos, la mayor de los dioses y reina de todos los difuntos, primera y única sola de todos los dioses y diosas del cielo, que dispenso con mi poder y mando las alturas resplandecientes del cielo, y las aguas saludables de la mar, y los secretos lloros del infierno. A mí, sola y una diosa, honra y sacrifica todo el mundo en muchas maneras de nombres".
Y es cierto que casi cada pueblo que la adoptó la nombró de un modo distinto: los troyanos, Pesinuntica ("madre de los dioses"); los atenienses, Minerva cecrópea; los chipriotas, Venus Pafia; los cretenses, Diana; los etíopes, arrios y egipcios, Isis; los sicilianos, Proserpina, y los eleusinos, Ceres ("madre primera de los panes"). La lista, sin embargo, parece no terminar nunca, pues también se la reconoce bajo los nombres de Juno, Bellona, Hécates, Ranusia..
 Fuente consultada: HISTORIA DE LAS RELIGIONES.
 


Prostitución en Antigua Grecia.

Es costumbre decir que la prostitución es el oficio más viejo del viejo. La realidad es que, en una época determinada, era el único oficio del mundo que las mujeres podían ejercer.
Según estudios de la investigadora multidisciplinaria Francisca Bella Martín-Cano Abreu, las sociedades o comunidades arcaicas eran matriarcales. La mujer se autosustentaba, la sucesión era matrilineal y el núcleo familiar lo componía la mujer con sus hijos, de los que se hacía cargo en forma unilateral. Con el tiempo, apareció la vinculación mujer-hombre que hasta ese momento no existía. No está muy claro por qué se produjo este cambio cultural en el hombre: quizás fue la necesidad de aumentar el número de descendientes, o porque deseara tener, al igual que la mujer hasta ese momento, dominio sobre los hijos y las posesiones. Joseph Campbell, historiador y filósofo, tiene una teoría: "Sin duda, en las primeras edades de la historia humana el milagro y la fuerza mágica de la mujer fue una maravilla no menor que el universo mismo, y esto dio a la mujer un poder prodigioso, y una de las preocupaciones principales de la parte masculina de la población ha sido destruirlo, controlarlo y emplearlo para sus propios fines."
Con el comienzo de esta nueva relación hombre-mujer se produce una expansión demográfica, y las mujeres comienzan a quedar relegadas al cuidado de los hijos, mientras los hombres son los encargados de conseguir el sustento. Finalmente, todos aquellos oficios y tareas independientes que realizaban las mujeres (alfarera, artesanas, recolectora, porteadora, etc), pasan a ser desarrolladas por los hombres. El hecho de que las esposas fueran consideradas sólo como un medio para tener hijos, hizo que los hombres buscaran compañía fuera de sus casas. Por otra parte las mujeres habían perdido su capacidad de autosustentación. Así que sólo había un oficio al que podían dedicarse, la prostitución.
En la Grecia arcaica (700-500 a.C.) las cosas no eran muy diferentes: “Tenemos a las hetairas para el placer, a las concubinas para que se hagan cargo de nuestras necesidades corporales diarias y a las esposas para que nos traigan hijos legítimos y para que sean fieles guardianes de nuestros hogares”, decía Demóstenes en su discurso Contra Neera.
Los registros indican que fue el legislador Solón (638 – 558 a.C.) quien legalizó los burdeles en Atenas. Los hombres podían utilizar los servicios de hetairai y prostitutas, pero estaba penado por la ley que tuvieran relaciones extra-matrimoniales con mujeres libres, es decir, ciudadanas solteras. Esto no hace más que confirmar la vigencia de los conceptos de Emmett Murphy en “Historia de los Grandes Burdeles del Mundo”: “Que la causa primigenia es la utilización de la mujer como un elemento objetivado al servicio del género masculino y de su esquema patriarcal, resulta bastante evidente, ya que a lo largo de la historia las mujeres han sido y son elementos de uso lucrativo (…)”.
Las expectativas de la sociedad ateniense con respecto a sus mujeres eran diversas. Las mujeres “respetables”, como se las llamaba, eran las esposas de los ciudadanos (no tenían la categoría de ciudadanas ellas mismas), y su rol principal era procrear y cuidar de la casa y los hijos. Permanecían apartadas de las actividades sociales y toda su vida transcurría en el oikos, en el interior de su casa, en compañía de otras mujeres. No tenían bienes propios ni podían disponer de los de la familia. . Aunque sí estaba permitido que asistieran a las fiestas religiosas, como la de Eleusis y el carnaval de Dionisos, a pesar de ser celebraciones que incluían rituales relacionados con el sexo. La mujer de la polis era un ser inferior, un ser marginal al que no se le reconocían derechos ni dignidad propia:
“La esposa no debe tener sentimientos propios, sino que debe acompañar al marido en los estados de ánimo de éste, ya sean serios ya alegres, pensativos o bromistas”. (Plutarco, “Moralia”)
“Y también en la relación entre macho y hembra, por naturaleza, uno es superior y otro inferior, uno manda y otro obedece”. (Aristóteles, “Política”)
Otro papel reservado a las mujeres era el de concubinas (pallaké), que vivían en el hogar conyugal, situación que debía ser aceptada por las esposas. Las concubinas no corrían mejor suerte que las esposas legítimas, excepto que éstas últimas tenían derechos que las concubinas no. Las diferenciaba del resto de las esclavas de la casa el hecho de que estaban exclusivamente dedicadas a su amo, pero si llegaban a tener hijos, éstos no tenían derechos sucesorios, ya que eran considerados bastardos.
Curiosamente, la excepción a esta situación de “inferiorización” con respecto a las mujeres fueron las prostitutas. Tenían una vida social activa, no se esperaba de ellas que procrearan, y podían disponer de su dinero y sus bienes, si llegaban a adquirirlos, con absoluta independencia.
En Atenas había, como dijimos, varias categorías de prostitutas. La más baja era la de las pornai (πόρνα), que eran esclavas de un ciudadano o un meteco (extranjero con residencia), para quien la explotación de estas mujeres era un negocio perfectamente legal por el cual pagaba impuestos regulados. La esclavitud de estas jóvenes podía ser por nacimiento, o por ser botín de guerra. Los burdeles de baja categoría estaban en barrios como el Pireo o el Cerámico, y eran frecuentados, obviamente, por los ciudadanos más pobres.
La siguiente categoría era la de las prostitutas independientes. Este grupo estaba formado por mujeres que habían llegado a la prostitución por diferentes motivos: extranjeras que no conseguían otro trabajo, mujeres que no tenían familia y no podían mantenerse, o pornai que habían comprado su libertad. En este caso, las que pagaban impuestos por la actividad eran ellas mismas, y debían estar registradas para poder trabajar. Eran fácilmente reconocibles por su maquillaje y su calzado (usaban unas suelas especiales que dejaban marcas distinguibles en el piso)
Finalmente estaba la categoría más alta, las hetairai. Estas mujeres no sólo eran bellas, sino que además tenían una formación cultural y artística como ninguna otra mujer en Grecia. Sus vestidos eran de telas finas y delicadas, y usaban muchas joyas. No sólo porque podían comprarlas, sino porque eran importantes para su apariencia. No era extraño que muchos atenienses prefirieran su compañía a la de sus propias esposas.
Las hetairas de la época clásica lograron tal prestigio y aceptación social, que muchas de ellas fueron las compañeras de políticos, militares y filósofos. Cabe aclarar que estas mujeres fueron la excepción, y que la mayoría de las prostitutas griegas vivían del mismo modo que en el resto del mundo. Sin embargo, en cualquiera de las categorías, recordemos que gozaban de una independencia y autosuficiencia que no tenían las “respetables” damas atenienses
Algunas de ellas pasaron a la historia junto a los hombres que acompañaron:
En casa de Aspasia de Mileto se reunían los filósofos griegos. El propio Pericles se enamoró de ella, y repudió a su esposa para poder vivir con esta mujer, con la que nunca pudo casarse, por una ley impuesta por él mismo años antes, que prohibía los matrimonios con extranjeros. Tenía tal elocuencia y sabiduría que hasta Sócrates llevaba gente a sus reuniones para que la escucharan.
Friné, otra hetaira famosa, fue modelo de Praxíteles para la estatua de la Afrodita Cnidea. También fue su compañera. Friné posó para muchos escultores de la época y por su belleza era frecuentemente comparada con Afrodita. Esto le valió una acusación por impiedad, que tuvo como corolario un famoso episodio conocido como “El juicio de Friné”. Como Friné debía comparecer ante los jueces, Praxíteles le pidió al orador Hipérides, discípulo de Platón, que la defendiera. Al resultar vano su discurso, Hipérides utilizó un último recurso. Arrancó la túnica que cubría a Friné y la exhibió desnuda, invocando los derechos de la belleza, tan cara a los atenienses, que estimaban “como justa y bella a toda acción que haga nacer o conserve en él ese orden bello” (Platón, República). Y los jueces la absolvieron.
Lais era una huérfana de Corinto. Trabajaba de pequeña vendiendo ramos de flores en la puerta del templo de Hera. Cuando tenía 10 años la vio el escultor Apeles, quien la tomó de modelo para una estatua de Afrodita y la llevó a Atenas. A los dieiciseís años ya era una cortesana famosa. Se dice que fue amante de Demóstenes, Alcibíades y Aristipo. Finalmente se casó con un hombre viejo y rico, que murió pronto. Lais volvió a Corinto y creó el “Jardín de Elocuencia y Arte de Amor”, donde se celebraban fiestas y reuniones de filósofos, mientras Lais instruía a sus discípulas.
Thais fue otra célebre cortesana, que supo ser amante de Alejandro Magno y lo acompañó en sus campañas. A la muerte de Alejandro, fue amante de Tolomeo, y estaba entre sus favoritas cuando éste llegó al trono de Egipto.
Existía una práctica llamada “prostitución sagrada”. Era ésta una tradición que provenía de Oriente, y no estaba generalizada en Grecia. Se trataba de jóvenes consagradas a un templo, por cuyos servicios no cobraban ellas directamente, sino que todo lo obtenido iba al mantenimiento del culto. Se sabe que esto ocurría en el templo de Afrodita en Corinto, por ejemplo. Estas jóvenes por lo general eran esclavas, ofrecidas por sus dueños como tributo a los dioses.
La prostitución masculina también existía, aunque no hay tanta información. Los pornoi eran siempre jóvenes, a diferencia de las prostitutas mujeres, que las había de todas las edades. Los servicios de estos jóvenes estaban dirigidos a mujeres y hombres, pero la mayoría de los clientes eran hombres. Recordemos que las prácticas sexuales entre hombres eran comunes en la Antigua Grecia, pero sólo si el pornoi o amante era joven. Y dentro de éstas prácticas, algunas sólo se reservaban para la relación con los pornoi, ya que se consideraban “indignas” de un ciudadano.
El más famoso de todos los pornoi fue Fedón de Elis, que era esclavo hasta que fue rescatado por Sócrates, quién lo convirtió en su discípulo. Este joven es el que dará luego el nombre al célebre Fedón de Platón.
Adentrarnos en este tema nos muestra una contradicción básica de la sociedad griega, en la que las mujeres consideradas “respetables” no eran en realidad respetadas:
“Porque éste (la mujer) es el mayor mal que Zeus creó, / y nos lo echó en torno como una argolla irrompible, / desde la época aquella en que Hades acogiera / a los que por causa de una mujer se hicieron guerra.” (“Catálogo de las mujeres”, Semónides de Amorgos, siglos VII-VI a.C.),
y aquellas consideradas indignas de recibir respeto fueron las que trascendieron a través del tiempo como compañeras de los grandes hombres.

Fuente consultada: * Arte de las putas. Fernández de Moratín. S. XVIII.
Publicado por: Mundocuriososencillo.com