viernes, 4 de mayo de 2012

Poner límites es cuidar bien.

La falta de límites en los niños y jóvenes de nuestra sociedad es una realidad y una amenaza que crece. Unos padres que nunca han puesto límites, o que no lo hicieron a tiempo, o que los pusieron mal, generan un hijo que seguramente tendrá -de grande- trabas para interactuar con la realidad. De hecho, vivimos en una sociedad en donde la gente adulta tiene dificultades para respetar pautas externas, culturales y de convivencia.
Muchos investigadores aseguran que la experiencia familiar de los actuales progenitores ha influido de forma notable en cómo educan a sus hijos. Tiempo atrás la disciplina era exigente y restrictiva, y -como contracara de eso- hoy notamos que muchos padres pasan a ser pares de sus hijos, con los cual vemos un estilo de crianza en donde todo está permitido, quizá por temor a reproducir lo que ellos en su momento han vivenciado como hijos.

Es importante que los padres comprendan que el hecho de poner límites a los hijos no tiene que ver con autoritarismo sino con autoridad, y que el abandono de tácticas excesivamente autoritarias no debe desembocar en una permisividad contraproducente para padres e hijos.
Pero entonces, ¿por qué nos cuesta tanto poner límites? Muchas veces porque no nos sentimos suficientemente fuertes para enfrentarnos a nuestros hijos. O porque, demasiado a menudo, somos complacientes para compensar el poco tiempo que les podemos dedicar. Nuestra autoestima también juega un rol importante, ya que cuando ésta no pasa por su mejor momento, queremos ser aceptados por nuestros hijos a cualquier precio.

DIEZ CONSEJOS
Cuando necesitamos decir a nuestros hijos que deben hacer algo y “ahora” (recoger los juguetes, irse a la cama, etc.), conviene tener en cuenta algunos consejos básicos. Las consignas que siguen fueron extraidas de “Aprendiendo a poner limites”, de la Lic. Marisa Ruiz.
1: Objetividad. Es frecuente escuchar en nosotros mismos y en otros padres expresiones como “portate bien”, “sé bueno”, o “no hagas eso”. Estas expresiones significan diferentes cosas para diferentes personas. Nuestros hijos nos entenderán mejor si marcamos nuestras normas de una forma más concreta. Un límite bien especificado con frases cortas y órdenes precisas suele ser claro para un niño.
2: Opciones. En muchos casos, podemos dar a nuestros hijos una oportunidad limitada para decidir cómo cumplir “órdenes”. La libertad de oportunidad hace que un niño tenga una sensación de poder y control, reduciendo las resistencias. Por ejemplo: “Es la hora de vestirse, ¿querés elegir tu ropa o lo hago yo?” Esta es una forma más fácil y rápida de dar dos opciones a un niño para que haga exactamente lo que queremos.
3: Firmeza. En cuestiones realmente importantes, cuando existe una resistencia a la obediencia, necesitamos aplicar el límite con firmeza. Los límites firmes se aplican mejor con un tono de voz seguro, sin gritos, y un gesto serio en el rostro. Los límites más suaves suponen que el niño tiene la opción de obedecer o no.
4: Acentuar lo positivo. Los niños son más receptivos a hacer lo que se les ordena cuando reciben refuerzos positivos. En general, es mejor decir a un niño lo que debe hacer (“hablá bajo”) antes de lo que no debe hacer (“no grites”).
5: Guardar distancias. Cuando decimos “quiero que te vayas a la cama ahora mismo”, estamos creando una lucha de poder personal con nuestros hijos. Una buena estrategia es hacer constar la regla de una forma impersonal. Por ejemplo: “Son las 8, hora de acostarse” y se le enseña el reloj. En este caso, algunos conflictos y sentimientos estarán entre el niño y el reloj.
6: Explicar el por qué. Cuando un niño entiende el motivo de una regla como una forma de prevenir situaciones peligrosas para sí mismo y para otros, se sentirá más animado a obedecerla. De este modo, lo mejor cuando se aplica un límite, es explicar al niño por qué tiene que obedecer. Entendiendo la razón, los niños pueden desarrollar valores internos de conducta o comportamiento y crear su propia conciencia: antes de dar una larga explicación que puede distraer a los niños, manifestar la razón en pocas palabras.
7: Sugerir una alternativa. Siempre que se aplique un límite al comportamiento de un niño, hay que intentar indicar una alternativa aceptable. Sonará menos negativo y el niño se sentirá compensado. De este modo, se puede decir: “no te puedo dar un caramelo antes de la cena, pero te puedo dar un helado de chocolate después”. Al ofrecerle alternativas, se le está enseñando que sus sentimientos y deseos son aceptables. Este es un camino de expresión más correcto.
8: Firmeza en el cumplimiento. Una regla puntual es esencial para una efectiva puesta en práctica del límite. Rutinas y reglas importantes en la familia deberían ser efectivas día tras día, aunque estés cansado o tengas un mal día. Si das a tu hijo la oportunidad de dar vueltas a sus reglas, ellos seguramente intentarán resistir.
9: Desaprueba la conducta, no al niño. Dejá claro a tus hijos que tu desaprobación está relacionada con su comportamiento y no va directamente hacia ellos. Los límites se deben orientar al comportamiento del niño, no a la expresión de sus sentimientos. Se le puede exigir que no haga algo, pero no se le puede pedir, por ejemplo, que no sienta rabia o que no llore. Los márgenes deben fijarse sin humillar al niño para que no se sienta herido en su autoestima. Por eso, no se debe descalificar (“sos un tonto”, “sos malo”), sino marcar el problema (“eso que hacés o eso que decís está mal”).
10: Controlar las emociones. No se puede enseñar con eficacia si somos extremamente emocionales.

Delante de un mal comportamiento, lo mejor es contar un minuto con calma, y después preguntar con tranquilidad, “¿que pasó acá?”. Todos los niños necesitan que sus padres establezcan las guías de consulta para el comportamiento aceptable. Cuanto más expertos nos hacemos en fijar los límites, mayor es la cooperación que recibiremos de nuestros niños y menor la necesidad de aplicar consecuencias desagradables para que se cumplan los límites. El resultado es una atmósfera casera más agradable para los padres y los hijos.

ANTÍDOTO PARA EL BERRINCHE
Los efectos de no poner límites moldean a un niño que nunca tiene suficiente, que exige cada vez más y que tolera cada vez peor las negativas, creciendo así con una escasa o nula tolerancia a la frustración.
¿Cómo actuar frente a los berrinches y rabietas? ¿Cuál es el límite justo? ¿Cómo hacer para que algo cambie y estemos todos más tranquilos? Primero, debemos entender que es absolutamente normal que nuestros hijos demanden, pidan y tengan deseo de todo y en todo momento. Pero esto es imposible de ser satisfecho, y tampoco es sano para él. Marcando pautas claras desde el nacimiento, mostrándole lo que puede y no puede hacer, vamos construyendo el antídoto para el berrinche: poniendo límites y los “no” bien claros.

Artículo publicado por: Diario El Litoral - Santa Fé (Argentina) - Nosotros - Lic. Marcela Martínez - 28/04/12 -

Informe de UNICEF señala que los adolescentes necesitan más atención.


Los derechos de miles de adolescentes se descuidan día tras día en todo el mundo. La conclusión es del informe "Progreso para la infancia: un informe sobre los adolescentes” lanzado recientemente por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef). Además de hacer un diagnóstico sobre la situación de esta población de 10 a 19 años, el documento señala también los aspectos donde más se necesita invertir para proporcionar una vida digna a los adolescentes.
A pesar de los avances alcanzados en salud y educación en muchos países, los adolescentes todavía requieren atención en estos sectores. De acuerdo con el informe de Unicef, 90% de niños en edad escolar están debidamente matriculados en la escuela primaria, sin embargo cuando se trata de llegar a la secundaria la situación cambia notoriamente
Más de 70 millones de niños y niñas deberían estar, pero no están matriculados en la escuela secundaria. La entrada a la secundaria no es frecuente, especialmente en África y Asia. De acuerdo con el informe, África subsahariana tiene los peores indicadores de educación secundaria en el mundo. Quienes tampoco tuvieron la oportunidad de ir a la escuela y siguen siendo analfabetos suman 127 millones de jóvenes entre 15 y 24 años. Ellos se encuentran principalmente en Asia Meridional y en África Subsahariana.
La seguridad y el bienestar de las y los adolescentes también demandan más atención y aumento de las inversiones. En la actualidad, un millón 400 mil personas adolescentes mueren víctimas de accidentes de tráfico, complicaciones en el parto, suicidio, Sida, y violenciaentre otras causas. En los países de América Latina, más muertes de adolescentes son causadas por homicidio que por accidentes de tráfico o suicidios.
Al entrar en adolescencia, chicos y chicas corren mayor riesgo de ser afectados por la violencia. El informe de Unicef señala que, en particular, las adolescentes son más vulnerables a la violencia en el matrimonio. Según investigación realizada en la República Democrática del Congo, aproximadamente 70% de chicas con edades comprendidas entre los 15 y 17 años, que ya se había casado, afirmó haber sufrido violencia a manos del actual o anterior compañero.
También se ha descuidado la salud de esta población. Prueba de ello es la alta tasa de natalidad entre adolescentes de los países de América Latina, el Caribe y África Subsahariana. En Níger, considerado uno de los países más pobres del mundo, la mitad de las jóvenes de entre 20 y 24 años dio a luz antes de tener 18 años. En África, las complicaciones en el embarazo y el parto son la principal causa de muerte entre las chicas de 15 a 19 años de edad.
Además de invertir en áreas estratégicas para aliviar la pobreza y derribar las barreras que impiden que esta población tenga acceso a todos sus derechos, Unicef señala en su informe que las/os adolescentes deben ser reconocidos como agentes de cambio, dado que la inversión en programas y políticas para ellos y pueden generar beneficios sociales, económicos y políticos para las personas adolescentes, sus comunidades y Naciones.
*El estatuto del niño y el adolescente (ECA por su sigla en portugués) de Brasil considera adolescentes a personas con edades entre 12 a 17 años, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y las Naciones Unidas defienden el período entre 10 a 19 años.
Artículo publicado por: ADITAL Joven - Brasil - Mundo - Natasha Pitts - 02/05/12 -
Traducción: ricazuga51@yahoo.com

El amor despúes de la guerra.

Eran adolescentes haciendo la “colimba” cuando fueron usados como carne de cañón en una guerra demente. Las fotos de sus novias los abrigaron en las trincheras. Ellas, las mismas que los despidieron con miedo y orgullo, fueron las que los recibieron cuando la derrota se leía en sus cuerpos mejor que cualquier otra cicatriz. Durante décadas contuvieron como pudieron a estos hombres que se sabían héroes cuando nadie los veía de ese modo, pero que apenas podían negociar o dialogar sobre las cosas más cotidianas. Con el tiempo, dicen los especialistas, algunas llegaron a copiar los síntomas de sus compañeros. O se debatían entre la sumisión y el vínculo maternal como si fueran caras de la misma moneda. Este año, sus voces empiezan a ser escuchadas de otra manera dentro del Centro de Salud para Veteranos de Malvinas, que también atiende a familiares de quienes combatieron en el extremo sur de nuestro país. Reunidas allí, cuatro mujeres de ex combatientes testimoniaron a Las/12 lo vivido por ellas y sus parejas tras la guerra, cuando el desamparo social y del Estado era el único horizonte.

Testimonios de: Adriana Villanueva, Carolina Beux, Graciela Suárez y Mónica Avila.
“ERA COMO SER SU MAMA Y SU MUJER...”
Graciela Suárez (52), esposa de Sergio González: “Lo conocí al año de su regreso de Malvinas, tenemos 27 años de matrimonio. Lo encontré en el peor momento, en posguerra, emocionalmente en carne viva, pero orgulloso de lo que había hecho, nunca se quejó de haber tenido que defender la patria. Lo que tenía era un gran dolor por la pérdida de tantos amigos, ‘hermanos de la vida’, como llaman a sus compañeros. Me extrañaba que no tenía ni enojo ni rencor, lo suyo era dolor: ‘yo me siento que vine con las manos vacías y que todo fue en vano’, decía. Fueron años muy difíciles porque yo no sabía nada y de repente tuve que ser psicóloga, esposa, todo junto. El tuvo una mala experiencia con psicólogos, lo llevábamos obligado, pero abandonó. La terapia la hacíamos los dos en casa, hasta la madrugada llorando, hablando, años y años. ¿Y yo?... cuando lo conocí trabajaba, nos casamos y seguí trabajando hasta que llegó mi primer hijo, después dejé, me dediqué a los chicos y a él. Tenemos tres hijos de 25, 20 y 18 años. Hice algo de terapia individual y familiar con la madre de él, las hermanas y él, para impulsarlo, así lo planteó la terapeuta, pero él no quiso saber nada, me prefería a mí para desahogarse.

Conmigo hablaba cuando quería, si no quería el tema no se tocaba, él dirigía los tiempos. Para mí no era sencillo, las cosas que me contaba eran desgarradoras... y yo tenía solo 23 años. Aún hoy es terrible escuchar cosas que pasaron allá, así que tan jovencita... fue como que me metí adentro de la guerra, había momentos en que le decía a él que yo no sabía si le hacía bien; no tenía los elementos para ayudarlo, pensaba que mis respuestas podían ser contraproducentes, pero él decía que conmigo le alcanzaba. Mi esperanza es que ahora con este Centro de Salud creado para ellos y las familias acceda a tratarse, pero no quiere volver a revivir... Creo que voy a venir a tratarme yo para dar el primer paso, si yo empiezo, a lo mejor... Lo haría para que entre él. Aunque sí, también... yo creo que a nosotras nos hace falta porque es un peso muy grande el que nos tocó, necesitan mucha contención, no sé si a todas nos pasó lo mismo, pero era como ser mamás a pesar de ser sus mujeres. Yo había momentos en que me sentía su mamá, después eso se fue equilibrando... sí creo que nos haría bien a todos, hijos inclusive”.

“SI NO HABLAS, NOS SEPARAMOS...”
Mónica Avila (48), esposa de Mario Giraldez: “Con Mario me puse de novia a los 15. No pude despedirlo cuando fue a Malvinas, me avisó por teléfono que lo llevaban, y lo recibí cuando volvió. La mirada que él tenía cuando se fue nunca más volvió a existir, nunca más volvió a ser el mismo después de la guerra. Yo llegué a la casa emocionada porque estaba vivo, pero lo vi inexpresivo, me miraba fijo, con esos ojos, con esa cara, sucio, espantoso. Yo tenía 18 años, no sabía qué le pasaba, su familia tampoco. Estuvo tres meses sin hablar nada... Una lo que hace es sacar fuerzas de donde no tiene para sostener a la persona que quiere... Y fuimos creciendo los dos con todo lo que le tocó vivir a él, con esa carga que traía de allá. Salíamos a caminar y cuando la gente que lo conocía de chico lo saludaba, lo abrazaba llorando, él los apartaba, los miraba y decía ‘estoy bien’, las dos únicas palabras que pronunció en tres meses. Hasta que en un momento me enojé y lo encaré, le dije ‘si vos no hablás, nos separamos; no me ves más, se terminó’. A los tres días volvió y empezó a tener un mínimo diálogo conmigo. Así seguimos peleándola, año tras año, para que él se reinsertara en esta sociedad, que fuera a laburar, él tenía una madre viuda. Nos casamos en el ’84 y siempre, todos estos años, fueron de lucha, solos. Tenemos tres hijos, uno de 26, una de 22 y otra de 20.
¡Ah, sí!, tengo la costumbre de llorar... (dice disculpándose) No es que todo esto me haya costado, es la emoción, es el gran amor que le tengo. Cuando fuimos al Regimiento 6, el año pasado, por amor dejé mi trabajo, lo hice para conocer ese lugar que él ama, en La Pampa. El me decía que ahí era feliz y yo decía ¿qué pasa, es un lugar mágico? Y él realmente ahí era feliz. Verlo de lejos interactuar con quienes estuvo en las islas luchando en la Compañía B, en el Monte Dos Hermanas... Ahí son otras personas, chicos de 18, vuelven a revivir, a contar eso distinto a todo. Me emociona y me hace llorar saber que después de lo que luchamos nosotras esto tiene sus frutos. Que ellos ahora puedan hablar y dialogar con personas que no son veteranos, y pertenecer de nuevo a esta sociedad con la que no querían saber nada porque se sentían excluidos. Yo sí creo que necesitamos ayuda las mujeres porque se nos dejó en nuestras manos una carga enorme que era la salud de nuestros esposos. Sí, y en el museo del Regimiento 6 falta un espacio para las esposas, porque ellos están acá hoy gracias a nosotras. Miro atrás e hice las cosas bien, crié a mis hijos, que lo acompañan a todas partes, les di un padre maravilloso y hoy lo vi en el jardín del Centro y pensé que hice las cosas muy bien... ”
La psicóloga Marcela Aldazábal explica que “generalmente es la mujer la que recurre a la consulta porque el veterano es como un cúmulo de síntomas desde afuera, que no duerme, que es violento, que se aísla. O son ellos los que recurren diciendo ‘vengo porque mi mujer me manda porque ya no me aguanta más’. Después vienen ellas, porque cuando él mejora tampoco lo aguantan, hay que hacer todo un trabajo de reacomodamiento, porque el vínculo está enfermo. La crisis de la mujer aparece cuando el marido empieza a mejorar y ella se encuentra con que tiene que preguntarse qué le pasa a ella con su vida”.
Por su parte, la psiquiatra Viviana Torresi afirma: “Hay muy poca simetría en el vínculo, no hay pareja como tal. Hay exceso de tolerancia justificando y amparándolos en esa posición de víctimas. Las mujeres tienden a crear complicidades con el terapeuta: ‘te llamo pero no le digas que te llamé’ o ‘te cuento que hizo tal cosa pero no le digas’. Es como la mamá con la terapia de un niño. O sea que se tienen que reestructurar todos los vínculos familiares”.
“YO HICE TERAPIA...”
Carolina Beux (42), esposa de Patricio Louzao: “Cuando Patricio fue a Malvinas yo empezaba la secundaria, lo conocí en el ’84 y ni sabía que había ido a la guerra, nos pusimos de novios cuando él tenía 24 años y yo 17. Ahí supe de la guerra, pero jamás hablaba. En el ’95 nos casamos y empezó a hablar algo. El se hace una coraza de hombre superado que la tiene reclara, que fue a la guerra, que volvió y nada lo perturba. Eso le duró mucho. Durante diez años no iba a los encuentros del 2 de abril, yo traté siempre de respetar sus tiempos, porque si indagaba se cerraba más. Duro, sí, por ahí no abrazaba o no podía decir ‘te quiero’. Con los años empezó a hablar, lo invitaron a una radio con otro compañero; y el mensaje de él era ‘a mí me gustaría volver a las islas’, yo pensaba éste está loco. Pero él estaba orgulloso, eso lo pudo decir diez años después. Nuestra escala de valores era distinta, cuando murió su papá le dije ‘Flaco, se te murió tu papá, ¡reaccioná!’; pero me contestó que su papá ya había muerto y él tenía que seguir adelante. Pensé: este pibe no se permite nada, no quiere ver, se evade. Pasó el tiempo y adoptamos un hijo, tenemos dos chicos, Joaquín de 10 y Malena de 3 años, y el trámite fue largo. De primera el tipo trató de conformarse, ante una situación compleja me decía ‘bueno, es lo que nos toca’... Pero llegó Joaquín y lo desestructuró, el hijo le rompió todas las corazas, a partir de ahí se permitió llorar en un acto del colegio porque vio al nene disfrazado de almendra... A lo largo de diez años fue tomando la posta y a los 25 años de Malvinas dijo ‘sí, voy a ir al acto...’ Allí se vio con sus compañeros de colimba, ellos hicieron un año con buena instrucción, conocían la disciplina dura y cómo subsistir, dice que así fue más llevadero.

En la guerra era furrier, secretario del jefe de la Compañía, Abella, que recuerda como a alguien con un carácter muy complicado como militar, pero que no iba a dejar que los mataran porque sí. Patricio dice que los que estaban en los pozos de zorro (pozos cavados en la tierra) quedaban quemados de la cabeza. El objetivo de él era volver, está agradecido porque no mató a nadie, quería cuidar a sus compañeros y volver. Y dice que el servicio militar era obligatorio, que él no es ningún héroe. El año pasado volvió a las islas, eso fue muy sanador, fue con compañeros y con su hermano, que pudo entender mejor cosas de Patricio. Dio una charla en Tigre antes de viajar y otra cuando regresó, esa fue su primera vez en público; se quebró un par de veces con preguntas respetuosas sobre qué pasó con el cuerpo de los compañeros que morían. Explicó que se arma una coraza para no demostrar lo que le pasa. Hoy está dedicado a conseguir cosas para sus compañeros, le hace bien y como esposa trato de acompañarlo. Yo sí hice terapia. Y bueno, capaz que él puede venir a tomar unos mates con La Madrid, pero ¿terapia? Ojalá, es muy bueno que se haya abierto este Centro. Nuestros chicos son chicos, a la nena le canta la marcha de las Malvinas cuando la hace dormir, pero no anda de verde ni con chaquetilla militar; él no quiere que se pierda lo de Malvinas, pero lo hace sin militarizarlo ni enloquecer a los chicos todo el día con lo mismo”.
Y está también el caso de las veteranas que están a la par de sus maridos, van a todas las reuniones y actos de veteranos, les llevan la agenda. Muchas saben más de la historia que ellos mismos, fechas, la posición que tenía el marido, en qué pozo de zorro estuvo, a qué hora combatió, el nombre de todos los que estuvieron en el mismo regimiento, como si ellas hubieran estado ahí como “soldadas”, comenta Marcela Aldazábal.
“YO TAMBIEN SOY UN SER HUMANO...”
Adriana Villanueva (50), esposa de Marcelo Vallejo: “A mi marido lo conocí a los 9 años, éramos vecinos. Antes de la guerra ya éramos novios. Yo no quería que se fuera, pero él fue con orgullo, se presentó solo. Y la vuelta fue dura, seguimos de novios y nos casamos. El no quería hablar de Malvinas, lo hacía muy por encimita... yo preguntaba algo, pero también sentía como un respeto ¿no? Lo que sí, siempre traté de que fuera a un psicólogo. ¡Pero no...! A los dos años consiguió trabajo, pero él seguía en la lucha, salía de la fábrica y se encontraba con otros veteranos, llevaban revistas, empapelaban las calles, malvinizaban... Todo el tiempo malvinizaban. Y yo... mucho tiempo sola. Nosotros no pudimos tener hijos, pero adoptamos. Yo digo que hay hijos que siguen más la causa y otros que sufren más y que no quieren, mi hijo Facundo, de 19, sufrió mucho... Mi marido tomaba, se iba al Centro... y después, tomaba y se perdía... y año tras año veíamos que era peor. Mantenía su trabajo, pero era una contienda para mí sostener la casa, y él estar ausente, ausente. El seguía en Malvinas, como que se había quedado en las islas. Facundo sufrió mucho, y una no sabía qué hacer... Yo a veces le decía que no podía andar así, manejando en ese estado, que podía chocar, pero a él no le entraba. Fueron muchos años, hasta 1999, ese 2 de abril vino muy mal, y con mi cuñada lo internamos, se estaba matando de a poco. Ahí empezó otra lucha, de contención, de carcelera, sacarle todo, ir a reuniones de adicciones, peleas con él, sacarlo de los Centros de Veteranos... Sí, fue terrible, me perdí mucho tiempo lindo de mi hijo; las mujeres estuvimos muy, muy solas.

Tenemos dos hijos, pero al segundo lo adoptamos desde los 5 años, ahora tiene 15. Y sí, una piensa que dedicó mucho tiempo de su vida a esto y perdió cosas lindas. No es que me arrepiento, es lo que quise hacer y la satisfacción vino de a poco al ver que ese cerco que le hicimos fue dando resultados, él fue saliendo, recuperándose. Yo no pude hacer lo de compartir con él viajes, reuniones o salidas con otra gente de Malvinas, él me apartaba, sólo quería estar con los veteranos; pero empezó a ver que su lucha la podía llevar de otra manera, más sanamente. Para mí lo cierto es que una parte de él quedó en Malvinas, está allá. Todo lo que hace es para Malvinas y los veteranos. Pero bueno, eso lo ayudó, y nuestro hijo más chico lo sigue mucho. ¿Y yo? Y yo como todas... El viajó el año pasado a las islas después de 27 años a correr maratón y le hizo muy bien. Ahí vio que todo lo que habían pasado no fue inútil, acá nadie les reconoció nada, recién ahora, y le hizo muy bien, se sentía muy frustrado con la gente, pero ya no va eso de decirles ‘este es un loquito’... Ellos necesitan y quieren un reconocimiento y ahora lo están teniendo. Y bueno, igual es un seguir... el tema Malvinas es continuo, a veces en la noche... sí, y él después de mucho tiempo pudo contar que se le había muerto un amigo al lado, el trauma de que en el repliegue no les dejaban llevar a sus muertos, la culpa... El estaba yendo a una psicóloga que lo supo llevar en la internación y ella a mí me decía lo que tenía que hacer con él... y bueno, eso me ayudó un poco, porque estábamos solas, muy solas y tratando de entender... como hermanas, como madres. Solas, toda la vida... El siempre me dice que si no estuviera yo, él no existiría. Nosotras lloramos por ellos pero por nosotras... también... está tu propia vida. Yo soy un ser humano también”.
La licenciada Aldazábal afirma que “hay una disociación en la guerra entre lo que se siente y lo que se actúa, esa misma disociación se produce con los afectos después, entonces muchos de ellos están en la casa y no están, lo que pasa les sobrevuela y después de un tiempo empiezan a estar y la mujer se descoloca, tiene que consultar, ceder las riendas o compartirlas. El veterano económicamente hoy está bien y hay muchos que se quedan en la casa”.
El dolor y la angustia afloraron reiteradamente durante las entrevistas y también las dificultades para hablar sobre sí mismas, sobre lo postergado y lo deseado, sobre frustraciones y sueños. No obstante, se manifestaron felices de que ahora sus maridos y ellas mismas comiencen a ser escuchadas y “registradas”.
“Cuanto más distanciados estamos de la dictadura, más autorizados nos sentimos a recordar y contar lo que haya que recordar y contar”, concluyó el licenciado Eugenio Romero.
Artículo publicado por: Página12 - Suplemento Las12 - (Argentina) - Noemí Ciollaro - 04/05/12

Nueva clasificación del cáncer de mama.

Hasta ahora se conocían únicamente cuatro tipos de cáncer de mama en función de si tenían o no receptores hormonales y daban positivo para el gen HER2. A partir de ahora, gracias a uno de los trabajos más importantes de los últimos años, puede hablarse de 10 subtipos diferentes de cáncer de mama.El hallazgo se ha llevado a cabo conjuntamente en laboratorios canadienses y británicos, y se ha publicado en las páginas de la revista Nature. image
Los investigadores analizaron al detalle casi 1.000 muestras congeladas procedentes de mujeres que habían sido tratadas por un cáncer de mama; en algunos casos con un seguimiento de hasta 10 años. Esto permitió cruzar la información genética con los datos clínicos de las pacientes y cuál había sido su evolución y su respuesta a las terapias.
Posteriormente, se validaron los resultados con una segunda muestra compuesta por otros 1.000 tumores de mama, de esta manera no sólo se analizaron al detalle los genes mutados en cada muestra, sino cuántos de ellos estaban amplificados o tenían una actividad superior a lo normal; y cuáles eran de origen hereditario o bien adquiridos.Con esta información, concluyeron que puede hablarse de hasta 10 subtipos de cáncer de mama (que ellos bautizaron como IntClust 1, 2, 3... y así hasta 10); que podrían resumirse así:
  • Un grupo de mal pronóstico (IntClust2) constituido por tumores con receptores de estrógenos positivos y varios genes 'conductores', algunos ya conocidos por su relación con tumores de mama y ovario, pero varios de los cuales se describen por primera vez.
  • Dos subgrupos de buen pronóstico, IntClust 3 y 4, en los que se observaron tumores con receptores hormonales tanto positivos como negativos; caracterizados por una baja inestabilidad genómica.
  • Un grupo intermedio de tumores (IntClust 1, 6, 7, 8 y 9); en los que predominan los receptores de hormonas positivos, los llamados luminales (los más habituales) y carcinomas basales (que surgen a partir de un tipo de célula de la mama denominada mioepitelial y que hasta ahora no estaban bien caracterizados).
  • Otro subgrupo (IntClust) lo constituye un tipo peculiar de tumores, con mal pronóstico en los primeros cinco años pero que, una vez pasado esa especie de umbral, tienen buenas perspectivas de curación.
  • Y, finalmente, un subgrupo ya conocido hasta ahora representado por los llamados ERB2 positivos. Estas pacientes se benefician del tratamiento con terapias dirigidas, como Herceptin (nombre comercial de trastuzumab, una diana dirigida precisamente contra dicha diana alterada). En el momento en que se inició la investigación, este fármaco no estaba disponible de manera generalizada, lo que explicaría la mala evolución de estas mujeres.
Esta información podría servir, por ejemplo, para diseñar nuevos fármacos contra algunos de los nuevos genes descubiertos; pero también para saber qué mujeres con tumores de buen pronóstico podrían 'ahorrarse' la quimioterapia después de la cirugía.

Artículo publicado por: Boletín Globedia (Ciencia) - josejuancanel - 29/04/12 -

En el 2050 Holanda tendrá prostitutas robots.


Esta semana, la publicación en la prensa griega de las fotografías de 12 prostitutas atenienses detenidas por ser portadoras del VIH llevó a cientos de hombres, que pagaron por tener sexo sin protección, a practicarse pruebas médicas para determinar si están infectados.

La fiscalía griega ordenó la publicación de los rostros y los nombres de las mujeres después de realizar una serie de controles sanitarios y exámenes médicos en una de las zonas con mayor concentración de prostitución de Atenas que llevaron a identificar estos casos.

Y aunque la prostitución ha estado relacionada con transmisión de enfermedades, explotación sexual —incluida la infantil— e infidelidades, un equipo de ingenieros holandeses acaba de pronosticar que las desventajas del que se considera uno de los oficios más antiguos del mundo tienen sus años contados, al menos, en Ámsterdam.

Los investigadores Ian Yeoman y Michelle Mars, de la Universidad de Wellington de Nueva Zelanda, publicaron un informe en el que aseguran que “para 2050 los robots sexuales se convertirán en los principales protagonistas del sexo”.

Según los inventores, las prostitutas del reconocido Barrio Rojo de la capital holandesa serán reemplazadas en menos de 30 años por androides hechos de un material resistente a las bacterias. Aseguran además que con estos robots no sólo se practicará sexo más seguro sino que se combatirá la prostitución infantil, se reducirá el número de contagios de enfermedades de transmisión sexual y además se privará a los hombres de sentirse infieles ya que después de tener sexo con un robot probablemente no se sentirán culpables.

Los ingenieros presupuestan que la tarifa para tener sexo con androides podría superar los 7.000 euros ($16,4 millones), precio por el que el cliente tendrá la posibilidad de elegir cualquier nacionalidad del androide, además de entre una inmensa variedad de características morfológicas.

Artículo publicado por: elespectador.com - Redacción VIVIR - 03/05/12 -