sábado, 28 de abril de 2012

Argentina: Consumo de psicofármacos: la ilusión del bienestar instantáneo.

En estas sociedades y en estos tiempos, las pastillas parecen curarlo todo: desde un dolor de cabeza o un día estresante de trabajo, hasta una depresión. Y existe una tendencia cada vez más extendida a tomar psicofármacos (ansiolíticos, estimulantes, hipnóticos, sedantes, tranquilizantes), ya sea por recomendación del médico, de un amigo o de un compañero de oficina.
Se estima que en la Argentina se venden 35 millones de unidades al año.

Curiosamente, los nuevos consumidores no son personas enfermas, sino individuos que buscan sentirse mejor. «Hay una mirada hacia los medicamentos como bienes de consumo», señala Carlos Gurisatti, farmacéutico del Observatorio de Medicamentos, Salud y Sociedad de la Cofa (Confederación Farmaceútica Argentina).
Datos de esa entidad indican que la compra de fármacos en general aumentó un 42,5% entre 2004 y 2010, mientras que los antidepresivos y equilibrantes del ánimo lo hicieron en un 4,6% sobre el resto. La consultora IMS Health, en tanto, sitúa un incremento de dicha franja en un 19,3%, en los últimos tres años.
«Se están medicalizando mucho los problemas cotidianos: angustias y malestares que antes no pasaban de eso. Ante la mínima molestia, la respuesta inmediata es tomarse un psicofármaco». A esa conclusión llegaron los responsables de un estudio cualitativo de Sedronar (Secretaría de Programación para la Prevención de la Drogadicción y la Lucha contra el Narcotráfico) sobre «el consumo indebido de medicamentos psicotrópicos en la vida cotidiana».
También concluyeron que la Argentina es el único país latinoamericano en el que la primera droga, después del tabaco y el alcohol, no es la marihuana sino los psicofármacos. Especialmente, en las clases media y alta, donde su uso se banalizó: o sea, dejó de ser un medicamento para convertirse en una pastilla para el estilo de vida (lifestyle medicine en inglés), que proporciona al sujeto un alivio rápido a las condiciones de fatiga que conlleva la vida actual. Y también, frente a los «ideales de autosuperación, competencia, rendimiento, voluntad y emprendimiento» a los que debe responder.
Los tranquilizantes o ansiolíticos del tipo benzodiazepinas son los más conocidos y usados. Se toman «para descansar mejor» o «conciliar el sueño». El clonazepam y el alprazolam figuran como los más comunes, con Rivotril y Alplax, respectivamente, como productos emblema.
De los antidepresivos, los más modernos son los tricíclicos (usados sobre todo, en trastornos bipolares) y los llamados IRSS (que actúan inhibiendo la recaptación de serotonina, dopamina o noradrenalina, o de dos de ellas). En los 90, la estrella fue la fluoxetina o Prozac, conocida como «la droga de la felicidad». Hoy, se utilizan otras que tardan menos en eliminarse del organismo, como la paroxetina o la sertralina.
Consumidos en dosis altas, los ansiolíticos provocan pérdida de memoria y generan dependencia. De hecho, no deberían usarse de forma sostenida por más de un mes y tendrían que acompañarse de un tratamiento psicoterapéutico, para no convertirse en un problema. Los antidepresivos causan disminución del deseo sexual y pueden llegar a ocasionar impotencia y aumento de peso.
Porteños ansiosos
La ciudad de Buenos Aires, donde uno de cada seis habitantes consume psicofármacos y uno de cada cuatro no lo hace por indicación médica, encabeza la tendencia nacional de consumo de psicotrópicos.
De acuerdo a una investigación de la Universidad de Palermo que publicó Clarín, el 15,5% de los porteños reconoce que toma pastillas. La mayoría (de 1.777 encuestados) recurre a los tranquilizantes (84,3%), porque le resultan indispensables para sentirse bien (78%) y un 59% dice que no puede dejar de tomarlos. El 41,8% admite que los usa para lograr dormir; el 33,6% para disminuir la ansiedad y el 17,5% para tratar una depresión. El 7,1% restante, por tratamiento de trastornos mentales o por «diversión», entre otros motivos.
Los ansiolíticos se toman como si fueran algo inofensivo. «En Capital, son vistos casi como caramelos, como que hay que llevarlos en el bolsillo», sostiene Juan Manuel Bulacio, psiquiatra especialista en ansiedad y estrés, magíster en psicología cognitiva y presidente de la Fundación Icaap. «Entonces, ante una situación de mayor estrés o de problemas para dormir, aparece. Esto también se ve agravado porque muchos médicos clínicos abusan del ansiolítico», agrega.
Para la psiquiatra Silvia Wikinski, investigadora del Conicet, hay muy poca tolerancia a la ansiedad, en general, y muy poco tiempo para la consulta médica, «porque las condiciones de trabajo de los colegas les exigen resolver síntomas sin detenerse a hablar demasiado con el paciente sobre lo que le está pasando. Se busca una solución rápida y eficaz, porque atenúa rápidamente el síntoma de angustia». Así, el paciente no tiene que reflexionar sobre las razones de su angustia y el médico resuelve el problema en lo que tarda en escribir una receta.
En suma, se tiende a explicar poco, a sobremedicar y a actuar de manera rápida. Pero no todo corre por cuenta de los médicos. También los pacientes quieren soluciones al problema «ya». Muchas veces, se trata de «pacientes-impacientes», que se han informado con anterioridad (a través de los medios y/o Internet) sobre el mal que les aqueja y acuden a la consulta con un «autodiagnóstico». El médico se transforma así en un «recetador». Y si no les da lo que piden, no faltan quienes se buscan a otro. Además de los psiquiatras, clínicos, neurólogos y cardiólogos prescriben este tipo de drogas.
A esto contribuye un sistema en que todo se compra y se vende, en el que, como dice el psicoanalista Emiliano Galende, los habitantes son clasificados por su condición de consumo. Y tanto pueden comprar niños –vientres de alquiler– como dejar de ser viejos –con una cirugía plástica–.
En la actual medicalización de la sociedad intervienen diferentes actores. Por un lado, los laboratorios, que desarrollan nuevas drogas, financian investigaciones y organizan congresos médicos. Por otro, la industria farmacéutica, que se beneficia de la venta de estos productos. Y, también, los profesionales de la medicina (cada vez más expuestos a «la tentación del remedio rápido»).
Además, aparecen investigaciones de las neurociencias que luego se difunden públicamente, y enfermedades que se ponen de moda gracias a la cobertura de los medios. Así, alguien que antes era catalogado como «tímido», por ejemplo, ahora puede ser considerado tranquilamente un «fóbico social» y medicado en consecuencia. Y ciertos remedios pasan a convertirse en codiciadas pastillas, por obra del marketing y la publicidad, que se encargan de asociar sus efectos a prácticas de una vida sana.
Automedicación y diagnósticos
Aunque la ley establece que los psicotrópicos deben venderse bajo receta, según datos de Indec-Sedronar, mucha gente se automedica. El 10% de las personas de entre 16 y 65 años, el 8% de los universitarios y el 4,4% de los estudiantes secundarios usan sedantes o estimulantes sin prescripción médica. También están quienes, a pesar de la indicación médica, usan las pastillas indebidamente. «Hay pacientes que son tratados con psiquiatras que tienen en paralelo una forma de abuso o de automedicación. Consiguen ansiolíticos adicionales por familiares, por ejemplo», comenta Bulacio.
Según los especialistas, los trastornos de ansiedad se dan más en mujeres que en varones. También son las mujeres quienes más consumen todo tipo de psicofármacos, mientras que los hombres tienden más a automedicarse. En ello inciden componentes de predisposición genéticos y estilos de vida. Un dato llamativo es que el trastorno de ansiedad generalizada (persona inquieta, siempre preocupada por todo) no afecta a los ejecutivos de empresas, como podría pensarse, sino a las amas de casa. ¿Cómo se explica? Por la demanda permanente, la exigencia continua, el poco reconocimiento y la frustración que las tareas domésticas suelen generar.
¿Qué tan acertados son los diagnósticos? En el caso de la ansiedad se tiende a sobrediagnosticar, a pesar de que ésta y la angustia son emociones humanas normales, reacciones esperadas frente a una experiencia de la vida y no necesariamente síntomas de otra cosa. «El punto es que siempre se los considere un síntoma y se los medique», subraya Winkinski, quien además de psiquiatra es coordinadora de Docencia e Investigación de Proyecto Suma (de asistencia y rehabilitación en salud mental).
Según dice, a diferencia de lo que ocurre con los ansiosos, muchas personas que sufren depresión no reciben tratamiento. «La gente no consulta o tarda en consultar. O recibe un porcentaje insuficiente de dosis o de tiempo. Sustituir una escucha atenta y un autoconocimiento por una prescripción es un problema. También, que una persona con depresión no reciba un diagnóstico ni una receta, en algunos casos».
En cuanto a la efectividad de los antidepresivos, Wikinski cita cifras de estudios realizados en otros países: entre el 65% y el 70% de las personas deprimidas que los recibe, mejora. «El resto, a veces necesita recibir más de un fármaco o cambiar o agregarle psicoterapia. Y aun así, hay un porcentaje de personas que no responde. No se sabe por qué. Los antidepresivos son parecidos entre sí. No la depresión, que es bastante heterogénea».
A diferencia de los ansiolíticos, los antidepresivos tardan más en hacer efecto, dos o tres semanas, porque generan cambios en la estructura del sistema nervioso central. «La prescripción se basa en un criterio químico, no en una comprensión sobre cuáles son las causas de la depresión y de qué mecanismos nos valemos para resolverlos. Sabemos que es eficaz (alivia el síntoma) y seguro (los efectos adversos no opacan los efectos terapéuticos). Eso solo justifica la medicación», explica Wikinski, quien también recalca la importancia de la psicoterapia, tanto en depresiones leves como severas.
En este último caso, manifiesta, «el antidepresivo es probablemente más eficaz, pero la duración del bienestar lo promueve la psicoterapia. La lógica es acompañarlo». Esto, porque la depresión no es sólo un síntoma, sino una experiencia de vida que repercute en la persona y en el entorno. «Después de haberla atravesado, uno tiene que repensarse en relación consigo mismo, con los otros, con el trabajo. Y eso no lo hace un antidepresivo».
El efecto placebo (o sea, el beneficio médico que se obtiene con una pastilla inerte o cualquier tratamiento ficticio) es común, tanto en el caso de los ansiolíticos como de los antidepresivos. «Se nota en los efectos inmediatos: por ejemplo, una persona nerviosa por un examen, se siente mejor. Pero a alguien con una depresión endógena, no le va a hacer prácticamente nada», precisa Bulacio.
Un tema a tener en cuenta, según Jaime Moguilevsky, médico especialista en psiconeuroinmunoendocrinología, es el consumo de antidepresivos sin indicación médica que se observa cada vez más en los jóvenes, que buscan «desconectarse» de la personalidad. «Lo mezclan con alcohol, y el efecto se potencia. Hay una mayor desinhibición, pero también muertos en boliches».
Maldito estrés
A lo largo de la vida, todos tenemos más probabilidades de padecer depresión que de tener un infarto. De hecho, se habla de ésta como «la enfermedad del siglo XXI».
«Que la Argentina sea uno de los países que más consume antidepresores está vinculado principalmente con el estrés en el cual se vive», afirma Moguilevsky. Ocurre que el estrés baja la inmunidad. «El organismo trabaja en red; no hay nada que se modifique en él que no hable de otra cosa: el aparato digestivo secreta hormonas, éstas actúan sobre el cerebro, el cerebro modifica su manera de actuar y afecta el aparato cardiovascular: produce taquicardia… La mayoría de las enfermedades manifiestan sus síntomas no en el lugar que se producen. Hace diez años, por el estrés se veían mucho los tumores de hipófisis o la galactorrea (salida de leche por el pezón). Ahora vemos tiroiditis», detalla.
Se calcula que entre el 10% y el 25% de la población sufre de estrés. «Es muy frecuente que se llegue a una depresión por esa vía. No significa que todos los que se estresan se deprimen. Sí que muchos de los que se deprimieron estuvieron estresados. Es decir, exigidos de afrontar situaciones para las que no se sienten preparados por más tiempo del que pueden tolerar», aclara Winkinski.
No es un dato menor, en una sociedad que exige, entre otras cosas, tener éxito y ser feliz. Por lo visto, para muchos, la única forma de conseguirlo es mediante una pastilla.
Artículo publicado por ACCION - Edición 1096 - segunda quincena abril 2012 - Francia Fernández -

La Maternidad y el Trabajo.La maternidad estimula la creatividad y desarrolla la capacidad de liderazgo; porque la mujer que es madre y trabaja en una empresa se vuelve más creativa y asume una actitud más madura que la habilita a competir para ocupar puestos de jerarquía.

La maternidad estimula la creatividad y desarrolla la capacidad de liderazgo; porque la mujer que es madre y trabaja en una empresa se vuelve más creativa y asume una actitud más madura que la habilita a competir para ocupar puestos de jerarquía.


Cuando una mujer busca empleo cree que tener hijos le resta valor a su curriculum, porque piensa que las empresas consideran que los hijos para la mujer son un obstáculo para su rendimiento laboral.
Sin embargo, toda mujer, en muchas formas, se enriquece teniendo hijos, no solamente como persona sino también a nivel social y en el ámbito del trabajo.

La maternidad desarrolla en la mujer su capacidad de generosidad, comprensión, paciencia y reflexión; la impulsa a asumir riesgos y a ser capaz de ejercer el liderazgo; resultando favorecido su desempeño profesional con nuevos talentos y aptitudes.
Este es un nuevo modelo de madre que beneficia tanto a los hijos como al trabajo de la mujer, porque puede cumplir sus propios objetivos, sentirse mejor con ella misma y aportar a la empresa donde trabaja una actitud de mayor madurez y compromiso.

La mujer moderna puede estar más dispuesta y atenta al estado emocional del hijo sin tener que pagar el costo de sacrificar su crecimiento y desarrollo personal.
Por otro lado, las empresas están acompañando este nuevo modelo de mujer que se realiza como madre, creando estructuras adecuadas para que los puestos de liderazgos sean ocupados por personas con sentido equitativo que además de comprender estas situaciones particulares, apoyen y ayuden a la mujer a superarlas para que puedan armonizar su hogar y su trabajo.
La mujer tiene la capacidad para hacer varias tareas al mismo tiempo, que se potencia con la maternidad y que las empresas necesitan en estos tiempos en que los cambios que se producen son tan rápidos.

La maternidad desarrolla la inteligencia de la mujer y le abre las posibilidades para superarse trascendiendo sus propios límites.
Una mujer que ha sido madre adquiere un mayor sentido de las prioridades, aprende a administrar mejor el tiempo y puede estar en condiciones de dirigir equipos con responsabilidad y sensibilidad. Se vuelve más organizada y ordenada y puede estimular a los que la rodean.
Las madres que trabajan se convierten en verdaderos modelos educativos, con valores prioritarios como la ética y la responsabilidad social, trasladan al trabajo su difícil misión como madres, toman decisiones con más sabiduría y están más dispuestas a colaborar.

La mujer que es madre y trabaja usa su intuición con más libertad y se atreve a ser más creativa, tiene mejor disposición, no practica la violencia, puede ser solidaria con otras madres que trabajan y relacionarse en forma personalizada, se adapta mejor a los cambios y a las nuevas ideas y tiene mejor comunicación.
Los padres también se benefician laboralmente con la paternidad; logran mayor empatía y tienen mayor conciencia de su responsabilidad como padres y como empleados. Cuando no tienen que hacerse cargo ellos solos de sostener a su familia porque su mujer trabaja, adoptan una actitud diferente y asumen más responsabilidades en el hogar, pueden atender a sus hijos a la par de la mujer y aprender a ser padres más comprometidos con la crianza.

Sin embargo, los medios de comunicación y la publicidad, continúan confinando a la mujer a un rol obsoleto sin considerar su derecho a la realización profesional y cargándola de culpa.
La mujer que trabaja tiene la oportunidad de transmitir a sus hijos el nuevo rol que tiene en la sociedad, que no desmerece su atención como madres sino que lo complementa.
Una mujer con hijos aprende a delegar tareas en personas responsables para poder así cumplir con todos sus ideales.

Artículo publicado por: Psicología en LA GUÍA 2000 - (Malena) - 26/04/12 - Fuente: “Madres y malabaristas”; Nora Rodriguez, Ed. Urano.

India: Más de 50 millones de niños y adolescentes padecen anemia.

Más de 50 millones de adolescentes indios padecen de anemia, un problema que se torna crítico sobre todo entre las jovencitas y los que cuentan de 15 a 19 años.
Citado hoy por el diario Times of India, el ministro de Salud, Ghulam Nabi Azad, indicó que el 39 por ciento de los jóvenes en ese grupo etario son levemente anémicos, el 15, anémicos moderados, y el dos, con carácter grave.

Los niveles de anemia entre las chicas en esas edades son aún más altos debido al rápido crecimiento del cuerpo y a la pérdida de sangre durante la menstruación.

"La mayor prevalencia de la anemia se registra en niños de 12 y 13 años, una etapa coincidente con la edad media de la menarquía. Al aumentar la edad, la prevalencia entre las niñas es casi la misma, mientras entre los varones se reduce, explicó Azad.

Alarmado por tales cifras, el Ministerio de Salud pondrá en marcha un programa de administración de hierro y ácido fólico a los adolescentes que asisten a escuelas asentadas en las zonas rurales y urbanas más carenciadas.

Anuradha Gupta, directora de la misión de la Misión Nacional de Salud Rural, anunció que los casos más severos serán remitidos a una instalación sanitaria adecuada.

La anemia causa un déficit físico y cognitivo en los niños y jóvenes, y reduce la productividad en los adultos, mientras entre las mujeres aumenta el riesgo materno de hemorragias e infecciones durante el parto.

En la India, un país con arraigados hábitos vegetarianos, casi la mitad de los adolescentes muestran bajo peso y un índice de masa corporal inferior a 18,5, según un reciente informe del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia.
 
Artículo publicado por: Argenpress.info - PL - 25/04/12 -

Banco de datos sobre Feminicidio y políticas públicas de América Latina.

El Banco de Datos sobre Feminicidio en América Latina y el Caribe Español y el Banco de Género y Políticas Públicas son dos herramientas digitales, parte del trabajo de poner en valor el acervo documental de Isis Internacional contenido en su gran mayoría en el Centro de Documentación Digital de las Mujeres de América Latina y el Caribe.
El primer sitio web fue creado en el año 2004 y tiene una selección de 130 documentos digitales con sus correspondientes catalogaciones, de acuerdo a las que se consideraron las principales temáticas a desarrollar dentro de las problemáticas que encierra el feminicidio en la región.

Por ser un recurso informativo para las organizaciones de mujeres, se decidió reestructurarlo utilizando las últimas herramientas en gestión del conocimiento en la construcción de repositorios digitales, de manera de facilitar la navegación y el acceso a la información de manera rápida y sencilla, superando así la complejidad de su estructura web.
Por otro lado, se puso en línea el Banco de Datos Género y Políticas Públicas, que se ponen a disposición 130 documentos digitalizados teóricos, metodológicos, investigaciones, informes, propuestas en torno a la planificación y aplicación de políticas públicas con perspectiva de género en la región, en los últimos 20 años.

Este sitio se proyecta como un recurso para documentar la aplicación de estas políticas y dar a conocer las experiencias de la sociedad civil en la tarea de reducir las desigualdades de género existentes.

Artículo publicado por: ADITAL - Mundo - 26/04/12 -