domingo, 8 de abril de 2012

España: Unas 300.000 Mujeres ejercen la prostitución.

En España, según datos de la Unidad Central contra las Redes de Inmigración y Falsedades Documentales (Ucrif) en Cataluña, puede haber unas 300.000 prostitutas. Cataluña albergaría un 10% del total de la prostitución de todo el país, ha explicado el inspector de la Ucrif, la unidad dedicada a la lucha contra el tráfico de personas, la inmigración irregular y la falsedad documental del Cuerpo Nacional de Policía.

La cifra de personas que ejercen la prostitución en las calles, carreteras y clubes de alterne en esa comunidad oscila entre 30.000 y 40.000, y una gran parte están bajo el control de mafias que les facilitan su entrada en España y que les obligan a sufragar una deuda de miles de euros que acaba siendo su lastre para poder abandonar la actividad.

En una entrevista, un jefe de sección , el inspector Ali Mohamed, ha explicado que muchas saben a lo que vienen aunque otras son engañadas: "El engaño puede ser parcial o total".

Actualmente, dos tercios de las prostitutas extranjeras afincadas en Cataluña procede de Sudamérica, sobre todo de Brasil y Colombia, mientras que el resto son de Europa del Este, sobre todo de Rumanía, y de Nigeria.

PROSTITUCIÓN CHINA, "EN AUGE"

De Asia, la prostitución procedente de China está "en auge" y es la que ha aumentado más porque hace cinco años era prácticamente inexistente, ha constatado.

En general, las mujeres que viajan a España para ejercer la prostitución contraen una deuda con las mafias, que les exigen el coste del viaje con intereses, un dinero que las mantiene bajo su yugo y que en ocasiones es tan elevada que la mujer jamás podrá pagarla.

Depende de la mafia que las capta pero también de su origen: para las sudamericanas oscila entre los 2.000 y 6.000 euros, las europeas entre 4.000 y 10.000, las asiáticas en torno a 20.000 y las africanas 40.000 y 60.000.

"Cuanto más elevada sea la deuda, más rígido será el control", ha explicado el inspector, porque la mafia quiere recuperar su inversión por traer a la mujer a España y después cobrarse la deuda, y no duda en retenerlas, vejarlas y agredirlas para mantener el control.

Por ejemplo, en una de las últimas operaciones importantes de la Ucrif se desarticuló una organización que traficaba con mujeres, hombres y travestis de Brasil, a los que les imponían deudas diferentes en función del sexo, con "precios establecidos": las chicas 2.500 euros; los travestis 5.000, y los hombres 9.000.

FAMILIARES CÓMPLICES

El 'modus operandi' de estas redes siempre sigue un mismo patrón: captan en el país de origen a las víctimas mediante cómplices que suelen ser de la misma nacionalidad, personas allegadas y a veces familiares, que obtienen beneficios con este trabajo: "El temor, el miedo, la violencia y el engaño ocurre en todos los casos".

Pese a la disminución de los flujos de inmigración debido a la crisis económica, el inspector asegura que la trata "no ha sufrido variaciones y se mantiene" porque es un negocio redondo, ha explicado el inspector.

"Hay que tener en cuenta que muchas de estas mujeres ya conocen la violencia en su país", ya ejercían allí la prostitución, a veces empujadas por sus familiares, y muchas veces es la propia familia la que exige a la mujer que siga bajo las órdenes de su organización porque también están obteniendo un beneficio.

MULTAS

Preguntado sobre la iniciativa de multar a las prostitutas y clientes en las carreteras y calles de Cataluña, ha indicado: "Es una medida preventiva que te puede solucionar momentáneamente esta circunstancia; la realidad es más grave".

"La multa puede tener su resultado evitando que los clientes vayan a buscar a las prostitutas", aunque si la medida la impulsa un ayuntamiento lo que acaba sucediendo es que las obligan a desplazarse a otros municipios.

Artículo publicado por: diariodenavarra.es - E.PRESS - Barcelona - 07/04/12 -

Mujeres en riesgo.

Por primera vez, organizaciones feministas exigen a los gobiernos iberoamericanos revisar la actual política anti-drogas. Centenares de ONG de diversos países de la región, incluida Argentina, están levantando sus voces para advertir sobre una cara tal vez poco visibilizada del impacto de la “guerra contra las drogas”: las gravísimas consecuencias que tiene sobre la vida de las mujeres, con un creciente aumento de los femicidios en el contexto de la lucha contra el narco.

“Esta guerra tiene impactos graves para las mujeres: el homicidio de mujeres ha crecido sostenidamente en gran parte de Centroamérica y México, y en países como Honduras, su aumento es cuatro veces mayor al aumento de los homicidios de hombres”, señaló a Página/12 la abogada chilena especializada en el tema, Patsili Toledo, integrante del Grupo de Investigación Antígona de la Universidad Autónoma de Barcelona. Muchos crímenes incluyen ensañamiento sexual, tortura y mutilaciones, detalló, y alertó que el amplio acceso a las armas también favorece y agrava la violencia en la esfera doméstica.

“La tasa de homicidio para las mujeres en El Salvador es la más alta de la región: 13,9 cada 100.000 mujeres. En Guatemala, la tasa es de 9,8 cada 100.000; y en los estados mexicanos como Chihuahua, Baja California y Guerrero, la tasa casi se triplicó entre 2005 y 2009, llegando a 11,1 cada 100.000. En cambio, las tasas en países como Chile y Argentina no superan 1,4 cada 100.000”, diferenció Toledo. Y agregó: “En países como Chile, Argentina y Costa Rica, donde los niveles generales de violencia son más bajos, los asesinatos de mujeres normalmente son cometidos con menos violencia, por parejas o ex parejas en el contexto de un ‘abuso doméstico’”. A menos de dos semanas de la próxima Cumbre de las Américas, que se realizará el 14 y 15 de abril en la ciudad colombiana de Cartagena, las ONG hacen un llamado para que los gobiernos analicen un cambio en las políticas anti-drogas.

El llamado es formulado por la Articulación Regional Feminista por los Derechos Humanos y la Justicia de Género conformada por organizaciones de seis países latinoamericanos: ELA, Equipo Latinoamericano de Justicia y Género (Argentina); Corporación Humanas (Chile, Colombia y Ecuador), Equis: Justicia para las Mujeres (México) y Demus - Estudio para la Defensa de los Derechos de la mujer (Perú).

La propuesta ya generó la adhesión de más de un centenar de ONG y personas, desde Ciudad Juárez, en México, hasta Santiago de Chile. Desde Córdoba, expresó su apoyo a la convocatoria Católicas por el Derecho a Decidir, que encabeza la argentina Marta Alanís. Reconocidas activistas como Ana Carcedo (Costa Rica), Marcela Lagarde (México), Socorro Ramírez (Colombia) también se han sumado al reclamo. “La violencia contra las mujeres, profundamente enraizada en el sexismo y la discriminación estructural de las mujeres, se incrementa en el actual contexto de violencia armada en la región, directamente relacionada con el narcotráfico. Por tanto, la gravedad de esta situación exige una urgente revisión de la actual política anti-drogas, con miras a reducir la violencia y la corrupción que nutre formas extremas de violencia contra las mujeres”, dice el comunicado que firman las organizaciones. Una de las referentes de la movida es la abogada chilena Toledo, una de las estudiosas más reconocidas del flagelo del femicidio en la región.

–¿Cuál es el vínculo entre narcotráfico y femicidio en Latinoamérica? –le preguntó este diario a Toledo, quien reside actualmente en Barcelona.

–La violencia asociada con la “guerra contra el narcotráfico” y el crimen organizado –incluyendo la corrupción estatal– en algunos países tiene consecuencias específicas para las mujeres. Como sucede en la guerra, la violación cruel de las mujeres es simbólica: crea cohesión dentro de los grupos armados, reafirma la “masculinidad” y es una forma de atacar “la moral del enemigo”. Pero la violencia “doméstica” también se está agravando: si bien hay mujeres en todo el mundo que son amenazadas por sus parejas, el riesgo se eleva sustancialmente cuando los hombres tienen fácil acceso a armas y una probabilidad menor de ser llevados ante la justicia, como sucede en México y Guatemala, donde la tasa de impunidad supera el 95 por ciento.

Otra cara de la relación del narcotráfico y las mujeres es que muchas de ellas terminan en prisión por delitos vinculados con drogas. En las cárceles federales argentinas se observa ese fenómeno. La mayoría de las internas está acusada por tráfico en pequeña escala, como mulas.

–¿Por qué este llamamiento a los gobiernos iberoamericanos?

–Mientras la “guerra contra las drogas” siga siendo un buen negocio no sólo para los traficantes y lavadores de dinero, sino también para la industria de las armas de los países desarrollados, la inundación de armas en la región seguirá alimentando la violencia –que incluye manifestaciones extremas contra las mujeres– y debilitando el sistema judicial. La falta de control de las armas, sumada a la impunidad, hace que los asesinatos resulten más fáciles y baratos. Sin duda, la violencia contra las mujeres existe en tiempo de paz. Pero aumenta y empeora en tiempos de guerra. La “guerra contra las drogas” debe terminar y eso exige cambios a nivel mundial en las políticas de control de drogas que, desafortunadamente, ninguna ley contra el femicidio –aprobada en los últimos años en la región– menciona. Poner fin a esa guerra no erradicará los femicidios en América Central y México, pero al menos podría reducir la tasa de asesinatos de mujeres a las cifras más “saludables” de otros países afortunados de estar más lejos de las principales rutas del narcotráfico.

Artículo publicado por: Pag12 - Argentina - Sociedad - 08/04/12 -

LA MUJER DE NIEVE.(Japón)

En la cultura tradicional japonesa la naturaleza es venera por sí misma, cada elemento del paisaje o del clima es un manifestación del mundo espiritual y parte de un todo en el que el hombre participa como un elemento más. La nieve ha sido, seguramente por lo apacible de los paisajes que crea o simplemente por su belleza, fuente de inspiración en muchas culturas y también en muchas épocas. Japón también ha creado leyendas basadas en ella. La que recojo a continuación es quizás la más conocida.
En la antigua provincia de Mushashi vivía hace mucho tiempo un anciano leñador llamado Mosaku y su joven ayudante y aprendiz llamado Minokichi. Algunos dicen que eran padre e hijo y que vivían solos, otros dicen que el joven Minokichi era hijo de una viuda del lugar y trabajaba con el anciano desde muy niño. En cualquier caso, Mosaku tenía gran ascendencia sobre el chico, a quien quería entrañablemente. Cada día salían juntos a recoger leña a un bosque bastante distante del lugar; para llegar a él tenían que cruzar un río, habitualmente ancho y sereno, pero que al crecer arrastraba los puentes una y otra vez reconstruidos; la única forma de cruzar el río era mediante un bote gobernado por un barquero. Por la tarde, con la carga de leña sobre sus espaldas, volvían al lugar recurriendo de nuevo al bote y al barquero.

La historia empezó un día de invierno cuyo atardecer sorprendió a los leñadores de regreso a casa trayendo una inesperada ventisca de nieve. Corrieron hacia el río, pero el barquero ya se había ido, dejando el bote en la orilla opuesta; no había otra forma de cruzar el río más que nadando, pero, como es lógico, en una noche de ventisca en pleno invierno, esto no era posible. Encontraron refugio en la choza del barquero. Mientras encendían el fuego y comían lo que habían dejado del almuerzo, Mosaku le comentó a su joven compañero que su madre le había hablado de la conveniencia de que fuera pensando en buscar esposa, pues pronto cumpliría veinte años y su madre quería verle padre de unos cuantos niños antes de morir. Minokichi no tomaba demasiado en serio este asunto, aunque estaba dispuesto a obedecer a su madre, como debe hacer todo buen hijo en tan delicado tema como el matrimonio. Estando en esta conversación les fue invadiendo el sueño, hasta que se durmieron ambos protegidos por las tradicionales capas de arroz llamadas yukimino.

Minokichi durmió inquieto por los vaivenes del viento y la nieve que azotaban las frágiles paredes de madera de la choza; se despertó a medianoche sobresaltado y se dio cuenta de que el fuego se había apagado, seguramente como consecuencia de un golpe de viento que había abierto la puerta, y de la nieve que empezaba a acumularse sobre las yukimino. Quiso levantarse a cerrar la puerta y volver a encender el fuego, pero sus miembros estaban entumecidos y sus ojos apenas veían. A la luz del resplandor de la nieve pudo, sin embargo , distinguir la figura de una mujer vestida de blanco cuyos vestidos y cabellos ondeaban al viento cubriendo su rostro; caminaba despacio por la nieve, como si no notase ni la furia de la ventisca ni el frío de los copos. Entró en la choza, se inclinó hacia Mosaku y sopló suavemente sobre su rostro; después se irguió y se volvió hacia el joven, se inclinó sobre él; pudo entonces ver muy de cerca aquella cara: la piel muy blanca, el óvalo perfecto, el cabello largo y negro, tan sólo un algo terrible que había en sus ojos rompía tanta armonía de facciones. Al acercársele, el leñador pudo notar cómo le penetraba un frío profundo e intenso como no había sentido jamás. Quiso escapar, pero sus miembros no se movían; quiso gritar, pero de su garganta no salía sonido alguno. Estaba indefenso ante ella. Cuando ya casi rozaba el rostro del joven con el suyo, la mujer se detuvo mirándole largamente; después, sonrió levemente y dijo con una voz que podía confundirse con el sonido del viento entre las ramas:

-Te tenía preparado el mismo destino que a tu compañero, pero tú eres joven y apuesto, te queda tanta vida que no puedo evitar apiadarme de ti; no te haré ningún mal, pero ten cuidado. Si en algún momento de tu vida cuentas a alguien lo que ha pasado esta noche, en ese mismo instante, te mataré. Por tu bien, no lo olvides.

El viento agitó un poco más sus cabellos y a Minokichi se le nubló la vista por un segundo; inmediatamente recuperó sus facultades. Se levantó y cerró la puerta pensando en el extraño sueño que había tenido, encontrándole fácil explicación al recordar la charla de la noche. Creyó, pues, que entre la conversación, el viento y el resplandor de la nieve habían creado la ilusión de la mujer blanca. Preguntó a Mosaku si estaba bien, pero el anciano no contestó; se acercó a él y descubrió que su compañero habla muerto congelado.

El barquero encontró por la mañana al joven, inconsciente, junto al cadáver de Mosaku. Las atenciones que le prodigó llegaron a tiempo y Minokichi salvó la vida, aunque estuvo muchos meses enfermo tanto por el frío que pasó aquella noche como por la pena de haber perdido a su amigo. Pero era un hombre fuerte y los cuidados de su madre acabaron por surtir su efecto, reparando su salud y su alegría. A pesar de los temores del joven, durante aquellos meses su madre no mencionó nunca nada sobre el matrimonio, demasiado preocupada, sin duda, por la salud de su hijo como para pensar en ese tema.

Llegó el día en que volvió al bosque y empezó de nuevo el trabajo y su vida cotidiana. Una tarde del invierno siguiente volvía el leñador del bosque cuando encontró a una muchacha muy bella que hacía el mismo camino. Saludó el joven, respondió la muchacha, y a Minokichi le pareció que aquella voz era la más dulce que se pudiera oír. Se llamaba O-Yuki y se dirigía a Edo, a casa de unos parientes, pues había perdido recientemente a sus padres y confiaba en que ellos pudieran ayudarla a encontrar trabajo de sirvienta en alguna casa. Por el camino rieron, charlaron, se enteraron de que ninguno de ellos tenía compromiso; en fin, tuvieron una agradable conversación en la que, sin embargo, hablaron más los ojos que los labios y aprendieron más el uno del otro con las miradas que con las palabras. Caía la noche cuando llegaron al pueblo, y tanto las hospitalidad como el deseo de no separarse de ella hicieron que el leñador invitara a la joven a pasar la noche en su casa en lugar de continuar viaje.

La madre de Minokichi preparó la cena y poco a pòco, en el transcurso de aquella velada, volvió a su mente la conveniencia de que su hijo se casara. Se prendó de O-Yuki como nuera casi tanto como el leñador se había prendado de ella como mujer. Por fin propuso a la muchacha, cuyos modales y discreción le habían ganado su afecto, que se quedase unos días con ellos. Unas cosas trajeron otras y, finalmente, O-Yuki se casó con Minokichi.

Así empezó un tiempo de felicidad en la casa del leñador que pudo dar a su madre la satisfacción de verle padre de cinco niños tan hermosos como su madre y tan sanos y vigorosos como él. En el lugar llamaban la atención por la blancura de su piel que, sin embargo, no alcanzaba la de O-Yuki. Cayó la anciana enferma y su nuera le atendió con tal cariño que la buena mujer murió con palabras de alabanza a la esposa de su hijo en los labios. Pasaron los años y la familia siguió creciendo hasta los diez hijos, todos igualmente sanos y hermosos. Las gentes del pueblo querían a la esposa del leñador aunque no dejaban de admirarse de que, al contrario de las demás mujeres a las que el trabajo y los hijos ajaban tempranamente, ella permaneciera tan joven y hermosa como cuando llegó.

Todo era placidez en la vida de Minokichi y O-Yuki, y así hubiera debido seguir siendo toda la vida si Minokichi hubiera seguido guardando su secreto. Una noche, sentados junto al hogar, ya con los niños acostados, el leñador contemplaba extasiado el rostro de su mujer; ella sonreía, como siempre que su marido la miraba así.

-Al verte ahora -dijo el esposo plácidamente- me estás recordando a una mujer que vi una noche, un poco antes de conocerte, era casi tan bonita como tú e igualmente blanca.

O-Yuki no levantó la cara ni varió de expresión, tan sólo preguntó:

-¿Dónde la viste?, cuéntamelo.

Y Minokichi le contó todo lo sucedido aquella noche, la muerte de su compañero, la mujer vestida de blanco y lo que le dijo. Inesperadamente O-Yuki se levantó de la labor, mientras un viento gélido se desataba dentro de la habitación formando un violento remolino en tomo a ella, que le agitaba los cabellos y las ropas.

-Era yo -gritó enfurecida-, era yo. ¡Te dije que no lo mencionaras jamás. Debería matarte como te prometí, pero tenemos diez hijos que tendrás que cuidar solo. Y lo harás muy bien, pues si no lo haces así haré yo contigo lo que mereces -sus últimas palabras sonaron como el viento entre las ramas mientras, convertida en niebla blanca, ascendía por la chimenea.

Nadie ha vuelto a ver a O-Yuki.

Luis CAEIRO.- Cuentos y tradiciones japoneses; I.- el mundo sobrenatural. Ed. Libros Hiperión.