sábado, 10 de marzo de 2012

América Latina: Violencia contra la Mujer crimen silencioso.

Fiel a su costumbre diaria, una salvadoreña salió de su casa el pasado miércoles, al inicio de la jornada matutina, a buscar leña para la venta. De regreso a su hogar en la misma mañana, la mujer se topó con una escena de pesadilla: sus tres hijas —de 11, 12 y 17 años— yacían asesinadas en la vivienda, en una colonia marginada de San Salvador.

La sospecha es que seis “mareros” armados con hachas las atacaron en represalia porque una de las víctimas era, al parecer, informante policial. En el mismo barrio, otros tres feminicidios ocurrieron el pasado fin de semana.

El triple crimen impactó a El Salvador, pero sólo reflejó una realidad regional cotidiana: por líos domésticos, abusos sexuales, trata de personas, cruentas disputas entre mafias de la delincuencia organizada y choques de “maras”, las mujeres aportan una elevada cuota mortal como víctimas de la crisis que en los últimos años convirtió a Centroamérica en una de las zonas más violentas del mundo.

“La mayoría de delitos quedan impunes y se les ve como algo normal, aunque es injustificable la violencia contra las mujeres”, dijo la salvadoreña América Romualdo, coordinadora de Las Dignas, organización feminista no estatal de El Salvador. El número de feminicidios en El Salvador sumó 592 en 2009 y 580 en 2010, aunque en 2011, con 647, llegó a “la cifra más alta desde 2000”, informó Romualdo.

Crisis regional

Guatemala, Honduras y El Salvador reportan numerosos asesinatos de mujeres desde hace muchos años, mientras que Costa Rica y Nicaragua tienen índices menores.

“La violencia contra las mujeres es la principal ‘cara escondida’ de la inseguridad ciudadana” en Centroamérica, advirtió un informe del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) sobre la crisis de una región que, excluyendo los países en guerra, es la más violenta del mundo, con 33 homicidios al año por cada 100 mil habitantes.

“El grueso” de feminicidios, añadió, son resultado de “una larga historia de relaciones abusivas y controladoras por parte de parejas, ex parejas, familiares, pretendientes y acosadores. El resto (…) se derivan de hechos como el intento de violación por parte de un desconocido o el ‘ajusticiamiento’ de mujeres sujetas al tráfico sexual”.

Los feminicidios en Honduras pasaron de 175 en 2005 a 312 en 2008, aunque de 2008 a 2011 hubo mil 700, según la Fundación Rigoberta Menchú (no estatal) de Guatemala. Nicaragua pasó de 37 en 2004 a 89 en 2010 y 76 en 2011, informó la Red de Mujeres Contra la Violencia (no estatal) de Managua. Costa Rica registró 15 en 2009, 10 en 2010 y 40 en 2011, según datos del Poder Judicial.

Guatemala acumula más de 5 mil muertes de mujeres entre 2002 a 2011 y más de 700, sólo en el año anterior.

“(Estas cifras) son la punta visible de toda una violencia estructural”, lamentó la guatemalteca Maya Alvarado, directora ejecutiva de la Unión de Mujeres Guatemaltecas, entrevistada por este diario. “La mayor parte de población en pobreza son mujeres y niñas. De cada 10 embarazadas, cuatro mueren por causas prevenibles y por embarazos y partos mal atendidos”, agregó.

A la violencia contra las mujeres, reprochó Romualdo, se le concede “poca importancia, aunque constituye un problema de seguridad pública”.

Por algo, recalcó, las mujeres optan por el silencio, antes de denunciar.

Fuente: El Diario Internacional - José Meléndez - El Universal - 09/03/12 -

Oriente Medio y Norte de África: los Derechos de las Mujeres siguen estancados.

Manifestándose en la calle, organizándose o denunciando la represión en Internet, las mujeres han sido clave en la llamada ”primavera árabe”, desafiando los convencionalismos y ejerciendo su derecho a la libertad de expresión y reunión.

Como líderes y agentes del cambio en los levantamientos, han asumido los mismos riesgos que los hombres al exponerse a abusos cometidos por el Estado. Han sufrido hostigamiento, acoso, torturas y malos tratos, como agresiones sexuales y amenazas de violación, relacionados específicamente con su condición de mujeres; un caso muy notorio fueron las “pruebas de virginidad” a las que fueron sometidas algunas manifestantes en Egipto.

Además, siguen siendo discriminadas en numerosos ámbitos de su vida, por ejemplo:
•En Yemen, las mujeres carecen de libertad para casarse con quien deseen, y algunas son obligadas a contraer matrimonio cuando son menores de edad, a veces con tan solo ocho años.
•En Arabia Saudí las mujeres no poder viajar, tener trabajos remunerados, recibir educación superior ni casarse sin el permiso de un tutor varón. Tampoco pueden conducir, aunque tengan permisos internacional con los que sí pueden hacerlo en en otros países.
•En Egipto se practica la mutilación genital femenina y está prohibido el aborto, incluso en el caso de mujeres y niñas sobrevivientes de violación e incesto, o de embarazos que entrañan grave riesgo para la salud. Su representación en el Parlamento es incluso menor ahora que cuando Hosni Mubarak presidía el país.


Es hora de que esos cambios garanticen también sus derechos. Con tu apoyo es posible: las “pruebas de virginidad”, por cuya abolición Amnistía Internacional hizo campaña, son ahora ilegales en Egipto; además hemos contribuido a la liberación de diferentes activistas, como la poetisa Aayat Hasan Yusuf Mohmed Alqormozi en Bahrein, Manal al Sharif en Arabia Saudí o Hanadi Zahlout en Siria. Pero queda un largo camino por recorrer.

Fuente: AMNISTÍA INTERNACIONAL - Sección Española - Marzo 2012 -

Argentina: Mendoza: Ellas buscan una salida después del maltrato.

Cuanto la vida más trabas les puso, ellas siguieron adelante. Durante años, callaron, soportaron e intentaron mil soluciones. Solas, dañadas, casi sin fuerzas, volvieron a empezar y por amor a sus hijos no descansaron ni un segundo para encontrar la forma de seguir firmes, con los pies sobre la tierra.

Adriana (37) y Sofía (41) dicen que una vez que se pasa por algo así, no es sencillo recuperar la sonrisa; que las marcas que quedan en el alma son tan dolorosas que a veces parece utópico soñar con el futuro. Sin embargo, hoy aseguran que es posible transformar el dolor en valor, buscar ayuda y de a poco, volver a la vida, esa que en algún momento les fue arrebatada entre golpes, insultos, miradas de odio y frases desvalorizadoras.

Hoy, en el Día Internacional de la Mujer, ambas desean llegar a las mendocinas que atraviesan por esta problemática con un mensaje de esperanza. “Lo que quiero decirles a todas las mujeres que son víctimas de violencia por parte de sus parejas, es que no callen ni disimulen lo que les está pasando porque siempre habrá alguien dispuesto a ayudarlas. El miedo es el peor enemigo que pueda haber”, expresa resulta Adriana, sentada en el living de una de las sedes de Fundación Accionar, donde fue a pedir asesoramiento legal y psicológico tras haber sido maltratada durante 15 años por su ex concubino.

Al contar sus historias, ambas mujeres eligieron nombres ficticios y pidieron no ser identificadas en fotos porque sus casos están judicializados. De hecho, hablar en perspectiva de sus vidas no es sencillo. Adriana cuenta que conoció a su ex pareja a los 15 años y a los 18 se fue a vivir con él. “En ese momento pensaba que el amor nos iba a unir toda la vida. Pero con el tiempo me di cuenta que la realidad era muy distinta”, expresa.

Para mantener a los dos hijos frutos de la unión, la pareja tenía un negocio. En realidad, ahora ella comprende que las ganancias nunca eran compartidas, sino que más bien ella era su empleada. Pero eso no era todo. Los hechos de violencia física y psicológica eran tan naturalizados que Adriana ya sabía lo que se venía luego que él decía: ‘Ya vamos a hablar’. “Ahí yo ya sabía lo que me pasaría después, pero no podía hacer nada para evitarlo, yo no sabía qué hacer y él me pegaba delante de los chicos”.

Después de las golpizas, Adriana ocultaba sus moretones y lastimaduras. Una vez -cuenta- el agresor le fisuró las costillas, en otra oportunidad la empujó por una escalera y otra vez, le dio en todas las partes del cuerpo con una tabla llena de clavos. De noche o por la madrugada, las palizas se repetían, siempre con una saña que produce escalofríos. Cuando le dijo que lo iba a denunciar, la respuesta fue “si lo hacés, te mato”.

Un día, la violencia llegó a un extremo tal, que una vecina se acercó para dar auxilio a Adriana y al día siguiente la llevó a los Juzgados de Familia, donde la denuncia por maltrato fue recepcionada y se resolvió una prohibición de acercamiento contra el agresor. Sin embargo -asegura Adriana-, esto nunca fue respetado e incluso, el hombre llegó a lograr la guarda provisoria de los niños tras dejarla en la calle. Ahora, su lucha está focalizada a recuperar el vínculo con sus hijos, a los que hace tres años, no puede ver.

Adriana dice que no se cansará de golpear puertas hasta que logre su objetivo. Juzgados, municipios, abogados particulares, comisarías, líneas de la Mujer, Ministerio de Seguridad, Dinaf y oficinas de minoridad son sólo una parte de los organismos a los que ha recurrido, no siempre con las respuestas esperadas. “Pero no voy a parar hasta tenerlos de vuelta conmigo. Sé que lo voy a lograr”, asegura esta mujer que ya se acostumbró a no llorar.

Mientras Adriana prende un cigarrillo en el balcón, Sofía se anima a describir su pasado. A fuerza de mucho coraje, ella acepta que fue maltratada por su ex esposo durante veinte años. De adolescente, recuerda que era muy alegre; estudiaba, trabajaba y siempre estaba rodeada de buenos amigos. Poco a poco, la casa se convirtió en todo su mundo y alrededor, lo único que la hacía feliz era ver crecer a sus niños.

El resto estaba impregnado de dolor: “No servís para nada”; “te voy a vaciar la nueve milímetros en la cabeza”. Las amenazas y expresiones de descalificación todavía no fueron borradas de la memoria de Sofía. Pero tampoco se apagó del todo la luz interior que la iluminaba desde muy joven.

“Quiero reconstruir mi vida, volver a trabajar y tener amigas; charlar de algo que no sean problemas. Sé que lo voy a hacer para estar más fuerte. Mis hijos necesitan verme bien”, reflexiona y recomienda al resto de las mujeres víctimas de violencia que no pasen por alto las señales que pueden estar presentes aún desde el noviazgo. “Hay que actuar a tiempo”, insiste.

Fuente: Diario Los Andes - Mendoza (Argentina) - Zulema Usach - 08/03/12 -