domingo, 4 de marzo de 2012

Uruguay: Trabajo doméstico en Punta del Este. Sí patroncita.

Sigue pasando: mujeres pobres, nacionales y extranjeras, documentadas e indocumentadas, agachando el lomo en el tras bambalinas del verano esteño. Los relatos hablan de abusos, maltratos, comportamientos delictivos o ilegales por parte de los empleadores. Las mujeres, obligadas o asustadas, callan.


Les dicen que vendrán a conocer el mar en un país del que muchas de ellas apenas escucharon el nombre. Vendrán a trabajar pero será como unas vacaciones, les dicen. Cada verano se cuentan por decenas las trabajadoras domésticas que llegan a Punta del Este junto a turistas, en su mayoría argentinos. Son paraguayas, bolivianas, peruanas, que viajaron a Argentina en busca de trabajo, que pasaron por los talleres de costura clandestinos, por las villas miseria porteñas, que quedaron sin trabajo y ancladas en un país que no es el propio.


Algunas trabajan todo el año para sus patrones, otras comenzaron apenas unos meses antes de venir a "veranear", y otras fueron directamente "contratadas" para la temporada. Pasan la frontera uruguaya en calidad de turistas y luego trabajan clandestinamente. No tienen habilitación legal y los patrones no pagan sus aportes, por eso no cuentan con ningún beneficio ni protección durante su estadía. Al llegar, el dinero prometido puede verse reducido a la mitad, no tienen día libre ni tiempo de descanso: de día limpian, cocinan, cuidan a los niños. De noche también.


Hay casos en que sus empleadores han llegado a retenerles la documentación y los celulares, se les ha prohibido salir del apartamento y les racionan la comida. La mayoría banca, porque no tiene forma de volver a Argentina o a su país, porque se saben en infracción y porque desconocen en absoluto sus derechos. En algunas ocasiones las trabajadoras han quedado abandonadas sin recibir el pago correspondiente y sin posibilidades económicas de regresar a su hogar.


Welcome Home
Pasadas las siete de la tarde son más de 40 las personas reunidas en la sede de los canillitas de Maldonado. Son mucamas, porteros, trabajadoras domésticas, entre otros, cuyos sindicatos forman parte de la Federación Uruguaya de Empleados de Comercio y Servicios (Fuecys). Fue a través de la federación en Maldonado que las denuncias de trabajo de extranjeras en diverso grado de irregularidad se hicieron públicas. Para ellos es moneda corriente en el verano recibir información de que en tal o cual edificio una extranjera trabaja en situación de explotación.


El servicio de mucamas generalmente es contratado por la administración de un edificio. Las mujeres tienden camas, limpian baños, aspiran y ponen orden en los apartamentos. Trabajan en pareja y se estima que cada mucama realiza la limpieza de entre ocho y diez apartamentos por día. En ese trajinar es que entran en contacto con las trabajadoras domésticas "informales", contratadas por los dueños o inquilinos de los apartamentos.


La mañana que Brecha estuvo en Maldonado, Marita -que es mucama- había prestado ayuda a una cocinera que desde las 4 de la mañana se sentía mal, aunque recién a las 11 sus patrones llamaron a la emergencia. Y para dar una idea de la mezquindad humana, cuantifica: "Te estoy hablando de apartamentos que salen un millón de dólares, y que se alquilan a 25 mil dólares mensuales".


Cesar Teijón, delegado departamental de Fuecys e integrante del Sindicato Único de Trabajadores de Edificios de Maldonado (Sutem), contó que en estos días estuvieron en contacto con una trabajadora paraguaya a la que no se le permitía salir del edificio, pero de pronto la comunicación con ella cesó abruptamente y no han sabido más qué fue de su vida. Pocas semanas atrás estuvieron en contacto con una trabajadora peruana de 30 años, acusada por sus empleadores de romper la computadora, por lo que habían decidido no pagarle el salario hasta tanto no recuperaran el dinero equivalente a un aparato nuevo. Y dos días antes de que Brecha llegara a Maldonado, contó un trabajador, otra peruana partió a Buenos Aires con un pasaje que la familia para la que trabajaba le había dejado. Ellos se fueron antes, sin aviso, y le dejaron un boleto para varios días después. La mujer paró en casa de una mucama uruguaya. Tuvo suerte, comentan con ironía los trabajadores organizados a Brecha, en algunas ocasiones les dan el día libre y cuando vuelven la familia ya no está. Muchas de ellas son las que pasan a engrosar los asentamientos de la periferia, y luego se las ve vendiendo cualquier cosa en las ferias.


Teijón contó también que más de una extranjera llega a trabajar a Punta del Este con la esperanza de obtener el dinero que les permita contratar abogados para hijos que fueron atrapados actuando de "mulas" y que hoy están presos. Eso, más la falta de contactos en el país, la retención de los documentos y una cultura muy arraigada, del tipo: "Una que es pobre muchas veces tiene que agachar la cabeza ante gente de cuna de oro", como dijo resignada una trabajadora que esperaba ser asesorada tras la asamblea, hace que las domésticas soporten muchas veces todo tipo de humillaciones.


Situaciones similares y peores -sospechan- pueden encontrarse en los chalés y chacras marítimas en las zonas cercanas a Punta del Este (José Ignacio, Manantiales o La Barra), donde las mujeres ni siquiera tienen contacto cotidiano con mucamas o trabajadores que vengan de afuera. Ese es un mundo aparte.


La mañana siguiente
Al ámbito institucional no llegó todavía ninguna denuncia concreta sobre la situación de trabajadoras domésticas explotadas, confirmó a Brecha Juan Andrés Roballo, director de la Inspección Nacional de Trabajo. Por lo tanto tampoco se conoce quiénes son los empleadores, más allá de la obviedad de que se trata de gente con alto poder adquisitivo.


Según consideró Roballo, el tema tiene diferentes ramificaciones: por un lado puede haber irregularidades laborales (registros en el bps con salarios subdeclarados, trabajo en negro, incumplimiento en los pagos, etcétera), y por otro se pueden dar situaciones de maltrato (empleadores que gritan o agreden a los trabajadores) que eventualmente configuren un delito. Y un tercer capítulo también delictivo: la retención de documentos o la imposición de permanecer en la casa. Cualquiera de estos temas involucra no sólo a trabajadores extranjeros, también a los nacionales. "Lo primero que requerimos para actuar son direcciones", explicó Roballo. De otra manera es imposible hacer la inspección y, llegado el caso, dar cuenta a la justicia o al organismo del Estado competente.


En el Sutem y en el Sindicato Único de Trabajadoras Domésticas (Sutd) señalan la imposibilidad de formalizar muchas de las denuncias porque no cuentan con una red capaz de sostener a las personas (en particular a las extranjeras) una vez que la bola empieza a rodar: cuando la denuncia cobra forma existen altas posibilidades de que la involucrada quede sin trabajo; si se trata de una trabajadora del Interior o del exterior "necesitamos tener previsto el alojamiento, la alimentación, el pasaje de regreso, y no contamos con nada de eso", explicó Teijón. También hay casos en los que la involucrada se retracta por temor y el hecho entonces resulta difícil de comprobar.


Sonia, una de las representantes del Sutd, contó el caso de una trabajadora uruguaya que se comunicó para decir que "la estaban volviendo loca, que desde diciembre no la dejaban salir. Seguimos el caso con la Policía, que corroboró que la persona efectivamente trabajaba en la casa indicada; fuimos y logramos hablar con ella, pero extrañamente se echó para atrás y nos dijo que ya no trabajaba allí. Unos días después apareció en el sindicato para pedir disculpas, confirmar que todo era verdad, y nos dijo que había estado tan presionada y se sentía tan mal que finalmente renunció. Sus empleadores eran una familia inglesa".


Intentando tejer la red, Fuecys de Maldonado se contactó con Migraciones, donde les informaron que si la trabajadora ingresó legalmente, entonces el tema no era de su competencia. En el Consulado de Perú les dijeron que no cuentan con alojamiento, aunque en Montevideo podrían coordinar con alguna institución. Tampoco cuentan con una política de repatriación para sus connacionales, por lo que no pueden hacerse cargo del regreso, según dijeron a Fuecys. En el Ministerio de Relaciones Exteriores tampoco: les informaron que "si la persona está legal y sin problemas jurídicos, no la pueden expulsar ni sacar del país".


Agujeros
Diva abandona la siesta en su casa del asentamiento Kennedy para atender a Brecha en un lugar del patio resguardado del sol. Es brasileña, ronda los 60 años y hace 40 que vive en Uruguay. Gruesa y de baja estatura, lleva el pelo entrecano recogido en una trenza larga. Diva es de esas mujeres a las que poca cosa les sorprende ya. La primera vez que trabajó fue a los 9 años, cuando cuidaba a otros niños en la playa, hijos de veraneantes con plata.


Después, cuando se mudó a Rocha, llegaban a su casa personas buscando domésticas. Le decían a su madre: "Dame una, para qué querés tantas", en referencia a los 14 hijos que tenía. "Y yo me aprontaba la primera, porque era tanta el hambre..." Ahora no trabaja más, en parte por una trombosis en la pierna y en parte por "la estética"; nadie quiere ya personas mayores y pasadas de peso. También trabajó como doméstica en el campo, y sus empleadores le aseguraban que no le pagaban porque estaban guardando la plata para cuando se fuera; sabe de acusaciones infundadas de robos y de encierros varios. También sabe que lo de las extranjeras trabajando en malas condiciones es un asunto viejo. Alguna vez en la playa entabló conversación con alguna que le dijo "plata no vemos, porque venimos a conocer el mar".


El año pasado al Kennedy llegaban "empleadores" ofreciendo 4 mil pesos para trabajar como doméstica. Hay veces que ofrecen 12 o 13 mil pesos, pero después terminan pagando 7 mil. Y como todo es "en negro", es difícil que la gente reclame. "Igual, ahora están un poco mejor, porque hay gremio, y leyes del gobierno, pero todavía te gritan, te pegan", cuenta ella, y agrega: "está bien que trabajen extranjeros, yo misma lo soy, si vienen de a uno, pero si los vas a buscar en masa...". Lo dice en referencia a las palabras de Mujica sobre la necesidad de contratar mano de obra extranjera calificada. Para ella es toda una contradicción: "¿Cómo va a haber acá mano de obra capacitada si hay gente ganando salarios mínimos, o trabajando las 24 horas? ¿Así cuándo se van a capacitar?".


Esquivando los charcos de agua estancada en las calles del Kennedy, Diva nos guía a la casa de una vecina "que el otro día me contaba de los gritos que le pega la patrona". Pero ya no le grita más: hace una semana que la despidieron, cuenta ahora en la puerta de su casa la susodicha. Trabajaba desde hacía cuatro veranos, intermitentemente, para una familia argentina. De 9 a 15 horas, y aunque jamás salía temprano no le pagaban horas extras ni tenía día libre. Cobraba 600 dólares y nunca estuvo en caja. "La patrona pasaba los dedos por los muebles para ver si estaban limpios, gritaba porque decía que la camisa estaba mal planchada o algo mal lavado. Yo aguantaba y aguantaba, pero si me decía que algo estaba mal le decía que no. No pudo conmigo, y me mandó decir por la casera que no volviera porque necesitaba alguien con cama."


"Se creen que sos la fregona, la esclava", había dicho Diva un rato antes. Y eso fue justamente lo que no aguantó Daisy, que vive en el asentamiento de atrás de la Cilsa. Trabajó el año pasado como mucama en la Season Tower, al lado del Conrad. Su horario era de 9 a 17, con media hora para comer. Su salario era de 12 mil pesos nominales. "Teníamos que llevarnos la comida y el agua, y si en un apartamento nos regalaban una torta teníamos que pedir permiso a la encargada para comer", cuenta Daisy. Cuando se retiraban del trabajo eran revisadas (cuerpo y pertenencias) para asegurarse de que nada faltaba. Daisy es de esas mujeres fuertes, que se enfrentan a lo que creen injusto. Dice: "Te escupen todo el día; comeré pan de la basura, pero mi dignidad bien para arriba".


Según de dónde sean


El laudo para las trabajadoras domésticas es de 7.975 pesos por 44 horas semanales. En temporada, el pago por el trabajo varía según el empleador. Uno de los reclamos del sindicato es que pueda llegarse a un acuerdo para que durante la temporada se cobre un plus, porque de otra forma las trabajadoras que están empleadas durante todo el año corren con desventaja respecto a las zafrales. Durante el verano los salarios son variados, pero según los comentarios que Brecha recogió rondan los 12 mil pesos (nominales). Si el registro en el bps existe, es habitual la subdeclaración.


Durante la temporada generalmente el trabajo de las domésticas, mucamas y porteros se hace los siete días de la semana. Todos los trabajadores a los que Brecha consultó confirmaron que, aunque la ley lo habilite, no existe el descanso cuando hay zafra.


En el verano también hay quienes acceden a salarios de 20 mil y 30 mil pesos, cuando el trabajo es con cama adentro, según dijo la representante del sindicato. En algunos casos se cumple y en otros (como les sucede a muchas extranjeras) cuando van a cobrar el sueldo de pronto se redujo a la mitad. Un trabajador contó que, en el edificio donde cumple funciones, dos paraguayas cobran mensualmente 700 dólares entre las dos (su empleador es un empresario algodonero argentino), mientras que una uruguaya cobra 1.500 dólares.


Desde el BPS


En los últimos 45 días el BPS (Banco de Previsión Social) lleva realizadas 1.840 inspecciones, mil de ellas estuvieron focalizadas en el trabajo doméstico, explicó el presidente de la institución, Ernesto Murro. Los funcionarios recibieron 17 denuncias por irregularidades, 16 fueron confirmadas y hoy se negocia con los empleadores la forma de regularización.


Murró advirtió que en el último año creció la inmigración de trabajadoras bolivianas, peruanas, paraguayas, entre otras nacionalidades, que se emplean mayoritariamente como trabajadoras domésticas. Si la trabajadora ingresa al país como turista y luego entra "en actividad", debe emitirse un permiso de permanencia temporal, algo contemplado en los convenios bilaterales. Con Perú todavía no se ratificó el acuerdo.
El BPS planteó al Mercosur que las trabajadoras domésticas puedan trasladarse sin dificultades por los países miembros, pudiendo permanecer hasta un año trabajando (hoy el período es de tres meses). Si una trabajadora está regularizada en el país de origen, los aportes continuarán haciéndose allí. Pero si está en negro, entonces deberá ser regularizada en Uruguay y los aportes se harán aquí.

Fuente: Argenpress.info - Mariana Contreras (BRECHA) - 13/02/12 -

Africa: repercusiones de los acaparamiento de tierras para los Derechos de las Mujeres.

En África, los derechos a la tierra son cruciales para el poder económico. En la historia reciente ha habido tres olas de acaparamientos de tierra: durante la colonización, luego de la independencia y en la actualidad para propósitos comerciales y aparentemente de conservación ambiental.[1] Gobiernos y corporaciones continúan ejerciendo su poder en perjuicio de las mujeres africanas.


Este artículo es parte de una serie de Notas de los Viernes que examina algunos de los asuntos y debates relacionados con el tema del Foro Internacional AWID 2012 y establece conexiones entre las cuestiones de derechos de las mujeres y el poder económico. Más información sobre el acceso a los recursos y el control sobre ellos está disponible aquí.

Por Kathambi Kinoti

Hasta el 70 por ciento de los mil millones de habitantes en África vive de la tierra y el 70 por ciento de su fuerza de trabajo está empleado en el sector agrícola. La mayoría de las economías africanas depende de la agricultura – por ejemplo, la economía agrícola de Ghana y Nigeria constituye el 35 por ciento de sus productos internos brutos.

Muchas mujeres africanas cultivan la tierra, siembran, atienden, cosechan y preparan para consumo la mayor parte de los alimentos provenientes de parcelas. Cultivan alimentos para consumirlos en el hogar y venderlos en los mercados locales. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO): “En los países en desarrollo, la mayor parte del trabajo de las mujeres se dedica a la agricultura. Las mujeres participan en todas las fases de la producción alimentaria. ... las mujeres hacen la mayor parte del trabajo relacionado con la siembra, escarda, fertilización y recolección de los alimentos básicos, como el arroz, trigo y maíz, que representan más del 90 por ciento de la dieta de la población rural pobre”.[2]

Las mujeres recolectan leña en los bosques y acarrean agua desde ríos y lagos para consumo doméstico. Mantienen a sus familias y comunidades con los productos de la tierra. Aun así, en la mayoría de países africanos, sus derechos legales a poseer propiedades no están asegurados. Sólo el 1 por ciento de las mujeres en Tanzania tiene títulos de tierra legales. En Zimbabue, aunque hasta el 20 por ciento de las mujeres tiene títulos de tierra, a pesar de esta cifra relativamente alta ellas “raras veces se benefician” de su tierra, señala un reportaje de InterPress Service.

Frágiles derechos a la propiedad

Tradicionalmente, la tierra en África era propiedad comunal, lo cual no significa que toda la tierra estuviera disponible para cualquiera, sino que diferentes comunidades agrícolas y pastoriles étnicas o familiares poseían tierra y tenían derechos al acceso y uso de la misma.

Los sistemas patriarcales de propiedad de la tierra generalmente discriminaban a las mujeres. La mayoría de las comunidades era patrilineal; las mujeres tenían derechos al acceso y uso de la tierra derivados a través de sus esposos (o sus padres si eran solteras). Trabajaban la tierra para beneficio de sus familias, pero no tenían derecho a poseerla.

El colonialismo en el siglo XIX y principios del XX en África introdujo el concepto de la propiedad individual de la tierra, al inicio principalmente para beneficio de colonizadores o gobiernos. Más adelante, cuando trechos de tierra se demarcaron y registraron para propiedad individual de africanos, fueron registrados en nombre del “jefe” de la familia, quien invariablemente era un hombre, perpetuando así el sistema patriarcal de propiedad de la tierra.

Fiebre por la tierra en la actualidad

Según Oxfam, en los últimos diez años empresas y gobiernos han adquirido por lo menos 227 millones de hectáreas de tierra en los países en desarrollo, primordialmente desde 2009.[3] En África, el propósito de estas adquisiciones suele ser cultivar alimentos o cultivos para biocombustibles, o extraer riqueza mineral en beneficio de mercados fuera del continente. Por lo general, dichas adquisiciones se hacen sin conocimiento o consentimiento informado de las comunidades afectadas. Estos acaparamientos de tierra afectan los derechos de las poblaciones locales y son particularmente perjudiciales para las mujeres.

El deseo de Europa de depender menos de los combustibles fósiles y más de fuentes renovables de energía ha conducido a acaparamientos de tierra en África con el propósito de cultivar jatrofa (piñón de tempate), palma de aceite y sorgo dulce para biocombustibles. En Liberia, el gobierno está desplazando a personas de sus tierras agrícolas a fin de conceder más de un tercio de la tierra del país a empresas extranjeras de explotación forestal, mineras y agroindustriales.[4] En Ghana, los medios de vida tradicionales de muchas mujeres que dependían de sus cultivos de cacao y palma de aceite están siendo erosionados a consecuencia de los acaparamientos de tierra. Viudas etíopes que ya han sido despojadas de sus derechos a la propiedad de la tierra y tienen que cultivar ‘tierras marginales’ han quedado ahora más desposeídas debido a los acaparamientos de tierra porque estas tierras ‘marginales’ están siendo acaparadas para cultivar biocombustibles.

En algunos casos, la tierra que por siglos ha sido comunal está siendo demarcada para beneficio de una persona individual o una corporación. En 2009, el gobierno desalojó por la fuerza a indígenas pastoriles en Loliondo, al noreste de Tanzania, de su tierra ancestral con el fin de despejar el área para que una empresa extranjera estableciera una reserva turística de cacería.

Mayor carga sobre las mujeres

Con frecuencia, los acaparamientos de tierra también afectan el acceso de las comunidades al agua, un recurso que, a nivel del hogar, las mujeres son responsables de conseguir. Las mujeres deben invertir más tiempo y recorrer largas distancias a pie para acarrear agua o recolectar leña. Además, los acaparamientos de tierra son una fuente potencial de conflictos, los cuales afectan desproporcionadamente a las mujeres.

La conversión de la tierra a usos que no son cultivar alimentos para consumo y comercio locales amenaza la seguridad alimentaria de un continente ya agobiado por la inseguridad alimentaria. Las mujeres africanas, particularmente en las áreas rurales, sobrellevan la carga de alimentar a sus familias y son clave para garantizar la seguridad alimentaria y la reducción de la pobreza en África.

Las cargas que pesan cada vez más sobre las mujeres exacerban las desigualdades de género – ellas continúan desempeñando la mayoría de las funciones de cuidado en las comunidades y sus mayores cargas de trabajo contribuyen a desgastarlas.[5] Además enfrentan pérdidas de ingresos debido a la conversión de tierra donde cultivan alimenticios (para consumo doméstico y venta). En Ghana, muchas mujeres rurales obtienen ingresos del cultivo de nueces de karité; ahora, los acaparamientos de tierra para cultivar jatrofa están amenazando sus medios de sustento.[6] En muchos casos, “el jefe del hogar” se beneficia de los acuerdos de acaparamiento de tierras especialmente porque suelen ser hombres quienes los negocian.[7]

Asegurando los derechos de las mujeres

Las mujeres africanas ya están desfavorecidas por normas culturales discriminatorias sobre la tenencia de la tierra y algunos Estados reconocen este hecho en sus leyes y políticas. Por ejemplo, Kenia adoptó recientemente una política nacional de tierras que establece los derechos de las mujeres a poseer tierra y Tanzania tiene una ley que exige la participación de las mujeres en los órganos locales para administración de la tierra.[8]

En 2009, la Unión Africana adoptó el Marco y Directrices sobre la Política de Tierras en África, que insta a los Estados a asegurar el acceso equitativo a la tierra y reconoce el rol de la colonización respecto a afianzar el patriarcado en las leyes de propiedad de la tierra al “conferir derechos de título y herencia a los hombres de la familia” y permitir la discriminación de las mujeres en cuestiones de derecho personal (matrimonio y herencia). El Marco y Directrices afirman: “Si las leyes y políticas han de revertir los desequilibrios de género en la tenencia y el uso de la tierra, es necesario deconstruir, reconstruir y reconceptualizar las actuales normas de propiedad de la tierra en el derecho tanto consuetudinario como estatutario en formas que fortalezcan el acceso de las mujeres a la tierra y su control sobre ésta, respetando al mismo tiempo las redes familiares y otras de índole social”.

El Marco y Directrices recomiendan a los Estados promulgar leyes que aseguren los derechos de las mujeres a poseer tierra independientemente de su estado civil, les permitan ser herederas de la tierra y legarla en pie de igualdad, propicien la copropiedad entre cónyuges de tierra registrada y promuevan la participación de las mujeres en las estructuras de administración de la tierra. Agregan: “A fin de asegurar el disfrute pleno de los derechos a la tierra, estas medidas deben ser parte de una ideología que elimine de la esfera privada del matrimonio y la familia los asuntos relacionadas con los derechos de las mujeres a la tierra y los coloque en el dominio público de los derechos humanos”.

Entre otras cosas, el Marco y Directrices llaman a los Estados a “priorizar el desarrollo de la política de tierras y asegurar que las leyes sobre la tierra propicien un acceso equitativo a la tierra y los procesos relacionados con ésta por parte de todas las personas usuarias de la tierra”. Sin embargo, a pesar del lenguaje progresista respecto a los derechos de las mujeres, el Marco y Directrices no mencionan el problema de los acaparamientos de tierra y éste es un vacío que la Unión Africana debe cubrir. La experiencia pasada y presente de los desplazamientos forzados, la cesión de los derechos a la tierra y al agua y otras crecientes penurias para las comunidades locales evidencian que varios gobiernos africanos están priorizando la inversión de capital extranjero por encima del bienestar de sus propias poblaciones.

Las mujeres africanas están organizándose para oponerse a los acaparamientos de tierra y exigen que se aseguren sus derechos a poseer propiedades y a los recursos naturales.[9] Durante el Festival de Género 2011 en Tanzania, grupos de mujeres compartieron historias de resistencia frente a los desalojos y de organización en cooperativas para obtener ingresos. En general, los derechos de las mujeres a la propiedad de la tierra – incluyendo acceso y control – deben ser asegurados por ley.[10]

Fuente: Notas de los Viernes de AWID, 10 de febrero de 2012. Título original: ‘Africa’s Latest Land Rush: The Effect of Land Grabs on Women’s Rights’.

Traducción: Laura E. Asturias

Notas:
1.En su discurso inaugural en el X Festival de Género de Tanzania en octubre de 2011, denominado ‘African Feminism and Popular Struggles for Land, Labour and Livelihoods’ [Feminismo africano y luchas populares por la tierra, el trabajo y los medios de vida], la Profesora Dzodzi Tsikata se refirió a tres fiebres por la tierra en África: los acaparamientos de tierra durante la colonización, los alentados por la liberalización económica (a principios de la década de 1980) y los actuales para propósitos comerciales y aparentemente de conservación ambiental.
2.FAO, ‘Mujeres, agricultura y seguridad alimentaria’, hoja de datos presentada en la Cumbre Mundial sobre la Alimentación, 10-13 de junio de 2002.
3.Oxfam, ‘Tierra y poder: El creciente escándalo en torno a una nueva oleada de inversiones en tierras’, Informe de Oxfam No. 151, 22 de septiembre de 2011, pág. 2.
4.Silas Kpanan’ayoung Siakor y Rachael S. Knight, ‘A Nobel Laureate’s Problem at Home’ [El problema de una Premio Nobel en su país], The New York Times, 20 de enero de 2012.
5.Discurso inaugural de la Profesora Dzodzi Tsikata en el X Festival de Género de Tanzania en octubre de 2011.
6.Ibíd.
7.Ibíd.
8.Ibíd.
9.Ver: Declaración de la Conferencia Internacional de Vía Campesina “¡Detengamos el acaparamiento de tierras, ya!”, celebrada en Nyeleni, Malí, 17-20 de noviembre de 2011.
10.Ibíd., nota 3, pág. 4.

Lecturas adicionales
•Ama Biney, ‘Acaparamiento de tierras, un nuevo expolio africano’, Pambazuka News No. 448, 17 de septiembre de 2009.
•BBC Mundo, ‘Biocombustibles vs. alimentos’, 22 de abril de 2008.
•GRAIN, ¡Se adueñan de la tierra! El proceso de acaparamiento agrario por seguridad alimentaria y de negocios en 2008, octubre de 2008.
•Mercedes Camps González, ‘Jatrofa: Denuncia de las nuevas amenazas a la agricultura de África’, Amigos de la Tierra Internacional, 4 de junio de 2009.
•Stephen Leahy, ‘Extranjeros a la caza de propiedades agrarias’, Tierramérica, 4 de mayo de 2009.

Fuente: AWID - 10/02/12 -

México: En un año aumentan el 15% los embarazos en adolescentes.

Mientras el gobierno del estado de Tamaulipas presume que a las adolescentes de la entidad “las protege de las adicciones, los embarazos no planeados y las infecciones de transmisión sexual (ITS)”, en tan sólo un año la cifra de embarazos en adolescentes aumentó 15 por ciento, a partir de datos oficiales.


Según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), en 2010 más de 14 mil tamaulipecas menores de 17 años estaban embarazadas. Para 2011 el número se disparó a más 16 mil adolescentes, es decir un incremento de más de dos mil embarazos en tan sólo un año, de acuerdo con el Primer Informe de Gobierno del mandatario estatal, Egidio Torre Cantú.


Uno de cada cuatro embarazos registrados el año pasado corresponde a adolescentes de 12 a 17 años de edad.


De los 16 mil embarazos en adolescentes, 8 mil 256 menores de 20 años ya parieron, es decir poco más de la mitad, y de ellas, cerca de 5 mil 600 (73.1 por ciento) recibieron protección anticonceptiva posterior a su parto.


El propio Egidio Torre reconoció que está en riesgo la permanencia en la escuela de las adolescentes embarazadas, y dijo que la prevención de los embarazos entre esa población se centra en la “impartición de talleres y orientaciones”.


Igualmente, en 2011 se detectaron y trataron mil 756 casos nuevos de ITS en mujeres adolescentes.


Estampa de la marginación


A tan sólo 40 minutos de esta capital estatal se encuentra el municipio rural de Jaumave, caracterizado por la pobreza y la falta de oportunidades para su población, en particular para las mujeres.


El ejido Matías García, en el mismo municipio, no rebasa los mil habitantes. Ahí las mujeres, sobre todo las adolescentes, están sometidas de manera cotidiana a las decisiones de los varones.


En ese lugar preguntar sobre métodos anticonceptivos es prácticamente inconcebible para las mujeres, toda vez que los hombres de la comunidad consideran que ellas “son monógamas y fieles”.


Berenice, “Bere” -como le gusta que le digan- es una de las madres adolescentes que forman parte de las estadísticas y que son producto de las ineficaces políticas públicas en salud sexual y reproductiva.


Recién cumplió 16 años y trae en brazos a su hijo Brayan, de apenas un año, y detrás la sigue Verónica, su otra hija, de cuatro. Lleva cinco años viviendo en unión libre con Eusebio, quien es mayor que ella por 16 años.


“Bere” asegura que detrás de su vida “no hay tragedia”, que ella alcanzó a estudiar el primero de secundaria antes de irse a vivir con su actual pareja, quien se dedica al campo para mantener a su familia.


La joven narra que a los 12 años quedó embarazada. Aclara que en ningún momento Eusebio la obligó a tener relaciones sexuales, aunque también reconoce que no tuvo acceso a métodos anticonceptivos. Recuerda que lo único que le enseñaron a ella en la primaria y en la secundaria fue que la abstinencia era “la mejor forma de no embarazarse”.


“Bere” dice que ahora utiliza el dispositivo intrauterino de cobre (DIU), y que los médicos le recomendaron ir a revisión cada año para evitar otro embarazo.


La adolescente señala que no tiene planes de volver a embarazarse, y que mejor preferiría concluir la secundaria abierta para que “cuando crezcan mis hijos y vayan a la escuela, yo les pueda ayudar a hacer sus tareas”.

Fuente: Argenpress.info - Chantal Martínez Díaz (CIMAC)- 01/03/12 -

Mujeres en guerra, mujeres en Irak.

Cuando acabó la conferencia esperamos a la salida para hacernos con su contacto, serán a penas un par de minutos. Bahira Abdulatif mira a los ojos y parece adivinar nuestra intención mejor que por medio de nuestras torpes presentaciones. Nos dicta su teléfono y su correo de palabra. Se ve que confía en que vamos a hacer difusión sobre lo que ha estado contando y ratifica su confianza despidiéndose con dos afectuosos besos.

Esta escritora, periodista y traductora irakí, ha venido al encuentro en Granada para hablar sobre la situación de las mujeres en su país.

Antes de su intervención su compañera de mesa explica la situación de la mujer en los lugares de conflicto y postconflicto. En primer lugar algunos datos:

“El 90% de las víctimas en conflictos son civiles, principalmente mujeres y niños. Mujeres y niños son también entre el 75 y el 90% de los desplazados de guerra. De lo que no hay datos porque no existe capacidad para contabilizarlos, es sobre agresiones sexuales en zonas de conflicto.”

Pero al margen de estas estadísticas existen otras realidades y prácticas antiquísimas que se dan siempre en todo conflicto, como es “la utilización de mujeres y niños como armas de guerra.” En nuestra ideología bélico-machista, la mujer se considera como representante de una cultura, como portadora del honor familiar y del de un país. Violar, ultrajar y asesinar a una mujer es una forma de agresión y humillación al adversario. “La desconsideración hacia la mujer es una condición que imposibilita la paz mundial.”

Ahora Bahira habla sobre Irak, comienza haciéndolo sobre la ocupación. “Después de ocho años no hay infraestructuras, ni sanidad, ni trabajo, ni educación, ni servicios, ni luz… Lo que sí hay son más de 115 empresas de seguridad privada que han reunido a mercenarios y sicarios de todo el mundo.” Hacen el trabajo sucio (entre otros secuestrar, vender o violar mujeres) para los hombres de negocios y ganan unos 2.000 euros al día. Y es que en Irak se ha generado un caldo de cultivo para toda clase de negocios sucios. Con la complicidad del poder, de los grupos religiosos y de los gobiernos tanto pro-yanquis como pro-iraníes, las mafias proliferan.

Así, la guerra es ese festival de la crueldad que unos alientan y del que sacan provecho, mientras la mayoría la padece. Así pasó en Irak.

“El ambiente de violencia nos ha afectado a todos. La vida llegó a ser imposible durante aquellos años, especialmente para las mujeres que son siempre más víctimas que las demás. Al principio comenzó una ola selectiva de violaciones a mujeres de todas las capas sociales.” No había dónde reclamar, muchas se suicidaron y otras, las menos, se casaron con familiares para disimular la infamia. Después hubo otra oleada, esta vez de secuestros. “Nadie sabía quién se llevaba a las niñas de 7 u 8 años que se vendían en países vecinos.” Más tarde cuando empezaron ha aparecer las fotos de los prisioneros torturados en Abu Graib, pocos se percataron de que se trataba siempre de imágenes de hombres. “Las de las mujeres, mujeres violadas y torturadas en las mismas prisiones o en pueblos remotos, aparecieron en páginas porno de internet.” Anónimos negocios de guerra, por no hablar de los prostíbulos de Bagdag que florecieron para cubrir la oferta con tanto marine.

Los marines también contribuyeron con su parte de violencia hacia las mujeres. El hecho ocurrió un día en el que cinco o seis de estos soldados patrullaban aburridos al sur de Bagdag. Camino a la escuela marchaba Abir Al-Yanabi, una muchacha irakí de 15 años. “La patrulla decidió montarse una fiesta y así violaron, asesinaron y quemaron junto a sus padres y su hermana menor a la muchacha. Podría contar numerosos ejemplos de ese salvajismo.” También de los muyahidines, los milicianos de Al Qaeda, que causaron estragos en el pueblo irakí. “Con la escusa de combatir a los yankis, se adjudicaban 3 o 4 mujeres por miliciano o se casaban con niñas de 11 años.”

Con respecto a Abir, el ejército estadounidense atribuyó el “incidente” a ajustes de cuentas entre suníes y chiíes. Y es que además de las armas, en las guerras hay otros medios que también causan terror, como los de comunicación. “El terrorismo entre suníes y chiíes es la gran falacia del discurso de los mass media.” 250 periodistas han muerto en Irak desde que comenzó la ocupación. Algunos como Sahar Aljaira, que denunció públicamente la trata de mujeres y niños para la explotación sexual y preguntó por qué el gobierno no hacía nada. “Hay un gran silencio pactado sobre esto. Nunca sale nada.” A Sahar la asesinaron hace tres años.

La ocupación ha destrozado el país y lo ha convertido en un caos maravilloso para los más despiadados. “Era un país moderno y laico y hemos vuelto hacia atrás. En 1956 había mujeres médico y políticas, ahora las mujeres se han vuelto a casa por miedo y las que luchan, reivindican lo que habían conseguido sus abuelas. Antes teníamos un dictador, ahora hay muchos.” Sin embargo para todos los problemas, en occidente, la escusa es el Islam.

Cabe decir que con respecto a las otras dos religiones monoteístas, “el Islam supone un avance en los derechos de las mujeres. Lo que hay es una mentalidad y una política machista tan global como arraigada.” Por eso se promueven gobiernos sectaristas, el analfabetismo y el fundamentalismo. Esto en el día a día supone que familias conservadoras lleguen a matar a sus hijas violadas para borrar la ofensa.

La prostitución de mujeres irakíes ha supuesto también un gran negocio para los países vecinos. A Siria, Líbano, Turquía, Jordania, Irán se han exportado mujeres que huían de la guerra para convertirse en prostitutas. En países ricos como Arabia Saudita o los Emiratos Árabes, los negocios son más sofisticados y la prostitución se enmascara legalmente. “Se venden niñas pequeñas a señores mayores, se realizan matrimonios legales para pasar temporadas de verano, incluso fines de semana o 2 horas.” Este alquiler, llamado matrimonio de placer, incluye todas las garantías para el “esposo”(la virginidad está muy valorada en el mercado) y ninguna para la muchacha.

Los americanos van a salir de Irak en unos meses, no por voluntad de paz, sino porque han perdido y están perdiendo mucho allí. Aún así dejan más de 15.000 funcionarios trabajando en el país. “Aunque nunca sale en la tele, hay manifestaciones contra el régimen todos los viernes en Irak. En los telediarios se hablará de las revueltas árabes, de Irak no, se supone que ya está liberada.”

Eleuterio Gabón / Colabora en Radio Malva y escribe en la web de comunicación alternativa Barrio del Carmen

Etiquetas: Bahira Abdulatif, Explotación sexual, Irak, Machismo, Ocupación

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librered.net - 28/01/12 -