lunes, 27 de febrero de 2012

Se llamaba María Catalina Echevarría, y fué la Mujer que confeccionó la primera enseña Patria que enarboló el Gral. Belgrano.

El 27 de febrero de 1812, el Gral. Manuel Belgrano enarboló por primera vez la primera enseña Patria que flameó frente al Río Paraná, identificándonos como un país independiente de España.
Y fué precisamente una Mujer: María Catalina Echevarría, personaje histórico aún no rescatado ni reconocido de nuestros anales, la encargada de coser esa primera bandera. Cuentan los historiadores (hombres) que nació en la Villa del Rosario del Pago de los Arroyos el día 1º de abril de 1782, se casó con Manuel Vidal con el que tuvo 6 hijos; y cuando enviuda decide trasladarse al Convento de San Lorenzo, donde colaboró hasta sus últimos días. Muere en el año 1866, y es enterrada en la iglesia del convento. En ese lugar, una placa recuerda que descansan los restos de la Mujer que cosiera la primera Bandera Nacional.
Aunque olvidadas, recluídas y no reconocidas, las MUJERES siempre estamos presentes en TODOS LOS CAMBIOS DE NUESTRA HISTORIA. Susana Giosa.

Argentina: El cuidado sigue como tarea de las Mujeres.

Con el objetivo de colocar en la agenda pública el tema del cuidado de niños, niñas, enfermos y adultos mayores, un estudio realizado en Argentina reveló que 76 por ciento de la atención de los menores de 13 años en el hogar recaía sobre las madres.

"A pesar de la fuerte irrupción de las mujeres en el mercado laboral, la mayor parte de la carga del cuidado sigue recayendo sobre ellas", ratificó a IPS Laura Pautassi, coautora de la investigación junto con Clara Zibecchi.

El informe "De eso no se habla. El cuidado en la agenda pública" fue publicado al concluir 2011 por el Equipo Latinoamericano de Justicia y Género (ELA) para visibilizar el impacto que tiene la actual división sexual del trabajo en las familias.

Según el reporte, el cuidado es un trabajo que no está reconocido como tal pese a que requiere de tiempo, energía y que genera valor. Abarca las necesidades físicas, biológicas, afectivas y emocionales de niñas, niños, adultos mayores y enfermos.

"Quisimos tener un diagnóstico de la percepción que tienen las familias sobre si el cuidado, que para nosotros es un tema central por las tensiones que provoca, era un problema generalizado, y vimos que sí", reveló Pautassi.

El trabajo incluyó una reveladora encuesta realizada en la capital argentina y los distritos de sus alrededores. "Queríamos saber también cómo resuelven las familias el cuidado y colocar el tema en la agenda pública", añadió.

Para las autoras, ubicar el cuidado en la agenda implica no sólo presionar al Estado para que cumpla sus obligaciones sino también empujar una demanda sindical sobre el tema y un debate sobre la corresponsabilidad dentro del hogar.

El informe reconoce que en las últimas décadas hubo "avances innegables" en el reconocimiento de derechos de las mujeres como, por ejemplo, la ley de cuotas para cargos legislativos o la de salud sexual y reproductiva, entre otras.

Sin embargo, en base a estudios anteriores de ELA, se señala que hay "nudos problemáticos persistentes", que hacen que las mujeres sigan siendo minoría en puestos de máxima jerarquía en ámbitos públicos y privados.

Las autoras remarcan que el cuidado puede estar resultando "un obstáculo". "No se ve como una obligación del conjunto social", sostienen, y advierten que esa falencia pone "trabas a la autonomía, la independencia y el empoderamiento de las mujeres".

Según Pautassi y Zibecchi hay una "creencia errónea de que las mujeres están naturalmente mejor dotadas" para el cuidado, y no se ve que los varones también son capaces de cuidar y tienen una responsabilidad común en este sentido.



Desde el anonimato, una mujer que trabaja como docente en un cargo directivo comentó a IPS que se levanta a las seis de la mañana para dejar la casa limpia, lavar ropa y preparar el almuerzo para los hijos adolescente antes de "irse a trabajar".

Pese a que podría pagarlo, no cuenta con la colaboración de una empleada para que trabaje por horas en la limpieza porque al marido "no le gusta tener gente extraña en la casa", aunque se queja de que ni él ni los hijos colaboran con las tareas de cuidado.

La legislación que regula estos temas, como licencias por maternidad o por enfermedad de los hijos pequeños, "refuerzan estereotipos y roles, asumiendo la doble función de las mujeres", dicen.

Por ejemplo, la licencia por nacimiento otorga tres meses a las mujeres y dos días a los padres. Para 56 por ciento de los varones consultados en la encuesta, ese beneficio "es insuficiente". Hay además 19 por ciento que desconocía este derecho.

Respecto de las posibilidades de cuidado fuera del hogar, se detecta falta de suficiente infraestructura y de servicios para menores entre 45 días y cinco años, tanto desde el Estado como desde otras organizaciones de la comunidad. "Hay un déficit de oferta del Estado e inclusive hay listas de espera de hasta un año en iglesias evangélicas y otros centros sociales que tienen guarderías para bebes o jardines para niños de tres o cuatro años", ejemplificó Pautassi.

La autora recordó que Argentina tiene una ley nacional que permitió la creación de Centros de Desarrollo Infantil para niños y niñas de entre 45 días y cuatro años, pero la oferta es muy inferior a la demanda, denunció. Este problema no es exclusivo de Argentina. Todos los países de América Latina lo reconocieron en las últimas conferencias regionales sobre temas de la mujer y se comprometieron a encarar políticas para resolverlo.

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) reconoció en 2009 que existe una "crisis de cuidado" por la persistencia de una rígida división sexual del trabajo en los hogares que atenta contra las opciones laborales de las mujeres.

Pautassi aseguró que solo en Costa Rica y Uruguay existen "experiencias interesantes" de avance en el tema. En Uruguay, detalló, se creó un sistema nacional de cuidados de niños y adultos mayores que articula la oferta pública, privada y de la sociedad civil.

En otros casos los progresos son más lentos. En Brasil se realizarán encuestas sobre el uso del tiempo que son clave para visualizar la dedicación de hombres y mujeres al cuidado y en Argentina "estamos rezagados", señaló.

En general, el problema permanece sin visibilizar "porque ocurre en el ámbito privado" y porque "al tener un componente afectivo y moral tan importante es complejo reconocerlo como un trabajo", subrayan las autoras.

En la encuesta realizada en Buenos Aires y los populosos distritos de los suburbios, al consultar quien cuida a los menores de 13 años cuando están en casa en una semana típica, 76 por ciento dice "la madre" y 22 por ciento "el padre".

En menor medida aparecen como cuidadores otras personas que viven en el hogar o no y que son familiares, la mayoría mujeres. Solo cinco por ciento apela a personas contratadas para realizar las tareas de cuidado y limpieza del hogar.

Esta alternativa es exclusiva de sectores de clase media y alta donde las mujeres, con mayor nivel de instrucción, logran puestos mejor remunerados en el ámbito laboral. Pero en sectores socioeconómicos más modestos esta posibilidad no existe.

Los hombres se involucran más que décadas atrás, escriben las autoras, pero lo hacen fundamentalmente en las actividades que se desarrollan en el espacio público. Llevan a los hijos a la escuela, al médico, o a dar paseos.

Respecto del cuidado de adultos mayores, las autoras sostienen que es un reto que crece por el aumento de la expectativa de vida. El cuidado de ancianos, que tampoco está previsto en la oferta de servicios públicos, recae mayormente sobre ellas.

El trabajo finaliza con una serie de temas sugeridos para reivindicar una agenda de cuidado en los que se señala la necesidad de producir más información sobre este tema a partir de encuestas de uso del tiempo.

También se reclaman más servicios e infraestructura que permitan ampliar la cobertura de educación desde el período más temprano de la vida y una extensión horaria en esta oferta.

FUENTE: ips.noticias.net - Marcela Valente (Bs.Aires - Argentina) -

6 de febrero: "Día Internacional de tolerancia cero con la Mutilación Genital Femenina."

La mutilación genital femenina afecta, en la actualidad, a alrededor de 140 millones de niñas y mujeres, y cada año más de 3 millones de niñas corren riesgo de sufrirla, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) con motivo de la celebración hoy lunes del “Día Internacional de Tolerancia Cero con la Mutilación Genital Femenina”, una fecha que se celebra cada año para sensibilizar a la sociedad acerca de esa práctica.

La OMS dedica este año una atención especial a la preocupante tendencia de que sean los propios prestadores de atención de salud quienes realicen la mutilación genital femenina, contribuyendo de ese modo a legitimarla y mantenerla. Esta Organización se ha comprometido a erradicar este tipo de prácticas en el plazo de una generación, y a ese efecto realiza actividades de divulgación, investigación y orientación dirigidas a los profesionales de la salud y los sistemas de salud.

Las actividades de la OMS para eliminar la MGF se centran en: medidas de promoción: publicaciones y creación de instrumentos que fomenten las actividades internacionales, regionales y locales destinadas a acabar con la MGF en una generación; investigación: adquisición de conocimientos sobre sus causas y consecuencias, la forma de eliminarla y la atención a quienes la han sufrido; y orientación a los sistemas de salud: elaboración de materiales formativos y directrices para los profesionales sanitarios que los ayuden a tratar y aconsejar las mujeres que han sufrido estos procedimientos.

La mutilación genital femenina se practica en la mayoría de los casos se practican en la infancia, en algún momento entre la lactancia y los 15 años. Suele ser una práctica habitual en, al menos, 28 países de África, donde se estima que un 92, 5 millones de niñas y mujeres, desde los 10 años han sido víctimas de la MGF. Sucede, igualmente, en otros países de Asia y Oriente Medio, y se lleva a cabo en todos los niveles educativos, en todas las clases sociales y entre muchos grupos religiosos (musulmanes, cristianos, animistas), pese a que ninguna religión la contempla como obligatoria. Este tipo de prácticas se consideran una violación de los derechos humanos de las niñas y las mujeres.

Se consideran mutilaciones genitales femeninas todos los procedimientos que entrañen la ablación parcial o total de los genitales externos femeninos o la lesión de los órganos genitales femeninos que no respondan a razones médicas. La mutilación genital femenina carece de beneficios conocidos para la salud, pueden producir hemorragias graves, infecciones, problemas urinarios e incluso la muerte, y más tarde pueden causar complicaciones del parto y la muerte del recién nacido, todo ello asociado a una serie de riesgos a corto y largo plazo para la salud física, mental y sexual, y para el bienestar.

Desde Sociedades Científicas como la Madrileña de Medicina Familiar y Comunitaria se recomiendan diez propuestas para tener en cuenta en el primer nivel asistencial al ser la puerta al sistema sanitario y, por tanto, donde se pueden detectar posibles casos entre la población inmigrante: establecer programas formativos para profesionales; conocer las niñas en riesgo; aproximación a la MGF desde todos los puntos de contacto (medicina general, pediatría, gineco-obstetricia, etc.); indagar la actitud de los padres frente a esta práctica; informar y educar sobre la anatomía de los genitales femeninos y las consecuencias de las MGF; informar sobre la legislación vigente en España, aunque la MGF se realice fuera del territorio español; estar atentos ante la proximidad de un viaje a África de la niña; informar sobre la obligación de denunciar en caso de MGF; mantener presencia divulgativa mediante carteles, pósters, etc.; y reforzar la decisión de no mutilar y de retorno de sus hijas.

Respuesta internacional

En 1997, la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó una declaración conjunta con el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) y el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) contra la práctica de la MGF. En febrero de 2008 se hizo pública una nueva declaración con el apoyo de más organismos de las Naciones Unidas en la que se abogaba por un aumento de las actividades de promoción del abandono de la MGF.

En la declaración de 2008 se documentan nuevos datos acerca de la práctica recopilados a lo largo de los últimos diez años, se destaca el reconocimiento cada vez más amplio de sus dimensiones legales y de su relación con los derechos humanos, y se aportan datos sobre su frecuencia y alcance. Asimismo, se resumen las investigaciones sobre las causas de su persistencia, la forma de detenerla y sus efectos perjudiciales para la salud de las mujeres, las niñas y los recién nacidos.

Desde 1997 se han hecho grandes esfuerzos para luchar contra la MGF a través de la investigación, del trabajo con las comunidades y del cambio de las políticas públicas. Los progresos realizados a nivel tanto internacional como local constan de: una participación internacional más amplia en la eliminación de la MGF; la creación de organismos internacionales de seguimiento y la adopción de resoluciones que condenan la práctica; la revisión de los marcos legislativos y un apoyo político creciente a su eliminación, y en algunos países, la disminución de la práctica de la MGF y el aumento del número de mujeres y hombres de las comunidades afectadas que se declaran a favor de su eliminación. Las investigaciones revelan que si las comunidades afectadas decidieran abandonarla, la MGF podría eliminarse muy rápidamente.

FUENTE: AmecoPress/medicosypacientes.com - 06/02/12 -