domingo, 26 de febrero de 2012

Padres violadores.

Todos los días las noticias informan sobre estos aberrantes hechos, que en su mayoría se producen en el seno de una misma familia, en la cual se descubre, a veces después de muchos años, que padres, hermanos o tíos violan reiteradamente a las mujeres o chicos de la casa.

Los delitos a la intimidad son más comunes de lo que uno se puede imaginar, porque en general no se denuncian, quedando expuesta la víctima a una situación difícil de revertir sin provocar un escándalo.

Los sentimientos que sienten hacia el violador suelen ser contradictorios, porque se trata de un miembro de la familia ligado por el afecto que a la vez inspira un sentimiento de rechazo debido al abuso.

Cuando el violador es el padrastro, la madre suele optar por la negación y no creer la versión de sus hijos sobre los actos de abuso y hasta es capaz de atribuirles la responsabilidad a ellos de haberlos provocado para lograr la disolución de la pareja con calumnias infundadas, incrementando los usuales sentimientos de culpa que genera esta situación en los hijos.

Cuando se trata del padre biológico, que afortunadamente son los casos menos frecuentes, la violación es una conducta sexual patológica que tiene su raíz en experiencias infantiles traumáticas similares; porque esencialmente todo violador es alguien que ha sido a su vez violado en forma reiterada.

Un niño que es violado sistemáticamente, quedará fijado a esa experiencia y en la adultez sólo podrá obtener placer sexual ligado a la violencia.

Se trata de personas que pertenecen a familias disfuncionales en las cuales, además de las carencias habituales, los roles son ambiguos.

El niño violado siente culpa y muchas veces debe tolerar muchos años de vejaciones sin poder defenderse.

En la mayoría de los casos esta situación es favorecida por el hacinamiento en que viven algunas familias de escasos recursos, que obliga a los padres a compartir su intimidad y a exponer a los hijos a presenciar sus encuentros sexuales, que los deja sin saber cómo manejar sus propios impulsos.

Pero también en las familias de clases altas se cometen abusos sexuales, sólo que puede haber un manejo más sofisticado que hace más difícil que salgan a la luz.

Muchos chicos que viven en la calle son niños abusados que han huido de sus hogares, porque es la única forma que encuentran de resolver ese conflicto. Pero en la calle estos chicos se exponen a otros peligros como el alcohol, las drogas y la prostitución, dejan de concurrir a la escuela y aprenden a mendigar y a robar para mantener sus vicios.

Los padres violadores que suelen ser también alcohólicos, cometen sus atropellos estando ebrios, y en esa condición pueden llegar a violar aún a sus hijos más pequeños.

La violencia sexual es una conducta que no tiene cura, porque es la única forma en que los violadores han aprendido a disfrutar del sexo; y los menores que sufren estos ultrajes, están condenados en el futuro a hacer lo mismo.

Estos delitos tienen que ser denunciados a las autoridades para que sus autores reciban la pena que les corresponde y ser obligado a vivir separado de su familia y permanecer alejado de ella.

Existen dependencias estatales con personal especializado que facilita el manejo de esta situación y puede ayudar a estas familias a terminar con el abuso.

FUENTE: Psicología en LA GUÍA 2000 - Malena - 03/02/12

Unas 8.000 Mujeres sufren cada día la mutilación genital.

La ablación puede acarrear graves riesgos a las mujeres, como la posibilidad de que padezcan de por vida problemas físicos, desde infecciones hasta la infertilidad, e importantes complicaciones psicológicas, similares a las que soportan las menores víctimas de abusos sexuales.

Unas 8.000 mujeres, en su mayoría africanas, son sometidas cada día en el mundo a la ablación, una práctica que todavía se realiza con total normalidad en 28 países de África y que afecta cada año a unos tres millones de mujeres, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Más allá de privar a sus víctimas del placer sexual, la mutilación genital femenina, advierten organismos internacionales que combaten esta costumbre, puede acarrear graves riesgos a las mujeres, como la posibilidad de que padezcan de por vida problemas físicos, desde infecciones hasta la infertilidad, e importantes complicaciones psicológicas, similares a las que soportan las menores víctimas de abusos sexuales.

El Comité de Naciones Unidas contra la Tortura (CAT) y la OMS califican la ablación como un acto de tortura y una clara violación a los derechos humanos de las niñas y las mujeres.

Cada año, según estos organismos, tres millones de niñas y adolescentes corren el riesgo de sufrir la mutilación del órgano más sensible de todo su cuerpo por una costumbre que, pese a los avances conseguidos para que muchas comunidades la abandonen, es común todavía en numerosos países de África y afecta a unas 140 millones de mujeres en todo el mundo.

Los estados, según el CAT, deberían incrementar sus esfuerzos de sensibilización y poner en práctica las medidas legislativas para luchar contra este tipo de tradiciones que constituyen un trato cruel, inhumano o degradante de las mujeres y las niñas.

Solo en el continente africano, 92,5 millones de niñas en edades comprendidas entre la lactancia y los 15 años, han sido sometidas a la ablación.

“Varios estudios destacan el riesgo de complicaciones psicológicas a largo plazo, incluyendo depresión, estrés postraumático, desórdenes mentales y ansiedad similares a los que padecen las niñas que han sido abusadas sexualmente”, afirmó en entrevista a EFE la doctora Elise Johansen, del departamento de Salud Reproductiva de la OMS.

Incluso las que nunca padecieron alguna de estas complicaciones, sufrieron un dolor, una fuerza y una violencia que las obligó a mantenerse quietas durante el procedimiento de la ablación, “lo que es un trauma en sí mismo”, añadió la experta.

“Hay muy poca investigación sobre la mutilación genital femenina y especialmente sobre los riesgos inmediatos para la salud, pero basándonos en los datos de los hospitales, se sabe que mucha niñas sufren hemorragias e infecciones, que pueden llegar hasta causar la muerte”, prosiguió.

Según la OMS, el tipo más común en este tipo de mutilación es la escisión del clítoris y los labios menores (en un 80 % de los casos), mientras que la más severa (15 %) es la infibulación, consistente en la extirpación del clítoris, los labios menores y parte de los mayores, seguida del cierre vaginal mediante sutura.

Johansen explicó que, según estudios no publicados, el 21 por ciento de las mujeres que han padecido los tipos I y II de la mutilación genital -que consiste en la ablación del clítoris y los labios, pero no la sutura de la vagina- tienen hemorragias después del parto, y entre un 15 y un 98 % tienen que ser internadas en hospitales.

“Algunos países lo hacen pronto para que las niñas no se acuerden del dolor. Pero en otros países lo hacen más tarde porque consideran que las niñas son más maduras para asumir el dolor”, dijo la doctora.

“Los que lo practican tarde también lo hacen como parte de un ritual en el que el dolor es parte del objetivo, para que las prepare para el resto de sus vidas; también para inscribir en su memoria corporal los riesgos y los peligros asociados a la sexualidad y por tanto esperan que resistan mejor las tentaciones sexuales”, añadió.

FUENTE:spanish.china.org.cn - Editor: SILVIA GAO - 26/02/12